FONDO

Los mariachis callaron: crisis en
la música tradicional mexicana

La música que representa a México ante el mundo, pierde espacios de difusión en la televisión y en la radio al interior de este país; en el auge de la música de banda y norteño, la mercadotecnia y la apreciación artística de una sociedad, hacen del mariachi una isla melódica y nostálgica

Print Friendly and PDF

El señor que pasa por la calle toca el saxofón, lo acompaña un niño que le da golpes uniformes a un tambor, uno, uno, uno, uno. Junto a ellos camina una señora con un bebé, y una niña que pide dinero a la gente. El saxofón toca la melodía de “y si Adelita se fuera con otro…”. Un hombre que lleva un paraguas se detiene y les da una moneda. Supongo que cualquiera que viva por aquí conoce la canción, no puede ser muy difícil saberlo. Creces en México y no tardas mucho en almacenar ese dato en tu memoria. Pero si pudiera echar una mirada a las vidas de la gente de esta colonia y escuchar la música que escuchan, conocer lo que sintonizan en la radio, las canciones que reproducen en sus computadoras o en los celulares, ¿qué sería, de todo ese repertorio, lo más cercano a un corrido de la Revolución Mexicana?

 

Vivo en el estado que gobierna un grupo de personas que utilizan el slogan “Jalisco es México”, el lugar donde se originó la música con la que identifican a este país en el mundo, pero no me queda claro si esta música habla de lo que pasa con las personas dentro de este país. Estamos muy habituados a obtener nuestro consumo musical (y muchas veces cultural) de la televisión, radio e Internet, medios que ante todo son negocio. Es una industria que pone sus propias reglas a la hora de presentarnos a nuestro artista favorito y crear identidades a partir de ello. ¿O no son, manifestaciones como el rock o el hip hop (incluso lo hecho en México bajo estos géneros), expresiones de personas que vieron la tele y escucharon la radio en algún momento? ¿No son los compilados de música de los setentas u ochentas, intentos de vender un producto cuyo concepto sea la definición de una década a partir de las canciones que sonaron en los medios durante ese lapso?

 

Con la música tradicional mexicana sucede algo parecido. Los medios toman de ella lo que les sirve para diseñar productos con la tarea específica de vender, y mientras vende tiene proyección, y con ello se abren cada vez más posibilidades para crear lazos en los escuchas, que le entren al juego ya sea porque se identifican o porque de plano escucharon la misma canción una y otra vez. Ahí donde la industria creó los conceptos “música de los ochentas” o de “rock en tu idioma”, en un punto de la historia propuso el de “música ranchera”, y ello fue sinónimo de mariachi. Por eso conocemos a Vicente Fernández y a Juan Gabriel, por eso nos parecieron tan normales los intentos de Lucerito, Pandora y Luis Miguel de hacerse pasar por artistas de música tradicional mexicana..

 

Hoy en Guadalajara sintonizar la radio y encontrar una canción de mariachi puede ser una tarea que lleve horas. En lo que toca a las radiodifusoras comerciales, lo más sonado es banda sinaloense y norteño. En televisión, tal vez las emisoras locales le dedican cierto espacio al mariachi en su programación, pero en los canales nacionales de televisión abierta lo fuerte es lo que cantan Julión Álvarez y Espinoza Paz. En listas de popularidad de las estaciones de radio, en los premios Billboard, en los Latin Grammy, no hay rastro del mariachi. Tampoco existe una figura actual que pudiera considerarse una continuación de los grandes intérpretes de música ranchera de antaño, digamos un José Alfredo Jiménez para una nueva generación.

 

Así pues, si nos atenemos a que los medios reflejan lo que la gente quiere, sería muy evidente el gusto de las masas en cuanto a música mexicana. En el año en que La Arrolladora Banda El Limón fue la atracción principal del grito de Independencia en el zócalo (y un año después de la estampida humana que dejó 15 heridos y 3 muertos en un concierto que dio este grupo en Ecatepec) ¿Por qué la música que se toca con mariachi habría de representar a un país que prefiere música de banda y grupera?

