REFLEJOS

La gente que no tiene nombre

El show es sólo el pretexto. La vida real ocurre donde el sudor, la emoción, los empujones y las melodías cantadas a grito abierto. Este es el ritual del público en fotos de Toni Francois, y David Barajas.

Por TONI FRANÇOIS y DAVID BARAJAS

Adentro, la fruta picada, las bebidas energizantes, la pizza, la cerveza y alguna petición absurda (en 2006 Iggy Pop exigió que su camerino fuera decorado por un artista homosexual, y que le dejaran un periódico inglés con historias de gente obesa). Los momentos de calma previos al show llenan la sala de conversaciones anodinas, voces que calientan la garganta y manos que se preparan para arrancar aullidos a una guitarra vieja. Afuera, la gente ya calentó, y cuando las luces se apaguen y los gritos se enciendan, el artista sólo será un pretexto para desatar el poder de la emoción colectiva, la verdadera razón por la cual una persona accede a sumergirse en un mar picado que empuja y que jala, que levanta y crea remolinos donde las caras se interponen en el camino de los puños. Puede ponerse violento, pero nadie dijo que debería ser de otra forma, el ritual de fundirse en el anonimato para contener el arrebato que estalla entre la multitud.

Print Friendly and PDF

edición diecisiete

Territorio

¡Suscríbete!

Casa

Recibe reportajes, crónicas, entrevistas, 
0 invitaciones especiales a nuestros eventos.

Común

Plural

Tienda

© 2017 Territorio.

Contacto: redaccion@territorio.mx

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.