MANIFIESTO

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Algo como un mapa de una edición sobre mapas, en este número de territorio
tratamos de complejizar la herramienta que lo retrata todo excepto la rutina

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Uno de los primeros mapas de los cuales se tiene registro, conocido como el “mapa babilónico”, se encuentra en el British Museum de Londres. Se estima que data del año 500 A.C.  y es copia original de uno elaborado 200 años antes que no sobrevivió. Es un mapa en forma de estrella, en cuyo centro destacan dos círculos concéntricos que representan Babilonia y los triángulos hacen referencia a los pueblos vecinos (Asriria, Uratu, Habban, etc).

 

En esos tiempos remotos, muy anteriores al desarrollo de tecnologías como el GPS y conceptos como el de coordenada, los mapas ya representaban un instrumento de identidad y de poder. Los babilonios conocían a los egipcios y a los sirios, sin embargo no los consideraban en su mapa por la serie de conflictos que sostuvieron entre sí.

Los mapas han obsesionado a las personas desde hace mucho tiempo, principalmente a los líderes políticos quienes solían utilizarlos como herramientas de guerra en la edad media, etapa caracterizada por la formación de estados nacionales, y la delimitación y el cambio constante de fronteras entre los reinos.

 

El propio Adolf Hitler contaba con una sala de mapas en su cuartel general (guarida del lobo), lugar en el cual el coronel Claus Von Stauffenberg colocó una bomba que no logró terminar con la vida del dictador nazi. Al finalizar la segunda guerra mundial se trazaron una nueva serie de mapas, los “mapas de influencia” de las dos grandes superpotencias que prevalecerían a lo largo del siglo XX: un mapa para el primer mundo, uno más para el segundo y finalmente el relativo al tercer mundo.

Si bien los mapas continúan siendo herramientas militares y políticas de gran importancia, su uso se ha democratizado en beneficio de la población, principalmente en lo que a la planificación respecta. La revolución informática y la explosión de la cultura del Big Data tienen en los mapas a grandes aliados. Hoy es posible mapear prácticamente cualquier cosa, desde el estado de ánimo de los tuiteros en México, el número de taquerías en un municipio determinado, la ruta más rápida al trabajo, los humedales, hasta las zonas de crecida de los ríos, por mencionar algunos ejemplos.

 

No hay duda de que los mapas se tornarán en el futuro en una parte central de nuestro quehacer cotidiano, aún más allá de google maps y waze.

 

En la edición 8 de territorio nos interesa la intención contenida en los mapas de representar la realidad a escala, y como ésta permanece en movimiento constante. Un mapa nos puede hablar de un momento exacto en el espacio de una ciudad, pero la interacción entre autoridades y sociedad civil deriva en ciertos fenómenos históricos que inciden en el aspecto visual de la mancha urbana, como se detalla en el artículo de fondo. Un mapa determina qué lugar pertenece a quién, se requiere ética para elaborar una representación cartográfica de un espacio que es parte de la experiencia subjetiva de sus habitantes. La sección de Proximidad en esta ocasión presenta dos artículos que abordan al mapa desde perspectivas opuestas: uno como distorsión de la realidad, y otro como testimonio objetivo que después se convierte en ficción. También incluimos en esta sección un texto que propone mirar hacia Occidente, un lugar borroso en el mapa de la arqueología que se empeña en ver a las pirámides y lo monumental de Mesoamérica como la constancia de un país con un gran pasado.

 

Los jóvenes de hoy son los viejos de mañana, y un mapa de la vejez podría ser una valiosa herramienta para enfrentar un futuro en que México cuenta con mucha población de la tercera edad, tal como lo plantea el artículo de este mes en Contrapesos. También existen mapas mentales que cada quien elabora al moverse en la ciudad, y mapas sonoros que se valen de la tecnología y el arte conceptual para proponer nuevas formas de dibujar el panorama, y de ello va otro par de textos que aparecen en la misma sección. Tenemos una entrevista con Mónica del Arenal, quien organiza recorridos por la ciudad más para entender el escenario de Guadalajara que para presumir su lado bonito. Otra entrevista con un maquillista de muertos deja ver la piel de los cadáveres como mapas de experiencias vividas, y la fotogalería en Reflejos muestra los rostros vivos como mapas que no han dejado de redibujarse. Usted está aquí, estimado lector, y lo que está frente a sus ojos es la octava edición de la revista que sigue pensando en dónde estamos parados.

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