RELIEVES

Ver con ojos diferentes
las mismas cosas

La idea de ciudad que Mónica del Arenal tiene acerca de Guadalajara, la ha llevado a realizar proyectos basados en una manera más exhaustiva y compleja de entender el mismo espacio físico que recorren quienes lo simplifican

Por ÁLVARO QUINTERO /

Fotografía: MICHELLE VÁZQUEZ

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Mónica del Arenal es arquitecta por el ITESO y maestra en Restauración de Monumentos por la Universidad Politécnica de Catalunya en Barcelona, España. Fue directora del Museo de la Ciudad de Guadalajara, y de la organización Albertina Proyectos Culturales, desde donde impulsó La Ronda, un innovador sistema para conocer y preservar el patrimonio arquitectónico de la ciudad. Con ese proyecto obtuvo el tercer lugar del Premio CEMEX 2011 en la categoría “Premios Especiales - Impacto Social”. Tuvimos la posibilidad de hablar con ella, y conocer sobre el pasado urbanístico de Guadalajara, su presente, así como adentrarnos un poco en su vida.

 

¿Cómo pasaste de la arquitectura a proteger y promover el patrimonio histórico en Guadalajara?

Empecé en la universidad, tuve un profesor muy bueno que daba una materia que estaba enfocada en patrimonio. Y me gustó muchísimo la materia, y uno de los trabajos era crear algo para difundir el patrimonio. Elegí un convento del Siglo XVI en Hidalgo – porque soy de Pachuca – que era un convento al que me había llevado mi familia desde que yo era niña; hice un objeto tridimensional, como un juguete que tenía imágenes del lugar. Conforme lo ibas girando veías cómo se formaban las imágenes de distintas partes del convento. Me gustó muchísimo ese ejercicio en el que puedes hacer algo para difundir el patrimonio en un espacio distinto al de un libro o un manual. Ahí fue la primera vez en la carrera que vi que podía dedicarme a algo que tiene que ver con la divulgación para la conservación del patrimonio. No era muy consciente de eso pero fue una idea que me atrajo.

 

¿Cómo comparas el urbanismo y la protección al patrimonio en Guadalajara con otras ciudades donde has estado, como Roma o Barcelona?

La aproximación es muy diferente porque las génesis de las ciudades son distintas y las transformaciones y los años de historia son también procesos muy diferentes. Lo que yo me he dado cuenta es que lo valioso en un lugar, para otro no lo es. Esto del patrimonio es algo muy relativo. Tiene que ver con el contexto, y eso está vinculado con el territorio. Entonces creo que cuando se señala un objeto arquitectónico y se dice que eso es patrimonio es una visión muy parcial o muy excluyente de lo que es el patrimonio, porque tú tomas la arquitectura como si fuera un objeto, que sí lo es, pero se me hace una visión muy limitada del patrimonio. Cuando se hace eso, automáticamente dices que todo lo demás no vale, que solamente ese objeto vale por determinadas características o valores y cuando lo relaciones con otros objetos similares, es cuando tiene más valor, o un valor más objetivo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo ayuda el pasado arquitectónico de Guadalajara a entender la clase de ciudad que se quiere proyectar?

Lo que pasa es que Guadalajara es una ciudad relativamente reciente. No es equiparable, por ejemplo, con otras ciudades que son consideradas patrimonio como Oaxaca, Puebla, Ciudad de México o Morelia porque, especialmente, en Guadalajara ha habido mucha destrucción. Entonces cuando se quiere recuperar la imagen de Guadalajara del virreinato es prácticamente imposible porque de los pocos ejemplos que sobreviven de esa época es arquitectura religiosa y prevalece el templo o la capilla pero los conventos ya no o han sido muy modificados. Incluso los conjuntos religiosos del virreinato están mutilados o completamente transformados. Entonces si hablamos de Guadalajara virreinal hablamos de ciertos ejemplos de arquitectura religiosa. Si hablamos del porfiriato, hay muchas casas que se conservan en la zona de Vallarta e Hidalgo. En el norte hasta Avenida México, al sur hasta Washington y hasta Chapultepec; entre Enrique Díaz de León y Chapultepec es donde está la masa de arquitectura del Porfiriato. Pero también es un segmento muy pequeño de Guadalajara como para decir que eso es el patrimonio de Guadalajara. Volvemos a entrar al tema de los ejemplos:  viéndolo desde que Guadalajara se formó hasta ahora, creo que un período que sí es un sello de la ciudad es la arquitectura moderna.

