PROXIMIDAD

La soledad del paraíso

La alta rotación de los inmigrantes a Cancún, aunado a que la ciudad es joven, planeada desde cero y con pocos habitantes pioneros, ha generado una sociedad donde el sentido comunitario es muy débil y las redes de apoyo son difíciles de formar

Por CARLOS BROWN SOLÁ* /

Ilustración: INÉS DE ANTUÑANO

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1998. Mis papás deciden cambiarme de escuela por cuarta vez desde que llegamos a Cancún, procedentes los tres de distintas ciudades del país. Esta vez comienzo cuarto de primaria en una escuela privada con cerca de treinta alumnos, donde estudiaría hasta terminar el bachillerato. La profesora María nos pregunta el primer día de clases de dónde somos, y cerca de tres cuartos del salón responden distintas ciudades del país y el mundo, no ‘Cancún’. Esa fue la primera vez que entendí lo diversa que es la ciudad donde vivo.

 

1971. Mientras el mundo se convulsionaba por la salida de Estados Unidos del Acuerdo de Bretton Woods, que modificaría las dinámicas para países petroleros como México, ocurría un suceso que daría un giro de 180 grados a la dinámica económica de la región sureste de México en otro sector: el diez de agosto de ese año se publicó en el Diario Oficial el decreto que hizo posible la creación de Cancún, en los terrenos de la Isla Cancún y otros aledaños.

 

Apenas tres años después, el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) iniciaba operaciones de la primer ciudad integralmente planeada en Cancún, por instrucciones del entonces presidente Luis Echeverría; con la construcción del primer hotel en la zona hotelera de la ciudad, llamado Playa Blanca, durante ese mismo año. El proyecto Cancún sería fruto de un diseño y gestión del gobierno federal, con una visión integral y regional que detonaría el desarrollo urbano y económico de toda la ciudad y no solo de la zona hotelera.

 

1991. Durante dos décadas, Cancún gozó de un lugar privilegiado en nuestro país, con la atracción de inversiones multimillonarias en el sector turístico y como sede de eventos que buscaban posicionarlo como base indispensable de foros y cumbres internacionales. El primero de ellos, en 1981, fue la Cumbre de Diálogo Norte-Sur que contó con asistentes como François Mitterrand, Ronald Reagan y Margaret Thatcher; estos dos últimos, conocidos como padre y madre del modelo neoliberal que ha sobrevivido hasta nuestros días.

 

Irónicamente, a causa del giro neoliberal en la política económica mexicana se abandonó la dirección gubernamental del proyecto Cancún, para dar lugar a un crecimiento desordenado determinado por el mercado, especialmente el inmobiliario, dejando a un lado el enfoque de desarrollo justo, planeado y ordenado con que había sido diseñada la ciudad. Por ello, entre 1980 y 2010, Benito Juárez –el municipio donde se ubica Cancún– pasó de 37 mil a 661 mil habitantes, un crecimiento de 1,678 por ciento en tan solo treinta años, de acuerdo a información del INEGI. Esto llevó a Cancún a ser la ciudad con mayor tasa de crecimiento demográfico de Latinoamérica, con un crecimiento medio anual de 56 por ciento durante esas tres décadas.

 

Tras el abandono del desarrollo urbano al mercado, FONATUR decidió concentrar sus esfuerzos en el adecuado mantenimiento de la zona hotelera y ceder su operación a las autoridades municipales en el resto de la ciudad, donde vive la inmensa mayoría de quienes aportan la mano de obra y servicios para el sector turismo, o la ‘industria sin chimeneas’ como se le suele llamar porque se cree que ésta no contamina. El turismo representa nueve de cada diez pesos producidos en Quintana Roo. Al ser Cancún el principal destino de turismo masivo de playa del país, el peso de esta industria es fundamental para la salud económica de la ciudad.

 

Así, en Cancún se encuentran al mismo tiempo dos ciudades: una zona hotelera, compuesta por veintiséis kilómetros de costa repleta de lujosos hoteles y centros comerciales, cubriendo casi la totalidad de la salida al mar de la ciudad; y una ciudad donde vive casi toda la población de la ciudad, dominada por la marginalidad y las visibles desigualdades ante el abandono de la gestión gubernamental del desarrollo social y urbano. Ambas partes de la ciudad están apenas unidas por dos accesos a la zona hotelera que, aunado a la dominancia de los hoteles ‘todo incluido’ que son islas de lujos con todos los servicios para el turista, provocan que la convivencia entre quienes visitan la ciudad y quienes la habitan se limite a una relación empleado-cliente, debido a los altos precios en la zona hotelera.

