CONTRAPESOS

Los museos son _________.

(Por favor, complete la frase)

Cuando un museo se vincula con la comunidad, se convierte en un espacio de encuentro y reflexión que dinamiza la vida del barrio al que pertenece.

Por LILI GUADALAJARA /

Fotografía: ABRAHAM PÉREZ / ARCHIVO PAP

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Dayanara Piña, gestora cultural del ITESO, publicó en su perfil de Facebook un ejercicio para tratar de definir a los museos completando la frase: Los museos son _____. La convocatoria tuvo una buena respuesta y resultó un gran crisol de palabras para analizar la función de un museo:  espejos, zonas de descubrimiento, tuberculosis, burocracia, aprendizaje, construcción social, paraíso, catárticos, el fetichismo de la cultura estática y estética con fines pedagógicos/patrimoniales, contenedores de sorpresas, maneras de escapar de la realidad, historias. Sin embargo fue la frase oportunidades desaprovechadas, que propuso Héctor Patrón, la que me dejó pensando en el rol que tiene un museo frente a la comunidad que habita.

 

El 30 de agosto de 2016, acudí a la presentación del catálogo 222 Pasos1, en el Instituto Cultural Cabañas, una exposición que se exhibió de julio a agosto de 2015, con el objetivo de reestablecer los vínculos entre el Museo Cabañas y el Mercado Libertad (San Juan de Dios). Gaal Cohen retrató a 44 personajes: 22 trabajadores del museo y 22 comerciantes del mercado. El proyecto fue diseñado por un equipo multidsciplinario conformado por Mirelle Mendoza, gestora cultural; Sara Bross, comunicóloga; Miguel González, arquitecto y Gloria Lizárraga, diseñadora. Todos los integrantes del proyecto, a excepción de Gaal, eran estudiantes del ITESO. La idea de la exposición surgió mientras cursaban el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) Museos y Comunidad, coordinado por Brenda Valdés, que forma parte de las prácticas profesionales, tesis y servicio social que cumplen los estudiantes del ITESO, como requisito para graduarse.

 

El catálogo 222 Pasos fue el resultado de un trabajo de diagnóstico y documentación acerca de la historia y vínculo entre el Museo Cabañas y el Mercado San Juan de Dios que, según Cohen, están separados por 222 pasos. Pero no se trataba únicamente de medir la distancia física, sino de volver a conectar al museo con su entorno, del que vive apartado desde hace ya mucho tiempo.

 

Cuando la exposición se inauguró, el 02 de julio de 2015, se llevaron a cabo dos actos oficiales: primero en el patio central del Mercado San Juan de Dios y el segundo en el Patio de los Naranjos, dentro del Museo. Las 44 personas retratadas caminaron, contando los pasos, hasta ingresar al Cabañas con su fotografía en mano, para después colocarla en la sala de exposición. La idea era que ese día se reunieran dos grupos que comparten no solo un espacio físico, sino que son parte de una misma comunidad y muchas veces no se conocen.

 

 

Un asunto privado que se volvió público

 

Según la definición oficial del Consejo Internacional de Museos (ICOM)2, actualizada en 2007, un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierto al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad, con fines de estudio, educación y recreo.

 

A largo del tiempo los museos se han transformado radicalmente, no sólo en sus contenidos sino también en sus definiciones, conceptos, determinaciones teóricas, estructuras y funciones. El origen del museo se remonta a las civilizaciones antiguas que comenzaron a coleccionar objetos con valores simbólicos representativos, hechos por mandato o traídos de las batallas ganadas como trofeos de guerra. En la Edad Media, las colecciones creadas adquirieron una dimensión evangelizadora y de carácter moral.

 

En el Renacimiento, el auge del coleccionismo se enfocó a la importancia de la herencia histórica del hombre al centro del universo. Durante el Barroco, los más importantes monarcas y burgueses contrataron artistas importantes para plasmar sobre lienzos enormes su grandeza.

 

Aquello de las piezas trofeos continuó;  los mandatarios, burgueses y monarcas coleccionaron este tipo de objetos durante mucho tiempo, permitiendo el origen de las llamadas cámaras de maravillas o gabinetes de curiosidades, amplios cuartos de bóvedas altas con paredes repletas de objetos y cuadros desde el techo hasta el piso, de un lado a otro. El acomodo de las piezas no era relevante, no tenían que mantener una línea lógica, ni de tiempo, ni de espacio, ni de temática; a mayor cantidad de piezas expuestas, mayor estatus, y eso era lo verdaderamente importante.

