RELIEVES

Postergar la guerra platicando

Guadalupe Morfín recuerda las palabras del escritor italiano Alessandro Baricco: desde los griegos hay una creencia en las mujeres de que la guerra hay que postergarla

Por SUSANA OCHOA* /

Fotografía: MICHELLE VÁZQUEZ

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Con esta entrevista, revista territorio inicia un ejercicio que consiste en poner a dialogar a dos mujeres cuyo trabajo incide en lo público. Es una cadena que pretende convertir a todas las entrevistadas en entrevistadoras. La idea es conversar, presentar ideas, puntos de vista, posiciones, enfoques encontrados o coincidencias. Estamos seguros de que mediante el intercambio de palabras que ofrece la entrevista, podemos generar un gran espejo desde donde nos veamos reflejados los habitantes de esta y otras ciudades.

 

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Guadalupe Morfín es regidora de Guadalajara dentro de la fracción de Partido Movimiento Ciudadano (PMC), aunque muchas personas la reconocen por su trabajo como titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco. Fue Comisionada para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Ciudad Juárez (2003-2006) y luego Fiscal Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas para toda la República en la PGR (2008-2009), aún así, muchos otros valoran su trabajo poético (la primera palabra en su semblanza de la página del Ayuntamiento de Guadalajara es poeta). Es una mujer que impone, que dice que venía de casa y de la poesía cuando comenzó su trayectoria en la función pública.  Hoy enfrenta otros retos, como el de conservar su independencia representando a un partido político en el Ayuntamiento de Guadalajara. Entrevisté a Guadalupe en su pequeña oficina del centro de la ciudad de Guadalajara donde tiene una vista privilegiada y un balcón sobre la avenida Fray Antonio Alcalde, justo en la esquina donde está la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

 

 

Tienes una carrera en la función pública que comienza en la presidencia de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, a mí me llama la atención que venías de los medios de comunicación, ¿qué aprendiste sobre la política a partir de ese momento?

Fíjate que venía de mi casa y de la poesía cuando entré a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, aunque antes había incursionado en algunos ejercicios que tienen que ver con el periodismo. Me tocó ser parte del equipo mínimo que seleccionó al personal de Siglo 21, el periódico que luego derivó en Público, y ahora con algunas variantes es Milenio Diario. También fui parte de Movimiento Ciudadano Jalisciense, la asociación que tuvo un papel preponderante en exigir legitimidad en las actuaciones públicas en torno a las explosiones del 22 de abril de 1992, en Guadalajara, y en buscar que el tema de los derechos humanos permeara de mejor manera en la sociedad.

 

Entiendo que contigo, y con muchas personas más, empezó a posicionarse el tema de los derechos humanos.

Antes de que yo llegara a ser funcionara de la Comisión Estatal de Derechos Humanos ya había un trabajo previo de varios colectivos, algunos enfocados en la cuestión electoral, como el trabajo que hicieron Jorge Alonso Sánchez y Manuel Rodríguez de la Puente; pero también estaba el trabajo de la Academia Jalisciense de Derechos Humanos, (AJDH), cuyo presidente era José Barragán Barragán. En aquel entonces yo escribía en algunos medios de comunicación sobre temas ambientales. Me acuerdo que escribí, casi proféticamente, un artículo en contra de los anuncios de espectaculares, en 1990.

 

Hoy los anuncios espectaculares son un tema de campaña y a la gente le interesa muchísimo.

Es un tema municipal que debemos abordar, pero respondiendo tu pregunta sobre cómo pasé de activista a ser funcionaria, creo que si sumo los años de mis actividades, se van emparejando porque he sido más funcionaria que activista, aunque cada vez que regreso a casa sigo pensando lo mismo que pienso como funcionaria. Voy  y vengo, y pienso lo mismo que he pensado siempre. He intentado hacerlo con distintos equipos y posibilidades, pero obviamente se potencian más las cosas cuando se hacen desde la función pública.

En el equipo al que pertenezco -del diputado independiente Pedro Kumamoto- vemos la política como una herramienta poderosísima para ponernos de acuerdo como sociedad. Ejerciendo la política institucional como regidora, ¿para ti qué es la política?

