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PRIVADO

La capitalización de las ideas

En Guadalajara la industria que convierte creatividad en propiedad intelectual
se abre el camino

Por ANGEL MELGOZA /

Fotografía: ANGEL MELGOZA

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En enero de 2012, el presidente Felipe Calderón anunció en Guadalajara el inicio de Ciudad Creativa Digital (CCD), un proyecto que busca convertir a la ciudad en un polo de la industria creativa, es decir, del desarrollo de software, videojuegos, efectos visuales y animación.

 

Para mediados de 2014, los avances se habían estancado, la asociación civil fue paralizada por falta de presupuesto y la presidencia del fideicomiso cometió errores garrafales, como el de abril de este año en que devolvió 30 millones de pesos a la federación por no ejercer los recursos que suponían ser un apoyo para el desarrollo de la industria. Este hecho provocó que el proyecto de CCD se renovara hace unas semanas con la llegada de recursos para la asociación civil y un nuevo nombramiento en la presidencia del fideicomiso.

 

En abril de 2015 se creó la Asociación Jalisciense de Industrias Creativas (AJIC o Jalisco Creativo), una organización que tiene como objetivo “convertir las industrias creativas en uno de los sectores industriales, económicos y culturales estratégicos del país para generar riqueza.” Desde enero de 2016, los miembros de la asociación retomaron la organización de actividades, y para el lunes 06 de junio cuatro actores de la industria creativa se reunían con el gobernador del estado. Días después se anunciaría la salida de un funcionario público allegado al gobernador, Mauricio Navarro, que fue reemplazado por uno cercano al secretario de innovación, Julio Acevedo, ex directivo de Hewlett-Packard (HP). Este fue el primer gran triunfo de un grupo organizado.

 

En marzo de este año, la asociación civil de CCD cuya dirección está a cargo de Carlos Gutiérrez, recibió presupuesto y se abrió la primer oficina que ha tenido la asociación.

 

Los nuevos nombramientos emocionan a un grupo de empresarios que buscan consolidar sus empresas y jugar sus cartas políticas de igual manera, con creatividad. Animación, efectos visuales y videojuegos son los productos de una industria que pasó de llamarse multimedia a creativa. Estas personas se agrupan para impulsar su industria, sus intereses y los de su visión de ciudad, ¿quiénes son, de dónde vienen, y a qué aspiran los actores de las industrias creativas?

Carlos Gutiérrez quería competir

 

Un día quiso competir con Disney-Pixar. Hijo de un médico cirujano, Carlos Gutiérrez vivía en Zacatecas cuando empezó a estudiar ingeniería industrial, se imaginó su futuro en una línea de producción, y huyó de él; cambió a mercadotecnia, comenzó a trabajar en una pequeña agencia de publicidad donde su grueso tono de voz lo llevó a hacer comerciales y radio. Conceptualizar campañas de marketing no era lo suyo, quería crear, por eso cambió de ciudad y de carrera, pasó a vivir a Guadalajara y a estudiar diseño gráfico. A pesar de que nunca ha dibujado bien, Carlos Gutiérrez hoy produce y dirige la película Día de Muertos, además se prepara para competir en noviembre de 2017 con Coco de Disney-Pixar, una película basada en la tradición mexicana del día de muertos.

 

Carlos Gutiérrez es una de las primeras personas que entraron a la industria creativa. Trabajaba en una agencia de publicidad cuando abrieron el área de producción audiovisual. Hacían animación y programación 3D, eran casi los años dosmil y en Guadalajara sólo otro empresario tenía un equipo que se podía comparar con el de Juan Carlos Lozano, dueño de la agencia, que invirtió unos dos millones y medio de pesos en hardware.

 

“Yo me pasé al área audiovisual, y en dos años me convertí en el director —cuenta Carlos—. Iniciamos cuatro personas: multimedia, animación 3D, composición y edición, y dirección. La empecé a crecer, y llegamos a ser 18 personas.”

 

Un día Carlos recibió a Jaime Jasso, un joven amigo de su primo que quería trabajar, y quien llevó un ejemplo de lo que hacía, “se veía como un demo clásico, nada especial, le dije te busco luego”, más tarde ese joven le mintió. Es muy probable que Jaime Jasso sea el primer gran artista digital de Guadalajara; en las entrevistas su nombre es concurrido, un claro referente, cuando Carlos lo contrató, Jaime le había dicho que sabía hacer lo que no sabía, “¡después me confesó que no tenía ni idea de cómo hacer lo que le había pedido!” dice Carlos divertido, y agrega: “Hoy él es Senior Digital Matte Artist en Industrial Light & Magic” la empresa de George Lucas donde se encarga de crear sueños: ilustra los paisajes o locaciones que permiten a los cineastas crear la ilusión de un ambiente fantástico que no existe en la vida real o que sería demasiado costoso o imposible de construir o visitar. Una de las últimas películas en las que trabajó fue Star Wars: El Despertar de la Fuerza, pero en ese entonces sólo quería aprender a generar transparencia en un garrafón con un logotipo de Agua Arcoiris.