Gabinete de curiosidades de de Cornelis van der Geest, en Amberes. Van Haecht.

Para el período de la Ilustración comenzó a formarse la idea del museo moderno, ligando a las colecciones la identidad y la historia, abiertas al público. Fue una transformación que se originó tras las guerras, revoluciones y cambios sociales suscitados en el siglo XIX; los grandes palacios que hasta ese momento de la historia conservaban las increíbles colecciones de los reyes, estaban a punto de transformar el coleccionismo de un asunto privado a uno público.

 

El primer museo abierto al público tuvo su origen en 1759 cuando Sir Hans Sloane donó su colección personal, de más de 80 mil objetos, al Estado británico, que decidió clasificarlas por su origen y naturaleza, y colocarlas en un recinto que desde entonces lleva por nombre The British Museum. Le siguió El Louvre, en París, inaugurado en 1793 en los antiguos palacios reales con las piezas que reunió la gran tradición coleccionista de las monarquías francesas. Después vino el Museo del Prado, en España, en 1819; y el Hermitage, en Rusia, en 1852; todos con el mismo origen: colecciones reales que abrieron sus puertas al público. En 1870 se inauguró el Metropolitan Museum of Art, en Nueva York, que a diferencia de los anteriores fue creado por iniciativa privada.

 

En nuestro país, el Museo Nacional Mexicano, que abrió sus puertas en un salón de la Universidad Nacional en 1825, y fue trasladado, bajo mandato de Maximiliano al edificio que hoy alberga el Museo Nacional de las Culturas, en la calle de Moneda, a un costado de Palacio Nacional; albergaba colecciones arqueológicas, de ciencias naturales, históricas y artísticas. Fue modificado en varias ocasiones, una de ellas en 1887 para crear el Salón de Monolitos, cuando las excavaciones en zonas de monumentos arqueológicos comenzaron a proliferar en el territorio mexicano. Poco a poco la colección comenzó a clasificarse, dando paso a grandes cambios; de ese gigantesco grupo de piezas provienen, entre otros, el Museo Nacional de Historia, inaugurado en 1944 en el Castillo de Chapultepec, y el Museo Nacional de Antropología, con sede en el increíble complejo arquitectónico construido por Pedro Ramírez Vázquez en los años sesenta, sobre el Paseo de la Reforma.

Vista del gran Salón de Monolitos, en el Museo Nacional de México.

Para 1923, ya existían museos en Guadalajara, Zacatecas, Guanajuato, Querétaro, Morelia, Veracruz, Oaxaca, Mérida y Puebla. El primero de esta ciudad es el Museo Regional, ubicado en la calle de Liceo #60, en el Centro Histórico, que se inauguró en 1918 bajo el nombre de Museo de Bellas Artes, Etnología e instrucción de Bellas Artes y enseñanza Artística de Guadalajara, el que hoy se conoce como el museo del mamut.

 

Volver de carácter público una colección real o privada y colocarla en recintos arquitectónicos, permitió a la sociedad el acceso a la contemplación de las piezas expuestas, admirar las grandes obras, llevando a cabo un ejercicio estético. En nuestro país, después de la Revolución Mexicana, una de las transformaciones más importantes que resultaron del conflicto bélico fue de carácter cultural y, como en muchos otros lugares, las ideas de crear nación a través de la cultura permitieron que los museos se presentaran como un espacio idóneo para comunicar discursos nacionalistas y potenciar identidades de lo mexicano. El museo posee, desde siempre, herramientas que legitiman, comunican, conservan y promocionan obras, pero sobre todo, discursos.

 

Estos espacios se han transformado mucho y muy rápido en las últimas décadas, agregando a sus funciones algunas de carácter social. Uno de los momentos más importantes de estas transformaciones ocurrió con el surgimiento de la Nueva Museología, que proclamaba la primacía de la participación sobre la sacralización del objeto, defendía la democracia cultural y el dinamismo social, reconocía a la colectividad como protagonista —activa— de la nueva experimentación interdisciplinar y concebía el museo no como un fin en sí mismo sino como una herramienta, un recurso —de carácter museal— en el interior de una estructura más amplia, articulada y gestionada por la comunidad y al servicio de la misma.3

 