Arrieros somos

 

La música tradicional mexicana, como todas las auténticas manifestaciones de arte, se mueve en ámbitos que no siempre tienen qué ver con lo que al mundo de la mercadotecnia le interesa promover. De otra manera, el saxofonista de unos párrafos arriba no conocería un corrido de hace más de cien años. En Guadalajara, la música tradicional es un oficio que da sustento a familias enteras. Esta ciudad suele ser vista en el país como una especie de capital del mariachi, y sí, aquí hay todo una comunidad de personas que se dedican a ello y que se conocen entre sí.

 

Conocí a Alexander un día que fui a la escuela de música de la UdeG para ver quién de los alumnos de ese plantel quiere tocar en conjuntos de mariachi. Él tiene 18 años y toca la trompeta desde los 8. Es el segundo de cuatro hermanos, todos ellos tocan en un grupo que dirige su papá, el mariachi Jal Mich. Él y su hermano mayor empezaron a tocar en otro grupo que tenía anteriormente el papá con los tíos. A medida que los dos hermanos menores crecían, también revelaban sus ganas de tocar. Como a los tíos les parecía difícil repartir las ganancias cada vez entre más niños, el papá decidió formar su propio conjunto. Él les enseñó a tocar a todos sus hijos, y la mamá también participa. Es una familia que no sólo come del mariachi, también lo vive.

 

Aunque la mayor parte de su trayectoria Alexander ha tocado con su familia, el último año comenzó a tocar en otros grupos. Es algo así como un trompetista freelance, uno al que no le falta el trabajo. “Cuando empecé a relacionarme con más compañeros que me invitaban a trabajos, se me hizo curioso cuánta gente necesita mariachi en un fin de semana”, me contó. “Te hablan de un montón de lados, y dices ya estoy ocupado”.

 

El día que lo entrevisté, afuera de la escuela, estaba junto a él un hombre de unos cuarenta años, llamado José. Él cursa el quinto semestre de la carrera de técnico en música, con especialidad en trompeta, pero lleva más de veinte años tocando en conjuntos de mariachis. Los dos hablaron de preservar y transmitir la cultura a las próximas generaciones por medio de la educación. Conocen músicos que han dado clases en escuelas de Texas, donde los niños muestran interés por tocar música ranchera casi como aquí lo hacen por el fútbol.

 

“A lo mejor ahorita la banda y ese tipo de música están de moda y no sé si sea pasajera o va a durar mucho, pero lleva rato ese tipo de repertorio. Deberíamos, nosotros como músicos de mariachi, hacer algo para que eso cambie y vuelva otra vez el mariachi a ser lo que ha sido siempre”, me comenta José. Él ha tenido que adaptar canciones de Julión Álvarez a su repertorio de mariachi, ante la insistencia del público. Recordó, por otra parte, las veces que fue a tocar a España, Estados Unidos, China. En Japón, él y sus compañeros entraron tocando a un restaurante. La gente dejó de comer para ponerse a escucharlos.

Esa mujer

“Llega el momento en que los propios cantantes de música ranchera no tienen tanto auge. Si te pones a pensar, tal vez lo único que hay es un Vicente o un Alejandro Fernández, Pablo Montero, Pepe Aguilar, y dices ¿quién más?”, reflexiona Lupita Martínez. De estaciones de radio, menciona que acaso Radio Ranchito, en el AM, es la que dedica su programación completa a este género. En el FM tal vez suena algo de mariachi dos o tres horas a la semana.

 

Ella es representante del Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán. Unos días antes de entrevistarla, fueron a la cabina de la estación Fiesta Mexicana, tocaron en vivo, platicaron con los locutores y recibieron llamadas del público. “Tenían muchísimo sin llevar un mariachi a la estación, porque es muy escuchada pero la mayor parte de lo que programan es de banda”, comenta.

 

Hace 9 años, el Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán inició en la misma organización a la que pertenece Mariachi Nuevo Tecalitlán, es decir, el grupo conformado por hombres que en 2015 cumplió 50 años. Lupita y Adriana, guitarrista, son hijas de Fernando Martínez, fundador del Nuevo Tecalitlán. La familia Martínez ha vivido por décadas en San Andrés, un barrio con fama de ser un semillero de mariachis: en las paredes de su plazuela, todavía hay pósters de la última presentación del niño Ponchito Sandoval “El jilguerillo de San Andrés”.