 Para mí la política es una herramienta idónea para trabajar por el bienestar colectivo. Creo que puede y debe ser una actividad muy noble cuando se combina con la ética, y se ejerce poniendo siempre en el centro a las personas. En mi caso la he ejercido desde distintos trabajos: con los agraviados, con las violaciones a los derechos humanos, con las mujeres víctimas de violencia y sus familias; a través de las víctimas de trata o con los ciudadanos y ciudadanas sometidos a condiciones de vulnerabilidad en el municipio de Guadalajara. La política es una actividad que se puede y se debe hacer con mucho sentido de humildad, y en equipo. Es imposible que se logren muchas cosas en la soledad, hay que trazar acuerdos, hay que ser capaz de ganar; es un ejercicio permanente de unir puntas polarizadas, de tender puentes de diálogo; es un ejercicio de reconciliación permanente con muchas y muchos con quienes no podemos estar de acuerdo pero que tenemos que respetar y escuchar. Es un ejercicio de mucha fortaleza porque cada 15 días nos pagan, pero nadie tiene la obligación de reconocernos ni de aplaudirnos. En el pago y en la conciencia de que estamos haciendo lo que nos toca, está nuestra recompensa.

 

Me llama mucho la atención que hables de humildad en la política, porque lo que veo es que a veces los políticos siguen intereses personales, y ni siquiera los de sus partidos. En muchas ocasiones, los políticos no quieren que gane alguien más que no sean ellos o su grupo. Mencionabas, y te escuché decirlo mucho durante la campaña, que tú serías una persona independiente dentro de un partido, ¿cómo practicas esa independencia?

Creo que la mejor manera de ser leal con Enrique Alfaro y con el PMC es aportar llamando la atención sobre las cosas que me parece se deben corregir. He encontrado un esfuerzo e interés por escuchar y entender mis aportaciones y mis críticas. Ésa es una manera de ser independiente, trabajar desde dentro con los de casa, fraternalmente, respetando la diversidad de puntos de vista. No sé si sea por la edad, porque soy mujer o porque soy muy bocona, pero algo me ha permitido que me tengan mucha confianza y me ofrezcan una interlocución respetuosa. Los regidores que se pudieran considerar de oposición son tan colegas míos como los de PMC.

 

El tema de los ambulantes ha sido el asunto que más se le ha criticado a la administración de Enrique Alfaro, específicamente en el respeto a los derechos humanos, tengo entendido que tú participaste en ese proceso, ¿crees que se ha hecho suficiente?

El Alcalde me pidió, antes de los operativos, que tuviera una serie de conversaciones con áreas operativas encargadas de aplicar los reglamentos de giros comerciales y el reglamento del Centro Histórico para delimitar muy claramente un área y establecer qué giros se deben permitir y cuáles quedan prohibidos. En esas reuniones trazamos acuerdos a partir de principios de derechos humanos, que el uso de la fuerza siempre fuera el último recurso y que fuera proporcional, es decir, no incurrir en ningún abuso para no lesionar. Buscamos que la carta de presentación del Ayuntamiento fuese la información dada a las personas que iban a ser afectadas. Hubo un ejercicio de volanteo, probablemente insuficiente. Pudimos haber fallado con el ejercicio de repartir infografías para que los comerciantes conocieran las ventanas de oportunidad que tendrían, y no responder únicamente con una medida coercitiva. Habían puestos de trabajo temporal y  trabajos estables con sueldos superiores a los 10 mil pesos. Se abrió una bolsa de trabajo con distintas empresas pero coordinada por el Ayuntamiento. El 13 de noviembre hubo una manifestación donde algunas personas fueron golpeadas. Como regidora solicité que en las áreas operativas del Ayuntamiento se facilitara la investigación de todas las quejas, y así se hizo. Se nos abrieron las puertas, se facilitó que las personas quejosas o que consideraban que se estaban violando sus derechos, pudieran interponer sus quejas. Pedimos desde el inicio que hubiera mucha presencia femenina y que se tratara de resguardar la mercancía decomisada para que no se echara a perder.  La ciudad debe ser para todos. Son operativos que corresponden a una necesidad de ordenar el territorio para el uso y disfrute de todos y de todas con mucha seguridad.  Sin olvidar que la ciudad nos provee de una identidad cultural, nos arraiga, y que su Centro Histórico es un espacio común que, por ser colectivo, tenemos que cuidar.

 

La paz no se puede construir unilateralmente, te he escuchado decir en otros espacios, ¿a qué te refieres con esa frase?

Uno puede constituirse o proponerse ser una persona pacífica, y con esa postura aporta algo a su comunidad. Pero para la paz social, por más que nos lo propongamos desde el gobierno, necesitamos el respeto y la colaboración de nuestros interlocutores, ya sea de los líderes del comercio ambulante, otras fuerzas políticas u otros actores menos visibles. Necesitamos ir convenciendo cada vez a un mayor número de actores para que esto no sea un ejercicio aislado, solitario, sino una convicción ciudadana de que la paz que todos anhelamos sí es posible.