Su planteamiento rompía estructuralmente la concepción del museo tradicional, dejaba a un lado la importancia del objeto expuesto; sublime, incuestionable, intocable, para colocar por encima la importancia del público que lo visita. Todo lo propuesto por la Nueva Museología se leía ideal, los cambios y transformaciones se harían a favor de la evolución integral de los museos, pero en el ámbito local no puede afirmarse que se hayan puesto en práctica en todos los espacios. Incluso en el caso de museos recientemente inaugurados, con colecciones, contenidos y actividades nuevas, es común que mantengan una lógica de trabajo anticuada, tradicional, con estructuras viejas, que no arriesgan, no proponen, no innovan y no involucran a la comunidad en su quehacer cotidiano.

Los hijos de comerciantes de San Juan de Dios en un taller artístico en el Museo Cabañas.

Hacer museo es hacer comunidad

 

El Museo Cabañas se encuentra en el corazón del barrio de San Juan de Dios, en el centro de la ciudad de Guadalajara. Funcionó como hospicio hasta 1980, y reabrió sus puertas en 1983 como Instituto Cultural. El edificio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1997. Resguarda algunas de las más importantes obras murales de José Clemente Orozco, 57 frescos en total, pintados en la década de 1930 en la Capilla Mayor, y obras de caballete del mismo Orozco. Además de la Selección Pueblo de Jalisco, una colección de Mathias Goeritz y la colección Artes Populares “Roberto Montenegro”. Es un organismo público descentralizado de la Secretaría de Cultura Jalisco, abre de martes a domingo de 10:00 a 18:00. Los martes no cobra entrada. Lo dirige Olga Ramírez Campuzano, y un equipo que en su mayor parte ha trabajado en el museo desde hace muchos años. El Cabañas firmó un convenio de colaboración con el ITESO durante un año y medio, posibilitando el trabajo del PAP Museos y Comunidad en sus instalaciones.

 

El Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) del ITESO, es una modalidad académica que combina en un semestre de trabajo las prácticas profesionales, el servicio social y la tesis, con la intención de que los alumnos de cualquier licenciatura tengan oportunidad de intervenir en escenarios de proyectos reales, apegados a sus conocimientos profesionales, con el objetivo de reconocer problemáticas, proponer soluciones y mejorar su entorno, colocando los resultados en un reporte final. El PAP Museos y Comunidad pertenece al Departamento de Estudios Socioculturales de la universidad, dentro del Programa de Diseño y Comunicación Pública para la Ciencia y la Gestión de la Cultura.

 

El objetivo primordial del PAP Museos y Comunidad es desarrollar propuestas que vinculen a un espacio museístico con su comunidad inmediata, entendida como la zona que rodea al museo, su primer círculo. Con la intención de promover una relación estrecha y cercana entre ambos, colocando al museo como un espacio de encuentro, que puede convertirse en portavoz de las necesidades de un barrio o zona específica, permaneciendo en constante comunicación con sus vecinos; un lugar en donde los que viven y trabajan cerca se sientan bienvenidos. Desde que se creó, el PAP ha trabajado con distintos espacios: un año en el Museo de Arte de Zapopan (MAZ), un año y medio en el Museo Cabañas y un semestre, el que está en curso, en el Museo del Periodismo y las Artes Gráficas (MUPAG), y en el recién inaugurado Centro Cultural Constitución, en Zapopan. La principal cualidad de los integrantes de cada semestre es que provienen de distintas carreras, a punto de egresar, conformando siempre un equipo multidisciplinario es esencial en el desarrollo y plena ejecución de los proyectos.

 

El equipo del PAP Museos y Comunidad es coordinado por Brenda Valdés, interesada desde siempre en la educación no formal, que encontró en los museos un gran potencial educativo. Brenda estudió una maestría en Museología en Inglaterra, trabajó durante seis años en el área educativa de The Photographers Gallery; regresó a Guadalajara, comenzó a dar clases en el programa de Gestión Cultural del ITESO, y luego articuló el PAP. También forma parte del equipo encargado de la concepción de la exposición interactiva “Si yo fuera Orozco” expuesta actualmente en el Museo Cabañas.

 

En enero de 2015 inició el trabajo del PAP en el Cabañas, dejando clara la función que cumplía el programa que estaba a punto de llevarse a cabo, comprendiendo que un PAP no es sinónimo de servicio social, y que la oportunidad era para desarrollar actividades encaminadas a vincular al Cabañas con el barrio de San Juan de Dios.