 

Además, quienes trabajan en la zona hotelera de la ciudad enfrentan jornadas extenuantes de no menos de diez horas diarias, con sólo un día de descanso a la semana. La mayor parte de quienes se someten a estos regímenes laborales son personas jóvenes con poca instrucción –la mitad de la población de la ciudad tiene menos de veinticinco años y sólo dieciocho por ciento del total cuenta con una licenciatura– dispuestas a invertir una gran parte de su tiempo en su lugar de trabajo para adquirir experiencia y un ingreso modesto, aunque éste dependa fuertemente de ingresos extraordinarios –como propinas– y la plaza laboral sea muchas veces temporal ante la dinámica cíclica del turismo. Éste es el perfil promedio de quien emigra a Cancún: una persona soltera, sin hijos, no mayor a veinticinco años y con estudios no mayores a nivel medio-superior o con licenciatura incompleta que, ante la falta de oportunidades en sus lugares de origen, busca una forma tropicalizada del ‘sueño americano’ en este destino turístico.

 

Pero la vida cotidiana que enfrentan estas personas derrumba en apenas unos meses las expectativas formadas previamente. Las complicadas jornadas laborales del sector hotelero hacen que, cuando llega el único día de descanso semanal, se dedique al descanso o a las labores del hogar; con lo que la interacción social se limita a la convivencia principalmente con compañeros de trabajo en espacios específicos, casi siempre privados. Esta situación se complica ante lo cerrados que son los círculos sociales de las familias y grupos de amigos con mayor antigüedad en la ciudad, lo que suele aislar al recién llegado. Así, Cancún se revela como es: una ciudad terriblemente solitaria.

 

Esto se exacerba ante la enorme deficiencia de espacios públicos en la ciudad para socializar, fruto del enfoque de mercado del desarrollo urbano de la ciudad: en las últimas décadas se han vuelto constantes los cambios de densidades y usos de suelo que buscan la privatización del espacio público, lo que ha llevado a un crecimiento desordenado, a la destrucción de áreas verdes, el cierre de accesos públicos a las playas y el abandono de los parques y centros deportivos públicos.

 

Este complicado panorama conduce a una sociedad fragmentada en una ciudad solitaria donde los problemas sociales son alarmantes: cincuenta y cuatro por ciento de la población en Cancún mayor de dieciocho años se considera en situación de inseguridad, y Quintana Roo ocupa el primer lugar nacional en la tasa de suicidios, casos de depresión y de consumo de alcohol y narcóticos, concentrados principalmente en la zona metropolitana de Cancún.

 

Sin embargo, dada la maduración de la ciudad tras casi cuarenta y cinco años desde su fundación oficial, se comienzan a formar redes sociales de apoyo y seguridad que repercuten en la dinámica social y política de la ciudad, donde destaca la formación de organizaciones sociales –tanto religiosas como no religiosas– que luchan por un adecuado desarrollo social y urbano de la ciudad. Pero el modelo económico de turismo masivo que sostiene a la ciudad comienza a mostrar sus debilidades estructurales, ante el incremento de la competencia en el Caribe, incluso en la misma Riviera Maya mexicana –donde Playa del Carmen ha aprendido de los errores cometidos en el desarrollo urbano y económico de su vecino Cancún–, y los cambios de comportamientos de consumo del turismo global lo demuestran; lo que a su vez explica en parte por qué comienza a haber una disminución en los flujos de inmigración ante la pérdida del atractivo y la maduración de la ciudad, con la disminución en la tasa de crecimiento medio anual de la población de 5.75 por ciento entre 2000 y 2010 a 3.75 por ciento entre 2010 y 2014.

 

Ante este escenario, Cancún enfrentará en el mediano plazo un punto de quiebre decisivo en su breve historia: o adapta su sociedad hacia una más incluyente y equitativa, con un modelo de desarrollo económico y urbano local que sea sostenido y sustentable, por medio de instrumentos participativos y adecuados de política pública; o podría empezar a ver cómo se desvanece la luz del faro de oportunidades que la ciudad representó para muchas personas.

*Carlos Brown Solà es maestro en Economía por El Colegio de México, chilango de nacimiento y cancunense por migración. Actualmente es asesor legislativo, analista y consultor económico y político. En sus tiempos libres estudia las ciudades.

BIBLIOGRAFÍA

CIJ A.C. 2015. Diagnóstico del contexto sociodemográfico del área de influencia del CIJ Cancún.

INEGI. 2011. Panorama sociodemográfico de Quintana Roo. Censo de Población y Vivienda (2010). pp. 8-11.

INEGI. 2015. Resultados definitivos. Censos Económicos 2014.

Sosa, A. y Cazal, A. 2015. El espacio público en la ciudad de Cancún frente al proyecto turístico. URBS. Revista de Estudios Urbanos y Ciencias Sociales, 5(2), pp. 65-80.

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