GUÍA

La paciencia de procurar la inmortalidad

Un vistazo al Taller Mexicano de Gobelinos.

Por JAVIER ANGULO /

Ilustración: DANIELA LADANCÉ

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En el Taller Mexicano de Gobelinos se trabaja con paciencia, porque de otra manera no se conseguiría la precisión necesaria para tejer un textil que de lejos parece una enorme hoja arrugada de papel aluminio, ni para reproducir a base de urdimbres la foto a blanco y negro de una de las primeras tocadas de punk en Guadalajara. Y paciencia es lo que se respira por todos los rincones de la casa del siglo XIX donde se tejen piezas de tela como no se ven en ningún otro lugar a la redonda. Telas que simulan lienzos con pinceladas de Rufino Tamayo, textiles que a simple vista serían bardas con leyendas en graffiti o un gigantesco ticket de compra. Le sienta bien a este taller la capacidad que tienen las paredes para aislarlo del bullicio del centro histórico, a pesar de ver pasar frente su puerta los camiones que conectan este punto con la periferia de la ciudad.

 

Una parte de la calle Contreras Medellín se ve desde la ventana, y dentro del cuarto un tejedor acompaña a la aguardentosa voz de Álex Lora al ritmo de “No hay pedo” mientras une los hilos de un telar. En la planta alta suenan los éxitos de Caifanes. Se puede realizar este trabajo escuchando la radio, pero tiene su chiste. “Tiene que ser de calidad, y por lo menos aquí valoramos la calidad en cuanto qué tan fiel es el tapiz al diseño original”, explica Solín, uno de los tejedores más jóvenes del taller. Vive en el centro de Tonalá, y a sus 26 años dedica gran parte de sus días al oficio, ocho horas en el taller y un par de horas más en casa, donde elabora tapices con sus propios diseños.

 

La gran mayoría de las piezas que se trabajan en el Taller Mexicano de Gobelinos son comisionadas por artistas nacionales y extranjeros, quienes en muchos casos no conocen personalmente este lugar. Las relaciones de la familia Ashida, que dirige el taller a través de la galería Arena México Arte Contemporáneo, han dado presencia en galerías de todo el mundo a una manufactura que en Guadalajara alguna vez estuvo a punto de extinguirse. Una técnica de hilado que data de la Europa del siglo XIII, traída a la ciudad en 1968 por el artista austriaco Fritz Riedl, quien formó en el oficio a la primera generación de tejedores locales. Algunos siguen hasta hoy. Riedl regresó a su país en 1976 para dirigir una escuela de textil, y ese primer taller de gobelinos en Guadalajara sufrió una paulatina desbandada. Fue en 1983 cuando los tejedores retomaron el trabajo por iniciativa de Carlos Ashida, un importante promotor cultural de Jalisco que entonces iniciaba su carrera. Ashida fue impulsor de eventos como la Feria de Arte Contemporáneo y Expo-Arte Guadalajara. Dirigió el Museo de las Artes de la UdeG y fue curador del Instituto Cultural Cabañas.

 

Jaime Ashida, hermano de Carlos, dirige hoy los proyectos a los que el taller dedica sus esfuerzos y sus paciencias. Es el único lugar de México donde se trabaja esta técnica y probablemente lo sea también de América Latina. Los artistas que contratan los servicios del taller mandan por correo la imagen que desean ver reproducida en el tapiz. La imagen se imprime en un plotter del tamaño real que ha de llevar el producto final, que suele variar entre dos y seis metros cuadrados. El hilo que se usa para tejer es de lana de borrego. En un estante del segundo piso están acomodados los rollos de hilo en una amplia variedad de colores. Rafael Morquecho, uno de los tejedores de la primera generación, se encarga de teñirlos.

 

La técnica empleada en este taller permite obtener efectos cromáticos y acabados en los textiles de tal manera que la búsqueda artística va más allá de la mera producción de artesanía. Se trata de explorar las posibilidades del textil para emular la realidad. Y aunque el valor está en la fidelidad que se alcance, el sello autoral del tejedor permanece en la medida en que se vuelve inviable una total exactitud. “El resultado del tapiz se distancia de la imagen original en tanto que es imposible reproducirla exactamente, es un proceso cien por ciento artesanal, desde el proceso del teñido de la lana hasta los acabados últimos del tapiz, que tienen que ver con la costura”, explica Jaime Ashida.