 

A Lupita le llama la atención el hecho de que exista cierta percepción en la gente, de que el mariachi sólo sirve de acompañamiento a los cantantes. Le queda claro que el público pide lo que escucha en la radio, y mientras no haya un intérprete actual que ponga nuevas canciones de mariachi en las listas de popularidad, van a seguir pidiendo las de Julión, la Arrolladora o Banda MS.

 

“De alguna manera tenemos que complacer a la gente, y si es lo que escucha tampoco te puedes quedar fuera, pero en un evento de 15 canciones a lo mejor tocamos una de banda”, explica. Este mariachi cobra por evento, y organiza su repertorio como parte de un show completo, así que hay más control sobre las canciones. El trabajo de los mariachis que cobran por canción, en cambio, puede llegar a depender de su adaptación del hit del momento. Otro caso es el del mariachi San Francisco, del que Lupita refiere han acompañado a Julión Álvarez en Guadalajara. “Ellos comentan que empezaron a acompañar a Julión y luego todos los trabajos les piden puro Julión entonces dicen ‘lo haces, pero ¿dónde queda tu identidad propia de música ranchera?’”.

La raza cósmica

 

En estos momentos, un disco de oro viaja por el cosmos a bordo de las sondas espaciales Voyager 1 y 2. En ese disco está grabada la canción “El cascabel” del compositor Lorenzo Barcelata, interpretada por el Mariachi México de Pepe Villa. También contiene canciones representativas de la música de otros países, saludos en 56 idiomas distintos, fotografías de la vida en la Tierra y datos anatómicos de las diferentes especies que la habitan. Carl Sagan dirigió el proyecto que lanzó estas sondas al espacio en 1977. De acuerdo con el cantante y académico Alberto Ángel “El Cuervo”, Sagan se refirió de manera muy poética a la capacidad de transmisión emocional de la música mexicana, cuando le preguntaron por qué seleccionó esa canción para representar al país ante la posible civilización extraterrestre que encontraría el disco: “escuchar ‘El cascabel’ es una emoción comparable a la de sumergirse en un mar, entre un banco de peces de colores”.

 

Alberto Ángel es un exponente muy reconocido de la música tradicional mexicana, por su manera de cantar y por todo lo que ha investigado acerca del tema durante su carrera. Apareció en varios programas de televisión abierta durante los ochentas y noventas, precisamente cuando la difusión de esta música en los medios era mayor. Él pone a la pieza de “El cascabel” como ejemplo de la capacidad mimética del mariachi en su ejecución de diferentes géneros: si bien la canción es un son jarocho que originalmente se toca con los instrumentos propios de los grupos veracruzanos, su versión más famosa (a tal grado de aparecer en un mensaje de la Tierra al universo) es la interpretada por mariachis.

 

La música tradicional mexicana es un amplio abanico de géneros que incluye desde la banda sinaloense hasta la trova yucateca. Huapangos, corridos, jarabes, polka, redova, chotís. Sones huastecos, jarochos, mixtecos y una gran diversidad de estilos musicales que están regados por todo el país. Lo que tiene el mariachi es una dotación de instrumentos y una aptitud muy precisas para interpretar la mayoría de estos géneros. Resulta curioso cómo esa capacidad de conjuntar varios estilos parece estar conectada con la necesidad que hubo en México de integrar una identidad cultural representativa, incluso antes de la guerra de Independencia.

 

El artista y académico menciona los sonecitos del país como las primeras manifestaciones de mexicanidad en la música a mediados del siglo XVIII. La música española que se interpretaba en eventos públicos comenzaba a ser sustituida por jarabes, jaranas, huapangos y demás sonidos regionales. Los conjuntos musicales originarios de Cocula, Jalisco, que serían los primeros mariachis, empezaron a cubrir todas esas corrientes musicales y se convirtieron en los ejecutantes del llamado jarabe nacional, otra manera de nombrar a los sonecitos del país, que entonces presentaban tanto música como danza. En un acto que incluía al jarabe michoacano, guerrerense, de San Luis Potosí y de otras regiones, se acostumbraba iniciar tocando el jarabe procedente de Jalisco. Es por ello que al jarabe nacional se le conoce ya desde hace muchas décadas como jarabe tapatío.

