PÚBLICO

Marisa Lazo, disciplinada ambición

Pocas son las mujeres empresarias que figuran entre el panorama de poder económico, político y social de la ciudad. Marisa es una de ellas, ¿cómo ha llegado hasta ahí? ¿Cuál es su historia personal?

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En México, el presidente de la república llevaba tres años en el poder cuando se reunió por primera vez con un grupo amplio de empresarios de una entidad. En 2015 Jalisco fue la primera.

 

En la lista de invitados hay cuarenta y seis hombres: hoteleros, tequileros, farmacéuticos, dueños de medios de comunicación, desarrolladores inmobiliarios, presidentes de organismos empresariales y cámaras, hombres de la industria alimentaria,  y de la industria electrónica. Autos y camionetas de lujo se detienen frente a la casa del gobernador. De los vehículos bajan empresarios, políticos y líderes industriales. Son las 14 horas del jueves 26 de febrero del 2015, en la reunión hay cuatro hombres más, el presidente Enrique Peña, el gobernador del estado Aristóteles Sandoval, el secretario de desarrollo territorial y el secretario de economía. Entre los 50 hombres, hay una mujer: María Isabel Lazo.

 

Meses antes de la reunión, en el país se habían aprobado una serie de reformas de carácter prioritario denominadas ‘estructurales’. Por medio de un acuerdo político entre los principales partidos políticos, se aprobaron cambios que durante al menos doce años habían sido detenidos por la pulverización del poder político. Desde 1997, en el Congreso mexicano ningún partido ha tenido una mayoría absoluta, en un territorio donde el partido oficial solía controlar los pesos y contrapesos, la transición política del poder de la república había significado una paralización legislativa.

 

Con el rompimiento del pacto político a finales del 2013 y un bajo crecimiento económico promedio de 1.8% en 2013 y 2014, el año 2015 iniciaba con amplios retos. Las estimaciones del crecimiento económico disminuían, los precios del petróleo se habían reducido a niveles nunca antes vistos, el peso se depreciaba contra el dólar y otros factores del contexto mundial requerían del gobierno nuevas aproximaciones. El fortalecimiento del consumo y producción interna sigue siendo necesario en un país que pierde empleos de calidad y donde la pobreza se hace costumbre y herencia. En ese marco se generó el primer encuentro entre empresarios de un estado y el presidente del país.

 

—La economía no está creciendo lo suficiente. Una palanca para incrementar el crecimiento es el aprovechamiento de las ventajas competitivas que tiene Jalisco —le dijo un presidente al otro. El del sindicato de patrones Coparmex, José Medina Mora, al de la República, Enrique Peña Nieto.

 

En la misma reunión la única mujer presente, sin inhibirse, tomó la palabra:

 

—Señor presidente, nos afecta el cambio en la ley que aumenta los impuestos a los productos de alto contenido calórico. Aumentarlos significará encarecer la vida a los que menos tienen. El objetivo de disminuir el consumo calórico, como política pública suena bien, pero le estamos pegando en el bolsillo a la gente que menos tiene, y eso no es justo —María Isabel Lazo pidió que se analizara la reforma fiscal en dicho punto.

 

María Isabel, Marisa, Lazo es la dueña fundadora de la cadena de pastelerías más extendida en el Área Metropolitana de Guadalajara, un área de nueve municipios con 4 millones 900 mil habitantes.

 

Debido a los niveles de desigualdad en México, los empresarios, más allá de producir bienes, generar empleo y liquidez financiera, tienen una responsabilidad social. El amplio control de activos y capital se vuelve una provocación ética y un reto de la imaginación; actuar desde el poder significa un desafío: ¿Cómo cambiar el estado de las cosas desde una posición de poder económico y social?

 

 

Tu pastelería favorita

 

Son una caravana lista y formada. La mañana clarea, los encapuchados preparan su partida. Son un ejército bien entrenado, van de un lado a otro: revisan, limpian, acomodan, supervisan. Enfundados en botas, los hombres cargan sus vehículos, asoman sus ojos por la apertura del velo blanco que los cubre. Poco a poco van partiendo, estos soldados no llevan armas sino pasteles. Yo espero a su capitán general: Marisa.

