DESARRAIGOS

Ciudad sanación:

la trampa de la salud

La medicina occidental y el sistema que valida su eficacia guardan una relación muy estrecha con las dinámicas de mercado en que se insertan; la idea de salud que las instituciones reforzaron en su momento, cambia de forma cuando la búsqueda del bienestar físico y mental llega al terreno de lo espiritual

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El control de la sociedad sobre los individuos no sólo se efectúa mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista es lo biopolítico lo que importa ante todo, lo biológico, lo somático, lo corporal. El cuerpo es una entidad biopolítica, la medicina es una estrategia biopolítica.

 

Michael Foucault

Durante más de cien años la medicina alópata ha sido el instrumento por excelencia a través del cual se ejerce el poder sobre la salud pública, ya que representa el único sistema de conocimiento con una efectividad probada a nivel global en el tratamiento de diversas enfermedades. Es difícil dudar de las vacunas contra el sarampión, de la eficacia de los analgésicos o de las intervenciones quirúrgicas para tratar una apendicitis, por citar algunos ejemplos. Tenemos un sistema de salud hegemónico porque ha resultado ser el que más funciona, y porque la creación de instituciones formadoras de médicos profesionistas, así como de hospitales públicos, es parte del proyecto del Estado.

 

De esta manera, el concepto de salud que predomina viene reforzado por todo un aparato institucional desde el siglo XIX, el cual basa su vigencia y su exactitud en diagnósticos específicos y en formas de ver el cuerpo que tienen su respaldo en el saber experto de las ciencias básicas biológicas. Si a ello le sumamos el espacio físico donde se ejerce la medicina occidental, con el orden impuesto por sus diversos símbolos y su sobriedad, encontramos una legitimidad muy poderosa que haría parecer a este método como el principal (si no es que el único) a la hora de tratar cualquier enfermedad.

 

La gran paradoja del sistema capitalista que tiene en la biopolítica un instrumento de control social, es haber generado un entorno en el que la idea institucional de salud pierde hegemonía de forma constante. Éste es un régimen que permite a la industria farmacéutica vender sus medicamentos a toda costa, que promueve un mercantilismo voraz e imparable en su determinación de medicar en la medida de lo posible cualquier síntoma que se le presente. Ante esta situación, una gama muy amplia de medicinas alternativas en la ciudad ofrece diferentes opciones y formas de ver la vida, las cuales transforman la idea que cada persona tiene sobre su cuerpo y su bienestar. La visión política de salud basada en la medicina occidental, es una que padece una erosión continua desde el interior y en sus márgenes, y aun así, nadie le ha arrebatado el poder que le otorga la validez con base en el rigor científico.

La trampa epidemiológica

 

Un factor de vital importancia en la búsqueda de una salud adecuada es la prevención, la cual puede estar ligada de manera muy estrecha al nivel socioeconómico de un país. La gente sabe que debe acudir con cierta periodicidad al médico y realizarse los exámenes pertinentes, conoce lo que implica una alimentación sana y procura alejarse de ambientes tóxicos o muy contaminados. Los países ricos permiten llevar una cultura preventiva en la que el acceso a entornos saludables y la información acerca del bienestar propio están al alcance de la población en su mayor parte. En los países subdesarrollados, la cuestión se vuelve más compleja.

 

No todos los países tienen condiciones para proveer un sistema de salud efectivo y difundir una cultura de prevención, a pesar de que en el discurso, los gobiernos reconozcan su importancia. Las muertes por enfermedad en los segmentos más vulnerables de la población tienden a ser ocasionadas por males completamente previsibles. Los efectos de la pobreza en países como México pueden ser una cara del problema. El saqueo por parte de la clase política en ciertos lugares, puede ser otra.

