CONTRAPESOS

No es un país para viejos… todavía

Porque la juventud no es eterna y algo siempre debe hacerse al respecto, un mapa de la vejez en México sería de gran ayuda para encarar un futuro donde la tercera edad predomina

Por YANI LIMBEROPULOS

Print Friendly and PDF

Muchos de nosotros, incluidos nuestros gobernantes, vemos a la vejez como un proceso que compete a quien se encuentra inserto en él. Derivado de esto, no hemos logrado establecer un vínculo entre la estructura por edad de nuestra población y la forma en la cual nos organizamos como sociedad, lo cual no sitúa como un país con poca cultura demográfica.

 

Esto no debería de extrañarnos del todo: hay una serie de hábitos culturales que tienen mucha trascendencia en la convivencia social y la vida diaria, y que tampoco aparecen dentro de nuestras prioridades: la cultura vial, la legalidad o la tolerancia, entre muchas otras.

 

Sin embargo, hay algo en particular respecto a la cultura demográfica que debemos mantener presente en todo momento: nuestra capacidad de prever escenarios con un lapso de tiempo suficientemente largo, que nos permita anticipar los retos y desafíos que se presentan. Los procesos demográficos no acontecen de un momento a otro como sucede con los proceso económicos, sino que éstos tienen un periodo de gestación que trascienden generaciones, y por eso se vuelven difíciles de percibir.

 

México dio un gran paso institucional en la década de los setenta al impulsar políticas de planificación familiar, que a diferencia de otras, persistieron a lo largo de mucho tiempo. Como resultado de esta política, el descenso de la tasa global de fecundidad, que oscilaba los 7 hijos por mujer en esa época, hoy se sitúa en 2.3 hijos por mujer, de acuerdo a la última edición de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID, 2014).

 

Esta reducción tan importante y acelerada de la fecundidad trajo cambios en las dinámicas al interior de los hogares, desde sus composiciones, sus estrategias de supervivencia y hasta en las trayectorias de sus integrantes. Estos cambios repercuten y han repercutido  de manera directa en la organización societal de las comunidades, sobre todo considerando que el hogar representa su unidad fundamental de análisis.

 

Hoy por hoy México es un país joven. La edad mediana de la población en 2014 fue de 27 años1, mientras que el índice de dependencia se colocó en 62.4 personas en los rangos de edad [0-14] y [65 y +] por cada 100 personas en edades laborales. Este índice se colocó en 2009 en 71 por 100, y se pronostica que seguirá declinando hasta alcanzar sus niveles mínimos a mediados de la siguiente década. Esto es un subproducto de la reducción de la fecundidad iniciado 40 años atrás.

 

Desafortunadamente, hemos desperdiciado el potencial del llamado “bono demográfico” o la presencia masiva de jóvenes. Nuestra incapacidad para asegurarles una educación de calidad, acceso eficiente a la salud pública, y la posibilidad de obtener trabajos productivos en los mercados laborales, ha contribuido a que, según estimaciones, 7.5 millones de jóvenes no trabajan y tampoco estudian. De haber sido aprovechado el bono, se hubieran constituido en un importante motor de cambio como sucedió en el sudeste asiático, particularmente en el caso coreano, donde hubo disposición para otorgar facilidades y herramientas al creciente número de jóvenes que alcanzaban edades productivas.

 

La siguiente etapa demográfica que enfrentará el país, consiste en el envejecimiento acelerado de una porción importante de su población. Esto traerá consigo una serie de cambios, retos y oportunidades para los que tenemos que estar prepararnos para evitar cualquier desperdicio.