 

Esta mañana en Pastelerías Marisa las cosas parecen moverse con eficiencia. La austera sala de espera me parece una muestra del carácter de una mujer que no ofrece duda.

 

En una pared de la oficina de Marisa hay notas periodísticas enmarcadas. Artículos sobre ella y su empresa, una tradición que inició la primera vez que vio su historia impresa, historia que con mínimos cambios sigue repitiendo. La narrativa del éxito económico y empresarial es algo que se construye. Como cualquier mensaje que se quiera comunicar, hay que llenar todos los espacios, mientras más sencillo y entretenido sea, mayor impacto alcanzará. La humanidad ha transmitido información naturalmente a través de historias, éstas buscan emocionar y cautivar, es la manera de conquistar la palabra, exponer el mensaje y que el receptor lo haga suyo.

 

La historia dice así:

 

Marisa hacía galletas desde los once años, era algo que le gustaba hacer. Se casó a los veinte y dejó Guadalajara. En Zamora, su nueva ciudad, comenzó a llevar postres a las reuniones con sus amigos. Un día Martha le hizo un pedido especial, era su amiga y quería agradecer un favor con un pay de pera, y terminó por pedirle que se lo vendiera. La señora que recibió el pay quedó encantada, a la siguiente semana llamó y encargó el doble de lo recibido, quería dos pays para el fin de semana. Marisa comenzó a vender pasteles, 40 a la semana eran símbolo de su primer éxito. Compró un horno, luego dos y tres; todos en su cochera. La producción y venta se hacía en casa. Marisa regresó a Guadalajara y abrió el primer punto de venta de su pastelería en la calle Golfo de Cortés. La rosca de chocolate y las galletas centenario con centro de mermelada de fresa no paraban de venderse. Al inaugurar la segunda sucursal también celebró la ampliación del área productiva, cambió la fabricación casera a la parte trasera de la segunda tienda. Al llegar al décimo punto de venta, la fábrica se mudó a un parque industrial: una, dos, tres, cuatro plantas productivas que hoy surten a más de cuarenta puntos de venta... Y pensar que todo inició con un pay de pera, ¿no es cierto?

 

En un nivel muy básico, toda historia debe partir de una amenaza o una oportunidad, valiéndose más tarde del miedo o la esperanza. Son elementos narrativos elementales de una historia simple. La oportunidad de hacer dinero para tener un patrimonio, para ayudar a otros, para sentirnos y vernos como deseamos, dinero para ser y hacer felices. La esperanza de alcanzarlo con ejemplos puntuales: en la conferencia del éxito sacamos lápiz y papel, anotamos cada paso que nos cuentan, salimos motivados y llenos de energía para triunfar. ¿Pero qué nos pasó? ¿Por qué aún no vendemos 40 pasteles por semana? En toda historia empresarial exitosa hay matices e historias que han ayudado a construir la compañía. Hay momentos de flaquezas, amenazas, incertidumbres o condiciones económicas que resultan aleatorias, todo sumado a la toma de decisiones de una persona y sus influencias sociales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Premio a la Trayectoria

 

Faltando diez minutos para que el reloj apunte las seis de la mañana, Marisa despierta. Durante treinta minutos meditará, irá a nadar por una hora, desayunará y se alistará con calma para ir al parque industrial, donde está su oficina. Diez de la mañana, Marisa llega y revisa la producción. Prueba los postres, intenta cosas nuevas, y revisa todos los temas: de los departamentos de compras, almacén, producción, logística, administración nóminas, recursos humanos, tecnologías de la información y contabilidad.

 

—Hola, buenos días. Adelante, disculpen —Marisa llega unos minutos después de las diez de la mañana a las oficinas administrativas y planta de producción de su empresa. Los entrevistadores esperábamos en la sala destinada para ello, la de espera.