 

Sobre esto tienes un proyecto que se llama La Ronda, ¿cómo surgió este proyecto?

Justamente de la idea de dejar de ver los objetos como cosas individuales y más bien relacionarlos entre sí en un plano común que es el territorio. Si se hace el mapeo de estos lugares, se pueden conectar en diferentes interpretaciones. Entonces, si hablamos del primer tercio del Siglo XX, que fue un quiebre en Guadalajara, porque al mismo tiempo había arquitectura con exotismo, estaba Barragán, Díaz Morales, Urzúa, Pedro Castellanos; haciendo esta arquitectura regionalista, mediterránea con fuertes vínculos con la arquitectura hispanomusulmana. Y luego están los que experimentaban con nuevas tecnologías y nuevas formas: empezaba el movimiento moderno o la arquitectura funcionalista más cargada hacia los años cuarenta.

 

Yo vi que había muchas etapas constructivas en la ciudad y vi que algunas se concentraban en zonas y otras muy dispersas como el movimiento moderno. Del movimiento moderno hay ejemplos que están incrustados de manera muy forzada en el Centro Histórico, o sea, que destruyeron una obra del virreinato o del porfiriato para imponer ahí movimiento moderno o arquitectura funcionalista; y otras como la obra de Barragán y sus contemporáneos que está muy localizada en la zona de las colonias.

Entonces ese mapeo me dio la oportunidad de ver que había contrastes y que había constantes, y que había o conjuntos o dispersión en esas obras. Fue esa necesidad de explicar la ciudad desde otra interpretación que no fuera nada más los autores y sus ejemplos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y La Ronda busca ser un nuevo mapa de la ciudad?

El mapa es el mismo; es nada más otra manera de verlo. Digo, a menos de que sigan destruyendo. Si siguen destruyendo también ese mapa se va a desdibujar.

 

¿Cómo se encuentra actualmente este proyecto?

Sigue vigente. Seguimos haciendo recorridos. La idea es que cada recorrido sea distinto, una mirada distinta sobre las cosas. Por eso hay diferentes variantes; puede ser la misma ruta dirigida por un experto diferente. Por ejemplo, la ruta de las colonias si la dirige un historiador es una mirada; si la dirige un arquitecto es otra mirada y si la dirige un fotógrafo, otra. Entonces es cómo cada uno desde su disciplina o su expertise lee la ciudad o estos ejemplos en la ciudad.

 

¿Qué ventajas tiene impulsar este tipo de proyectos culturales desde la iniciativa de la ciudad frente al gobierno?

Es disidente. A veces los recorridos que hacemos no tienen nada que ver con ir a ver cosas bonitas. Por ejemplo, el de la ruta del 22 de abril es la ruta del terror; es la ruta de ir a recorrer 22 kilómetros de explosiones. Entonces los lugares que están ahí señalizados son 10 explosiones a lo largo de 11 kilómetros. En cada lugar se señaliza la hora a la que fue la explosión en ese punto. De 10:05 de la mañana a 11:30 de la mañana. Llega el momento en el recorrido que te das cuenta que no puedes ir tan rápido como sucedieron las explosiones porque tu velocidad no te permite alcanzar la siguiente explosión exactamente en el momento que fue. Entonces esta relación del tiempo con el espacio te da una noción de la tragedia del 22 de abril de 1992.

Estas cosas antes no se habían estudiado desde el mismo territorio. Se hablaba con la conmemoración año con año del 22 de abril, de los damnificados. Sigue sin haber culpables comprobados de lo que sucedió, pero mi enfoque fue lo que pasó con el tejido social y urbano del barrio de Analco y la colonia Atlas. ¿Qué fue de esas colonias 10 años después, 20 años después, 23 años después?

 

¿Qué se ha hecho bien en Guadalajara?

