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Madrid, laboratorio de acción ciudadana

Los activismos urbanos y la organización colectiva están en auge en la capital española desde antes, incluso, del movimiento de los indignados del 15-M; su existencia explica el reciente triunfo de la alcaldesa Manuela Carmena, respaldado por una plataforma ciudadana horizontal y asamblearia

Por EUGENIA COPPEL /

Fotografía: EUGENIA COPPEL

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A unos pasos del Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía comienza la calle Doctor Fourquet, que con solo 500 metros de largo es domicilio de 17 galerías. Algunas tan renombradas como la Helga de Alvear. El corredor se ha convertido en pieza clave para el arte madrileño, y por lo tanto español, y ha contribuido a revitalizar el céntrico y multicultural barrio de Lavapiés, al que mucho tiempo se le tachó de inseguro.

 

Aunque se cuenta entre los 17 proyectos mencionados, el del lote número 24 es mucho más que una galería. Las paredes que limitan el espacio a cielo abierto están cubiertas por murales urbanos, pero sus fundadores desarrollaron un arte bastante más complejo al interior: el de cultivar lazos comunitarios mediante la creación de un jardín colectivo.

 

Se llama Esta es una plaza, y su historia es reflejo del entusiasmo ciudadano que se respira en la capital española desde antes, incluso, del movimiento de los indignados del 15-M. El mismo entusiasmo que, en junio pasado, se materializó con la llegada a la alcaldía de Manuela Carmena, una ex-magistrada impulsada por una plataforma ciudadana horizontal y asamblearia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Auto-gestión en la plaza

 

Es dificil imaginar que un sitio tan vivo hubiese estado abandonado durante más de tres décadas. Pero hay fotos en su sitio web que lo comprueban. Antes de llenarse de niños y adultos de todas las edades, de plantas, huertos y de arte urbano, y antes de tener el taller de bicis, el área infantil y el anfiteatro, el terreno era lo que en España se conoce como un solar, y en México, un lote baldío: 1,500 metros cuadrados cubiertos por matorrales, basura y ramas secas. Rodeado, en tres de sus lados, por edificios de departamentos.

 

Así estuvo hasta el año 2008, cuando unos cuantos vecinos reunieron la motivación para okupar la propiedad del Ayuntamiento y comenzar un “proyecto experimental de reutilización del espacio público”. El grupo había tomado un taller con ese nombre impartido por un colectivo de arquitectos italianos, donde el trabajo final consistió en intervenir otro solar municipal. Así comenzó el sueño de construir un parque y espacio cultural en la calle Doctor Fourquet, autogestionado y abierto a todos.

 

El gobierno local, entonces bajo el mando del partido conservador -el Partido Popular (PP)-, no vio la intervención con buenos ojos y decidió desalojar a los nuevos inquilinos. Pero estos, a su vez, iniciaron una negociación de la que salieron triunfantes: el Ayuntamiento madrileño les exigió constituirse como asociación civil y a cambio les cedió la utilización del espacio. Además les otorgó una subvención de 12 mil euros (aproximadamente 200 mil pesos de entonces) para comenzar los trabajos de limpieza.

 

Las actividades principales en este jardín de vecinos son el trabajo en los huertos, donde se cultivan vegetales de temporada, y el taller de bicicletas Cicloplaza, a donde pueden acudir los ciclistas interesados en arreglar sus vehículos ellos mismos. Con frecuencia se organizan actividades culturales y sociales, como obras de teatro o comilonas para recaudar fondos. Cualquiera es bienvenido a colaborar con la continua construcción del espacio, o simplemente a disfrutarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los ‘smartcitizens’ o mercaderes de conocimientos

 

Durante los años 2013-2014, un par de exposiciones sobre proyectos ciudadanos se exhibieron en dos reconocidos espacios culturales. We-Traders: Cambiamos crisis por ciudad se presentó en Matadero Madrid por iniciativa del Goethe Institut. Y mostró, a través de 20 casos, que existe una tendencia común en cinco ciudades europeas: en Madrid, Toulouse, Berlín, Lisboa y Turín abundan los colectivos que re-definen con sus prácticas los espacios urbanos. Angelika Fitz, curadora del proyecto, definió a los Traders como mercaderes, “pero no de bienes, sino de conocimientos”.

 

Bajo la premisa de que “no hay ciudades inteligentes sin ciudadanos inteligentes”, Smartcitizens exhibió el trabajo de otros 53 proyectos, españoles e internacionales, en el Centro-Centro del Palacio de Cibeles. Bernardo Gutiérrez, periodista y consultor en comunicación digital, se dedicó a distribuir los contenidos de la muestra en el espacio virtual.