 

Un mal manejo de la agencia la llevó a la quiebra: “Yo compré todo el equipo.” Carlos compró el equipo, y junto a sus amigos se dirigió al Botanas & Beer Bar, a un costado un amigo tenía una casa que se convertiría en la oficina de Metacube, empresa que hoy se dedica a la animación digital y los efectos visuales para cine y televisión, pero que comenzó “produciendo lo que fuera, comerciales para C&A, Intel, Fiestas de Octubre, era agosto del 2002”, dice Carlos quien junto a Rubén Pérez y Jaime Jasso había fundado la empresa.

 

Todo parecía ir demasiado bien cuando la democratización de la tecnología les vino mal. Equipos como el de corrección de color o los estudios con telecines para la post-producción de películas y comerciales que valían 250 mil dólares, pasaron a costar 5 mil: “perdimos la ventaja competitiva. Idealicé mucho esa empresa, si la hubieras conocido... Hoy es una mueblería”, Carlos habla con un dejo de nostalgia, “era una máquina de hacer dinero”, recuerda su éxito fugaz.

 

Metacube siguió trabajando en la producción de comerciales y de efectos visuales para películas, “hicimos alrededor de 400 comerciales: Tetra Pak, Coca-Cola, Mcdonald's en EEUU, las frutas kamikaze de Boing; y efectos visuales en 10 largometrajes”, con ello fondeaba la generación de propiedad intelectual, “en el 2002 empezamos a hacer un guión para el largometraje de Día de Muertos, 2007 se registra en Indautor y en 2009 una nueva versión.”

 

Metacube reunió talento de todas partes para hacer su película, llegaron pintores que vendían sus obras en una glorieta de la ciudad, artistas que trabajaban en otros estudios y los primeros graduados de los cursos y escuelas de diseño y animación digital. “Yo creo que han pasado más de mil personas por Metacube”, dice Carlos, y recuerda nombres de personas que trabajaron con él y que hoy son empresarios del gremio, uno es Yoanpablo Pérez, ex-compañero universitario de Jaime Jasso cuya habilidad eran las ventas.

Yoanpablo Pérez es un buen vendedor

 

Visité a Yoanpablo en las oficinas de su empresa Gyroscopik, un nombre que es más fácil pronunciar que escribir. Las oficinas son una casa en Chapalita, una colonia de clase media-alta de Guadalajara. En un ambiente con poca luz hay un comedor y una barra de bar a la entrada, frente a ella cámaras y artilugios cinematográficos descansan como decoración. “Cuando entré a la universidad me compraron mi primer computadora, ¡mis primeros planos los hice en Paint!  —dice Yoanpablo Pérez recordado una época remota—, Jaime y yo estábamos en el mismo salón, no nos llevábamos mucho. Yo era el único que llevaba laptop a la universidad, y mi tableta, la primer Wacom, ¡yo bocetaba en computadora y terminé dándole clases a los maestros!”

 

Yoanpablo, 37 años, es un tipo con energía, ruidoso, lleva una camisa de cuello y puños blancos, fajado en pantalón sastre camina con la ayuda de un bastón, hace poco un trastorno autoinmunitario casi le detiene todos los órganos. El síndrome de Guillain-Barré le dañó los nervios, estaba parapléjico, pero desde enero ha vuelto a la batalla. Yoanpablo ha asesorado a la Universidad Panamericana para que abriera su carrera de Ingeniería en Animación Digital en 2010 y ahora es invitado del rector del centro de arte, arquitectura y diseño de la universidad del estado, Ernesto Flores Gallo, para generar la carrera de animación digital.

 

 

Para Yoanpablo “todas las universidades quieren hacer negocio”, se refiere a las escuelas privadas, “yo antes tenía practicantes, ya no. Terminas de enseñarlos y se van. Por eso hace tres años abrimos la academia.” En Gyroscopik reciben personas que quieren aprender, les cobran una mensualidad de siete mil pesos y en un año terminan con un demo reel, una presentación en vídeo que resume los trabajos realizados. “Lo único que necesitan son diez segundos de animación, con su concept, story board... ¡Yo les enseño a hacer lo que necesitan en un estudio! [...] La carrera de animación en ninguna parte del mundo es licenciatura, ni ingeniería, ni nada de eso, son carreras técnicas o especialidades.”