Yo vincularía lo bueno que se ha hecho en el urbanismo de Guadalajara directamente a la sociedad civil organizada. Creo que el tema de las bicicletas que se habla últimamente es resultado de 15 años atrás por lo menos, que fue ganando terreno, audiencia y seguidores porque hubo un grupo reducido que dijo ¿y por qué no podemos andar en bicicleta, no de manera recreativa sino de manera funcional? ¿Por qué no hay seguridad para los que nos transportamos en bicicleta? ¿Por qué no hay intermodalidad entre los diferentes transportes públicos? Entonces estos planteamientos han obligado a las instituciones y al gobierno a que se solucione o se aborde de otra manera. Y creo que un detonador fue justamente la Vía Recreactiva. Bueno, que tres empresarios hayan propuesto para Guadalajara que se pudieran cerrar las calles, tomar las calles para que los fines de semana, concretamente el domingo, las familias pudieran salir a caminar, a correr, a andar en bici, a sacar al abuelo en silla de ruedas. Yo creo que este ha sido el programa de ciudad más exitoso de Guadalajara y que ya es irreversible. Y volvemos a lo mismo, los gobiernos de Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque fueron implementando esta red de Vías Recreactivas, pero hicieron pensar a la sociedad el por qué esto no puede ser más días a la semana, el por qué no se puede caminar con seguridad, andar en bicicleta con seguridad los demás días. Creo que son detonadores que parten de la sociedad civil que con los años se van perfeccionando o acotando para soluciones muy concretas. El carril de bicicletas es uno, la recuperación de espacios públicos es otro. Todavía falta muchísimo pero ya comenzamos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Y qué es lo que hace única a Guadalajara en términos urbanísticos?

La traza original de la ciudad parte de las ordenanzas de Felipe II que es una retícula, manzanas rectangulares orientadas norte-sur, oriente-poniente. La primera traza, lo que López Moreno llama “la retícula” fue una orden para todas las ciudades de la Nueva España. Por eso Oaxaca, Puebla, Morelia o Ciudad de México están trazadas de esta manera. La primera transformación de Guadalajara fue con las colonias, las colonias del poniente, pero se hizo una extensión de estos ejes que estaban marcados por la retícula histórica. Y cuando Guadalajara empieza a romper es a partir de las colonias más al poniente, o sea, de la Minerva para allá donde ya las distribuciones urbanísticas son radiales. Las colonias ya se ven como entidades o células que tienen su propia traza. Chapalita, por ejemplo, está trazada en función de la glorieta; es el corazón de la colonia es que parten radialmente las calles y esa es la composición de esa colonia. Si vas a Vallarta Norte, Vallarta Poniente, Vallarta Sur, se convierten estas colonias en unidades que generan su propia traza, su propia lotificación y sus propias reglas de espacio público, de servidumbre, de camellones, de ancho de banquetas. Me gusta mucho cómo intercala Vallarta Norte una manzana, un parque, una manzana, un parque; tiene tres parques que son muy característicos y aunque son de diferentes dimensiones, cada parque tiene su identidad y su vegetación.

 

Pero luego deriva en algo que fue tremendo cuando empezaron a hacerse los cotos en Vallarta. Rancho Contento fue la primera comunidad de golf y el primer condominio horizontal de Jalisco. Y este coto, Rancho Contento, fue el primer condominio cerrado de Guadalajara y fue el que puso el mal ejemplo de cerrar los condominios o los fraccionamientos. Entonces hacer privado el territorio, completamente privado, es decir, yo compro esta gran extensión, yo fracciono, yo distribuyo las calles, los espacios públicos, su club de golf. Entonces lo que implica esto de la exclusividad es que nadie transita por estas calles, nadie puede entrar si no se identifica previamente, hay seguridad, está amurallado. Este control del territorio a través del concepto de exclusividad empezó en Guadalajara y a partir de ahí todos los demás empezaron a comprar grandes extensiones y a fraccionar y a hacerlos cada vez más exclusivos, y ya el colmo es el coto dentro del coto: que dentro de lo exclusivo hay algo más exclusivo, como pasa en Valle Real. Esos filtros de exclusividad van siendo mayores y ahorita es un problema en Guadalajara que ya permeó incluso en las clases más bajas. Si tú vas a Tlajomulco también ahí hay cotos. Entonces, bueno, ¿por qué si esto es de interés social? ¿Por qué tienen esta necesidad de amurallarse y de tener un vigilante con una pluma 24 horas? Este concepto de la seguridad entre comillas, ya permeó en todas las clases sociales. Ya no son los ricos del Rancho Contento y Valle Real, también son los desarrollos muy periféricos que a veces no tienen agua pero tienen seguridad. Es un problema para toda la ciudad y que se plantea como una interrogante cómo hacer público eso que se privatizó de manera irregular. Esto de las vialidades de Valle Real, que debería existir este derecho de vía, y de repente ves adentro de Valle Real patrullas de Zapopan de vialidad, ¿entonces es público o privado? Es esta esquizofrenia de que es las dos cosas pero no se puede transitar libremente por ahí, uno tiene que identificarse. Si tú quisieras nada más atravesar para ir al otro lado no puedes hacerlo. Entonces eso que es público, ¿por qué está privatizado?