 

“Así como este ejemplo podemos revisar muchos otros, y nos vamos dando cuenta que en ese proceso evolutivo del mariachi se empieza a cubrir toda la diversidad musical de nuestro México”, dice Alberto Ángel. Para él, la asimilación de la música acompañada por mariachi como elemento de identidad corresponde a un proceso evolutivo social filogenético y ontogenético. “Ahora, ¿por qué concretamente sucedió esto? Son procesos que se van dando en las sociedades, y esto es motivo de estudio para todos los sociólogos y psicólogos sociales”, afirma.

 

Según el artículo “Diversidad cultural: más allá del ‘modelo toledano’ de convivencia social”, escrito por el doctor en Ciencias Sociales y miembro del Colegio de Jalisco, Rogelio Marcial, la diversidad cultural fue uno de los principales obstáculos y problemas a resolver en la búsqueda por consolidar una nación durante los primeros años del México independiente:

(…) había que definir la lengua española como la oficial, la religión católica como la oficial, y una cultura oficial construida en cada país de la región [latinoamericana] desde la visión de las élites gobernantes que ocuparon el lugar de los peninsulares europeos.1

 

Esto ayudaría, de acuerdo con el texto, a hacer “gobernables” los territorios a los que se necesitaba acceder en lo económico, político, cultural y militar, mismos que eran caracterizados precisamente por las diferencias geográficas y sociales que tenían entre sí. El nacionalismo revolucionario a principios del siglo XX tuvo entonces la intención de sintetizar la hibridación cultural en un solo imaginario:

Las ideas integracionistas de Alfonso Caso, José Vasconcelos y Gonzalo Aguirre Beltrán, sustentadas por el trabajo pionero de Manuel Gamio, buscaron homogeneizar culturalmente a los mexicanos, desde la cultura mestiza, y “sacar del retraso” a las comunidades indígenas de nuestro país mediante su integración en la cultura nacional.

 

Al entrevistarlo, Rogelio Marcial señala que esa identidad del mexicano moderno, contrapuesta a la del indígena subdesarrollado, encontró un modelo a seguir en la personalidad del ranchero proveniente de Los Altos de Jalisco: un hombre valiente, aventurero y atrevido que vino a completar el enfrentamiento entre modernidad y tradición. “El modelo era un charro, pequeño propietario de tierras que se dio aquí en esta zona, por eso de aquí emanan todas estas figuras del mariachi, del ranchero, de los caballos y todo esto, pero es una construcción de una idea de nación que queda establecida”, asegura. Lo que ocurrió fue, según el sociólogo, la imposición de una identidad sobre otra, en lugar de sintetizar ambas visiones del mundo en una nueva.

 

“Es una apuesta del gobierno con dinero y todo para que siga vigente esta propuesta, hay entre cierta élite tapatía y funcionarios del gobierno esta idea de que en lo profundo de nuestra identidad está una esencia que no va a cambiar”, comenta Marcial. Una idea que insiste en ver a una sociedad más criolla que mestiza, con su construcción específica de la masculinidad, fue en su momento reforzada por las películas de la época de oro del cine nacional. Alberto Ángel, por su parte, considera que el cine fue una herramienta muy importante para la difusión de la música tradicional mexicana, sin embargo terminó por promover la imagen del charro heroico, un tanto omnipotente y un tanto conquistador infalible, que fue recibida en el mundo entero con gran curiosidad. “Esto no quiere decir que sea lo cercano a la realidad”, afirma el cantante. “Estos constructos se basan en sucesos reales, siempre he dicho que para poderse disfrazar de oso se requiere de una piel de oso, aquí tenemos que hablar de los valores nacionales que se fueron construyendo”, añade.

