HABITANTES

La "loca" de Santurce

Luis Negrón debutó como escritor con nueve cuentos que retratan el mundillo gay en un barrio marginal de San Juan; desde 2010, Mundo Cruel es uno de los libros más vendidos en Puerto Rico, se llevó al teatro, ganó un premio literario y fue traducido al inglés por Suzanne Jill Levine, traductora de autores como Jorge Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante y Manuel Puig

Por EUGENIA COPPEL /

Fotografía: ALBERTO BARTOLOMEI

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Luis Negrón anunció que era homosexual mucho tiempo antes de poder salir del closet literario. De lo primero han pasado ya más de veinte años: el narrador puertorriqueño había dejado la casa familiar en Guayama, un pueblo costero al sur de la isla, y se había instalado en Santurce, un barrio marginal de San Juan.

 

─Por la mañana le dije a una amiga que era bisexual y ya en la tarde era gay ─recuerda ahora con sonrisa burlona.

 

También su debut como cuentista tuvo lugar en una barra, o puesto de licores santurcino. En sitios como ese, una amiga suya organizaba las Bohemiadas de Orgullo Gay, que podrían haber sido fiestas como cualquiera si no es porque a medianoche se mandaba callar la música y la charla para dejar que algún asistente leyera un cuento o poema.

 

Dice Luis que, por cariño a su amiga, se animó a compartir sus relatos satíricos con un público parecido a sus personajes y a él mismo: homosexuales de barrio pobre en un país pobre. Gente que vive al margen del margen. Pero que a pesar de la crueldad ambiente ha aprendido a reírse de sí misma.

 

Los nueve relatos que reunió después son “un homenaje a las locas” que lo acogieron en las barras gay de Santurce. Y así nació Mundo Cruel, que desde su publicación en el 2010 se ha colocado en la lista de los libros más vendidos en Puerto Rico. Se llevó al teatro con éxito en San Juan y en La Habana, y próximamente se hará en Nueva York. Tras su traducción al inglés ganó el Premio Literario Lambda, que desde 1992 reconoce a las mejores obras de temática LGBT en Estados Unidos. Fue la primera obra traducida en recibir ese premio.

 

Pero cuando Luis escribió sus cuentos no se propuso figurar en los estantes de la literatura gay. Tampoco hacer relatos humorísticos. Mucho menos  denunciar el machismo boricua ni reivindicar la igualdad de derechos. Lo que buscaba era retratar su mundo de humanos complejos: víctimas y victimarios. Y de paso, dice, “celebrar la mariconería”.

 

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Santurce es un barrio con cuarenta sub-barrios, y el más poblado de Puerto Rico con casi 100 mil personas. Antes de ser bautizado en honor a un terrateniente vasco se le conocía como Cangrejos, cuando fue habitado por esclavos fugitivos de otros territorios del caribe que se instalaron ahí con autorización de la corona española.

 

En este lugar comenzcó a materializarse la victoria de Estados Unidos sobre España (1898). Santurce fue el primer barrio que se construyó fuera del viejo San Juan; el emblema de la modernización. Las construcciones Art Déco de la avenida Ponce de León son testigo de la bonanza que comenzó con la administración estadounidense y que se extendió hasta mediados del siglo pasado.

 

Hoy se aconseja prudencia a los turistas que deciden acercarse al barrio. Las casas y edificios abandonados funcionan como postales de la crisis que arrastra la isla con estatus de Estado Libre Asociado de Estados Unidos, cuya deuda pública supera los 73 mil millones de dólares: el 102% de su PIB. Al mismo tiempo, sus muros maltrechos se han cubierto en los últimos años con decenas de murales de colores que gritan que Santurce no se ha dado por muerto.

 

El Santurce de hoy es heterogéneo, como lo describe Luis Negrón en su Mundo Cruel:

 

“Peste a alcantarillas las 24 horas del día. Calor insoportable. Reguetón, salsa de la vieja, boleros, bachatas, velloneras, billares, máquinas tragamonedas. Barras de mujeres desnudas, barras de dominicanos, barras gays. Colegios católicos, de barbería, tecnológicos y de hacerse un profesional en tan solo un año y sin muchas asignaciones. Tiendas de tela, de artículos de arte, de farmacias sin receta, de barberías y beauties”.

 

Luis camina tranquilo por su barrio, donde dice sentirse “como en la barriga de su madre”. Cae el sol de la tarde y la salsa suena fuerte en La Grilla: una barra con luz neón que además de licores vende alimentos enlatados y papel de baño. Antes de posar en la calle de enfrente para las fotos que acompañan a este texto, el escritor entra al local y saluda de mano al encargado y al único cliente, para asegurar que la cámara no representa un problema. Luego le da al cuidacoches “unos pesos”, que son en realidad centavos de dólar, por haber utilizado la silla de plástico con que apartaba el espacio de estacionamiento.

 

La casa de Luis queda a unos cuantos pasos de aquí, y a unas calles su lugar de trabajo en la librería local Libros AC. Excepto por estos días de mediados de marzo, en los que se celebra en San Juan el VII Congreso Internacional de la Lengua Española y él debe atender a los lectores en un pequeño stand del Centro de Convenciones. Según Ana Teresa Toro, periodista cultural puertorriqueña, Luis tiene un don para recomendar libros a medida: “si te duele una pierna, se lo dices y él te da la lectura que necesitas”.

