Bastardía etimológica. Palabras que ya no guardan relación con su origen y sólo a los ultracorrectores, ésos que dicen transtorno o copea o mas sin embargo, les interesaría regresar las voces al cauce y no dejarlas salir más. Labor vacía es empeñarse en buscarles padres para restituir su esencia original sólo por amor al pasado o por un mal entendido sentido de lo correcto. El pago con sal a esclavos o soldados pasó a convertirse en el pago monetario que se da a quien labora. La histeria, esa absurda enfermedad del útero errante dentro del cuerpo de una mujer, se convirtió en un tipo de neurosis que sufren mujeres, hombres y quimeras. Los ateos sueltan ojalás a diestra y siniestra sin sentir sus creencias traicionadas. Todos los días usamos palabras con origen perdido sin la mínima intención de encontrarlo. Aunque nunca está de más buscarlo con fines filológicos más que restitutivos.

 

En 1978, Edward Said, estudioso palestino nacido en Jerusalén y que, entre otras actividades, impartía literatura comparada en la Universidad de Columbia, en Nueva York, publicó el libro Orientalismo. Esta publicación creó por igual detractores y defensores del autor y de las ideas que vertía. La causa: Orientalismo no trata sino de poner en papel y bien explicado, lo que muchos de nosotros nos hemos planteado alguna vez: oriente es un concepto creado por la tradición europea con la intención, a veces involuntaria, de definir aquello donde es más visible el Otro. Una región rica, variada, contrastante en sí misma, ha sido reducida a un concepto donde se mete, a veces con calzador, todo lo que es ajeno a la cultura europea y tiempo después, a la estadounidense. La palabra que se supone se refiere a un punto cardinal, también es un concepto cultural; incluso, puede ser un insulto.

 

¿Desde cuándo oriente perdió su sentido original y se resignificó, como sucedió con salario o histeria? ¿En qué puntos geográficos la resignificación está presente? ¿Cuál será el oriente en un mapamundi material y mental en Papetee, Tahití; en Vientián, Laos, o en Teherán? Con un plus, todo se complica: Mercator, Gall-Peters, Goode: todas las proyecciones cartográficas mienten o al menos, son verdades enanas o flacas. ¿Dónde, cuánto, qué es el oriente?

 

Oriente es naciente, “levantante”, si hacemos una ligera investigación etimológica. El nacimiento del sol dio origen al término. Por donde nace el sol, ahí es oriente. La palabra levante, sinónimo de este y oriente, puede ayudar aún más a relacionarlos. Ironía para aquéllos que, por cuestiones ideológicas, toman a Oriente como el contrario, el enemigo, lo decadente: también etimológicamente, occidente es morir, caer.

 

¿Qué es oriente en nuestro contexto geográfico más íntimo? ¿Sucede lo mismo que Said explica y defiende en su libro? Hagamos pequeño el territorio. Reduzcamos los bordes. Oriente y occidente toman otros nombres en Guadalajara. Ya todos lo sabemos: “De la Calzada para allá” y “de la Calzada para acá” ¿Es tan cierto esto? Se podría decir que sí, que históricamente esa línea divide maneras de ver al Otro y provoca cierto desprecio por el del otro lado. Pero en la actualidad, las diferencias ya no se pueden dividir por un río que luego se entubó para crear una especie de Campos Elíseos Mexicanos y terminó siendo una calle ancha y desangelada en uno de los puntos más bajos de la ciudad. Los límites han cambiado, o más bien, se han multiplicado: López Mateos, Patria, Américas, Revolución, Circunvalación, Federalismo, en algunos tramos, también son pequeñas calzadas. La desigualdad ha crecido y no sólo se reduce a la Calzada Independencia. El fenómeno del orientalismo se replica, pero no en su contexto meramente geográfico, sino en esa tendencia reduccionista hacia el Otro. Además ¿Quién debe decir “para allá” y quién “para acá”? Cuestión de perspectiva, prejuicios y de poder, dirían algunos. Los dueños de Gran Terraza Oblatos o Fórum Tlaquepaque podrían hablar al respecto. ¿Alguna vez Edward Said visitó Guadalajara?

 

Pero así como norte no es lo mismo que nortearse, oriente no es lo mismo que orientarse. Delicias de la lengua que amargan, de nuevo, a los ultracorrectores: “debería decirse desnorteado, no norteado”. Orientarse es ubicarse adecuadamente en el espacio, a veces en el tiempo y a veces en la circunstancia, lo que deviene en una visión adecuada o fiel o menos miope de lo que nos rodea. Tal vez, y tomo esto como una especie de personal parto de significado nuevo, orientarse es dejar de ser reduccionistas. Dejar de ver sólo a la Calzada como un muro y comenzar a ver los pequeños límites que marcan desigualdad y que se ubican en toda la ciudad. Revisar qué tan lejos de nuestros puntos geográficos cotidianos están esos nuevos muros, esas mojoneras de desigualdad. Algo así como quitarle el significado que la Calzada tiene y ya no caer en la tentación ultracorrectora de decir “de la Calzada para allá y de la Calzada para acá” y con esto, ser más conscientes de nuestro alrededor, ubicarnos. Orientarnos.

La salida del sol

Por LUIS MORENORRUÍZ /

Ilustración: EDGAR SEIS

ASTROLABIO

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Un punto cardinal se convierte en un concepto cultural que se replica en distintas geografías; Guadalajara es una de ellas, aunque con matices propios

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