 

¿Qué le hace falta a Guadalajara? ¿Más ideas o más derechos?

Hacer cumplir los derechos. Creo que hay mucha irregularidad permitida a través de los años como esto de los cotos y cada vez la escala va siendo mayor. El escándalo va siendo cada vez mayor y asumimos que lo hacen por seguridad. Es un discurso en el que te tienes que amurallar. Pero si lo vemos fríamente eso genera más descontento para los que están afuera, hay más rechazo porque es denigrante que te tengan que revisar cada que entras y cada que sales del fraccionamiento. La inseguridad es mayor porque hay una cuestión social que es mucho más fuerte que un control de entrada y salida. Lo que significa socialmente ese control es algo que se alimenta, que se hereda, que va creciendo y yo creo que esta desigualdad social se refleja en el urbanismo y va incrementando porque la autoridad permite que este tipo de cosas siga sucediendo.

 

Y en otros temas, fuiste también directora del Museo de la Ciudad, ¿qué utilidad consideras que le aporta un museo a una ciudad?

Si es un museo vivo, le aporta muchísimo. Si es un museo modelo Siglo XIX en donde uno va a ver objetos agrupados por épocas o temas, me parece que no es nada fructífero porque tú vas, una vez más, a ver cosas aisladas o conectadas por algo muy elemental como lo es el tiempo o el espacio. Pero eso en sí mismo no te enseña nada. Eso te sirve si lo comunicas con tu presente o si haces una lectura transversal en el que digas que así se vivía en tal siglo o que los valores son estos y en tal siglo son estos. Entonces si hablamos de la “exclusión”, si tú te vas al Siglo XVII y hablas de las castas de la Nueva Galicia te das cuenta que tenemos castas en el Siglo XXI. Yo creo que si existe esta recuperación de tu historia para saber dónde estás parado, sirve. Si es una cosa meramente contemplativa, un museo no sirve. O si es una mirada únicamente “artística”, que eso también es muy discutible, me parece muy limitado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entonces en un espacio de museo vivo, como el Museo de la Ciudad, ¿qué se puede hacer para evitar todo lo que ha pasado? Para denunciar esta mala planeación, este mal urbanismo

Yo creo que el tiempo que fui directora, la exposición que más planteó estas nuevas aproximaciones a la realidad de Guadalajara, fue Toma la Ciudad. Había ejes de trabajo y uno era justamente la movilidad, otro el patrimonio, el medio ambiente, la equidad, la rendición de cuentas, la seguridad; eran como ocho ejes pero estaban enfocados a ver la ciudad territorialmente y lo que subsiste o lo que se permea. Ver la relación de cómo está configurada Guadalajara con la seguridad, por ejemplo. Cómo está configurada Guadalajara para el patrimonio o el medio ambiente o la movilidad. Cada tema dentro de este terreno de juego que es la ciudad. Entonces lo que yo vi, otra vez, es que era el trabajo de sociedad civil organizada diciendo “a ver, nuestra historia nos dice que hemos venido haciendo esto y el problema que encontramos ahora – año 2013 – es este.” Esas mesas de diálogo permitieron ver el estado de cada tema o de cada eje en la ciudad, y reflexionar sobre eso y ver de qué manera puede cambiar. Y yo creo que el primer gran paso fue decirlo, fue ponerlo sobre la mesa. A través de infografías, por ejemplo, se explicó el tema de la corrupción. Cuántos millones de pesos hay que no están justificados, qué funciones públicas son opacas o no  practican la transparencia. Los de movilidad hicieron un estudio de lo que refleja en números nuestra ciudad. En patrimonio, cuántos edificios han desaparecido y cuántos fallos ha hecho el TAE para que demuelan. Una numeralia que permite ver que históricamente Guadalajara ha permitido muchas cosas que fomentan la autodestrucción. A eso me refiero con un museo vivo que revisa su historia y que es capaz de saber dónde está parado y qué quiere. Sin esa reflexión previa, las ideas de lo que queremos pueden ser muy fantasiosas o muy ingenuas.