 

Creó hangouts en Google y hashtags en las redes, y declaró que la muestra tenía una licencia copyleft: cualquiera podía replicar sus componentes para generar diálogos y dinamizar el aprendizaje colectivo. La describió como “una exposición P2P (peer-to-peer)”, un término que en el lenguaje tecnológico se refiere a la información que se intercambia en una red de iguales.

 

También de esa forma se refiere Gutiérrez a su ciudad natal: La Comuna (P2P) de Madrid, a la que explica como una urbe en red, dinámica e innovadora, cuyos nodos -calles, plazas, habitantes- están conectados entre sí por medio de nuevas lógicas, sin necesidad de pasar por el centro ni la periferia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De indignados a activistas

 

Los orígenes de esta efervescencia urbana colectiva, según el periodista, se pueden rastrear en los movimientos okupas de los años 90. Pero, en su opinión, la popularización de Internet contribuyó a eliminar el viejo antagonismo “antisistema” de su epicentro. Los okupantes del siglo XXI, como los integrantes de Esta es una plaza, no dudan en colaborar con las instituciones formales para ampliar sus alcances.

 

Lo mismo sucede en La Tabacalera, que se autodefine como un Centro Social Autogestionado. De ser una fábrica de tabaco abandonada, también en el barrio de Lavapiés, el edificio histórico se convirtió en un proyecto artístico-cultural con más de 9,000 metros cuadrados en el 2009. Y eso, gracias a la colaboración Estado - ciudadanía.

 

Los nuevos espacios de acción evolucionaron hacia unos más “agregadores, plurales y mestizos”, en palabras de Gutiérrez. Para este analista y observador de las calles madrileñas, lo que sucedió en mayo de 2011 con la Acampada Sol significó la aceleración de un proceso que se había puesto en marcha algunos años antes. Los miles de indignados que salieron a protestar por la crisis económica y de representación política, se dieron cuenta de que no eran pocos los que exigían una “democracia real”.

 

Para el investigador Ramón A. Feenstra -profesor de la Universitat Jaume I de Castelló y autor del libro Democracia monitorizada en la era de la nueva galaxia mediática- el movimiento de 2011 supuso un antes y un después en la activación de la ciudadanía en todo el país. Al grado que el “caso español” se convirtió en modelo de nuevos activismos ciudadanos, y en objeto de estudio de sociólogos y politólogos de otros países.

 

Luego de la crítica generalizada al establishment que supuso la primera fase del 15-M, según Feenstra, los españoles diversificaron la acción ciudadana a temas diversos: desde la vivienda hasta el anti-fracking. “En un momento pareció que el movimiento desaparecía, pero más bien se transformó en iniciativas concretas mucho más eficaces”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una wiki-lista de participación ciudadana

 

“¿Cómo sería su ciudad utópica?”

 

A la pregunta que lanzó Matadero Madrid, en el 2008, respondieron ocho equipos de arquitectos. Entre ellos, el Estudio SIC, de Mauro Gil-Fournier: “Encontramos que había prácticas ciudadanas que estaban haciendo las cosas de manera distinta a la habitual. Nos dimos cuenta que la utopía ya estaba aquí, entre nosotros”. Así nació el Vivero de Iniciativas Ciudadanas (VIC), “una plataforma abierta que observa, cartografía, clasifica y comparte dichas prácticas”, explica el arquitecto.

 

Desde su sitio web es posible acceder a los portales de 391 colectivos que trabajan en distintas áreas: microurbanismo, transformación de espacios públicos, paisajes urbanos, movilidad, educación, reciclaje, entre otros. Cualquiera puede abonar nuevos proyectos a la wiki lista, que sin embargo, no es el elemento más importante para VIC. Gil-Fournier asegura que sobre la cantidad, premia la innovación social promovida por estos colectivos, que van y vienen entre los espacios digitales y los analógicos. Buena parte de ellos actúa en Madrid pero otros son movimientos globales, como la moneda virtual Bitcoin o la red de financiación colectiva Goteo.

 

La participación ciudadana implicaba algo muy distinto para los gobiernos anteriores de Madrid, liderados por el Partido Popular durante los últimos 24 años. Consistía en un ejercicio “formal y reglamentado, que en el tema urbano estaba hecho para dar voz únicamente a los expertos”, según la politóloga María Velasco, investigadora del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Complutense de Madrid. En su opinión, dichos gobiernos locales no supieron relacionarse con los nuevos actores. SIn embargo, sí les otorgaron bastante libertad de acción para inventar cosas en espacios donde antes la alcaldía tenía compromisos.