 

Para el doctor Arnoldo Kraus, profesor de la Facultad de Medicina en la UNAM y autor de diversos textos relacionados con la bioética, la trampa epidemiológica implica que los menores mueren por el descuido y la irresponsabilidad del Estado, mientras que la gente mayor perece por enfermedades crónicas asociadas a malos hábitos y una cultura de salud inadecuada. “En México estamos inmersos en la trampa epidemiológica, que es lo peor que le puede pasar a un país para salir adelante”, opina Kraus. “Los enfermos crónicos, los diabéticos y los que han padecido enfermedades del corazón le cuestan mucho al erario público, y en países donde se roban el dinero desde el gobierno, la gente perece por esas razones; los niños pobres mueren por diarrea, por neumonía, las madres mueren en los partos”, explica. Los padecimientos que surgen en países ricos, como el tabaquismo, el alcoholismo y la obesidad, llegan a las naciones pobres para sumarse a una lista de males que enfrenta una población con el reto de sobrevivir cada día. Es difícil subsistir sin enfermarse cuando la opción para no morir de hambre es consumir carbohidratos.

 

En 1970, los doctores Alejandro Celis y José Nava publicaron un artículo titulado Patología de la pobreza, el cual expone la diferencia entre las enfermedades que afectan a pacientes de hospitales públicos y a los que pueden pagar un seguro de vida. El texto causó un gran impacto en la comunidad médica mexicana, y su propuesta se ha mantenido vigente en la actualidad. La mortalidad infantil es más alta y las enfermedades infecciosas son más frecuentes en los pobres, mientras que las clases adineradas padecen males degenerativos, cáncer y aterosclerosis con mayor regularidad. Arnoldo Kraus agrega que la salud es uno de los fenómenos que también dividen a la sociedad: quien tenga acceso a los medicamentos adecuados incrementará su calidad y esperanza de vida. Para los menos afortunados, están las medidas de apoyo que el gobierno dispone, como el Seguro Popular implementado durante el sexenio de Felipe Calderón. “Ésa fue una medida populista”, asegura Kraus. “Puede ayudar un poco, pero el servicio que se brinda, la capacidad del Seguro Popular y de las instancias gubernamentales para atender a las personas es muy pobre”.

La era de la farmacracia

 

Hay toda una maquinaria puesta en marcha para asegurar la prosperidad económica de la industria farmacéutica, y ésta no se limita a la efectividad probada de los medicamentos. Laboratorios clínicos, profesionistas, médicos y una sociedad cada vez más obsesionada con tener el antídoto para todo mal, además de los medios de comunicación  forman parte de un gran tejido que procura el éxito monetario y el poder de esta industria, la cual no ha dejado de expandirse en México. El segundo compendio estadístico realizado por la Cámara Nacional de la Industria Farmacéutica (Canifarma), indica que los 199 laboratorios afiliados a este organismo generaron una tasa de crecimiento de 4.3% anual en el sector, en el periodo comprendido de 2007 a 2014. En esos siete años se invirtieron más de 200 mil millones de pesos.

 

De acuerdo con Arnoldo Kraus, hay empresas farmacéuticas que ganan más dinero que el producto interno bruto de algunos países centroamericanos. “Las compañías tienen que vivir de lo que producen, y viven bien, pero debería existir un balance entre lo que cuesta el producto, la exclusividad del mismo y la obligatoriedad de algunas farmacéuticas de donar medicamentos”, señala. Y es que tampoco se debe perder de vista que este negocio ha salvado vidas gracias al trabajo de numerosos investigadores que generan el producto que llega a los anaqueles.

 

La farmacracia es un término ideado por el psiquiatra Thomas Szasz para referirse a la manera en que este negocio impone sus reglas en los países capitalistas, muchas veces por encima de las instituciones de salud y los gobiernos. La novedad siempre hace buena propaganda, y una trampa que ocurre con frecuencia en este sistema es la de creer que los fármacos más recientes son los más efectivos. Un doctor que se deja guiar por los estudios que contraponen los beneficios de los medicamentos nuevos a los viejos, probablemente ha cedido ante las dinámicas de la farmacracia. También tienen mayor alcance los artículos que se publican financiados por la industria. Otras prácticas tienen que ver con los jugosos pagos que reciben distintos médicos por avalar ciertos productos, viajes en primera clase a congresos de medicina y estancias en hoteles de lujo, algo que llegó a ser tan notorio que ya se está tratando de erradicar. “Depende de la ética del médico si se entrega o no a la  industria farmacéutica; es un dilema ético muy interesante”, asegura Kraus.