 

La mexicanidad, entonces, podría entenderse como un resultado pluricultural universal, partiendo del choque entre la cultura indígena y la europea, cada una con herencias de otras latitudes a su vez. La industria del cine, a fin de cuentas un negocio, se encarga principalmente de satisfacer las necesidades comerciales de su época. En cuanto a una política cultural por parte del gobierno para promover una identidad homogénea de la mexicanidad, a Alberto Ángel le parece muy improbable que suceda. “Contrariamente a esto pareciera ser que lo que se busca siempre es que no se produzca una identidad nacionalista”, señala. “No es ningún secreto el recorte al presupuesto educativo y de cultura que se realiza cada vez que cambian los gobiernos, triste y vergonzosamente vemos cómo nuestras universidades sufren cada vez más disminuciones de presupuesto y los gobernantes en su estulticia argumentan excusas que son verdaderamente pusilánimes”.

 

Antes de todas las reformas que se aplicaron a la Ley Federal de Radio y Televisión, señala Ángel, se estipulaba la obligación de asignar un tiempo mayoritario en las transmisiones a la difusión de la música tradicional mexicana y la cultura en general de este país. En la actual Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, lo más cercano a esa idea se encuentra en el artículo 251: “Los concesionarios de uso comercial, público y social que presten el servicio de radiodifusión deberán efectuar transmisiones gratuitas diarias en cada estación y por cada canal de programación, con una duración de hasta treinta minutos continuos o discontinuos, dedicados a difundir temas educativos, culturales y de interés social”.

La edad de la militancia

 

“Para ser honesto, la música regional jalisciense y el mariachi nunca fueron importantes para mí”, declara Israel Martínez, oriundo de Guadalajara y autor del libro “Nada volverá a ser igual: registro de la escena hardcore-punk jalisciense hasta mediados de los noventa”. Lo que vivió Israel hace poco más de veinte años, podría verse como la necesidad específica de una generación por romper de manera tajante con lo tradicional en un punto de la historia. Como apunta Rogelio Marcial: “Cuando hay una versión oficial o una élite que trata de mantener una imagen, adentro o abajo está la gente que no quiere ser así, van a buscar otras alternativas”.

 

El hardcore-punk, con su determinación inherente de ir en contra de lo establecido, en Guadalajara significó el deseo de generar una historia nueva a partir de desconocer o hacer a un lado la cultura preponderante en la sociedad. “Es por eso que quizá no necesariamente disfrutamos del mariachi, sino que por el contrario le dimos la vuelta a esas propuestas”, comenta Israel. Eran jóvenes que vivían con la mirada puesta en Europa y Estados Unidos, que se interesaban por conocer culturas extranjeras en tiempos que internet aún no ponía la información a su alcance. Había que estar muy comprometidos con la afición que se profesaba, una verdadera militancia que trascendía el gusto musical y tocaba lo ideológico. “No era algo natural en tu vida sino que era una elección que hacías y había que defenderla, había que estar ahí para todas las adversidades que eran muchísimas”, agrega.

 

Y es que ser punk a principios de los noventas implicaba poner distancia con la familia, la escuela y la sociedad, además de arriesgarse a una dura represión policiaca en las calles. Así, una ciudad famosa por haber generado el estilo de música que representa al país, también dio las primeras manifestaciones del hardcore-punk hecho en México. Sedición fue un grupo que, a la usanza de bandas como Dead Kennedys o Minor Threat, incorporó letras muy cargadas de reflexión sociopolítica en sus canciones, incluidas en los primeros discos de vinil que se producían a nivel nacional bajo este género.

 

Aunque no tuvieron una gran repercusión en la localidad, se dieron a conocer en el extranjero y compartieron escenario con grupos internacionales como Eskorbuto y La Polla Records. “Me parece un gran ejemplo de cómo desde esta perla tapatía, enclaustrada un poco en lo local y encerrada un poco en su conservadurismo, Sedición fue hacia otras fronteras, como lo ha hecho después gente en la danza o en la música experimental. Curiosamente Jalisco siempre es más fuerte internacionalmente en áreas en las que no es tan promovida, entonces es una paradoja muy rica para mí”, concluye Israel.

