HABITANTES

Triple amante de las letras

Cristóbal Henestrosa es uno de esos raros diseñadores de tipos en México,
además de un voraz lector y ocasional escritor

Por EUGENIA COPPEL  / Fotografía: EUGENIA COPPEL

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Según Cristóbal Henestrosa, existen dos situaciones que llevan a alguien a crear una nueva fuente tipográfica. La primera, como en casi todos los proyectos de diseño, sucede por encargo. La segunda es como una revelación: el diseñador cae en cuenta de que una fuente específica le hace falta al mundo y decide dibujarla. Como ejemplo, dos fuentes diseñadas por el propio Henestrosa basadas en figuras políticas opuestas: un hombre obsesionado en convertirse en el líder del pueblo y el actual presidente de México.

 

No fue sencillo para Henestrosa diseñar la fuente oficial de la administración de Enrique Peña Nieto. Primero por su histórica desconfianza hacia el priismo y después por los tiempos reducidos que le exigían sus clientes-funcionarios. Pero terminó por acceder y creó junto a Raúl Plancarte la familia Soberana. Finalmente era un encargo -uno grande- y el pago le permitiría atender otros proyectos en el atropellado inicio de sexenio.

 

En cambio, nadie le pidió a Henestrosa ni a su colega Luis Novoa que diseñaran unos caracteres para parodiar la situación política de 2006, cuando Andrés Manuel López Obrador se declaró presidente legítimo tras las elecciones más cerradas de la historia nacional. Pero tampoco se había hecho y los diseñadores tenían tiempo y ganas. Y quizá lo necesitaba alguien en el mundo. O por lo menos haría reír a alguien en México.

 

Como suele suceder en el campo de la tipografía, Henestrosa y Novoa partieron de una fuente anterior: Presidencia, que había sido diseñada por Gabriel Martínez Meave para la administración de Felipe Calderón. En contrapartida nació Pejidenjia, con la vocación de representar el absurdo de que “El Peje” se ostentara como primer mandatario. La fuente-parodia fue concebida para ser todo lo contrario a formal, incluso con defectos físicos y técnicos.

 

Henestrosa la explica en su texto Hacia una autobiografía tipográfica:

 

“Surgió la idea de que la fuente pudiera cambiar algunas letras mientras tecleas y así emular el acento tabasqueño de AMLO. Por ejemplo, si escribes ‘Esto es un complot’, la fuente muestra ‘Ejto ej un compló’. También se agregaron unas cuantas sustituciones a nivel palabra. ‘Salinas’ se convierte en ‘innombrable’, ‘Calderón’ se transforma en ‘ejpurio’ y ‘perdimos’ en ‘ganamos’. De alguna forma, es una fuente que te impide escribir determinadas cosas, prohíbe ciertas palabras y las cambia por otras, como si hubiera salido de la mente de Orwell.

 

***

 

Cristóbal Henestrosa nació en la Ciudad de México, en 1979, pero su familia entera es de Oaxaca, de un pueblo pequeño en el Istmo de Tehuantepec. Es hijo de dos maestros de primaria, el mayor de dos hermanos. Un tipo moreno de cara redonda, labios finos y pelo negro con algunas canas. Mira a través de unos lentes de pasta y lleva un reloj de pulsera con una estampa de Nietzsche.

 

De primera impresión, parece distante. De segunda quizá solo es tímido. Ya entrada la charla se revela como un investigador meticuloso y un apasionado de su no tan común oficio.

 

Es cierto que más gente está familiarizada con las fuentes tipográficas en la era digital. Pero a Henestrosa también le sucede como a Matthew Carter, un diseñador de tipos muy reconocido entre los pocos conocedores. Cuando el británico mencionó alguna vez a lo que se dedicaba, obtuvo por respuesta un “¡Qué curioso! Pensé que todos los tipógrafos estaban muertos”.

 

Sentado en la cafetería de la Facultad de Arte y Diseño de la UNAM, donde es profesor, Henestrosa comienza por hacer una precisión de términos. Para aclarar las cosas:

 

─Un tipógrafo, antes de la computadora, es el que manejaba los tipos: el cajista. Yo prefiero decirme diseñador de tipos.

 

Si después de tal presentación la gente sigue con la mente en blanco, suele recurrir a la explicación que alguna vez elaboró para sus tías: “Diseño letras para la computadora. En lugar de que uses Times o Ariel, puedes usar una de mis letras”. Y con eso basta.

 

En tiempos más recientes, después de hacer proyectos tipográficos para el actual gobierno, la librería Gandhi o la editorial Fondo de Cultura Económica, también puede presumir con esos ejemplos.