Susana Ochoa.

Yo veo una fuerte polarización entre la idea de la sociedad civil “inmaculada” que no se equivoca nunca, y por otro lado entre la gente que hace política “corrupta” formal. Yo creo que ese muro se tiene que derribar de alguna manera porque es necesario que las personas sepan que la política institucional la deben hacer también los habitantes de esta ciudad , ¿cuál crees que sea un buen camino para derribar ese muro?

Yo creo que un principio de amor por el bienestar colectivo, es creer que lo que intentas vale la pena aunque haya probabilidad de perder algo de credibilidad o confianza. Quienes conocen de cerca a Pedro Kumamoto, a mí o a otras personas que estamos participando en un ejercicio político, nos van a seguir creyendo y nos van a seguir queriendo. Para participar en un espacio tan cuestionado como el político hay necesidad de reconstruir las reglas para garantizar la confianza. Efraín González Morfín, mi primo hermano que fue mi primer maestro en derechos humanos y que ya murió, decía que cuando entramos en política tenemos que trabajar por un horizonte mucho más generoso y más largo que los plazos trienales o sexenales. Limitarnos a los plazos electorales es limitar el ejercicio de la política, por eso me gusta mucho una metáfora que usan los campesinos del sur de Italia: ‘sin esperanza no pueden plantarse olivos’, porque los olivos tardan muchos años en dar frutos. Las cosas que nos estamos planteando hoy para Guadalajara probablemente se refleje y se note muchos años después, como las cosas que intentamos plantear en Ciudad Juárez, Tapachula, Veracruz y Tijuana.

 

Algo que me parece alucinante de la política es que dentro de un partido puedes disentir poco o nada, al menos en la esfera pública, pero ahora que te pregunté sobre los ambulantes mencionabas que “fallamos en algunas cosas” o “podemos mejorar en esto”,  y eso para mí es muy importante, porque estamos feminizando la política de alguna manera. No estamos acostumbrados a escuchar a los políticos decir que se equivocaron y eso me parece interesante. Quiero saber, ¿cuál ha sido tu experiencia dentro de un partido político, sabes que puedes disentir pero tienes cuidado de cómo lo planteas?

Es que no milito en el partido político, soy colega y me han recibido muy bien, lo agradezco muchísimo, pero no estoy en la lógica partidista. Llevó una magnífica relación con personas de la Coordinación Nacional (CN), como Dante Delgado (Coordinador nacional), Alejandro Chanona (Integrante de CN), Laura Hernández (Secretaria de DDHH y Grupos Vulnerables en PMC) y también con Hugo Luna (Coordinador estatal Jalisco) desde que estábamos en campaña. Creo que si no aprendemos a reconocer aquellas cosas en las que hemos fallado, no las podremos corregir y rectificar. ¿En qué falló el operativo policial del 13 de noviembre? Bueno en que tardaron mucho en llegar los vehículos en los que se iban a trasladar a los detenidos, y que se los llevaron al sótano donde mi equipo los acompañó para asegurarse que no fueran golpeados ni amedrentados. Rectificar no le resta mérito a las acciones que requieren valentía. En temas como el de los ambulantes, que no se contamine, que las banquetas se liberen, y que se abra a todas y todos la posibilidad de que el derecho a la ciudad sea un derecho gozable, todavía queda mucho por hacer.

 

¿Qué te has propuesto lograr como regidora de Guadalajara?

Como regidora me he propuesto que uno de los ejes de gobierno sean los derechos humanos y la igualdad de género; que haya una manera concreta de aterrizar la Reforma Constitucional de Derechos Humanos del 2011 en el ámbito municipal. Que haya transversalidad de género en todo el ejercicio de gobierno, por ejemplo hacer obligatorio para todas las coordinaciones analizar la condición de género: en qué beneficia lo que van a gastar de manera distinta a hombres y mujeres. Así sea la limpieza de parques, la instalación de lámparas antivandálicas en zonas donde han ocurrido feminicidios o violaciones en la vía pública. Así sea trabajo en el ámbito de la educación informal o con campañas. Ésa es la incidencia femenina, que aprendamos a pensar en esas mujeres y niñas cuando se planifiquen las obras públicas, campañas, presupuestos y programas. Feminizar también es reconocer que buena parte de los saberes para la vida, como las habilidades para resolver conflictos en la familia, en los barrios  y en las comunidades, tradicionalmente son transmitidos a través de las mujeres. Históricamente así se ha dado. Las autoridades tenemos que reconocer lo productivo del trabajo de cuidar niños, ancianos, enfermos y personas con discapacidades en los hogares que ha recaído en manos de las mujeres. Es un trabajo no remunerado y muy poco visibilizado, al que le debemos mucho nuestro tejido social.