 

El modelo de aprendizaje que una persona necesita para trabajar en las industrias creativas es tan distinto y flexible que pone en encrucijada el modelo tradicional de educación, “en las universidades quieren licenciados, maestros o doctores para dar clases, ¡en esta industria no hay eso! El chavito de prepa es una pistola al lado de sus “maestros” con maestría o doctorado”, asegura Yoanpablo. Las universidades pueden llegar a parecer incompetentes ante un estudiante apasionado que puede aprender de forma autodidacta. El director de Gyroscopik, y secretario de la Asociación de las Industrias Creativas, Yoanpablo Pérez, confiesa: “Tengo un choque con las universidades, ellos quieren que nosotros les hagamos el caldo gordo cuando en la realidad ves a los chavos de octavo semestre y son una porquería sus demos. Los están asaltando, les están robando el dinero a los papás.”

 

Este es un desafío al status quo que las grandes universidades comenzaron a cooptar en agosto del 2007, cuando el Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara abrió la Licenciatura en Animación y Arte Digital, pero la 3DMX fue primero. En 2005 se reconoce la primer universidad de diseño digital y animación 3D en México, la 3DMX, ahora University of Advanced Technologies (UNIAT) nació en 2003 y ahí fue donde Jorge Morales tomó su primer curso en 3D Studio Max, un software de animación en tercera dimensión.

La pasión de Jorge Morales eran los videojuegos

 

Desde la preparatoria, en 1995, Jorge Morales hacía páginas web. Cuando entró a estudiar Ingeniería en Sistemas la fiesta lo enganchó. Perdió la beca que cubría los costos de cerca del 70 por ciento de sus estudios y volvió a hacer páginas web. “Perdí mi beca en 2001 y me puse a chambear”, Jorge utilizaba Flash para hacer páginas web y CD’s interactivos. Entre sus clientes había una cadena reconocida de salones de belleza, personalidades y artistas nacionales, “me fue muy fácil encontrar clientes”. Ahora el trabajo le quitaba tiempo, y le daba dinero. En 2003 se graduó y junto a dos compañeros formó una empresa, Mas Fusion Multimedia, pero su pasión siempre fueron los videojuegos.

 

En 2005 Jorge fue invitado a un grupo que se reunía los martes por la noche para hablar del primer festival de animación, efectos visuales y videojuegos del país. La opción más votada para el nombre del evento fue Creanimax, y la primera edición se hizo al año siguiente. Con presupuesto federal, municipal y de la industria electrónica, el primer Creanimax reunió a unas tres mil personas de todo el país. El festival duró apenas tres años, lo suficiente para que hoy sea recordado por… muy pocos. A pesar de ello es un referente de los eventos de tecnología que nacieron como iniciativas locales antes de que la franquicia española Campus Party se instalara como la opción de difusión de personajes, iniciativas y gobiernos. “En 2006 invitamos a una empresa Colombiana, Immersion Games. Ellos hacían juegos para Xbox y Play Station”, Jorge hizo amistad con ellos.

 

—Animado por Creanimax fui con mis socios y les dije que yo quería hacer juegos, vendí mi participación y me asocié con los colombianos. Así inicié Larva en 2007, pero yo me manejaba como Immersion Games México —cuenta Jorge Morales.

 

—¿Tú solo? ¿Sólo tú eras Larva?

 

—Sí —Responde con un temblor en la risa—. Armé el estudio en un pequeñísimo espacio que me prestaron para arrancar, empecé a contratar gente, puro entusiasta, no había nadie con currículum.

 

Jorge unió a apasionados de los videojuegos que solían trabajar en HP o en Intel, en las grandes empresas. A todos los había conocido en aquel festival del que fue organizador en 2007. “Eran personas que estaban dispuestos a apostarle al proyecto, con un sueldo mucho más bajo, entonces todo salía de mi bolsa. He de haber tenido como 400 o 500 mil pesos para el proyecto.”

 

En la Ciudad de México buscó a quien se debía buscar: el director de una de las cadenas más extendidas de distribución de videojuegos en el país, Gamers, necesitaba a alguien que le desarrollara un juego. “Yo cierro un trato para desarrollar el juego de la Lucha AAA para Play Station 3, Xbox 360 y Wii, aunque al final el de Wii ya no lo pudimos hacer.” Jorge Morales cuenta su experiencia y la complejidad en el desarrollo de videojuegos, a pesar de que el juego de la Lucha AAA tuvo mucha inversión, el modelo de negocio fue un fracaso, al inversionista le costó cuatro años recuperar la inversión. Se canceló el proyecto de hacer un segundo número y más tarde “los colombianos quebraron, se acabó Immersion Games y nosotros tomamos el nombre de Larva en 2010.”