 

─‘¿Ves las letras del espectacular de Gandhi, o las que aparecen detrás de Peña Nieto?. Pues yo las hice’.

 

***

Parece raro, pero Henestrosa se convirtió en diseñador de tipos gracias a un señor del siglo XVI: Antonio de Espinosa, el primer tipógrafo de América. Supo de su existencia cuando todavía era un estudiante de comunicación gráfica de la UNAM que había hecho sus incursiones en la escritura y el diseño editorial. Por eso quería hacer un tesis donde coincidieran ambos campos.

 

Su idea en un principio fue diseñar su propio libro: una pequeña novela de temática antibíblica que había escrito en el segundo año de carrera. Así que comenzó a consultar documentos con cierto desorden: desde textos medievales hasta libros de historia del diseño y de la imprenta. Así se topó con Gráfica e Identidad Nacional, de Jorge Bermúdez, donde leyó que “el fundidor de letra vecino de la ciudad de Sevilla” había llegado en 1550 a la Ciudad de México para trabajar a las órdenes del primer impresor, Juan de Pablos.

 

Descubrió, además, que Espinosa fue quien integró los tipos romanos y cursivos a los documentos impresos de la Nueva España. Documentos, por lo general, destinados a cumplir objetivos de evangelización. Y que gracias a esas innovaciones, el taller de Pablos y el propio Espinosa alcanzaron cierta notoriedad.

 

Henestrosa no era todavía un apasionado de la tipografía, pero recordaba bien una lección de sus clases universitarias: “Que la Garamond, la Bodoni o la Times que tenemos en nuestras computadoras no son las originales; que si están ahí es porque alguien se tomó la molestia de traducirlas al lenguaje digital”. Decidió, entonces, que rescatar los tipos de Espinosa -un personaje del que nadie se había ocupado antes- era un mejor ejercicio de tesis que diseñar otro libro.

 

Así creó su primera fuente y la llamó Espinosa. Su tesis obtuvo mención honorífica y, gracias a ella, obtuvo una beca para inscribirse en la recién creada maestría en Diseño Tipográfico en el Centro de Estudios Gestalt, de Veracruz, coordinada por Francisco Calles. Cristóbal se dividió entre dos ciudades durante un año y medio. De lunes a jueves trabajaba en una pequeña editorial en la Ciudad de México y los viernes en la mañana tomaba un autobús hacia Veracruz para asistir a clases. Fue el primer egresado del programa.

 

***

 

Henestrosa vive en un departamento en Cuemanco, que además de un canal es un parque ecológico en Xochimilco, al sur del Distrito Federal. La mayor parte del tiempo trabaja en casa bajo un sistema auto-impuesto para mejorar la productividad. La técnica del pomodoro: 25 minutos de trabajo enfocado y sin distracciones seguidos de cinco minutos de descanso. Dice que de otra forma sería un caos absoluto, aunque parece todo lo contrario.

 

Las mañanas de los jueves y los sábados da clases de tipografía a los alumnos de diseño gráfico de la UNAM. Normalmente usa el transporte público o un taxi para llegar a la Facultad de Artes y Diseño, también en Xochimilco. Nunca ha tenido coche ni le hace falta.

 

Lo encuentro en el receso de su clase sabatina -Diseño de alfabetos- mientras charla con uno de sus alumnos, los dos sentados en una barda afuera del aula. Sus clases son siempre las más demandadas y quedan muchos entusiastas fuera. Aunque luego varios se den cuenta “que hay mejores cosas que hacer los sábados a las ocho de la mañana”, dice Henestrosa. Dormir, por ejemplo.

 

─¿Qué onda? ¿Entramos ya? ─pregunta el profesor al resto de los 30 chicos que, tras el llamado, se van acomodando sin mucha prisa frente a sus MAC de escritorio.

 

Con paciencia de abuelo primerizo, Henestrosa resuelve dudas generales e individuales acerca del ejercicio que encargó: “rescatar” o digitalizar una fuente cualquiera. Alguien eligió la de Mafalda, otro una caligrafía romana. Lo que hacen los estudiantes es un nivel muy básico de lo que su profesor hizo con los tipos de Espinosa.

 

Henestrosa aprovecha la presencia de la entrevistadora y pide que las preguntas inicien en el aula, para que sus alumnos -quizá- se vayan con alguna idea nueva. La charla sobre tipografía continúa después de la clase, en una pequeña mesa con sombrilla de la cafetería al aire libre.

 

─“El recurso preferido de la tipografía es la metaforización”, escribiste en un texto que se publicó en la revista Letras Libres. ¿Podrías explicar qué significa eso?