 

María Isabel Lazo Corvera, cincuenta y un años, la mayor de seis hermanos, estudió una licenciatura en Psicología y una maestría en Psicoterapia Psicoanalítica... pero eso fue después del matrimonio. Cuando Marisa se casó tenía veinte años, no vendía pasteles, ni idea de que inundaría su ciudad natal con su nombre impreso. Pastelerías Marisa, la empresa de repostería que inició con ventas caseras en 1992, tiene 37 sucursales, 2 expendios y 2 sucursales de línea económica llamadas Tía Lola.

 

“Yo soy de Guadalajara, mi papá es de México, Distrito Federal, y mi mamá de Mazatlán. Mi papá era abogado legalista, y mi mamá se ha dedicado a la casa, desde que recuerdo ha tenido un dispensario en la colonia Polanquito, en el Cerro del Cuatro”, hablamos en su oficina. Desde el escritorio de Marisa Lazo, a través de un ventanal, se ve la planta de producción: hay cubetas de frutas, mujeres ataviadas en indumentaria industrial blanca, y montones de utensilios de repostería.

 

La oficina es amplia, el área principal se compone del escritorio y una mesa para reuniones, en unas repisas se encuentran reconocimientos, premios y libros atiborrados. Entre los premios destaca el que le entregó la sección México-Occidente de la red de empresas Endeavor, en 2014 a la Trayectoria Empresarial. Marisa fue la primer mujer en recibirlo.

 

“Me quedo aquí (en las oficinas) como hasta las tres de la tarde, hago mucha parte administrativa y de planeación. Me encanta abrir sucursales nuevas” confiesa Marisa; planean abrir seis tiendas en este primer semestre del año. “En los próximos tres años no crezco fuera de la zona conurbada de Guadalajara.”

 

El camino recorrido por Marisa se remonta más allá de 1992, como muchos empresarios su exitoso presente no se limita a la ejecución de una sola idea de negocio. Antes de los pasteles estuvo la tienda de artículos decorativos y aún antes, las pinturas.

 

 

Del punto A al punto B

 

El hermano menor de Marisa Lazo es Rodrigo, el único que aún ejerce la abogacía; es socio fundador del Despacho Lazo, Villa, Moel y García S.C.

 

En las oficinas del despacho hay una sala de espera con nueve cuadros grandes que llevan representaciones de distintos trabajadores, obreros jornaleros, figuras en sobrios azules, verdes, amarillos y cafés que asemejan trabajar el arado o la extracción minera. Ningún hombre representado lleva traje ni maletín, quizá es un recordatorio constante de lo afortunados que somos quienes por trabajo no entendemos rompernos la espalda a diario, o quizá es una invitación a trabajar por ello con mayor ímpetu y humildad.

 

En una de las dos salas de juntas que se han adaptado en esta que solía ser una casa habitación en la Colonia Monraz, hoy oficina de un despacho de abogados, hay una serie de reproducciones del pintor y músico Fernando Sandoval. Sus pinturas contagian el ambiente que las sillas de piel y la mesa de cristal vuelven serio de nuevo. Relajadas, sencillas y frescas, las imágenes de Sandoval recrean un bosque y la ocupación humana: pino, fogata, banca de madera, remolque, cada uno enmarcado compone el necesario contacto con la naturaleza.

 

El pelo de Rodrigo Lazo hace tiempo que escasea; la barba, la pulsera de tela, y su risa jovial, denotan la tranquilidad de quien disfruta el momento; a sus cuarenta y un años, Rodrigo habla con soltura del pasado y el presente de su familia.

 

María Isabel Corvera Gibson, madre de los hermanos Lazo Corvera, es hija de Bernardo Corvera, un importante fabricante de textiles y desarrollador de colonias como Colinas de San Javier y Chapalita, exclusivas zonas residenciales en Guadalajara. La familia emigró de una hacienda muy cercana a Mazatlán, estado de Sinaloa, luego de que la fábrica Corvera Textil se incendiara. Alberto Lazo Mendizábal, padre de los hermanos Lazo Corvera, fue un destacado abogado con formación en los valores cristianos que promueve el Opus Dei, después de conocer a María Isabel Corvera en una fiesta en la Ciudad de México, no la dejó escapar hasta casarse con ella en mayo de 1963.

