HABITANTES

La originalidad de ser pirata

Jota Izquierdo y su exposición Modernidad Pirateada muestran fenómenos locales con raíces globales: la piratería como expresión cultural de un capitalismo antisistema.

Por ANGEL MELGOZA /

Fotografía: SOFÍA VARELA

Print Friendly and PDF

En México una jota puede ser sinónimo de un ‘hombre maricón’. Si joto había sido el nombre despectivo que el machismo les había impuesto a los homosexuales, ellos en un afán de juego, reto y superioridad lo habían llevado al extremo femenino: una jota es una persona homosexual orgullosa. Pero cuando José Manuel García Izquierdo llegó a este país no sabía que su nombre artístico era tan problemático.

 

Jota Izquierdo es un artista plástico que estudió en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, España; llegó a México con 32 años y un proyecto de arte electrónico.

 

La ciudad capital de un país que no tiene punto de comparación con otro en Europa le hizo explotar nuevas formas: se introdujo en la investigación artística y el arte documental, encontró herramientas e inspiración en el mundo mexicano de la reproducción masiva, la hipertrofia de un capitalismo radical, como él describe Tepito: una de sus principales fuentes. Este barrio tradicional de la Ciudad de México es esa referencia que en el inconsciente de quienes hemos vivido en México significa peligro, robo y comercio; la muestra condensada y aumentada de todos los tianguis del país.

 

“En Tepito se les hace muy difícil llamarme Jota porque sienten que me están insultando, es como si me llamaran maricón en España, entonces me llaman JJ por ejemplo”, dice Jota Jota; “en la comunidad gay se vuelven locos cuando me conocen, me dicen en serio te llamas Jota, porque es como si alguien hubiese tenido los cojones de llamarse maricón”, ríe Jota, y termina diciendo que llamarse Jota para él es como ser un José, pero más cool “y ahí me llamo JJ para que todo mundo se aliviane”.

 

Hablo con Jota durante el último día de su exposición Modernidad Pirateada en el Museo Universitario del Chopo en la colonia Santa María la Ribera, en la Ciudad de México. La historia de este espacio, el museo que alberga la exposición, se remonta a los tiempos del Jugendstil, un estilo arquitectónico caracterizado por la simbiosis entre la fuerza del hierro y la delicadeza de los ornamentos, la belleza como estímulo intelectual y la creatividad en función del uso diario. Este estilo también es conocido internacionalmente como Art Nouveau o Modernismo.

 

Inspirado en el estilo Jugendstil alemán, en 1902 Bruno Möhring construyó una estructura de cuatro salas de exhibición para la feria regional de Düsseldorf. Al concluir ésta, la Compañía Mexicana de Exposición Permanente compró tres de las salas; estaban interesados en realizar exposiciones comerciales de productos industriales y artísticos en México.

 

La gran sala de Möhring es el edificio de altas torres que asemejan campanarios, enormes ventanales violetas que sincronizan el interior del edificio con el tiempo del sol, y un pórtico amplio que termina por completar su parecido con una catedral. Esta sala fue ensamblada en la emergente colonia Santa María la Ribera en 1903. Para aquellos días esta colonia era la primera en ser planeada y fraccionada en la Ciudad de México. Un lugar que contaba con servicios y estaba cerca del centro de la capital. Un espacio atractivo para las familias de clase media, un hito de modernidad.

 

Tanto el estilo Art Nouveau que nos alberga en el Museo del Chopo, como la colonia donde se sitúa (Santa María la Ribera), conforman el escenario de modernidad que ahora la exposición de Jota Izquierdo reta a reconsiderar. Modernidad Pirateada visibiliza lo que está aquí, ahí atrás en el afamado tianguis del Chopo, o en cualquier esquina de este país: la piratería, la reproducción de los industria internacional a precios de la economía local.

 

A través de una entrevista con un diario que se distribuye en todo el país, Jota entendió que a quienes toman las mayores decisiones de este país les gusta contar siempre la misma historia: un editor del periódico envió a un reportero a preguntar “¿qué relación hay entre el narco y la piratería? ¡Pum! Así la primera pregunta. Le dije perdona, pero como no has venido a la exposición a lo mejor no has visto que ésta no tiene nada que ver con eso, que estamos hablando de un proceso cultural... y aún así le contesté la pregunta. Es real, el narco se ha metido en la piratería, pero la piratería ha sido un negocio familiar tradicionalmente, y el narco se ha metido en piratería, como se ha metido en política, en las tortillas, en todo, y eso lo sabe cualquiera. Pero Milenio no quería contar esa historia.”