 

Durante la epidemia de ébola que se registró el último año en Guinea, Liberia y Sierra Leona, llamó la atención la rapidez con la que se fabricó la vacuna contra esta enfermedad. El autor del libro Recordar a los difuntos considera que la vacuna fue creada sin interés, ya que estaba dirigida a una población de escasos recursos. Por otra parte, el médico homeópata Gustavo Huerta, menciona la alerta ante un supuesto brote de sarampión que se dio en México en 2011. “Nos endilgaron 40 millones de vacunas a aplicar en México, ésa es la mayor trampa que hace la medicina: nunca hubo casos de sarampión, sin embargo aplicaron y enfermaron a 40 millones de niños y adultos mayores”, afirma. Huerta recuerda la cara del entonces secretario de Salud en Jalisco, Alfonso Petersen, al declarar en rueda de prensa que no existían casos de sarampión registrados en el estado. “Él sabía que se estaban aplicando esas vacunas sin necesidad, y ¿qué pasa? a final de cuentas estás inyectando una cepa atenuada de sarampión, del vehículo que lo transmite, estás enfermando a la gente y potenciando, cuando teníamos muchos años de haberlo erradicado”.

 

De las prácticas de la industria farmacéutica, Huerta opina: “se hacen muchas investigaciones, se gasta mucho dinero, sostienen a mucha gente, sostienen políticos, y para mover esto tienen que generar enfermos”. Aunque le parece preocupante el abuso de antibióticos que prescriben algunos doctores, Huerta se muestra a favor de recetarlos cuando no existe otra alternativa.

Emoción medicalizada

 

En la actualidad, el auge que dicta lo que hay que hacer en medicina lo tiene la tecnología, si bien en otros tiempos esto era producto de la relación entre el médico y el paciente. Arnoldo Kraus dice que es indispensable conocer la vida íntima del paciente, porque muchas enfermedades proceden de una ruptura emocional. “La buena medicina debe conocer tanto el cuerpo como el alma del enfermo, el problema es que el encuentro entre médicos y enfermos se va perdiendo. En algunos casos se medicaliza demasiado algunos problemas anímicos por no conocer la causa fundamental del problema”, comenta.

 

Los trastornos psiquiátricos representan la gran oportunidad que tiene la industria farmacéutica para ampliar su campo de acción. Hay una línea cada vez más tenue entre lo que se considera un malestar emocional y una enfermedad en toda la regla. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión ocupa el segundo lugar en problemas de salud pública de países ricos, justo después de las enfermedades cardiovasculares. Los ansiolíticos, antidepresivos e inductores de sueño, están a la orden del día, lo cual vuelve en apariencia más sencillo tomar una pastilla que entender de fondo el origen del malestar.

 

En Guadalajara, la calle Hospital, ubicada en el barrio El Santuario, funciona como una gran farmacia no oficial donde es posible adquirir toda clase de medicamentos controlados. No hay necesidad de exhibir una receta médica. Los vendedores se encuentran a plena luz del día por toda la calle, y son ellos quienes abordan a cualquier cliente potencial que camine por el lugar. Están en las esquinas, se sientan en las banquetas o colocan sillas a mitad de la calle. La actividad es muy visible a pesar de ser ilegal. A ellos acuden personas que no tienen para pagar una consulta médica o que simplemente no quieren conseguir una receta. Sería muy difícil no ver que esta calle ha resultado de gran ayuda para gente que de otra manera no tendría acceso a los medicamentos que necesita.

 

Sin embargo, no todos los clientes que llegan a esta zona buscan sanar un padecimiento. Rivotril, clonazepam y otros antidepresivos y psicotrópicos están disponibles para quien los busque. La calle Hospital, además de servir como farmacia alternativa para pacientes de escasos recursos, ofrece un menú de opciones a quien sólo desee alterar su estado de ánimo. Las autoridades tienen amplio conocimiento del mercado negro que ha crecido en esta zona durante décadas, pero los operativos no ocurren muy seguido. Uno de los más recientes se llevó a cabo en septiembre de 2014. Agentes de la PGR catearon un domicilio marcado con el número 519 y decomisaron media tonelada de fármacos controlados. Se declaró que la mercancía que incautada estaba caduca y que se comercializaba pese a no ser apta para su consumo, que el cateo se realizó con base en denuncias ciudadanas. Pocos días después del operativo, el negocio volvió a la normalidad.