 

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Luis Negrón explica cómo es que su Mundo Cruel se convirtió en un éxito en “Nueva Yolk”, donde está la mayor concentración de boricuas en el mundo. Una mujer dominicana, dueña de una cafetería sanjuanera y amiga del escritor, le envió el libro a su hijo, Gabriel Espinal, quien recién había conseguido trabajo como asistente de editor en la casa editorial Seven Stories Press.

 

Espinal no sólo convenció a sus jefes de traducir unos cuentos puertorriqueños, sino que consiguió a una de las figuras clave en la traducción de literatura latinoamericana al inglés: Suzanne Jill Levine, traductora de autores como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Guillermo Cabrera Infante y Manuel Puig. Y también escritora de libros, como el ensayo Escriba subversiva: una poética de la traducción y la biografía Manuel Puig y la mujer araña.

 

Levine respondió al principio que no buscaba traducir nuevos (y desconocidos) autores. Pero como admiraba el trabajo de la editorial, aceptó leer el borrador. Pronto quedó enganchada con el lenguaje callejero de Negrón. Su estilo desenfadado y cinematográfico le recordó a los libros de Puig, con quien además tuvo una relación de amistad.

 

Cuenta la traductora, en la revista Asymptote, que mientras pasaba las páginas de Mundo Cruel se descubrió en constantes explosiones de risa. Consideró “un milagro” el hecho de descubrir un escritor de humor astuto, creador de personajes ordinarios y a la vez extraordinarios, y capaz de convertir un microcosmos más bien sórdido en una fiesta de oralidad del mundillo gay isleño.

 

A Luis le halaga que en las reseñas lo comparen con Puig, su “diosa favorita”, con quien comparte el origen humilde, la orientación sexual y una inevitable inclinación al melodrama. En Mundo Cruel le rinde homenaje con un epígrafe y en el cuento La Edwin, al adaptar un recurso que el narrador argentino utilizó en La traición de Rita Hayworth: una llamada donde el lector sólo escucha lo que se dice de un lado del teléfono.

 

“Aló… ¿Loca? ¡Por fin contestas ese celular!... Si no es por la Jorge no sé de ti. Niña… Ya te has mudado por todo Santurce… Sí, la Jorge ya me dijo. Tú no aprendes, niña. Y por falta de consejo no es. Mira, que no es fácil vivir con familiares [...] Oye, cambiando el tema, ¿te llamo la Edwin?... Sí, Edwin. La que se cree hombre. Nena, la del grupo de apoyo… Qué raro porque la loca está llamando a todo el mundo… Sí, nena, esa misma… Ay, yo no sabía que le decían así. Eres mala, niña, mala… Bueno, me llamó anoche, bo-rra-cha… Diciéndome que se sentía solo, que para él era difícil bregar con esta pendejá, refiriéndose a la patería… Yo la dejé hablar… Para que se desahogara. [...] La cosa es que la dejó un macho… Si loqui, ella se metió con un fupista de esos que ponen bombas y que quieren al ROTC fuera de la universidad… Sí mija, como no pueden liberar la patria ahora se van a liberar sexualmente...”

 

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El libro de Luis Negrón lleva, además, un epígrafe firmado por Puig:

 

─¿Entonces, un melodrama es un drama hecho por quien no supo, señorita?

─No exactamente, pero en cierto modo, sí es un producto de segunda categoría.

 

La “loca” de Santurce no niega su propio pasado melodramático, que además de narrar en esta entrevista reseña en un artículo de The New York Times.

 

Papi, Mami y los maestros de escuela lo golpeaban por hablar, moverse y comportarse como “pato” y encima leer libros llamados Mujercitas. Las infidelidades de Papi llevaron a Mami y a sus cuatro niños a vivir una vida seminómada por Guayama. Las alegrías del pequeño Luis consistían en tener zapatos nuevos para correr a la biblioteca del pueblo y transportarse a hogares felices mediante los libros; o en comprar a escondidas revistas para chicas y, gracias a ellas, mantener una correspondencia con lectoras de otros países.

 

En ese entonces quería ser famoso. No plomero, como su padre, ni alcohólico, como su madre. Tal vez actor o director de cine. Al final estudió periodismo y no se arrepiente. “El periodismo me dio voz”, dice Negrón, que nunca ejerció como reportero. No tenía interés en contar la vida de nadie ni “la realidad”. Pero aprendió herramientas como la economía del lenguaje, la capacidad de escucha y la necesidad de voltear a ver a otros.

 

Ya en sus años de estudiante comenzó con el oficio de librero, el posible causante de su miedo a publicar. Luis no se creía capaz de competir con las historias que lo hicieron soñar desde niño. Pero es un oficio que ama y no contempla dejar. Se explica:

 

─El sueño de tener una cabaña y escribir todo el día no es para mi, muchacha, me aburro. Yo no soy un escritor intelectual, soy un anecdotario. Y además hay muchos libros que vender; esa es mi mayor responsabilidad. Y además como y tengo que trabajar. Y además me gusta.

 

Las letras no han parado desde que decidió asumirse como escritor. Ahora está por publicar un libro de crónicas, trabaja en una novela de corte autobiográfico y en un musical que será llevado a escena. La vida es la materia prima de su literatura y narrar es el único lugar en el que está  completo. Sus dos salidas del clóset fueron igual de liberadoras:

 

─En ambos casos gané la palabra. Y lo chévere de hablar es que respiras.

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