 

Visito a Jorge Morales en las oficinas de su estudio, en el sótano de un Hotel de la ciudad, donde se planteó crear un centro comercial cuyos locales están vacíos y donde se respira un aire de inmensa soledad. “6 años, ¿cómo va Larva?” le pregunto a Morales y me responde: “No sé si has checado nuestra página...” después explicará a detalle cada proyecto realizado. Me quedo con la impresión de que Jorge quemó las naves con un proyecto que tuvo nombre de premonición: The Last Day On Earth.

 

Frente a su computadora, Jorge busca en google The Last Day On Earth, “lo anunciamos en grande. Ahora The Walking Dead sacó un capítulo que se llama The Last Day On Earth y me quitó los primeros lugares.” Es el teaser de un videojuego que hacían para Xbox 360 y Playstation 3, en la mejor época de Larva Studios, cuando habían comprado una empresa en Europa del Este con once personas, cuando el equipo llegó a ser de 40 miembros, cuando Jorge recibía 60 currículums al día, cuando anunciaron el desarrollo del Xbox One y el Playstation 4... Ahí fue cuando “todo nuestro modelo de negocio se fue al suelo. Se salió de control y tuvimos que cancelar el juego, cerré el estudio en Europa y aquí tuvimos que correr a casi toda la gente, de 40 se redujo a 12 personas. Regresamos al inicio.”

 

Cada que el mundo de los gamers se regocija ante los anuncios de las grandes empresas que producen consolas de videojuegos, cuando un nuevo equipo es anunciado, los pequeños desarrolladores de videojuegos alrededor del mundo empiezan a quebrar, y a quebrarse.

 

Mientras Larva continúa con actividades —un juego de fútbol para celulares auspiciado por Giovanni Dos Santos ha sido un gran éxito—, Jorge Morales ha iniciado una nueva compañía, VRIA, para la que bajó fondos públicos y la que lo ha llevado de nuevo a revisar los contactos de celebridades, entre sus nuevos clientes están Alejandro Sanz, Maná y Rafael Márquez, a quienes les vende contenidos de realidad virtual: “Es un arreglo de GoPros (la cámara de acción de alta definición que captura al mundo en gran angular), pongo 12 y editamos contenidos de realidad virtual. Por el momento son ocho personas en Larva, y cuatro en VRIA.”

 

Hablo con Jorge Morales sobre Creanimax y la Asociación de Industrias Creativas, “todos los que hicimos la asociación somos los que hicimos Creanimax”, me dice.

 

—¿Cómo desaparece un evento tan grande?

 

—Quisieron controlarlo, decían que la lana llegaba y no había, o sí, nadie sabía. Cuando vimos que Creanimax se fue al fracaso empezamos a ver por dónde. Queríamos hacer algo bien hecho, estuvimos tocando puertas y tratando que nos hicieran caso por años, 2009 a 2015, y apenas formalizamos la asociación el año pasado.

 

En 2006 se hizo la primer edición del festival Creanimax, el primer festival de animación digital, efectos visuales y videojuegos del país. El siguiente año Jorge Morales fue el presidente del festival, y para 2009 el evento era prácticamente un fantasma, ese fue el último año en que se realizó.

 

Creanimax fue el evento de arte, tecnología e industria en México que precedió al Campus Party. En el “campus” se reúnen personas que juegan, se relacionan e intercambian información y mercancías; es un festival de innovación, creatividad, ciencia, emprendedurismo y entretenimiento que reúne a jóvenes ‘geek’, nacido en España y realizado por primera vez en 1997.

El Campus Party de México se hace en Guadalajara

 

Es jueves 30 de junio y estoy en la sede del Campus Party México 2016, en la Expo Guadalajara, la mayor sede de exposiciones de la ciudad. El evento inició ayer y terminará el domingo 03 de julio. Espero la ceremonia de inauguración. Para enterarse de las actividades es necesario consultar el programa impreso que lleva como título el eslogan de este año: Feel The Future. En el programa, después del mensaje editorial de bienvenida, se extienden cartas de bienvenida de diferentes personas: del cofundador de Campus Party, Paco Ragageles; del gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval; del director de Jalisco Campus Party, Raúl Martín; del secretario de innovación, Jaime Reyes; del rector de la universidad pública del estado, Tonatiuh Bravo Padilla; del secretario federal de desarrollo social, José Antonio Meade; del director del Instituto Mexicano de la Juventud, José Manuel Romero; de los presidentes del Instituto Nacional del Emprendedor y de Canieti; y por último de los alcaldes de Guadalajara y Zapopan. Un desfile de aspiraciones políticas y económicas.