 

Para la doctora Erika Palacios, quien es profesora en la Universidad de las Américas Puebla, el contrabando y la venta de medicamentos regulados sin receta es un reflejo de la corrupción y la falta de información tanto de las farmacias como de los consumidores. El riesgo de adquirir medicinas apócrifas en lugares que operan fuera de la ley es latente. “Las formas farmacéuticas (tabletas, cápsulas, cremas) de un medicamento falsificado ciertamente podrían parecerse a las de un original, pero la semejanza principal puede atribuirse al empaque externo, que puede llegar a ser completamente idéntico. Se debe comprobar que el nombre del laboratorio farmacéutico que elaboró el medicamento se encuentre en el producto, puesto que los medicamentos falsificados, por lo general, no contienen esta información”, explica.

Una cuestión espiritual

 

Las disecciones fueron esenciales en un inicio para establecer la forma en que la medicina occidental entiende el cuerpo humano. Así fue como se determinó que el organismo está conformado por una serie de sistemas que se relacionan entre sí, y los médicos se dedican a atender cada uno de estos sistemas por separado. La escuelas médicas forman especialistas con métodos propios de las áreas en que deciden enfocarse, pero todos reconocen los límites de su ámbito. Una enfermedad terminal puede ser el punto en que un paciente comienza a ver las alternativas que existen fuera del entorno científico. Hay personas que poseen un conocimiento experto de su propio cuerpo y saben que en un solo sistema no se encuentran todas las respuestas.

 

Existe una diversidad muy amplia de medicinas alternativas y la mayoría de ellas coinciden en ver al cuerpo, la mente y el alma como una sola pieza, en lugar de un conjunto de sistemas interdependientes. La medicina tradicional china, por ejemplo, considera que todo está relacionado: el estado espiritual de la persona tiene que ver con su estado físico, y el estado físico del individuo se conecta con su manera de estar en el mundo, en su casa, en su familia, en su ciudad, en su lugar de nacimiento.

 

Para la antropóloga Alejandra Aguilar, es muy claro que la procuración personal de salud siempre ha estado ligada con una búsqueda espiritual. “Desde nuestros ancestros se puede ver evidencia de esta búsqueda espiritual del ser humano, y también la evidencia de que los chamanes son los primeros médicos que se basan en el conocimiento de plantas del mundo natural para poder sanar”, asegura. “Esta metáfora del mundo espiritual es una manera de estar bien con tu sociedad, si no estás bien con tu sociedad, no estás bien contigo mismo, y eso todas las culturas lo saben, pero el sistema médico actual no lo puede ver así”.

 

Aguilar considera que la mayoría de la población intuye que es necesario estar bien en lo espiritual para poder estar bien físicamente. El chamán sabe armonizar el mundo espiritual con el mundo social, y por lo tanto, con la enfermedad. Una ciudad inmersa en el juego capitalista transforma las cosas, las mezcla y genera una nueva especie de chamanismo que ya no surge de lo rural: gente nacida en un entorno urbano, que se empieza a interesar en medicinas alternativas, que a veces tiene alguna formación con chamanes de culturas originarias y que trae ese conocimiento a la ciudad.

Chamanismo urbano

 

Cerca del centro de Guadalajara, por la avenida Hidalgo se encuentra un hospital privado. Fente a ese hospital se encuentra el consultorio del chamán Paulino Martínez. El lugar es una vieja casa adornada con imágenes de indios norteamericanos, pieles, símbolos étnicos y lobos. Paulino ha vivido el esoterismo desde niño. En Tamaulipas, él era el asistente de su tía abuela, quien daba consultas de tarot. Su trayecto en el chamanismo lo inició varios años después, cuando conoció a un brujo en San Cristóbal de las Casas. Paulino además estudió una licenciatura en psicología, una maestría y un doctorado en psicoterapia Gestalt.  Afirma que no hay escuelas para ser chamán. “Hay técnicas, hay conocimiento, pero lo que debería regir a todos los chamanes, curanderos, brujos y magos debería ser la carrera de psicología, todos deberían tener por lo menos una licenciatura en psicología”, dice. Así, un chamán urbano tendría reconocimiento institucional en una sociedad que, en la opinión de Paulino, catalogaría fácilmente a un chamán como un loco.