 

La académica cita otro caso: El Campo de Cebada, un colectivo en el barrio La Latina que también inició en un solar vacío. El entonces alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, había demolido un polideportivo en ese espacio para construir un centro comercial. Pero la crisis económica arrasó con los inversores. Cuando los vecinos propusieron utilizarlo con fines recreativos y educativos, el gobierno municipal aceptó con una condición: los nuevos ocupantes lo abandonarían si llegaba un inversionista que pudiera terminar el proyecto original. Hasta hoy, no ha sucedido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El gobierno ciudadano de Manuela Carmena

 

Manuela Carmena fue investida como alcaldesa de Madrid el 13 de junio de 2015, gracias a la convergencia de movimientos sociales, asociaciones y partidos. Ganemos Madrid -formado por colectivos ciudadanos e inspirado en el Guanyem Barcelona, de Ada Colau- se asoció con Podemos -el partido fundado en 2014 por Pablo Iglesias, entre otros- y juntos adoptaron el nombre de Ahora Madrid. Fue registrado como un partido, pero sus representantes advirtieron que se trataba de un “partido instrumental sin vida orgánica”, es decir, que su único fin era presentarse a las pasadas elecciones. Y resultaron triunfadores.

 

Ganemos Madrid surgió, a su vez, de otra iniciativa: Municipalia, que convocó a la ciudadanía organizada y no organizada, preocupada por la ciudad, para pensar “cómo contribuir a la democratización de las instituciones más próximas”. Acudieron miembros de las asambleas de barrios (Tetuán, Moncloa, Malasaña, Lavapiés, Móstoles, etc.) y de todo tipo de colectivos, incluyendo algunos de los antes mencionados (Tabacalera) y otros como el Patio Maravillas y Traficantes de sueños.

 

Allí se planeó “el asalto institucional” con un objetivo ulterior: “impulsar el protagonismo ciudadano para poner en marcha un gobierno abierto a la participación que permita situar la democracia y los derechos en el centro. Que nos devuelva la soberanía como sociedad”, reza su manifiesto.

 

Al frente de la gran convergencia quedó la exmagistrada Manuela Carmena, a pesar de sus negativas iniciales. Poco antes había publicado el libro ¿Por qué las cosas pueden ser diferentes? Reflexiones de una jueza, en cuya portada aparece la autora de 71 años sosteniendo una bicicleta. El texto circuló de mano en mano, y fue en parte responsable de que muchos activistas le pidieran encabezar la candidatura ciudadana.

 

Quien fuera fundadora de un despacho de abogados, exvocal del Consejo General del Poder Judicial, relatora de la ONU y actual dueña de una tienda de ropa de bebé confeccionada por presidiarias, aceptó a regañadientes. Durante la campaña, Ahora Madrid creó una plataforma en línea para recoger las sugerencias y comentarios de los madrileños, los cuales se tomaron como base para la elaboración del Programa Metropolitano y Propuestas Programáticas Ciudadanas de Distrito (PDF).

 

En siete meses de gestión, Carmena ha tomado medidas aplaudidas y criticadas. Comenzó por renunciar a privilegios como los palcos del Ayuntamiento en la Plaza de Toros Las Ventas y el Teatro Real, así como al coche oficial. La nueva alcaldesa se desplaza a menudo en metro. De acuerdo a la misma política de austeridad del partido instrumental, el gobierno trabaja actualmente en un plan de recorte salarial para los funcionarios, de entre 30% y 60%, según el cargo. Hasta ahora no se ha conseguido el objetivo por la ausencia de apoyo de los concejales de otros partidos.

 

Su administración cerró el 2015 con una reducción de 871 millones de euros de la deuda municipal. Cerró al tráfico un carril del Paseo del Prado, las mañanas de los domingos, para abrirlo a peatones y ciclistas. Implementó una oficina de Mediación Hipotecaria para frenar los desahucios de familias en riesgo de exclusión social y servir de intermediaria ante los bancos. En la tradicional cabalgata de Reyes, Carmena cedió a los minusválidos 1,800 “asientos VIP”, antes destinados a los familiares de altos cargos públicos y a los famosos.

 

Por otro lado, el responsable de Cultura y Deporte designado por Carmena tras su triunfo, Guillermo Zapata, debió renunciar a su cargo tras 48 horas por hacer chistes antisemitas en Twitter. La ex-jueza no ha logrado solucionar el problema de la basura que sufre desde hace tiempo la capital española. Y el pasado verano, Carmena fue cuestionada por sus vacaciones “de lujo” en una costosa villa en Cádiz; el partido y la alcaldesa utilizaron las redes sociales para aclarar que la renta de casi 4,000 euros por semana (alrededor de 80,000 pesos), fue compartida entre ocho personas.

 

El gobierno ciudadano de Madrid apenas comienza.

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