 

Desde un café frente a un gran salón escucho: “Aprovechen Campus Party, ¡este evento es de ustedes!”, después el grito atronador de unas mil personas. Escuchaban al director del Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve), José Manuel Romero, un político del PRI que había renunciado en diciembre del 2015 a la dirección del instituto para coordinar la campaña política de José Ignacio Peralta por el gobierno del estado de Colima, una campaña para una elección extraordinaria. Colima celebró unas segundas elecciones puesto que la primera, en junio del 2015, fue anulada debido a la intervención ilegal del gobierno del estado, que era priísta. Al final de cuentas, con quema de casillas, robo de paquetes electorales y amenazas de grupos armados a cuestas, el PRI volvió a ganar en enero del 2016, y el político Manuel Romero volvió, recibido por el secretario de desarrollo social José Antonio Meade, a la dirección del Imjuve en marzo de este año.

 

Pienso en el discurso de innovación, creatividad, ciencia y entretenimiento que conjuga Campus Party, y en ésta, la generación de jóvenes mexicanos con el mayor acceso a la información en la historia, ¿cómo puede ser ovacionado un personaje como José Manuel Romero en un evento así?

 

Miles de jóvenes, entusiastas de la tecnología y el entretenimiento, se reunieron bajo un evento de campaña empresarial y gubernamental. Es un evento de gran magnitud con una buena dosis de complejidad, en el que por ejemplo Javier Dávila y su proyecto Brainiacs ganaron un millón de pesos; a la empresa de Javier le quedaban dos semanas de vida antes de la premiación, el Hackatón con más participantes y propuestas generadas en el mundo le extendió la vida a su proyecto, un celular basado en texto donde se pueden habilitar aplicaciones que permiten superar las dificultades de comunicación en comunidades lejanas. Más allá, en las interminables mesas que se arremolinan en el centro de la Expo Guadalajara, muchos venden productos, juegan videojuegos, asisten a conferencias, observan drones y duermen en casas de campaña en el estacionamiento del lugar.

 

Le pregunté al secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología del gobierno de Jalisco, Jaime Reyes, sobre los proyectos que ha impulsado la institución que preside, llegamos al tema de Campus Party:

 

—El año pasado se constituyó como Jalisco Campus Party, en ese entonces, con 10 mil asistentes, estábamos compitiendo con Brasil y Londres, luego con 15 mil los dejamos atrás y ahora con 20 mil más atrás, es el evento [de Campus Party] más grande en el mundo. Calculamos la creación de doscientos startups tecnológicos. Cien se empezaron a crear desde febrero y otros cien los vamos a crear ahí. Son mesas de negocio donde el emprendedor propone y el inversionista viene a decir “sí, te lo compro” o “no te lo compro”. Aquí lo que está pasando es la que hemos estado pregonando como la Cuarta Revolución Industrial.

 

El desarrollo de las ciencias de la computación, la robótica, la biotecnología y por supuesto el Internet han gestado un reacomodo social que modificó los sistemas de producción y la división internacional del trabajo, esa es la tercer revolución industrial, algunos pregonan ya la cuarta.

 

Sin embargo en el Campus Party México no se encuentra la evolución del que en 2012 se definió como un movimiento político estudiantil que suponía una nueva oposición. Movimiento que rechazaba la manipulación de los grandes consorcios mediáticos y de los grupos de poder, como los partidos políticos y los grupos empresariales. En el encuentro de “las innovaciones tecnológicas que transformarán los principales sectores económicos sobre el planeta y que causarán una revolución tecnológica como nunca antes”, hay poco disenso y demasiado establishment.

Ricardo Gómez tiene un sueño

 

Cuando Guillermo del Toro, el director de cine con mayor prestigio internacional nacido en Guadalajara, dijo en una conferencia de prensa: ‘Con el dinero que costó mi película yo me hubiera venido al lago de Chapala y la hubiera grabado ahí’, Ricardo Gómez no pudo quitarse la idea de la cabeza.

 

Uno de los principales impulsores de Creanimax fue Ricardo Gómez, a quien encuentro en el Campus Party; hablamos de Creanimax:

 

—En la primera edición trajimos ganadores del premio Óscar, al animador Bill Plympton, actores de la industria. Y fue aquí, en la Expo. Lo hicimos cuatro años seguidos. Conseguimos que Microsoft patrocinara, tuvimos fondos públicos federales y locales, recursos privados... ¡Hicimos el Campus Party de aquel entonces!

