CONTRAPESOS

¿Islas móviles que nos separan o aparatos que reinventan las realidades?

Frente al discurso que califica a los teléfonos móviles como un afrenta a la convivencia humana están las posibilidades de usarlos para repensar la forma en la que nos relacionamos

Por FLORENCIA GONZÁLEZ GUERRA GARCÍA /

Ilustración: INÉS DE ANTUÑANO

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Una advertencia que se escucha constantemente en restaurantes, aulas de clase, o espacios de trabajos es “apaga tu celular, ésta es un área de convivencia.” Los teléfonos móviles bajo esta concepción son entendidos como una afrenta directa a la convivencia humana; el pase de escape para llegar a una isla donde nos apartamos de las conversaciones que se dan en el plano físico. La desvalorización de las conexiones que se generan a través de un celular son tan exageradas que parece ser que al teclear palabras en el aparato podemos perder nuestra capacidad de empatía con el otro. Lo que nunca se dice es que afirmar que los celulares son aparatos de aislamiento, es negar las potencialidades de la tecnología.

 

Por eso vale la pena preguntar ¿cuáles son la capacidades de la red para expandir las posibilidades de lo cotidiano?

 

Michel Serres, filósofo francés, escribió un libro titulado Pulgarcita. En él teoriza sobre las personas (pulgarcitos) que tienen al alcance un celular, una computadora, o distintos aparatos para acceder a la web, y que de manera anónima ocupan la plaza pública utilizando sus dactilares para comunicarse, cambiando así las maneras de interactuar con el mundo.

 

Según Serres “el portátil contiene y hace funcionar lo que antiguamente llamábamos nuestras ‘facultades’: una memoria, mil veces más poderosa que la nuestra; una imaginación, adornada de millones de iconos (…) los pulgarcitos se liberan de las cadenas de la Caverna multimilenaria que los amarraba, inmóviles y silenciosos, a su lugar, con la boca cosida y el culo atornillado”.

 

El saber, desde este punto de vista, lo tenemos en nuestras manos con cada motor de búsqueda. La conexión con los demás es más intensa porque logramos entrar rápidamente en una intimidad digital. Por ejemplo, para las personas que son temerosas de mantener una conversación de frente, se les permite explorar nuevos caminos de interacción a través de estos aparatos. Hay personas que prefieren el mundo físico porque son muy extrovertidos, pero hay quien prefiere el Internet pues logran experimentar y expresar diversas formas del ser.

 

La tecnología ayuda a construir realidades físicas que trascienden diversos planos. Los amigos que han tomado caminos distintos, por medio del celular y la web les es posible encontrarse y reunirse. La red permite también experimentar nuevas posibilidades que trascienden lo físico. El celular es un aparato complejo de tecnología fascinante que tiene la posibilidad de distribuir mejor el poder y reducir los miedos de algunos.

 

Es necesario pensar en la tecnología de la comunicación como una potencia emancipadora del ser humano, y dejar de creer que es difícil construir vínculos afectivos a través de la web. Está comprobado que el cuerpo reacciona ante estímulos digitales, promoviendo la oxitocina, la hormona del amor y de las relaciones sociales. El Internet, la red y los teléfonos móviles nos permiten generar nuevas formas de unión, repensar modos de vivir distintos a los algunas veces fallidos y acostumbrados.

 

Sería interesante utilizar estas herramientas para repensar cómo con tanto conocimiento disponible en nuestras manos podríamos reinventar la vida cotidiana. Dejar de pelear con la tecnología o cuestionar su irrupción en nuestras rutinas, para generar mejores informaciones y datos que nos acerquen a convivir, planear y educar con ellos. Dejar de combatir para seguir analizando las nuevas formas de unión y uso de la tecnología.

 

Mientras el maestro, la empleadora, la madre, o el padre, han perdido su prevalencia como únicos poseedores legítimos de la verdad, tenemos más información en nuestras manos y es nuestro deber imaginar y reconstruir nuestras realidades donde nos incluyamos de formas más colectivas.

 

Por todo esto, sería igual de útil preguntar: ¿cuál es la verdadera isla? ¿La digital, o las que han construido las sociedades que bloquean la entrada de nuevos dispositivos en nuestra cotidianidad?

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