 

La propuesta política de la exposición que termina hoy hace justo una lectura distinta para salir de la interpretación recurrente, simple. La curiosidad de Jota ha sido la gasolina que ha alimentado el interés por saber más, por investigar sobre una cultura que en Ciudad de México es la vivencia cotidiana, el alma de la calle: Tepito es una de las zonas centrales de su búsqueda, y mientras “Milenio puede ver un fayuquero y un contrabandista, yo veo un comerciante que se busca la vida, todo está ahí a la vez y el contexto y las lecturas cambian la perspectiva”.

 

La piratería es mucho más que descargar una canción a nuestra computadora, pretender volver a la piratería una delincuencia criminalizada es no entenderla. Lo que aprendió Jota en el proceso de elaboración de esta propuesta, fue la enorme distancia que existe entre clases sociales en México. Las diferencias de clase tienen culturas diferentes que se rechazan, que no se quieren conocer, que se criminalizan y marginan, son clases que se estigmatizan y se creen opuestas: “por moverme en el mundo del arte tengo gente que no ha subido al metro en 20 años, entonces qué coño quieres saber del país si no te subes al metro”.

 

Acabar con la piratería sería acabar con el capitalismo, asegura Izquierdo. Los primeros formatos en reproducirse ilegalmente en México fueron los audiocasetes, después videocasetes, CDs, DVDs… Esto desde la década de los ochentas, cuando se inauguró un nuevo capítulo en la historia del comercio urbano del país. “El material apócrifo masifica el consumo de productos culturales y crea nuevos nichos en el comercio informal: la venta de piratería”. Mercados, calles, plazas, tianguis, todo lo ha transformado la piratería en nuestro país. ¿Quién puede imaginar los mercados históricos de su ciudad sin la ‘estética pirata’?

 

Lo que hizo Jota Izquierdo en la exposición del Museo del Chopo fue convocar a veinte artistas que presentaron elementos desde fotografías, gráficos, vídeos o demás archivos, para mostrar y proponer un entendimiento distinto de la piratería; más allá de quitarle valor o criminalizarla, propone entender cómo las culturas populares se incorporan a la modernidad con sus propios métodos y estrategias ‘piratas’, originales.

Jota Izquierdo (izquierda) y Giacomo Castagnola (derecha) muestran la exposición / Foto: Sofía Varela

La piratería no es Procomún

 

El concepto de Procomún (modelo para producir y gestionar en comunidad bienes y recursos) que ha comenzado a inundar conferencias, trabajos académicos y aulas universitarias, es representado por unos cuantos académicos españoles en México, uno visita hoy la exposición donde la modernidad es pirata, donde el Procomún se realiza desde épocas más antiguas a las que han podido teorizar. “A las élites les encanta esa mierda de Procomún, les encanta el buen rollo y no se dan cuenta que gente creativa en la calle, gente sobreviviendo aqui en el sur global, realizan el Procomún de otra forma. Pero Procomún es que sueltes la lanita, que pagues impuestos. Salió la noticia de 80 mil millones de pesos que no habían pagado las empresas, que había condonado el SAT... ¿Cómo vas a Tepito y les dices que no copien? Además deja Tepito, ¡Youtube es la cosa más pirata del mundo mundial!”

 

Jota Izquierdo tiene seis años investigando temas relacionados a las condiciones de producción y consumo (economía), de fracaso de los grandes sistemas ideológicos (filosofía política), y de las condiciones sensacionalistas en los medios de comunicación (teoría de la comunicación) que en conjunto dialogan sobre el fracaso del sistema económico capitalista para resolver sus propias contradicciones, generando lo que algunos llaman Capitalismo Amarillista, es decir, un capitalismo de menor categoría o calidad. Como la piratería misma.

 

El concepto de modernidad pirata viene del trabajo de Ravi Sundaram, un ingeniero que utilizó la historia contemporánea de Nueva Delhi para mostrar que el diseño urbano promovido por planificadores estadounidenses allá en la década de 1950, basado en la materia económica que busca la máxima eficiencia, fue rebasado hacia 1977 por la expansión masiva de las personas hacia la ciudad, generando la crisis urbana que tuvieron en los años noventa. Como práctica, la modernidad pirata es una forma ilícita de globalización.

 

La cultura pirata se genera cuando las personas no pueden formar parte de la ciudad legal, cuando éstas no alcanzan los requisitos del mercado; entonces crean y encuentran nuevas formas de insertarse en las condiciones económicas y sociales del mundo globalizado. Ellos se enfrentan a los ataques de las élites: desde estar frente a los tribunales o hasta aparecer señalados en los medios de comunicación.

 

A su vez el amarillismo del capital se compone de resistencias y formas de supervivencia que se encarnan en los contextos culturales de cada localidad, produciendo nuevas formas de crear y comercializar objetos o servicios. Como aquella que ponen en práctica los fayuqueros, personas que comercializan mercancía ilegal, y que llevaron a Jota a recorrer China para conocer el proceso de traer desde allá ropa, bolsas, cds, cassettes... piratería, ¡chinaderas! “Son todos estos objetos que te venden por 10 pesos en el metro”, entonces Jota imita el clásico grito que el vendedor chilango pone en práctica en el metro, tanguis o pecero: “En esta ocasión les traigo la pluma mapa, el útil bolígrafo doble uso...” Son las cosas que siempre cuestan 10 pesos, “eso que en México llaman chingaderas, pero que en Tepito les dicen chinaderas”.