 

─La tipografía presenta contenidos verbales y tiene la capacidad de reforzar, matizar o contradecir el mensaje. Porque la forma visual también dice cosas: una fuente se puede ver profesional, poética, divertida, aburrida. Puedes metaforizar seriedad o informalidad. La tipografía es un arma secreta de los diseñadores para seducir a sus posibles usuarios.

 

─¿Cuál fue la metáfora en el caso de la familia tipográfica que diseñaste para Peña Nieto?

 

─Es curioso pero no lo sé. A mi me dijeron que querían algo parecido a Trajan, una fuente muy utilizada que para mi significa formalidad, institución. Pero ellos tenían otros conceptos: ‘Queremos ser propositivos, vamos a mover a México’. Era un poco contradictorio porque querían solidez y movimiento; blanco pero negro. Así es como se juega. Al final presenté el trabajo y les gustó.

 

─¿No es frustrante como diseñador estar limitado al alfabeto y los signos?

 

─Es un reto, porque todos los diseñadores de tipos aramos en el mismo terreno. No es fácil que salga una veta desconocida. Pero a veces sucede y nos preguntamos cómo no se le había ocurrido a nadie.

 

─¿Tienes preferencia por alguna letra o carácter?

 

─La “a” es de mis favoritas y casi siempre empiezo por ahí cuando voy a dibujar una nueva fuente. Creo que tiene mucha personalidad y características que pueden ser de utilidad para dibujar otras letras. Luego sigo con una ascendente, una letra importante como la “h” o la “m”. Las más difíciles son la “s” o la “g”: las que tienen más curvas.

 

***

Cristóbal sabe que sus colegas tienen fama -“y bien ganada”- de ser personas que mueven el mouse y resuelven cosas. Un diseñador sumergido en un archivo histórico no es la imagen más común. Como Henestrosa cuando se puso a investigar todo sobre Espinosa y en el camino se leyó a muchos otros cronistas de Indias que no necesariamente tenían que ver con su tesis de licenciatura.

 

Comenzó a coquetear con las letras desde la preparatoria. Recuerda haberse enganchado a los libros con Ética para Amador, de Fernando Savater, y querer continuar con textos que le interesaban a un adolescente con buenas notas pero rebelde: crítica de la sexualidad y de la religión, por ejemplo. Esto último porque su madre, una católica no practicante, recurría a la moral cristiana cuando se veía en la necesidad de darle una lección.

 

─Me obsesioné con leer la Biblia: me parecía fabuloso que un libro escrito por personas trascendiera y se tomara como ley divina ─cuenta.

 

Por la misma época, la madre le recomendó leer Juventud en éxtasis, de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, con la intención de que se comportara como el libro aconseja: no tener relaciones sexuales antes ni fuera del matrimonio. Pero la reacción fue la contraria. El muchacho cuestionó ese texto a tal grado que escribió un pequeño ensayo literario a favor de la sexualidad adolescente. La juventud merece el éxtasis se convirtió en su primer libro.

 

También es autor de Espinosa: Rescate de una tipografía novohispana -su tesis convertida en libro- y de una pequeña novela más reciente: Satán Salvador, en la que utilizó su propia fuente Espinosa Nova Rotunda, el miembro gótico de esa familia tipográfica.

 

Quizá lo del amor a las letras sea algo de su propia familia. El poeta, narrador, ensayista y hablante y defensor del zapoteco, Andrés Henestrosa (1906-2008), era su tío abuelo.

 

─¿Consideras que el de escritor es un oficio paralelo?

 

─Me gustaría que lo fuera. Como BEF, que cursó diseño gráfico, es ilustrador y también gana premios de literatura. Pero creo que la vida me fue llevando por el terreno de la tipografía y estoy muy bien especializando en esto. La fila de escritores es larga y hay muy buenos. Siento que meterme a esa competencia sería una distracción de lo otro, que también me fascina.

 

Así que este Henestrosa solo escribe cuando tiene algo que decir. Nunca por encargo. La lectura, en cambio, está catalogada en su agenda como placer y actividad obligada. Y su libreta de apuntes lo demuestra.

 

La página, escrita con diminuta caligrafía a lápiz, se llama “Lecturas 2015” y su objetivo es registrar los títulos que lleva leídos en lo que va del año. Está dividida en cuatro columnas “Diseño / Edición”; “No ficción”; “Narrativa / Poesía”; y “Savater”. Este último, explica, porque de tanto en tanto se propone leer las obras completas de algún autor. Hasta el día de la entrevista (5 de septiembre) había un total de 53 títulos registrados.

 

Puede ser, sí, que Henestrosa tenga ciertos comportamientos obsesivos. Pero es que así lo exigen las letras.

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