 

—Cuando Marisa se casó yo tenía unos once años. Se fue a vivir a Zamora y yo iba a visitarla los fines de semana, me quedaba con ella. Como hasta los cuatro o cinco años de casados tuvieron hijos. Mi relación fue muy cercana a ellos. Su esposo tenía unas granjas de pescado allá, por eso se fueron; pero Marisa siempre ha sido muy prendida, activa, emprendedora.

 

El fenómeno de las pinturas en pasta que se adherían a tela crecía a finales de los años ochenta, en su nuevo lugar de residencia Marisa se unió a la estructura multinivel de Tri-Chem, una marca de productos decorativos hágalo usted mismo. Y comenzó a crecer.

 

—Agarró ese proyecto y se convirtió en la vendedora de Tri-Chem más importante en México. También puso una tienda de productos de decoración, se llamaba Bazar, muebles, decoración, cómodas, baúles... siempre le gustó el comercio.

 

Un emprendedor: alguien que inicia negocios, forma proyectos y ejecuta con éxito, no se hace en un día. Una de las personas más disciplinadas que Rodrigo conoce es su hermana Marisa. Los hijos del matrimonio Lazo Corvera, en orden de nacimiento, son María Isabel (Marisa), Alberto, Juan Pablo, Alejandro Francisco, Paola y Rodrigo.

 

PARE es una empresa donde los hijos de Lazo Corvera lavaron, cobraron e hicieron mandados en su juventud. Si damos un repaso a los hijos del matrimonio encontraremos que Alberto, el hijo que le sigue a Marisa, hoy está al frente de PARE de Occidente; que Juan Pablo cumple en Ensenada el sueño infantil de ser biólogo marino, es investigador del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, en Baja California. Alejandro es músico, un guitarrista que interpreta profesionalmente música clásica, clásica contemporánea y flamenco. Es Doctor, Maestro y tiene una licenciatura de la Escuela Nacional de Música por la UNAM. Paola es educadora y ha destacado como miembro de instituciones defensoras de Derechos Humanos; en 1992 junto a otras nueve mujeres formó el colegio Huellas, que ha crecido, cambiado sede y aumentado su oferta escolar continuamente. Rodrigo es abogado penalista, cuando le pregunto por su labor social, me responde:

 

—Yo trabajo para la fundación de Guadalajara Country Club, y soy presidente de la Barra Mexicana del Colegio de Abogados capítulo Jalisco. Tenemos un convenio con el Hospicio Cabañas y otro con la organización Sueños y Esperanzas, llevamos casos de pérdida de patria potestad y adopción de niños que han sufrido maltrato y abandono.

 

La pregunta viene a cuento porque la madre de los hermanos Lazo Corvera, María Isabel, atiende un dispensario en la colonia Polanquito, en la parte baja del cerro del cuatro; “mi madre sigue yendo martes y jueves rigurosamente”, dice Rodrigo. Ahí recibe donativos de empresas privadas y personas físicas para entregar medicamentos, tienen un doctor que brinda atención médica gratuita, venden ropa a bajos precios o la regalan, hay actividades como clases de tejido y de Biblia, o la celebración de posadas, reparto de cobijas y despensas en diciembre.

 

En una clase de tejido María Zoraida conoció a la hija de María Isabel. Antes de ser repostera, empresaria, o madre, Marisa fue maestra de tejido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Familia ampliada

 

María Zoraida Martínez Monreal no recuerda su edad, pierde la cuenta. Lo que no olvida son los veinte años que tiene en Pastelerías Marisa. Cuando tenía doce, calcula Zor, ella y su madre asistieron a la clase de tejido del dispensario de su colonia, a la sesión acudió Marisa como profesora. Zoraida asistió sólo unos meses al taller de tejido, durante el verano previo al inicio de clases de secundaria. Su padre, un soldador que construía depósitos para almacenar y transportar sólidos, líquidos o gases, perdió su empleo, cambió el oficio de soldador por el de taquero. Era necesario que Zoraida trabajara, así que, como el 81% de los adultos de 25 a 64 años en México, dejó la escuela1.