 

La primera tarea del equipo fue reconocer el espacio, hacer diagnóstico, recorrer las calles, hablar con los vecinos, generar un pequeño y apresurado estado de la cuestión. Una base fundamental en el trabajo que se realizó durante la estancia en el Cabañas fue el Estudio de Públicos y Estudio de Percepción realizado por Patricia Montelongo en 2014, para obtener su grado de maestría en Gestión y Desarrollo Cultural, en la UdeG. Después de esa etapa, se llegaron a algunas conclusiones importantes.

 

El Cabañas había perdido paulatinamente contacto con su comunidad vecina desde que el edificio dejó de funcionar como hospicio en 1980. Algunas administraciones anteriores desarrollaron propuestas notables para mantener activa esa relación, invitando a los vecinos a los eventos del Cabañas, y algunas otras actividades, pero se perdieron en el tiempo, y dejaron de formar parte de las prioridades del museo. A la hora de visitar un espacio museístico hay muchos factores en juego que deben considerarse y que se involucran en la asistencia o no de los vecinos del barrio, por ejemplo, barreras simbólicas: el edificio impone, un espacio de más de 20 mil metros cuadrados no necesariamente te invita a entrar; barreras culturales: la percepción de la comunidad reflejaba que los contenidos del museo no eran asunto para ellos, no lo entendían, no podían comunicarlo, no tenían nada que hacer ahí; barreras sociales: el barrio de San Juan de Dios es, por naturaleza, comercial, las personas trabajan, de lunes a viernes o sábado, incluso domingo, a la hora que terminan su jornada laboral el museo ha cerrado sus puertas.

 

Durante los tres semestres de colaboración entre los estudiantes del ITESO, los vecinos y el Cabañas se desarrollaron múltiples proyectos además de 222 Pasos: el continuo trabajo para relacionar a un grupo de niños, hijos de comerciantes de San Juan de Dios, en las actividades del museo, a través de talleres artísticos y acciones para acercarlos al personal del museo. Proyectos enfocados a públicos jóvenes y adultos, y algunos otros pensados para sacar el museo a las calles, atravesando las fronteras físicas y simbólicas de su espacio arquitectónico.

 

El Museo Cabañas es un Organismo Público Descentralizado que depende de la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ), lo que significa que mantiene cierta independencia de operación y presupuesto; recibe anualmente 18 millones de pesos, que apenas alcanzan para cubrir la nómina de sus empleados y generar algunas actividades. El resto del presupuesto de operación del Cabañas se cubre a través de los ingresos de taquilla, una pequeña tienda de souvenirs, y la renta de los espacios para eventos privados.

 

Ésta última acción, de rentar los patios, es una polémica discusión en el sector cultural de la ciudad, con el argumento de que la vocación del espacio es otra. Sí, el museo necesita generar recursos y diversificar sus fuentes de ingreso; sí, rentar los espacios tiene sus buenas y sus malas implicaciones y el proceso debe ser respetuoso con el inmueble; y sí, quizá pueda encontrarse un camino para que, al menos, las actividades que se realizan en los espacios del Cabañas se vinculen de alguna manera con el valor artístico, histórico y patrimonial que resguarda. Los eventos no sólo generan disgusto y discusión en esferas culturales, públicas y privadas; más importante aún es el hecho de que ha resultado una verdadera molestia para las personas que viven y trabajan cerca. No existe ninguna medida que regule los horarios de carga y descarga de utilería, escenarios, mobiliarios, obra, ni nada. El acceso vial al Cabañas, que es de por sí complicado, se vuelve imposible cuando hay eventos, las calles se cierran, los pasos se bloquean con los tráilers llenos de material, la planta de luz funciona hasta muy pasada la medianoche y el ruido es mayúsculo.

 

Cada descubrimiento sobre la relación con los vecinos fue tomado en cuenta para desarrollar las propuestas. El tercer y último semestre de colaboración con el Cabañas, se lograron plantear otros tres proyectos pensando en que se debería poner atención a la continuidad, dejando bases a la directiva para continuar el trabajo. Se planteó una valiosa iniciativa llamada Paredes que hablan, un dispositivo que reproduce una audio descripción del mural El Hombre de Fuego de Orozco, que permite a personas ciegas y débiles visuales acercarse a la obra del autor y disfrutar del museo, apostando a la inclusión, una importante labor que no ha sido atendida.