 

—¿No deberíamos estar tú y yo en Creanimax hoy? —le pregunto a Ricardo.

 

—Sí, te voy a decir por qué ya no —me explica que desde el tercer año de realizar el festival, el gobierno federal vio potencial y comenzó a apoyar con fondos públicos a las empresas de la industria creativa— Empezaron a recibir recursos, comenzó a llegar gente del país a Guadalajara. Todos empezaron a tener chamba y dejaron de ir a las juntas. ‘No tengo chance, ando con chamba’ y pum, pum... pero bueno, se va aprendiendo en el camino.

 

Por el liderazgo y capacidad para concretar proyectos, Gómez fue del año 2008 al 2010 presidente de uno de los principales grupos empresariales de la industria electrónica y tecnológica en México, la Canieti (Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información) Occidente, organización impulsora y que fungía como administradora de los fondos para el festival.

 

Cuando se hizo el último Creanimax, Ricardo Gómez ya era presidente de Canieti, y Campus Party no había llegado a la ciudad. “Yo también les decía: ‘chavos si no le dedican ustedes tampoco se va a poder’. Lo hicimos pegado con Universitrónica, un evento para motivar a los estudiantes de tecnologías de la información (TI) y de electrónica a hacer proyectos, tuvimos cinco mil alumnos en 2010, era otro proyecto parecido a Campus Party.”

 

Habiendo estudiado una ingeniería en sistemas y con casi 18 años laborando para la firma internacional de tecnología IBM, Ricardo conoció lo que era la industria creativa en el 2005, cuando entre sus tareas como miembro impulsor del Centro del Software se dedicó a visitar pequeñas empresas que estaban en cocheras, departamentos o en espacios reducidos y dispersos. El Centro del Software fue una iniciativa de Canieti para construir un cluster de empresas tecnológicas. En un antiguo supermercado de 10 mil 500 metros cuadrados, y con 40 millones de pesos de apoyo gubernamental, en septiembre del 2006 el presidente Vicente Fox inauguró el espacio.

 

El Centro del Software se encuentra en un viejo centro comercial llamado Plaza del Ángel. Comparte la plaza con la relojería D’ David, el buscador de empresas encuentra.com, una agencia de viajes Class Tours, Primores una tienda de disfraces, Uma Links otra tienda de disfraces, Mundo mágico cordy disfraces una más de disfraces, el Charlies Café que vende hamburguesas, cafés, sandwiches, poboys y ensaladas y Human Links donde solicitan cocinero, ingeniero en sistemas, ejecutivo de ventas, despuntador, técnico en aire acondicionado, asistente ejecutivo bilingüe y un operador de producción, es una empresa de oferta de empleos. Este es el ambiente que rodea al Centro del Software en Guadalajara.

 

“Hicimos una búsqueda de empresas para llenar el espacio. Encontré algunas que no hacían TI, sino animación para páginas web, o efectos visuales para películas, algunas que querían hacer videojuegos”, habla Ricardo de cómo descubrió la industria creativa: “Vi que el negocio es impresionante, si la manufactura avanzada pagaba cuatro veces más que la manufactura tradicional, la de tecnologías de la información ocho veces más, pues la industria creativa generaba riqueza dieciséis veces mayor.”

 

La propiedad intelectual es la diferencia, Ricardo pone como ejemplo al ratón más rentable del mundo, Mickey Mouse. Desde la presidencia de Canieti Occidente Ricardo Gómez tuvo la oportunidad de impulsar muchos proyectos, uno fue el Batallón 52 —cortometrajes animados sobre la revolución y la independencia de México— y otro el parque tecnológico Chapala Media Park —un lugar para producir cine, televisión y publicidad—.

 

Uno de los objetivos del Batallón 52 era capacitar masivamente talento para la industria, al menos 50 jóvenes trabajaron en el proyecto, pero cuando éste terminó, no había trabajo para ellos. “Ninguna de las compañías quiso agarrar la responsabilidad de la gente, gente que estaba desempleada, nadie quiso agarrar el changarro, hablé con IBM y decidí salirme”. En 2010 Ricardo dejó su trabajo como vendedor en IBM e inició Kaxan, una empresa de contenido multimedia.

 

Chapala Media Park, el parque con “las instalaciones tecnológicas y de multimedia más importantes en Latinoamérica”1, fue inaugurado el martes 16 de marzo del 2010, en el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Una de las primeras empresas que anunciaron su cambio de sede al nuevo parque fue Kaxan.