 

Uno de los ejes que Jota quería explorar era la piratería musical, pero nadie sabe si fue él quien entró al mundo sonidero, o el sonidero el que entró a él.

La sala del Museo del Chopo / Foto: Sofía Varela

Un Cóndor reclama el Zócalo

 

La Merced es uno de los barrios históricos de la capital del país. En tiempos de los Aztecas se cree que fue ésta la zona más grande, antigua e importante del Imperio. Aquí es donde, desde hace unos cuarenta años, se añejó la tradición de montar bocinas, a un animador y hacer poderosas, populares y pachangueras mezclas musicales.

 

El Sonidero es una experiencia que Jota describe como catatónica: una especie de rigidez muscular, estupor mental y gran excitación, que provoca ver cerradas grandes avenidas por donde usualmente circulan millones de autos en la ciudad, sonideros que suenan hasta por 24 horas, y un comunidad de distintos equipos que convertían aquello en una especie de expo sonidera en la calle: “el cinismo era una barbaridad, pero una barbaridad maravillosa. Los locatarios de La Merced contrataban sonidos grandes y eso fue creciendo”. Cientos de miles de personas iban a bailar al ritmo que el Sonidero tocaba, hasta que fue prohibido.

 

Los sonideros de La Merced ahora están prohibidos. “A los sonidos se les dejó crecer durante muchos años (tienen más de 45), pero nunca hubo policía, nunca hubo protección civil, hasta que aquello se desbordó. Hubo muertos, hubo cuestiones complejas, pero nunca se les protegió sino que se dejaba y se aprovechaba políticamente”, pero no es posible prohibir una cultura.

 

La principal plaza del país, la Plaza de la Constitución, el Zócalo, ha sido escenario de eventos culturales masivos que lo han desbordado, como los conciertos de artistas como Juan Gabriel, Café Tacvba, Manu Chao, o Silvio Rodríguez, u otros como Paul McCartney, Justin Bieber, Roger Waters o Sonido Cóndor en 2005.

 

Jota piensa que los sonideros no van a desaparecer, “es como los vagoneros del metro, hay informalidad, hay piratería, porque no hay trabajo. ¿Prefieres trabajar en un oxxo y ganar 2 mil pesos a las dos semanas, o trabajar de pirata?”

 

Por lo general el trabajo de los sonideros no ha sido reconocido, ha sido estigmatizado y ahora, que ocupa un lugar en una exposición artística en el Museo del Chopo, resulta un gran atractivo para muchos. La exposición ha atraído la atención de vecinos, medios, sonideros, la atención por una cultura alucinante de casi 50 años de mezclas e intercambios musicales con América Latina.

 

“Yo no quiero que ellos (los sonideros) se reconozcan porque yo se los estoy diciendo. Aunque el reconocimiento casi siempre viene de fuera, es decir, es muy difícil levantarse por la mañana y sentirse un campeón total, pero se genera también una sensación extraña, es como si tuvieran que venir de fuera a decirnos que qué bonito es todo esto”, dice Jota cuando habla de su condición de extranjero y su trabajo con los grupos de sonideros en México, al que entiende como “un país poscolonial que se mira en un espejo desde fuera, aquí las élites siempre están al pendiente de lo que pasa en Estados Unidos”.

 

 

Además del movimiento sonidero, la exposición aborda la relación musical entre Colombia y Monterrey, las expresiones culturales de los fanzines, la escena punk de Guadalajara y de la Ciudad de México, los grupos de black metal mexicano, las disqueras independientes, el hardcore y el rock. Todo con obra gráfica, vídeos, fotos, instalaciones y archivos y colecciones piratas y originales de Mirjiam Wirz, Jorge Silva, Darío Blanco, Jota Izquierdo, Diego Ibañez, Yasodari Sánchez y Ángela Chapa, Vicente Razo, Audimix, Daniel Guzmán, Israel Martínez, Laureana Toledo, Sarah Minter, Pablo Gaytán, Juan Pablo Macías, Enrique Arriaga, Karina Morales, Cristian Franco, Carlos Somonte, Luis Figueroa y El Proyecto Sonidero.

Print Friendly and PDF

Territorio

¡Suscríbete!

Casa

Recibe reportajes, crónicas, entrevistas, 
0 invitaciones especiales a nuestros eventos.

Común

Plural

Tienda

© 2017 Territorio.

Contacto: redaccion@territorio.mx

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.