CONTRAPESOS

Muchas mentes, muchas ciudades

En Espacio Vital, un cuento corto del maestro de la ciencia ficción, Isaac Asimov, se plantea la idea de que la población actual de la Tierra supera el trillón de habitantes y, al buscar desesperadamente una solución a la sobrepoblación, la raza humana descubre la manera de viajar entre dimensiones. De esta forma, el problema de espacio se resolvería al asignar a cada familia una Tierra en una dimensión diferente: la mitad de las probabilidades era una Tierra habitada, y la otra mitad, una desierta; cada quien tendría su propia casa, un mundo propio del que serían completamente dueños. Así es como esos mundos posibles se trasladan a las ciudades, cada quien la imagina y la construye a partir de su realidad; en ciudades con tantas diferencias, hasta el concepto de centro se empieza a desdibujar, se vuelve un concepto mutable entre cada persona. La vida de cada uno es el centro de su ciudad, y en torno a ésta se va construyendo lo demás. Cada quien dibuja su mapa representativo de la ciudad de acuerdo a cómo está habituado a vivirla, ideas que se vuelven un reflejo físico de habitar un territorio; desde cada madriguera, todo se ve diferente.

 

Corporalmente vamos creando conceptos propios como el “frente”, y la “espalda” de la ciudad, al recorrerla con nuestro cuerpo proyectamos un mapa mental a cada paso que damos. Podemos entender un lugar como una experiencia corporal, su conciencia en la ciudad desde donde estamos parados, con nuestro cuerpo aprendemos a movernos dentro de ella, es algo que se aprende, como cuando se aprende a caminar; en el momento en que tenemos una conciencia motriz de nuestras piernas, empezamos a explorar nuestra casa, recorrer sus pasillos, transitar de habitación en habitación, agazaparnos en rincones seguros. Aprendemos a seguir olores, sonidos, caminar a ciegas apoyándonos en la pared. Ese mismo aprendizaje tenemos en la ciudad donde empezamos a dibujar su mapa compuesto por texturas, colores, experiencias.

Nos guiamos en un sistema de navegación donde las rutas se calculan desde la brújula y esa brújula somos nosotros. Con el tiempo establecemos nuestro norte y nuestro sur, nuestro “arriba” y “abajo”, cercanías y lejanías, así como la triangulación de posiciones y la ubicación en nuestra memoria de lugares energéticos donde hemos habitado. Generamos rutas, erigimos monumentos psicológicos de lo que pensamos y creemos, nos guarecemos en ciertas zonas,  trazamos líneas de deseo por donde nos place ir, esparciendo nuestras vibras y es así como esos caminos empiezan a permear de nuestra esencia, es así como cambia la continuación espacial de un lugar y se añeja la substancia inmaterial de éste, reflejada con objetos físicos, a los que les imprimimos nuestros valores, los cuales transitan más allá del objeto materializado.

 

Los habitantes de la periferia viven la ciudad desde ahí y convierten el centro geográfico de la localidad en su periferia personal; mecanizan así su manera de entender la ciudad. De este modo, para ciertos sectores, el centro es como una visita y para otros es su entorno diario, hay maneras de entender los conceptos de lugares en una ciudad: como un lugar de paso, como un destino recreativo y cultural, como un cruce de caminos, un escenario con una obra en constante exposición. Cada uno va creando su ciudad desde su centro, nuestro centro, a veces se mueve, vacila tácitamente entre un estado y otro. Estamos sujetos a sus cambios y nos retroalimentamos constantemente. Como en un muro de tu casa primaria que envejece, como tú envejeces, es un espejo de experiencias que se van grabando sobre la superficie, eres tú haciéndote más viejo, porque tienes una memoria compartida en el espacio; te reproduce, te imita, crece y cambia.

 

Cada uno transita con el concepto de su ciudad a cuestas, compartiendo mágicamente su espacio con el de otros cinco millones, aunque crea que sólo la suya es válida, al compartir metafísicamente ese concepto de “espacio”, se gestan automáticamente nexos, puentes entre esos lugares místicos que a su vez defendemos y peleamos muchas veces por su integridad. Estas ciudades orbitan con la ley de gravitación universal, en la que los cuerpos se atraen el uno al otro, de acuerdo al producto de sus masas; nuestras Guadalajaras se atraen de acuerdo a nuestras masas de ideas y valores que construimos y cambiamos juntos. Así, sabemos qué ambiente se respira en diferentes puntos de la urbe, nos hacemos expertos en diferentes zonas, sabemos a qué velocidad se mueve, dónde y cómo tomar transporte público, cómo cruzar una calle, hacia dónde voltear, por dónde caminar para que no te queme el sol, cómo habitarlas de noche.

 

Cuando sales de esas zonas sientes en tu cuerpo una extrañeza física, una necesidad nueva de exploración y descubrimiento, se aguza el oído y se afinan los sentidos para así incrustar esa nueva zona conocida a nuestro mapa. Cada ente adquiere un peso específico en el cosmos urbano constituido por el sistema de valores de comunicación que va estableciendo a partir de lo que vive en la ciudad. Estas configuraciones se reproducen y heredan, fractalizándose de generación a generación, entre personas, se incuban dentro de los círculos sociales que construimos, así es como nos compartimos información genética que nos programa para habitar un espacio. Se añejan lentamente dentro de esas barricas, conteniéndolas a través de los espacios físicos que habitamos; dentro de ese coctel de experiencias, nos vemos de pronto sumergidos con ese plano cartesiano siempre presente en nuestras mentes. La ciudad y mi cuerpo se complementan y se definen el uno al otro, habito en la ciudad y la ciudad habita en mi.

 

Por GUILLERMO ESPARZA* /

Ilustración: INÉS DE ANTUÑANO

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La experiencia subjetiva de transitar el espacio físico, crea un mapa mental tan único y personal como el que cada habitante decide tener. Donde cada cabeza es un mundo, cada individuo es una ciudad

*Guillermo Esparza es diseñador de producto de la Universidad de Guadalajara, interesado en la retórica propia de cómo las ciudades se componen, y cómo intervenirlas analizando dicha composición. Curioso y amante del mundo del arte, pero antes de ser todo esto, primeramente se considera un ser humano.

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