 

Hoy que estos movimientos han sido asumidos dentro del control del Estado y la mercadotecnia, la situación ha cambiado. Lo radical de la militancia en el punk se ha diluido en cierta forma, y en la actualidad la diversificación cultural y el fácil acceso a la información permiten a una persona disfrutar tanto del hardcore como de la música tradicional sin que ello implique alguna especie de incongruencia.

Vida mafiosa

 

Desde el corrido de “La pulga” de Pepe Quevedo hasta “El Cholo” de Gerardo Ortiz, el corrido en México se ha encargado de fabricar relatos acerca de casi cualquier fenómeno que se haya dado en el territorio durante los últimos 200 años, y una de sus caras que más ha contribuido a la construcción de una identidad opuesta a la que se percibe desde el poder, es la de los corridos de narcotraficantes.

 

Si bien desde los años treinta hay corridos que hablan del contrabando de drogas, el auge de esta música en la actualidad se puede rastrear a partir de los setentas, cuando algunos de sus exponentes registran oficialmente sus canciones en la Sociedad de Autores y Compositores de México y ganan cierta presencia en los medios de comunicación. Hasta entonces,  en la sociedad sólo había predominado una forma de ver al narcotraficante, es decir, la percepción que el gobierno tiene de quienes se dedican a esa actividad.

 

El Doctor en Sociología Luis Astorga, en su artículo Los corridos de traficantes de drogas en México y Colombia, señala que la identidad del traficante “dejó de estar sujeta a la voluntad, imaginación e intereses de quienes hasta entonces habían logrado imponer sus clasificaciones y convertirlas en discurso oficial”.

 

En la era del mercado de masas, el éxito comercial de esos corridos iba más allá del valor económico: significaba, sin que así se lo hubieran propuesto conscientemente sus creadores, el principio del fin del monopolio estatal de la producción simbólica acerca de los traficantes. De ahí los intentos oficiales por censurarlos, principalmente en las entidades donde el éxito de ese tipo de música ha sido más impactante.2

 

De esta manera, la historia del contrabando de drogas adquiere otras características que satisfacen a quienes buscan una versión distinta de los hechos. Los atributos se voltean. Mientras el narcotraficante para el gobierno es un criminal, en los corridos es una persona valerosa y heroica precisamente por atreverse a vivir fuera de la ley. No teme a la muerte ni a la cárcel. “No hay justificación de sus actividades, sólo una constatación de situaciones donde la primacía de los códigos éticos y reglas del juego en competencia se disputan muchas veces a balazos”, en palabras de Astorga.

 

En los últimos años, estas composiciones musicales han tenido una mayor difusión fuera de su mercado tradicional (norte de México, zonas productoras y de tráfico de drogas) gracias a la fama de algunos intérpretes que las incluyen en sus repertorios (Los Tigres del Norte, por ejemplo), a quienes las censuras locales no parecen haber afectado pues la televisión, particularmente Televisa, les ha dado espacios mucho más importantes para una proyección nacional e internacional. […] El éxito comercial ha sido un criterio de mayor peso que el de una cierta moral defendida por algunos funcionarios de gobiernos estatales.

 

En los años recientes, la censura a los corridos de traficantes por parte del gobierno ha eliminado estas canciones de la radio y televisión, pero no a sus intérpretes. Las listas de popularidad de las radiodifusoras todavía mencionan a Calibre 50, El Komander y Larry Hernández, quienes dejaron los temas del narco para sus presentaciones en vivo e Internet. Si las estadísticas en Youtube pueden indicar algo, es que un corrido de estos cantantes alcanza millones de reproducciones en cuestión de meses. Así, el actual intérprete de corridos de traficantes, que relata la vida mafiosa en primera persona, mantiene su carácter en la radio y televisión, pero con temas que hablan principalmente de amor y de fiesta. Aunque llega a ser acompañado por mariachis en ciertos momentos, su música es más de banda sinaloense y conjunto norteño.