 

Quienes lo buscan, por lo general quieren sanar algo en sus vidas: el riñón, el hígado, el sistema nervioso, cáncer. “Ahorita pudiste observar una señora que llegó conmigo en silla de ruedas”, comenta. “Le dijeron que estaba embrujada, pero ella tiene una enfermedad que es artritis reumatoide, una enfermedad genética degenerativa y que no tiene cura, pero ella, al no aceptar su diagnóstico, busca la manera de agarrarse de algo psicológicamente o emocionalmente”. Los pacientes lo visitan en la última etapa de la enfermedad, cuando no queda más por hacer. “Nos toca la parte más difícil porque si realmente salvamos a esa persona, hacemos lo que la gente conoce como milagros, que no es otra cosa más que el uso de la fe de la persona en reconexión con la deidad divina, con el gran misterio, con el gran espíritu, con eso que llamamos Dios”.

 

Paulino Martínez asegura que tanto un psicólogo como un brujo dan apoyo emocional a sus pacientes. La diferencia, explica, es que en esta cultura está muy difundida la idea de que la psicología es para atender a los locos. Que por ello muchas personas prefieren ver a un chamán. Ya es muy común que la gente lo vea después de haber recibido malas noticias en el hospital que está al cruzar la calle. “Hay muchas ocasiones en que con medicina alternativa, no con charlatanería, con plantas, con conocimientos ancestrales, las personas se curan, pero sobre todo sacando el daño emocional que la persona tiene”, agrega.

Una ruptura con el dios interno

 

Cada persona decide la manera en que asume su propia experiencia en lo espiritual. Cuando las dinámicas del mercado definen gran parte de lo que ocurre en una ciudad, las opciones para practicar distintos credos también se presentan como productos en una estantería. Se pasa de una doctrina a otra con la misma libertad de quien elige su nueva cerveza favorita en el minisúper. La llegada del New Age a Guadalajara, que se puede rastrear desde la década de los setentas a la actualidad, le debe mucho a la influencia estadounidense en la manera de comercializar el ámbito religioso.

 

En un momento se creyó que la institucionalización de la vida social borraría el lazo que las religiones tradicionales mantienen con lo relativo a la salud. Alejandra Aguilar asegura que más bien pasa lo contrario: ahora las medicinas alternativas, basadas en conocimientos de culturas ancestrales, proliferan en la ciudad. “Entonces creo que hay una búsqueda de la gente a preguntas y situaciones que las instituciones no están dando”, opina. La presencia y la difusión de las prácticas del New Age también pueden ser respuestas a esa búsqueda.

 

En las medicinas alternativas, la persona es en sí misma el punto donde la acción universal ocurre. El paciente tiene un rol activo en su propia salud, ya que contiene todos los elementos necesarios para sanarse. Lo que se busca es la armonía universal a partir del equilibrio energético que cada persona aporta. Mariana Jiménez se dedica a dar terapia reiki desde hace seis años. El reiki es una práctica japonesa que trabaja la sanación a través de la imposición de manos. “Cuando yo empiezo mi trabajo procuro poner toda mi atención en la persona y también hacer una petición al universo para que todo salga bien. Nosotros trabajamos como si fuéramos un conducto, la energía viene del universo hacia la persona y nosotros somos la vía”, explica.