 

Durante el desarrollo de todos los proyectos, el apoyo institucional era mínimo lo que provocó mayor atención a la comunidad que al museo.

 

Estar en el Cabañas representó una relación compleja. Por un lado, los vecinos colaboraron magníficamente y enseñaron generosamente el trabajo en comunidad, y por otro lado, la relación institucional con el Cabañas, cargada de burocracias, obligaba a buscar alternativas para superar obstáculos. Los alumnos que participan en el PAP son agentes intermediarios que en un corto plazo se retiran. Si no existe interés por parte de la institución para continuar fortaleciendo sus vínculos con la comunidad, el avance es poco. El compromiso, interés e iniciativa son importantes.

Colonia el Fresno.

El futuro es hoy

 

Hay que imaginar y trabajar para construir museos dinámicos, atractivos a todos sus públicos, con capacidades de rentabilidad y sustentabilidad económica, que producen actividades creativas, pensadas estratégicamente para cumplir sus objetivos, participativos, justos, comprometidos, estudiando siempre a sus audiencias; que dejen de ser grandes mausoleos fríos, silenciosos, imponentes, proclamados para la visita tediosa e irreflexiva, que impiden generar cualquier cuestionamiento.

 

Por ejemplo, el Museo de Arte Raúl Anguiano (MURA) está realizando acciones encaminadas a vincularse con su comunidad a través de la plataforma de articulación de prácticas artísticas diseñadas para ejecutarse en la colonia del Fresno, llamada MURA en el Fresno, y articulado por Olga Gutiérrez, un proyecto para el cual la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara asignó un presupuesto adicional.

 

La colonia del Fresno es un polígono territorial muy bien delimitado por grandes avenidas de la ciudad: Lázaro Cárdenas, Mariano Otero, Cristóbal Colón y Circunvalación Agustín Yáñez. Una colonia relativamente nueva, que se edificó en la segunda mitad del siglo XX, alrededor de las vías del ferrocarril y las industrias de la zona. Un lugar en donde hay mucha agua, lo que posibilita la producción industrial. Existen accesos a la colonia desde las distintas avenidas que la rodean, uno de los más representativos es el túnel de acceso vehicular que está en Av. Washington y que ingresa al Fresno por la calle Roble; una de las más importantes, que atraviesa el Fresno desde Washington hasta Lázaro Cárdenas.

 

A lo largo de los años, la colonia ha sido marcada con ciertos estigmas y estereotipos sociales y culturales apegados a la inseguridad, la delincuencia y las drogas. Esto ha originado imaginarios colectivos sobre el barrio que sí forman parte de la realidad, pero que no responden a la vida cotidiana de todos sus habitantes y que han ocasionado, en la práctica, inseguridad entre los vecinos e intimidación constante ante lo que se dice del espacio. El contexto social, político y económico de la colonia es complejo, como lo es en todas las colonias, y el problema de inseguridad y narcotráfico ha afectado ahí como en otros lugares, la importancia de posibilitar encuentros entre las personas que habitan la zona es grande, porque otorga espacios para el diálogo y la convivencia.

 

En el Fresno no hay espacios públicos, no tienen parques, ni atrios de iglesias, ni plazas públicas, la unidad deportiva más cercana se encuentra fuera de ese polígono de la colonia; ahí es donde toma relevancia la función de un museo como el MURA, como un sitio que genera encuentros.

 

El espacio museístico ya no puede ser un sitio de mera contemplación estética de obras -de arte o de cualquier tipo-, sino como generador de encuentros y experiencias integrales, al tanto del contexto histórico y social del que es parte, atento a las transformaciones cotidianas de la sociedad, que utiliza a su favor el enorme avance tecnológico para desarrollar herramientas que promuevan verdaderas oportunidades de aprendizaje en un visitante, mediante las cuales lo visto en una sala pueda relacionarse a su vida, incentivar reflexiones críticas.

 

Hay que sacar al museo a las calles, aprovechar la valiosa, importante y potencial tendencia de acción, pública o privada, que está generando que muchos museos y espacios en la ciudad desarrollen proyectos de vinculación. Comprendamos algo muy importante: los museos son capaces de transformar la realidad cotidiana de los habitantes de una colonia, un museo no puede ser sin la comunidad.

BIBLIOGRAFÍA

1

Video: 222 Pasos

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