 

—Yo trabajaba en casas, hacía limpieza y comida, antes de estar con Marisa trabajé con Beto, su hermano. Además los sábados y domingos trabajaba en una zapatería.

 

Marisa buscaba a alguien que pudiera trabajar con ella. “Renuncié a los otros empleos y me vine” dice Zor. Ahora es Jefa de Producción en Pastelerías Marisa, pero antes cuidó a sus hijas:

 

—Una vez Marisa iba a una cena, no debía llegar temprano. Volteamos los colchones, hicimos concursos de elasticidad, cosas de deporte, bailamos. No debía llegar temprano, pero sí lo hizo, ¡teníamos un tiradero! Las niñas tenían siete y ocho, nos llevábamos super bien —me cuenta Zor risueña. En un momento de la entrevista bajan de las oficinas las hijas de Marisa: “tengo un pendiente contigo", le susurra mientras salen por la puerta principal, ambas sonríen.

 

En Pastelerías Marisa trabaja, desde los catorce años, un hermano de Zoraida; también trabaja una hermana de Almudena Martínez, una mujer amplia de tez blanca, que lleva el pelo recogido y unos lentes que le lucen pequeños. Una vecina de la colonia Ciudad de los Niños le avisó hace veinte años que en Pastelerías Marisa buscaban empleadas. Se entrevistó y de inmediato comenzó a trabajar en la empresa.

 

La entrevista con Mude inicia cortante, me daré cuenta que es una mujer franca, incluso bravucona y de “léxico florido”, según su descripción; pero la impresión inmediata casi nunca se sostiene en el largo plazo: a Almudena se le enrojecen los ojos cuando recuerda los momentos personales que ha compartido con Marisa, por ejemplo la muerte de su mamá: “con Marisa siempre he tendido mucho a desahogarme, cuando falleció mi mamá ella estuvo con nosotros. Siempre ha sido cercana.” Mude, como la llaman aquí, inició atendiendo un mostrador en la primer sucursal y ahora es la encargada de registrar que los ingresos sean mayores a los egresos, realiza conciliaciones bancarias y todo el papeleo que la gente entiende por contabilidad.

 

—Yo estando en la sucursal de Américas ya le ayudaba al contador, y la verdad no me hacía muy feliz, así que tú digas “¡uh! que chido”, pero desde hace unos doce años dejé tiendas y me vine a oficinas.

 

Mariana Molina no tiene veinte años en la empresa, y aunque alguna vez se enfrentó a las hijas de Marisa en un partido de fútbol, hoy juega en el mismo equipo. Hace cinco años y medio llegó a la empresa con la tarea de desarrollar el departamento de recursos humanos, área que a pesar de tener 140 empleados no había sido creada.

 

—Cuando entré me pusieron un escritorio y me dijeron: ¿Oye sí vas a necesitar computadora?” —con su risa Mariana denota al absurdez de aquella pregunta.

 

La primer persona que entró al área administrativas sin haber crecido de forma interna en la empresa fue Mariana. En Pastelerías Marisa difícilmente contratan gente ‘por fuera’. “Fui conociendo a los líderes de cada área, aunque fue difícil ganar su confianza.”

 

Antes de entrar a la empresa de Marisa, la licenciada en Relaciones Industriales Mariana Molina, fue la asistente personal del empresario José Medina Mora. Y antes de eso el padre de Mariana trabajó en Compusoluciones, empresa de Medina Mora. Más atrás, hace unos años, José Medina Mora notó que la pastelería donde solía comprar la rosca de chocolate se multiplicaba por la ciudad.

 

 

Sonrisas Marisa

 

De lunes a sábado de 09:00 a 21:00 horas están abiertas las puertas de la pastelería que ofrece: red velvet, rosca decorada, moka, tres leches, dulce de leche, capricho de cajeta, suspiro de frutas, delicia de yogurt y adicción, uno de los nuevos clásicos que cumple lo que promete.