 

Mariana creció en Tlaquepaque, como hija de una familia católica, pero sus inquietudes difieren de lo que enseña esta religión.  “Digamos que mis principios morales vienen de ahí, pero la idea de Dios me parece muy individual. Sí creo en Dios pero no lo pongo dentro de una religión definitivamente”. Estudió turismo alternativo, y en sus viajes a las comunidades de indígenas se interesó por los métodos de sanación a través de plantas medicinales. Después se capacitó en técnicas de masajes, e incursionó en la terapia reiki. Considera que el auge de estas prácticas se debe a que no requiere tantos años de preparación como en el caso de las medicinas tradicionales.

 

Para ella, la salud tiene que ver con la búsqueda del dios interno. “Hay algo ahí que no ha hecho clic con tu dios interno, con tu espiritualidad, que es lo que tiene intranquilo, es lo hace que la gente se vaya a los extremos, se van a lo mejor algún vicio o alguna especie de locura por no tener esa paz o esta calma. Creo que tiene que ver más con ese concepto de la búsqueda de una paz interior, que es finalmente la filosofía de la espiritualidad”.

Sanación extraordinaria

 

El 26 de julio de 2015 se llevó a cabo un encuentro de jóvenes católicos del Movimiento de Renovación Carismática en el estadio Omnilife. Durante la oración ante Jesús Eucaristía, en la cual se considera que Dios manifiesta su intención de sanar personas, un muchacho que estaba en silla de ruedas se puso de pie y dio sus primeros pasos luego de tres años de haber padecido una inmovilidad en sus piernas. Así lo relata el padre Efraín Rivera Saavedra, quien es el asistente eclesiástico del Movimiento de Renovación Carismática de la Arquidiócesis de Guadalajara. “No fue algo momentáneo, todavía después de la misa volvió a hacerlo, una persona que en más de tres años no tenía fuerza en sus piernas siente ese impulso ante la oración que pedía tener fe en Dios, que le invitaba a que se pusiera de pie y se puso de pie”, añade.

 

En el catolicismo, una sanación extraordinaria ocurre cuando la fe se impone ante un mal que aqueja el alma de la persona. Si el daño interior se manifestaba en la superficie como una dolencia física, el malestar desaparece. Efraín Rivera afirma que hay testimonios de quienes se han salvado del cáncer gracias a la oración. Dice que está comprobado científicamente que muchas enfermedades somáticas tienen inicio en una afección interior. La salud espiritual consiste en salvarse de “todo aquello que perturba la paz de la persona, sea aquello atado a circunstancias del enemigo o algún resentimiento que hay en el corazón del hombre y que no lo deja ser libre”.

 

El Movimiento de Renovación Carismática surge dentro de la iglesia católica en Estados Unidos en 1967, cuando un grupo de universitarios y un sacerdote proponen una experiencia más viva y más sensible en sus prácticas religiosas. Se trata de una corriente que asume un encuentro con un dios que está vivo y que concede gracias y dones extraordinarios, como la sanación en cierto momento. En las misas de este movimiento hay un componente emocional muy fuerte. Se canta, se baila, se aplaude, se alaba y se agradece a dios. La Renovación Carismática llegó a Guadalajara en 1972, y cuenta con alrededor de 280 comunidades en la Zona Metropolitana. La sede está cerca de la glorieta Chapalita, en Casa Cornelio, de la cual Efraín Rivera es capellán.

 

El requisito para la sanación, de acuerdo con Rivera, es la fe: dejar que Dios obre cuando él quiera, como él quiera y donde quiera. “Es un derecho buscar la salud pero tenemos que hacer conciencia que aún la enfermedad tiene un propósito purificador, y el mismo dolor tiene un sentido salvífico, si llega hay que saber entenderlo y sobrellevarlo, si es necesario dejar que Dios actué a través de ello y ser también signos para la gloria de Dios si viene un milagro o no”, comenta. Cuando un católico acude a medicinas alternativas que apelan a lo espiritual fuera de su religión, se dice que comete un pecado contra la fe. “Un auténtico católico no debe acudir a esas técnicas porque más aún, abre puertas al enemigo, porque el enemigo es ángel de luz, se disfraza de padre bondadoso y al rato da la puñalada”, agrega.