La moda de lo trivial

 

“Dicen por ahí que lo que sale en la televisión es lo que la gente quiere ver”, platica la periodista Laura Castro Golarte. “Yo quisiera ver cartas o telefonemas donde la gente hable y diga ‘oigan, quiero que hagan un programa con Laura Bozzo’”, agrega. De esta manera, ella ejemplifica la situación actual de los contenidos en radio y televisión. En su opinión, los medios primero hacen la oferta del contenido, y después generan la demanda en el público, un público que está muy mal educado. Y dice que con la música pasa igual. “Yo hago responsable al Estado totalmente de la mala educación de este país, totalmente”, asevera.

 

Laura Castro Golarte es autora del libro “Una historia digna de contar”, que narra los 50 años de trayectoria del Mariachi Nuevo Tecalitlán y la intercala con datos de la historia de la música ranchera. Su rechazo a la música norteña y de banda es tajante, pero si algo le parece más terrible es la desvirtuación del mariachi por parte de músicos que de alguna manera intentan afrontar la falta de difusión que se vive. Menciona a un grupo que apareció en el programa America’s Got Talent de la televisión estadounidense. Eran personas vestidas de mariachi que se pusieron a bailar como si fueran los Backstreet Boys. “Esas cosas sí me escandalizan, que de pronto la escasez de buen gusto, las cosas que dejan dinero son lo que manda en los medios, entonces que este tipo de grupos llegue a tener éxito para mí es una amenaza contra el mariachi auténtico”, comenta.

 

La teoría de Noam Chomsky acerca de las estrategias de manipulación mediática, que en un punto habla de promover la idea de que ser estúpido, vulgar e inculto es una moda, es lo que Castro Golarte identifica en la situación actual. Alberto Ángel, por su parte, considera que el auge de la banda y el norteño en los medios responde más a una intención comercial que a una necesidad musical cultural propiamente dicha. “El mundo del espectáculo es una capitalización, es llevar el mundo del arte al mundo económico”, señala. “Esta fábrica de productos publicitarios, que tengan mayor o menor arraigo en la gente no tiene nada que ver, será por otras razones y es parte también de la evolución social, pero sería una evolución más que nada socioeconómica”.

 

Los grandes intérpretes de música tradicional mexicana siguen surgiendo, en opinión del cantante y académico, sin embargo el país se encuentra en un bache en cuanto al manejo de la difusión de estos géneros, sobre todo en los que son acompañados por mariachi. Curiosamente, agrega, lo primero que quieren escuchar los extranjeros que visitan México, es a los mariachis.

Yo no nací pa’ pobre, me gusta todo lo bueno…

 

En su manera de abordar lo romántico, los intérpretes de la música grupera no difieren mucho de los artistas que se hacen acompañar por mariachi. Las historias que cantan, por lo general, son de personas entregadas en cuerpo y alma a la figura del ser amado, que ensalzan el romance y sufren las traiciones y los amores no correspondidos como tragedias casi imposibles de superar. Ahí donde la decepción amorosa inspira canciones de tristeza en unos, despierta rencores que también son desahogados por la vía musical en otros. En este sentido, lo único que separa al intérprete norteño del mariachi es la ostentación del lujo.

 

El cantante de música grupera se exhibe como alguien inmerso en una actividad que le reporta jugosas ganancias. Si bien los corridos en los que se representa a sí mismo como un narcotraficante quedaron fuera de la radio y televisión, los frutos de su negocio (ilícito o no) sí están presentes en estos medios. Los videoclips se filman en haciendas o mansiones, sus parejas son modelos enfundadas en vestidos de diseñador, muestra los carros del año, la ropa de marca, los relojes y las joyas. El intérprete de mariachi en cambio, fiel a su tradición ranchera, sólo viste como charro y no suele nombrar marcas que hagan referencia a un estilo de vida moderno y fastuoso en sus canciones.