 

En la actualidad una gran mayoría de los procesos y arreglos sociales se encuentran configurados a partir de la estructura poblacional, en la cual los individuos jóvenes tienen una gran presencia. Un ejemplo de ello es la orientación de las principales industrias tecnológicas, que conceptualizan y mercantilizan gran parte de sus productos pensando en poblaciones juveniles. Esto no necesariamente permanecerá así. Los procesos sociales no son estáticos. El futuro de la industria girará en torno a las poblaciones envejecidas y sus necesidades, ya que poblacionalmente constituirán un mercado muy voluminoso y apetitoso. Este grupo etario demandará a la industria, productos y servicios de acuerdo a sus necesidades, y al estado, una red de protección institucional específica y diferente a la que ahora predomina.

 

En este sentido, el mapa de la vejez se convierte en una herramienta fundamental para la elaboración de políticas públicas en aquellos municipios en donde la proporción de personas de 65 años y más, es mayor a la media nacional. Este tipo de políticas deben concebirse desde distintos niveles de acción.

 

Hay, por ejemplo, acciones de primera importancia cuya ejecución es relativamente fácil sobre todo si se acompaña con voluntad e imaginación política. Por ejemplo las relativas al mejoramiento de las condiciones del entorno urbano y que son esenciales para el desempeño de actividades cotidianas de este segmento de la población, como es la colocación de rampas en las banquetas y elevadores en puentes peatonales (decisiones que pertenecen a la esfera municipal). En cambio, las más complejas, son de carácter estructural y urgentes en el corto plazo, como la ampliación de la red de salud y la modificación del sistema de pensiones.

 

A nivel municipal no parece difícil que se empiecen a conformar programas de gobierno de primer orden y con personal calificado cuya población objetivo sean los adultos mayores. En el país existen los recursos humanos para trabajarlo de manera más seria y sistemática, sin descuidar a otros grupos poblacionales.

 

El proceso de envejecimiento muestra patrones espaciales diferenciables a lo largo del territorio geográfico, esto como reflejo de distintas variables demográficas como los patrones de emigración de poblaciones juveniles, el ritmo de decrecimiento por regiones, y el alargamiento de la esperanza de vida. Las entidades federativas y los municipios no deben esperar a que se implemente una política nacional que quizá llegue demasiado tarde y no ofrezca una solución a la problemática.

En el caso de Jalisco, existen al menos 8 municipios donde el porcentaje de la población envejecida supera 14.5% de la población total. Mientras que en al menos 21 municipios este segmento supera al 11%. En total son 29 municipios los que doblan la media estatal que es de 6%.

 

Gran parte de estos municipios se agrupan espacialmente en la sección noroccidental del estado, en torno a lo que denomino el “Tirante de la Vejez Jalisciense”. Precisamente en esta región se podría iniciar con facilitar la participación de estas personas en la sociedad y asegurar el ejercicio sus derechos. El gobierno estatal debe involucrarse y apoyar estos proyectos, al igual que la iniciativa privada que puede salir beneficiada en distintos órdenes.

 

Se requiere de voluntad e imaginación política,  compromiso, y permitir que los especialistas sean quienes participen y lleven a cabo el proceso de toma de decisiones. Esto fue lo que sucedió en el caso de la política de población hace 41 años, que germinó en gran medida gracias a las aportaciones de distintos especialistas como Víctor Urquidi, Gustavo Cabrera, Raúl Benítez y Luisa María Leal, con resultados de gran alcance.

 

La cultura demográfica debe comenzar a incorporarse en los procesos de política pública, la cual ha sido acaparada en gran medida por el mercantilismo. Hoy existen diversas herramientas donde los mapas y los sistemas de información geográfica (SIG) juegan un papel fundamental; capital humano y ramas del conocimiento bien establecidas que nos permiten tomar acción de manera proactiva. ¡Hagámoslo!

BIBLIOGRAFÍA

1

Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID, 2014).

Print Friendly and PDF

Territorio

¡Suscríbete!

Casa

Recibe reportajes, crónicas, entrevistas, 
0 invitaciones especiales a nuestros eventos.

Común

Plural

Tienda

© 2017 Territorio.

Contacto: redaccion@territorio.mx

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.