 

Por otra parte, la medicina occidental funciona como un complemento para el catolicismo. Se considera que es parte de Dios dar la ciencia y el conocimiento al hombre para que encuentre remedios que le ayuden a sanar en lo físico y mental.  “No es que con pura oración te vayamos a sanar, claro que la oración puede hacer eso, pero también tenemos que buscar el recurso de las ciencias humanas para ayudar y canalizar a las personas”, asegura el capellán. De esta manera, se tiene una sociedad en que la medicina y la religión predominantes van de la mano sin que una irrumpa en los terrenos de la otra.

Donde la magia no gobierna

 

En la cultura huichol, el chamán o mara’akame no se dedica sólo a curar a la gente, sino que funge como guía espiritual y actúa como autoridad representativa dentro de su comunidad. Para los huicholes, la enfermedad es producto de la pérdida momentánea del alma o de la intervención de un espíritu maligno al entrar en su área de influencia. Puede deberse también al incumplimiento de alguna promesa hecha a los dioses, o por la actividad de un brujo que tuvo la intención de causar un daño. Se considera que el chamán está dotado de un poder místico, y además de utilizar sus técnicas de curación tradicionales, solicita ayuda a una divinidad para atender al paciente. Sin embargo, los huicholes pueden recurrir a las instituciones públicas de salud si ven que el remedio a su padecimiento queda fuera de los alcances del mara’akame.

 

“La medicina alópata ha venido a ser un complemento a la vida de ellos y la reconocen y la aceptan, por eso vienen aquí a curarse”, afirma Rocío Echevarría. Ella es directora de la Casa Huichol, una asociación civil que se coordina con la Secretaría de Salud para canalizar a los huicholes que vienen del norte del estado a ser atendidos en hospitales públicos. “No es que les quites sus tradiciones y que se integren a un forma de sanar como la nuestra, simplemente pienso que son complementos. Nosotros también necesitamos reconocer la creación, la naturaleza, porque de ahí vienen los medicamentos sin estar en laboratorios, en su forma natural”.

 

La Casa Huichol se estableció en 1983, pero el proyecto de Rocío Echevarría comenzó 1972, cuando trabajó como responsable del Centro de Salud Rural de la comunidad de San Andrés en Jalisco. “Me di cuenta que para poder trabajar en la sierra yo tenía que reconocer lo que ellos reconocen, que es la creación. Empecé a estudiar herbolaria, naturismo, cosas para que yo pudiera entrar en su mundo”, relata. Como enfermera en un centro de salud alejado de la ciudad, supo que debía buscar alternativas para atender todas las emergencias que se le presentaban, pues el abasto de medicamentos en la sierra suele no ser suficiente. “Estando en la montaña te faltan muchísimas cosas que sí te da el naturismo, y el naturismo lezaetiano que es el que estudié es una maravilla, porque te ayuda a quitar esos síntomas y enfermedades que de repente necesitas accionar”.

 

El tipo de naturismo al que Rocío se refiere es el propuesto por el chileno Manuel Lezaeta (1881 - 1959). Según este método, es necesario preservar la armonía del cuerpo humano con los ciclos naturales del universo. Con una dieta sana que permita al ser humano digerir y respirar bien, además de un adecuado proceso de desintoxicación a través de la piel, se puede mantener una temperatura normal en todo el organismo, una condición primordial para gozar de buena salud. Este naturismo también considera que la salud física está ligada con la armonía emocional de las personas.

 

Casa Huichol se ubica en Zapopan, muy cerca del Hospital General de Occidente. El lugar funciona como un albergue para huicholes de las comunidades de Mexquitic y Bolaños, municipios donde no hay infraestructura para dar atención médica de segundo y tercer nivel. Mediante acuerdos con diferentes instituciones, Casa Huichol lleva a los pacientes al Hospital Civil y al General, y gestiona apoyos para proveerlos de medicamentos. Mientras los pacientes se encuentran internados en las clínicas, sus familiares se quedan en el albergue. Ahí cuentan con un taller participativo, en el cual elaboran artesanías que pueden vender para solventar sus gastos. Tienen un vivero en el que se les capacita para que siembren verduras y plantas medicinales en su casa, y una cocina tradicional que funciona a base de leña. También hay un sistema de captación de lluvia para contar con agua y paneles solares que dan electricidad a la casa. Los indígenas de estas comunidades ya conocen el lugar, y llegan todo el año. En un día normal hay 15 huéspedes en esta casa.