 

“Pero cómo das lata por el méndigo whatsapp”, canta El Mimoso, exvocalista de la Banda El Recodo, en su canción Típico Clásico. “Con el dolor saben más buenas las Tecates”, dice Régulo Caro en Voy a pistearme el dolor. “Te debo mi vida, cuernito de Armani rameado”, menciona El Komander, en una canción acerca de un fusil AK-47 con grabados alusivos a la famosa firma del diseñador italiano. El cantante norteño hace gala de una total libertad para incorporar alusiones específicas de la actualidad y el consumismo en sus canciones. No le importa, y hasta parece que entre más directo el mensaje es mejor. La presencia de marcas en las letras de la música grupera ha sido una constante que en otros géneros no se ve con la misma frecuencia.

 

Si quisiéramos ver algo de cierto en la idea de que los medios reflejan lo que la gente quiere, no sería difícil saber qué es lo que encuentra el público en la música grupera que no le da el mariachi. Si en verdad la música que más vende es un reflejo de la sociedad actual, habría que suponer que hoy se vive el amor de pareja con una fuerte carga de codependencia, el éxito como un destino al que se llega para disfrutar mucho y batallar poco, y se valora el ingenio como la capacidad de hallar la vía más rápida posible de ascender jerarquías de poder. Las historias más atrayentes, entonces, serían las de personajes que se arriesgan a obtener ese éxito mediante una actividad que implique mayor aventura y disfrute que la disciplina y el trabajo. “Como te miran te tratan, el mundo es convenenciero, no se te ven los defectos, si eres gente de dinero”, cantan Los Tucanes de Tijuana.

Vámonos

 

Esto no significa que el mariachi se haya quedado sin audiencia, pero la apreciación en su dimensión artística no es lo que predomina en un contexto como el descrito previamente. “Nadie es profeta en su tierra”, me cuenta la representante del Mariachi Femenil Nuevo Tecalitlán. Los conciertos grandes que ofrece esta agrupación, como artistas estelares en una cartelera, son en Tlaxcala, Puebla y el Distrito Federal. En Guadalajara, su agenda consta más de eventos privados. Confrontar la idea de que el  mariachi es un conjunto para amenizar borracheras, y demostrar que hay músicos profesionales interesados en impulsar la evolución de esta música con base en su conocimiento del tema, en aportaciones armónicas, melódicas y literarias, sería una forma de encarar la crisis de difusión por la que atraviesa en la actualidad.

 

La diversificación cultural en esta ciudad se encarga de romper hegemonías. Prácticamente no hay ámbito en el que un discurso predominante no encuentre visiones opuestas, tarde o temprano. De la religión, la sexualidad, la administración del poder y de las tradiciones, surgen manifestaciones que chocan con lo establecido y hacen de esta localidad un sitio más complejo y heterogéneo de lo que se llega a creer. La música no está exenta de ello. Guadalajara además de ser tierra fértil para el mariachi, lo es para el jazz, la música clásica, el rock, el hip hop, la música electrónica.

 

Casi cualquiera de quienes hemos crecido en este país podríamos llegar a Singapur, escuchar un Cielito lindo y sentir bonito. Yo, por ejemplo, podría escuchar luego una de Illya Kuryaki and the Valderramas, en esa situación hipotética, y sentiría algo parecido. La música se trata de lo que adoptamos en nuestra experiencia de consumo cultural para enriquecer el bagaje individual. Los estereotipos folclóricos que se construyen con intenciones proselitistas o mercantiles, hoy son unos y mañana otros. Sirven más para vender que para definir. Lo que cada quien se permite sentir, en cambio, nos conecta con el propósito original para el cual se hizo de este mundo un lugar donde hay música.

BIBLIOGRAFÍA

1

Dilemas latinoamericanos: otro desarrollo desde el Sur global (Tomo II). México: FronterAbierta [Colección Ciencias Sociales], 2012, pp. 214-236

2

Los corridos de traficantes de drogas en México y Colombia, Instituto de Investigaciones Sociales-UNAM 1997

Print Friendly and PDF

Territorio

¡Suscríbete!

Casa

Recibe reportajes, crónicas, entrevistas, 
0 invitaciones especiales a nuestros eventos.

Común

Plural

Tienda

© 2017 Territorio.

Contacto: redaccion@territorio.mx

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.