 

Para ti ¿qué nos dice un mapa?

Pues muchísimo. Da muchísima información. Al final un mapa es una interpretación de una realidad. Me gusta hacer colección de mapas de diferentes épocas del mismo territorio y te das cuenta que a través de los siglos, lo que se representa en cada mapa es diferente y refleja los valores de quienes hicieron esas cartografías en su momento. Si te vas a mapas muy antiguos, la cuestión defensiva o la cuestión de seguridad de las ciudades amuralladas tiene que ver con los puntos más altos de un territorio, cómo controlar un territorio, cómo amurallarlo, cómo protegerse y cómo la topografía juega un papel muy importante en cómo las ciudades se ubican en los terrenos más seguros, cerca del agua, pero que también tienen un control panorámico de ese territorio y lo señala. Y después vas viendo a través de los siglos cómo va creciendo la ciudad o cómo hay un punto que la muralla ya no es suficiente para contener lo que hay ahí, entonces la muralla se tiene que romper, se tiene que abrir y tiene que dar un ensanche, como fue el caso de Barcelona. Si tú comparas la almendra que constituye el barrio romano de Barcelona es completamente distinto con la traza que propuso Cerdá a principios del Siglo XX. Es otra estructura, es otra visión y ahí es donde es dramático el cambio. En Guadalajara, por ejemplo, ver cómo va creciendo la retícula y cómo se pierde la retícula por la privatización de la tierra. Los promotores inmobiliarios, los fraccionadores que van comprando grandes terrenos y ver cómo los parten y cómo los distribuyen. A eso me refiero con los valores que se reflejan en esos mapas. Y en el caso de Guadalajara si tú ves toda la serie de mapas que se han hecho a lo largo de su historia, hay una etapa en la que los barrios están definidos por las parroquias. Cada barrio tiene su referencia en un templo. Y muchas veces el barrio recibe el nombre a partir del nombre del templo. Santa Mónica, el Carmen, el Barrio del Pilar…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

O Santa Tere.

Mira, Santa Tere es un fraccionamiento que quiso ser barrio. Es muy interesante el caso de Santa Tere. Santa Tere se llama Colonia Villaseñor. Su origen es como una colonia. Y el templo se consagró hasta los años 50. Entonces la gente, en lugar de decirle Colonia Villaseñor, le empieza a decir Santa Tere por su parroquia. Ahora todo el mundo dice “el barrio de Santa Tere” pero es cuando ves la identidad a través de un icono tan importante como lo son los templos. Y bueno, esta estructura de ciudad sirvió mucho tiempo en Guadalajara y hay planos, hay cartografía oficial de Guadalajara que te circunscriben los barrios a partir de sus parroquias. Pero luego esto cambia en los cincuenta cuando se moderniza Guadalajara y se dice “vamos a ensanchar la calle de Vallarta-Juárez, la calle Hidalgo.” Entonces la ciudad se organiza por sectores que es algo muy hecho en el plano, no en la vida activa de los barrios. Entonces dices Sector Juárez, Sector Reforma, Sector Libertad, ¿eso qué significa para la gente que vive en Santa Tere o para la gente que vive en Analco? Entonces se trató a la ciudad en cuatro sectores y eso se refleja en un mapa.

 

¿Qué es lo que te apasiona?

Yo creo que ver con ojos diferentes las mismas cosas. Yo creo que eso es lo que siempre busco. Porque por ejemplo, si las rutas de La Ronda se fueran nada más al tema folclórico o a los clichés, creo que es algo que ya se ha hecho mucho. Y sin estar peleada con la tradición, yo tengo en mi vida muchas cosas tradicionales y me encantan, pero me refiero a la manera en la que se va a los mismos tópicos. Siempre vamos a los mismo lugares y creo que Guadalajara es mucho más que solamente el Hospicio Cabañas, es mucho más que el ícono de la Catedral y el Degollado. Entonces pongo el énfasis de poner a ver la arquitectura moderna que es reciente, es de los años 50s, 60s, principios de los 70s, ahí hay muchos valores y de cambios de forma de vida y fundamentales en la estructura de la ciudad y en la manera de entender la vida y no lo vemos porque es reciente. Y a mi modo de ver, es una etapa importantísima del Siglo XX en Guadalajara.

 

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