En la torre de Babel

 

Rosa Estela pertenece a la comunidad wixárica de Tuxpan de Bolaños. Estudió enfermería hasta el cuarto semestre, y durante cuatro años se desempeñó como traductora entre pacientes huicholes y médicos del Hospital Civil. El trabajo para poner los términos que utilizan los doctores en palabras que entiendan los pacientes no es fácil. Cuando dicen “chumé”, por ejemplo, los huicholes se refieren a cualquier malestar del sistema respiratorio: puede ser gripa, bronquitis, asma, neumonía. El idioma no es lo único que origina la confusión, se trata de la forma en que una cultura y otra comprenden al cuerpo y las sensaciones. Aunque el paciente entienda español, no siempre tiene conocimiento de todo lo que implica ser atendido en un consultorio.

 

La disposición de brindar un buen servicio por parte de los médicos está ahí, pero las barreras de lenguaje dificultan el proceso, considera Rosa Estela. A los huicholes les cuesta trabajo aceptar que deben viajar a la ciudad para atenderse en un hospital. “Allá es muy diferente todo, allá nos entendemos”, dice de su pueblo. “La gente no quiere salir de su pueblo, vienen de repente y llegan a un lugar donde no se entienden, aquí mismo no entienden cuando les mandan hacer un trabajo, eso sí es un problema”. Esta barrera les causa desconfianza, pues la gente de su comunidad no alcanza a sentirse completamente segura de las prescripciones y recomendaciones del doctor.

 

Mientras llega el día de su cita para atender una inflamación de los ovarios, Rosa Estela se hospeda en Casa Huichol y elabora artesanías para costear su regreso a Tuxpan. Allá trabaja en el campo. Tiene dos hijos, uno de 14 años y uno de cuatro. Conoce bien los hospitales de Guadalajara. Hace unos días, una señora indígena le pidió que la acompañara en una consulta. La doctora que la atendió se mostró agradecida. De no ser por su labor como traductora, las consultas podrían alargarse por horas.

 

“Para ellos no está peleado, mientras que para un médico alópata sí lo está”, refiere Alejandra Aguilar acerca de la interacción entre la medicina tradicional indígena y la medicina occidental. “Para el médico ahí está la trampa, pero no para el resto de la población. Para el resto es lo que hay que hacer, primero está tu salud, tú echas mano de todos tus conocimientos, no solo el conocimiento experto sino el tradicional, y de lo que te hace sentir bien o no”.

 

Las ciudades cuentan con sistemas de validación del conocimiento a partir de las instituciones que rigen la vida social. Los organismos que se encargan de la salud pública a partir de los proyectos gubernamentales, así como los hospitales privados y la comunidad de profesionistas médicos en general, tienen en el rigor científico a un aliado muy fuerte a la hora de respaldar su efectividad, la cual es evidente en la investigación y el tratamiento de muchos padecimientos. Sin embargo, existe una gran diversidad de prácticas que no entran en el esquema que tiene la medicina occidental para certificar su autenticidad. Un chamán, un yerbero o un brujo se validan con la eficacia de sus propios métodos, del conocimiento práctico y oral: si son buenos en lo suyo, la gente va a acudir a ellos. En este sentido, hay un punto en el que todas las formas de curación y sanación existentes se tocan, y está en el poder de las palabras. Lo cual no es poca cosa. A veces, procurar la salud también representa un acto de fe.

 

Se requiere un cambio en las dinámicas de las empresas farmacéuticas para no desvirtuar su propósito de servir a la salud, pero el sistema en el que están inmersas ya implica por sí mismo la transformación incesante de todo lo que vemos. Una realidad que ya está en marcha, es una en la que ir al doctor no implica precisamente visitar a una persona que tiene un diploma colgado en la pared. Es una trampa muy cautelosa la que parece disimular, que si se trata del bienestar propio, no hay exclusividad para el conocimiento ni para la efectividad.

 

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