 

Una mujer que trabajaba en Pastelerías Marisa requería una operación. En el hospital del servicio médico de los trabajadores recibió una cita y el día asignado entró al quirófano, sucedió que el hospital no tenía la instrumentación suficiente, la tuvieron que sacar. Lo mismo volvió a suceder en la fecha reprogramada, ya en quirófano la volvieron a sacar, no tenían lo necesario para realizar la operación. Hasta la tercera fecha fue que le hicieron la operación. “En el consejo de Coparmex invitamos al delegado del Seguro Social”, cuenta el empresario José Medina Mora, actual presidente de Coparmex en Jalisco, “Marisa con mucho respeto pero con mucha claridad le habló del caso de su trabajadora afectada.”

 

José piensa que Marisa es alguien que tiene la valentía de hablar con respeto y de manera muy directa, con cualquier persona, no importa si es el presidente de la república, el gobernador o el delegado del seguro social.

 

—Me encontré a Marisa en algunos foros, vi a una mujer empresaria con ganas de participar —dice José Medina. Pero no siempre fue así.

 

Antes de estar en congresos, consejos de organizaciones civiles y sostener reuniones con otros empresarios de la ciudad, Marisa estaba sola.

 

“En un principio estaba sola”, dice Marisa Lazo cuando le pregunto sobre su afiliación a organizaciones patronales. “Llegué a tener diez sucursales y estaba yo sola. Estudiando, mis hijas chicas, y no me interesaba, no le encontraba tanto valor”. La primer invitación que recibió fue para formar parte de un consejo del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, ITESO.

 

Hoy Marisa participa en más consejos de los que puede recordar con una pregunta a quemarropa. En enero del 2015 la empresa lanzó un programa llamado Sonrisas Marisa, el objetivo de éste es regalar 11, 902 pasteles para finales del 2016, cuyo valor comercial es de $3, 094, 520 pesos.

 

“Queremos ser tu pastelería favorita, disfrutando juntos los momentos especiales y participando siempre activamente con nuestra comunidad”, se lee en la página web de la empresa, “por ello, estamos comprometidos y apoyamos a más de 30 asociaciones civiles que ayudan a personas en estado vulnerable gracias a tu compra.” Entre las treinta organizaciones que aparecen en el sitio está una que contribuye a prevenir la diabetes, otras que brindan apoyo físico y social a personas con discapacidad, atención y cuidado de la niñez, casas hogar, una escuela técnica que apoya principalmente la educación y desarrollo social de las mujeres, y otra que promueve proyectos educativos y productivos con mujeres.

 

En Pastelerías Marisa hay un claro compromiso con la equidad de género: aquí el ochenta por ciento son mujeres, “aquí no hay equilibrio porque tenemos que equilibrar un poquito para afuera, el ochenta por ciento de mis empleadas son mujeres”. Marisa emplea a 320 personas, 256 mujeres. Equidad de género, o de talento, como José Medina Mora y otros empresarios de Coparmex lo han entendido.

 

—En Coparmex lo tomamos con un enfoque de equidad de talento. Si las empresas nos abrimos a la equidad de talento, más mujeres tendrán responsabilidades directivas de manera natural —dice Medina Mora— En Compusoluciones tenemos una directora que atiende casa, marido, cuatro hijos, ya publicó un libro, y está terminando su doctorado en la Univa.

 

Este año José Medina Mora invitó a Marisa Lazo a ocupar una de las cinco vicepresidencias de Coparmex Jalisco, ella aceptó.

 

Para Marisa el compromiso femenino debe ser algo que trae desde casa, es una mujer divorciada y tiene dos hijas, dos mujeres que crecieron y hoy hacen crecer la empresa. El mes pasado abrieron la cuarta sucursal de su cadena de nieves Dolce Natura, marca a cargo de una de ellas.

 

La vida equilibrada es un privilegio que la disciplina hace posible para Marisa, trabaja de lunes a viernes exclusivamente por las mañanas. La natación no ocupa el tiempo que le solía tomar, siendo la mujer disciplinada que es, Marisa solía participar en maratones, fue a Manzanillo y a Cancún para competir, es una nadadora de fondo.