 

Ubicado en Chapala, un municipio que toma el nombre del lago más grande de México, el parque se encuentra a 50 kilómetros de Guadalajara y fue construido en un terreno de cuatro hectáreas que donó el municipio, el gobierno de Jalisco aportó 30 millones de pesos, el gobierno de la república otros 25 millones y 40 millones más la iniciativa privada.

 

Con la mano sobre su arma me recibe el vigilante. No sé cuándo fue la última vez que alguien visitó el Chapala Media Park, pero al acercarme a la entrada me encuentro con el vigilante empuñando una pistola, no la levanta pero la tiene en la mano. El fin de este espacio es producir películas, ahora me siento como en una de vaqueros en el viejo oeste: el vigilante a punto de desenfundar. Acercarse al parque tecnológico te hace sentir así, como en una película. Primero hay que encontrar un viejo anuncio con graffitti que señala un camino empedrado, al pie de la carretera, como cualquier entrada a ranchería. En medio de la ruralidad, entre hombres arando la tierra, animales de ganado, y casas dispersas entre tierras de cultivo, se levanta un parque tecnológico que luce abandonado.

 

—Uno de los proyectos más criticados que se forjaron durante tu presidencia fue el Chapala Media Park —le digo a Ricardo en entrevista

 

—No ha tenido críticas, no lo han entendido —me responde, hace una pausa y continúa— La película más fregona que había en 2007 era la de 300. Hicimos el mismo foro, misma altura, un green screen más grande: el lugar está hecho para hacer películas como 300 o Titanic. El problema son los guiones, no tenemos ni un guión para que se haga una película de efectos visuales ahí. Chapala Media Park no es para animación, ni es para videojuegos, es para películas de efectos visuales. Ese es el nicho que queremos atacar, no pierdo las esperanzas todavía.

 

El Chapala Media Park se manejó por algún tiempo bajo el ridículo mote del Hollywood de Chapala, esos aires de grandeza y progreso mal entendido trae a cuento otro sobrenombre que desde hace varios años se le ha buscado adherir a la segunda ciudad más poblada del país: el Silicon Valley Mexicano. Un mote o sobrenombre así pretende atribuir las cualidades o condiciones de un lugar al otro.

 

Para la mayor parte del gremio creativo, el Chapala Media Park fue una pésima idea, y hoy lo consideran un elefante blanco. Hace un año y medio, aproximadamente en enero de 2015, el ingeniero en audio Ernesto López asegura haber sido la primer persona en utilizar el estudio de grabación del Chapala Media Park, “desde que nació eso nació muerto”, dice. Ernesto es uno de los integrantes de Jellyfish Studio, una de las nuevas empresas de animación que se agrupan en la Asociación de Industrias Creativas.

Nuevos actores creativos

 

Ernesto López es un paradigma de modernidad, después del bachillerato estudió en la universidad de Berklee, en Boston, a través de Internet. Fue “un diplomado /escuela técnica en línea”, le pregunto sobre la reacción que tuvieron sus padres: “Mi papá fue como de ay no no, qué estoy haciendo ¿cuánto cuesta? Al final sí se puso las pilas y me ayudó mucho” Le ayudó mucho y cuando terminó el curso, y no encontraba trabajo, lo ayudó más: “No encontraba chamba y me dice a ver estudia otra cosa, ponte a estudiar algo, osea una carrera de verdad” Ernesto le respondió: Pues me gustan las caricaturas, quiero estudiar animación, “entonces mi papá fue como de Puuuut***off the record, pues ya que” Y así, en 2009, Ernesto López se decidió a elegir una nueva universidad.

 

Llegó a la Universidad de Artes Digitales (UAD), donde más tarde conocería al grupo con el que formaría su primer empresa. Miriam López es una de las fundadoras,  “yo quise ser animadora prácticamente toda mi vida. Soy de Baja California y tengo 25 años”, me cuenta sobre uno de sus primeros proyectos: la animación de la campaña de Enrique Alfaro al gobierno de Jalisco en 2012: “hicimos un montón de cortitos, e infográficos. Nos dieron mucha libertad creativa. En lugar de ser el típico partido que descalifica, nosotros propusimos hacer un trabajo de mayor concientización social”, dice Miriam.

 

Antes de ser Jellyfish, el grupo original era de ocho socios, amigos de la universidad que habían hecho proyectos juntos y que no deseaban separarse en los distintos estudios de animación de la ciudad: “Cuando terminamos la universidad ya estaba Metacube, Gyroscopik, Larva y uno que otro estudio chiquito, había varios” dice Miriam López, y complementa Ernesto López (que no es su hermano): “La oferta era poca y de matarme por unas monedas a matarme mínimo por hacer lo que yo quiero hacer, mejor nos aventamos” Fundaron Monster View.