Fuiste una de las personas que le dio legitimidad a Enrique Alfaro, sobre todo al final de la campaña del 2015, ¿crees que hayas perdido un poco de legitimidad durante el proceso?

A mí me da mucha legitimidad trabajar en el Ayuntamiento de Guadalajara dónde está Alfaro (alcalde), Maru Arias (regidora por Partido Movimiento Ciudadano), Alfonso Petersen (regidor por Partido Acción Nacional), Ricardo Villanueva (regidor por Partido Revolucionario Institucional) y dónde está Enrique Ibarra (secretario general del Gobierno de Guadalajara) que tiene muchísima experiencia. Me ayuda a seguir aprendiendo como persona y como funcionaria. Es una legitimidad de ida y vuelta. Enrique Alfaro hace cosas que yo soy incapaz de hacer porque es muy echado para adelante, tiene mucha energía y valentía. Hay cosas en las que yo aporto, y agradezco ser escuchada y tomada en cuenta. Cuando se tiene capital moral, yo pienso que es para gastarse. Entonces está bien gastado y más si es por Guadalajara, mi capital.

 

 

En el equipo de trabajo del que soy parte, casi todos somos jóvenes, y los demás nos ven pequeñas, sobre todo en un Congreso donde hay violencia institucional hacia las mujeres, donde los puestos más importantes los ocupan hombres. Ese respeto ya lo tienes ganado, pero imagino que no siempre fue así, ¿te topaste con obstáculos con las que no te habrías enfrentado si hubieras sido hombre?

Tú trabajas en un área legislativa, analiza las comisiones presididas por mujeres. Las que generalmente se destinan a hombres son las que se consideran importantes o las que están relacionadas al presupuesto público o hacienda. A las mujeres se les deja las comisiones de la niñez y algunas otras donde no es muy importante que haya hombres. Yo creo que mentiría cualquier mujer que viviendo en México, diga que no le ha costado hacerse escuchar. Hay una anécdota muy linda de Jacqueline Peschard, que era la única mujer en el primer Consejo Ciudadano Electoral del IFE que presidió José Woldenberg, de cómo le tocaba echar el manotazo sobre la mesa para que la escucharan porque si estaba hablando ella, inmediatamente había un pacto patriarcal para que sólo se escucharan entre ellos. Todo ese aprendizaje hay que transitarlo, pero también hay un margen de libertad que las mujeres podemos aprovechar. ¿Cómo lo he aprovechado yo? En circunstancias difíciles pude enviar grandes ramos de flores a generales de división del ejército mexicano en una u otra función pública, o a un cardenal de la iglesia católica buscando que trabajara a favor de los derechos de las víctimas. Esa posibilidad de mandar flores a personas a las que hay que convencer fue un regalo para mí como mujer, y creo que le hubiera costado más a cualquier colega varón. No todo es dificultad, también hay una gran área de oportunidad, porque como dice Alessandro Baricco sobre el libro ‘Homero, Ilíada’, desde los griegos hay una conciencia en las mujeres de que la guerra hay que postergarla, y la postergamos platicando, invitando a conversar a los contrarios, retrasando la hora de la aparición de las armas y si se puede, inhibiéndola definitivamente. Ésa es la agenda que tenemos que compartir las mujeres en el activismo, en la sociedad civil, en una regiduría, en el trabajo municipal, legislativo, en la academia, en el trabajo doméstico, en nuestra casas y en todos los rincones de este país que anhela la paz.

 

Agradezco a revista territorio la oportunidad de escribir en una publicación que busca que repensemos nuestra ciudad y sus espacios, y a Guadalupe Morfín, que me deja mucho para reflexionar sobre la ciudad que estamos construyendo.

*Susana Ochoa es comunicóloga del Tec de Monterrey. Nacida en Chihuahua pero enraizada en Guadalajara desde hace seis años.  Feminista y ocupante que pertenece a Wikipolítica Jalisco, organización política apartidista que impulsó la candidatura de Pedro Kumamoto. Fue coordinadora de comunicación del equipo de Pedro y hoy cumple la misma función en el Congreso de Jalisco. Apasionada del internet, los movimientos sociales y de cómo podemos feminizar la política.

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