 

Una empresaria de fondo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Your true worth is determined by how much more you give in value than you take in payment

 

El amor por lo que se hace convierte al trabajo en algo distinto, en esfuerzo, dedicación, pasión y gusto, no en un trabajoso trabajo: su padre amaba lo que hacía. Su madre atiende un establecimiento que presta asistencia médica y farmacéutica, el dispensario Polanquito. Hay una frase con la que Marisa cierra sus intervenciones en talleres o conferencias: “La generosidad genera abundancia.”

 

Marisa lee. Lee y le gusta leer. Uno de sus géneros favoritos es el de liderazgo profesional. Esos libros que antojan un éxito prominente y al alcance de tu constancia, siempre que se pongan en práctica sus principios.

 

La dueña de la cadena de pastelerías que se extienden por toda la ciudad leyó hace poco The Go Giver; un libro de Bob Burg & John David Mann que cuenta la historia de un hombre al que le revelan las cinco leyes básicas para obtener un gran éxito económico y personal. Uno de los fundamentos del éxito, según The Go Giver, es la ley del valor que dice: your true worth is determined by how much more you give in value than you take in payment.

 

Dentro de las leyes de Marisa Lazo yo apuntaría la ley de la osadía: decir sí cuando todos dicen no, creer en la propia capacidad cuando el resto la pone en duda. “La característica más importante de un emprendedor es la autoestima, la seguridad en sí mismo, porque tienes que creer en ti cuando nadie cree”, dice Marisa. La osadía y la disciplina.

 

El dinero, como el valor, es una cuestión de creencia e incluso de fe. Una persona que recibe dinero a cambio de un bien cree en quien le otorga el pago, ambos creen en la persona que emitió el dinero. Como dijera el historiador Niall Ferguson: el dinero no es metal, es confianza inscrita.

 

De la misma manera una parte fundamental de la economía de una sociedad está inscrita en la confianza que la misma deposita sobre su entorno. No por nada los monitoreos económicos tienen a la confianza del consumidor como una de las variables básicas para evaluar las relaciones económicas en un territorio. El valor que la cadena de pastelerías Marisa agrega a la ciudad es determinado por sus clientes y por su propio éxito comercial. Sin embargo vale la pena preguntarse ¿qué valor está priorizando la acción de esta cadena de pastelerías? Preguntarse si ésta es un activo de esta ciudad. Sin duda lo es para los empresarios, ¿qué es para el resto?

 

 

Dulce ciudad

 

Desde la campaña política de 2012 del actual alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, la clase empresarial se sumó al Partido Movimiento Ciudadano que buscaba conquistar la gubernatura del estado con planteamientos novedosos para Jalisco y una comunicación audaz que le brindó una amplia solidarización de las clases medias y altas.

 

—Yo soy super Movimiento Ciudadano y super pro-Alfaro. Me encanta que hayan ganado, pero aún más la sensación de que empezamos a participar gente que nunca habíamos participado en política —dice Marisa Lazo,— Yo he visto un despertar en la sociedad, creo que empezamos a darnos cuenta que si queremos un cambio, un mejor gobierno, tenemos que participar. Dejar de señalar y criticar únicamente, e involucrarnos.

 

Pablo Lemus, un ex presidente del sindicato patronal que hoy preside José Medina Mora, Coparmex, y el actual presidente municipal de un importante municipio metropolitano, Zapopan, es para Marisa un ejemplo de los empresarios que han dejado sus empresas para dedicarle a la política, a su comunidad, tres o seis años, “eso me gusta”, dice. Ella cree que la democracia está en pañales, “involucrarnos y transformar nos tomará tiempo.”

 

—¿En el futuro participarás como candidata? —le pregunto.

 

—Me lo han preguntado, no estoy muy segura. Tienes que tener un carácter para ser político, no sé si lo tengo. Todavía no puedo dejar la empresa fácilmente. Seguiré participando y echando porras. A lo mejor en un futuro más alejado lo hago, ahora no.

REFERENCIA

1

Según los datos obtenidos de la nota país de México parte del Panorama de la Educación 2015 que elabora la OCDE.

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