 

Ernesto, Miriam y yo hablamos de las reuniones que comenzaron a gestarse entre empresas creativas. Cuentan que han visto cómo nuevas empresas que piensan diferente se han reunido y encontrado apoyo.

 

—Ustedes son mucho más jóvenes que quienes iniciaron empresas como Metacube o Kaxan, ¿encuentran diferencias sustanciales en sus visiones?

 

—Sí muchas —responde Miriam—, pero creo que ellos también están cambiando su visión, ahora se trata de generar una mayor colaboración.

 

—Ahora hay estudios que se especializan en ciertas cosas, y los trabajos, por ejemplo de arte, se los pueden encargar a un estudio especializado —complementa Ernesto.

 

Yoanpablo Pérez, de Gyroscopik, me había dicho: “Yo he alimentado a muchísimas empresas, todo Monster View salió de aquí, era el grupito que yo agarré de la UAD.” Es el ciclo natural de una nueva serie de empresas, algunos fundadores de Monster View dejaron la empresa para sumarse a otro estudio: Mighty.

 

Desde los dieciséis años Claudio Jiménez trabajó en Giroscopik con Yoanpablo, “empecé a aprender sobre animación 3D, hacía desde modelado hasta iluminación. Aprendí ahí, con tutoriales en internet, y después estuve en Metacube”, cuando cumplió diecinueve años se fue a vivir a Vancouver para estudiar una especialidad en efectos visuales. “El diplomado dura un año, no es una carrera, ni siquiera tengo licenciatura. Me quedé a trabajar otros dos años allá, luego estuve yendo y viniendo con proyectos”, hasta que en 2009 regresó a Guadalajara, donde más tarde fundaría Mighty, el estudio que arrancó en 2012 con tres personas en una reducida oficina no mayor a 4 x 3 metros y donde hoy son cerca de 30 personas, en una oficina de dos pisos y terraza.

 

A Claudio la asociación no le atraía en lo más mínimo. A pesar de conocer a los actores que iniciaron la industria creativa en la ciudad, prefería mantenerse al margen de los acuerdos y discusiones políticas, “pero decidimos darle una oportunidad.” La inclusión de más empresas lo impulsó a participar, “sentimos que valía la pena incluirnos, juntarnos para ver que estábamos en las mismas y que no eran solo los de siempre.”

 

A Guadalajara, en comparación con la Ciudad de México o Monterrey, se le atribuye un sentido de colaboración o trabajo en equipo que las industrias han gestado para atraer mejores condiciones a sus sectores.

 

En 2013 el periodista George Packer hizo un extenso trabajo sobre la participación política de las multimillonarias empresas que han hecho de California un poderoso concepto de tecnología y éxito empresarial, Silicon Valley.  En él escribe que, como las industrias que le precedieron, Silicon Valley no es una filosofía, una revolución o una causa, sino un poderoso grupo de corporaciones y acaudalados individuos con sus propios intereses. Algunas veces esos intereses pueden estar alineados con los públicos, pero otras no.

Las cartas de un Jalisco Creativo

 

El lunes 06 de junio se reunieron algunos representantes de la Asociación de Industrias Creativas con el Gobernador de Jalisco. Carlos Gutiérrez, Ricardo Gómez, Gabriel Torres y Yoanpablo Pérez, le entregaron al gobernador cuatro peticiones puntuales, una es un fondo de 50 millones de pesos para proyectos de la industria (largometrajes o series animadas, aplicaciones, juegos, etc.); otra es capacitación con personajes relevantes en el sector y un representante en EEUU, con costo de 210 mil dólares; la tercera son 4 millones y medio de pesos para hacer un gran evento de la industria creativa; y la cuarta son 20 millones de pesos para terminar de instalar un espacio con equipo técnico que pueda ser arrendado para elaborar proyectos creativos, se llama Cuartel Creativo.

 

La Asociación Jalisciense de Industrias Creativas comparte un origen común el Chapala Media Park: ambas iniciativas fueron anunciadas en el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, la primera en marzo de este año y la segunda hace seis años.

 

La proyección a futuro del país, los estados y las ciudades, se trazan en los planes de desarrollo, cuya sección económica tiene una importancia vertebral. Los intereses privados no están siempre alineados al interés público, evaluar beneficios y costos de los proyectos donde se invierten recursos públicos, verificar que se lleven a cabo y dar continuidad a los mismos, es una tarea pendiente para evitar que las iniciativas fallidas se sigan repitiendo, las brechas económicas expandiendo y las desigualdades aumentando.

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