 

 

¿En qué criterios se basan para aceptar un proyecto?

 

Esta es una manufactura comercial que está abierta a la contratación de servicios con cualquiera que venga con un proyecto viable económicamente, y viable en el sentido de legitimidad, que no se trate de arruinar una apropiación de una imagen o que no se haya apropiado de los derechos de un tercero, es decir, que tenga los derechos pagados. También tenemos una serie de proyectos que hemos venido acumulando con el paso de los años, los cuales nosotros financiamos o cuyos derechos fueron adquiridos en cierto momento para su producción en tapiz.

 

“Obviamente nunca va a quedar exacto porque no tenemos un ojo como las computadoras que sacan copias”, platica Solín, por su parte. “Simplemente somos personas que hacen manufactura y cabe el error, pienso que eso es lo que hace a los gobelinos únicos, no es una copia pero es muy fiel”. Era un niño de seis años cuando se interesó por primera vez en el oficio. Su papá también tiene una trayectoria como parte de los tejedores originales del taller. Con un telar en casa, Solín empezó a jugar. “Fue lúdico y libre, nunca me impuso un diseño, más bien era yo quien me imponía las cosas. Tejía un solo color y al día siguiente quería meter tres o cuatro, después quería meter formas y así fui desarrollando poco a poco”, cuenta.

 

Solín militaba en un grupo de punk que se llamaba Roedor, así que al artista Israel Martínez le pareció muy significativo que fuera él quien se encargara de tejer la pieza “Punks contra el sistema”, la cual se exhibió en la edición 2017 de la conocida feria de arte contemporáneo Zona Maco en la Ciudad de México. La obra reproduce una fotografía a blanco y negro que fue tomada en 1989 durante un concierto de Sedición, la banda pionera del hardcore punk en Guadalajara. Es la imagen de un grupo de jóvenes que están entre el público, una de las primeras veces que se bailó slam en la ciudad, asegura Israel. “Es una imagen muy emotiva en el sentido de lo que reflejan estos adolescentes que estaban comenzando con el movimiento punk en Jalisco, que a su vez va a detonar un montón de cosas alrededor de la cultura alternativa. Ellos son el germen de muchas cosas que después se van a expandir por toda la ciudad”.

 

La pieza tardó tres meses en su manufactura y es una de las más difíciles en las que ha trabajado Solín. Dependiendo de la relación que pueda haber entre quien encarga el textil y quien lo elabora, se llega a hablar de una colaboración artista y tejedor, si bien el crédito principal es de quien propone la idea del proyecto. Al producto final se le cose una cédula donde además de la ficha técnica se incluye el nombre del tejedor. Para Jaime Ashida lo importante es atribuir el resultado y la calidad del mismo a una persona, más que a una organización como sería el Taller Mexicano de Gobelinos.

 

“Un poco entre broma y en serio imaginaba una escena, algunos siglos en el futuro, en que un antropólogo que esté estudiando alguna etapa dentro de la historia de la cultura de la humanidad que tiene que ver con el arte textil, pueda reconocer un tapiz por esta cédula y pueda decir es un tapiz que se produjo en el Taller Mexicano de Gobelinos y además la elaboró un tejedor en específico”.

 

Presente en el arte desde tiempos inmemoriales, la búsqueda de la trascendencia no está ausente de los esfuerzos que esta casa de Guadalajara proyecta al exterior, en parte gracias a la resistencia y la durabilidad del material con que se trabaja. En un video que Israel Martínez grabó durante la manufactura del tapiz mencionado, Solín comparte su visión al respecto: “yo pienso que este trabajo es uno de los pocos que van a alcanzar la inmortalidad siempre y cuando efectos naturales o de otra índole no afecten al gobelino. Así como hay castillos que se construyeron hace más de 600 años y prevalecen, pienso que los gobelinos van a alcanzar la inmortalidad en ese sentido”.

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