REFLEJOS

Intereses de unos cuantos

La estética del hambre no tiene clase social

Por FABRICIO ATILANO

Las aspiraciones, la identidad y la evolución de una ciudad están profundamente ligadas en su origen a la necesidad biológica de consumir alimento. El hambre que forma un hueco en el estómago y da una sensación que todos buscamos mitigar es el principal motor que delinea los innumerables rostros que puede presentar un centro urbano como conjunto. Para vivir hay que comer, y la rutina diaria que nos imponemos en la búsqueda del sustento a nivel personal da cuerpo y cara al lugar donde vivimos a nivel colectivo.

 

La estética del hambre es la misma que se ve en la calle a cualquier hora, son las formas y los colores que conforman el entorno porque quien construye y modifica lo que vemos a nuestro alrededor, lo hace para comer. El hambre no distingue clase social, pero las dinámicas que se derivan de esta sensación no incluyen a todo el mundo por igual. En las imágenes captadas por Fabricio Atilano Ochoa, se puede observar la manera en que el aspecto visual de la ciudad se define a partir de la necesidad, pero en determinadas situaciones, sólo algunos pueden aprovechar a plenitud las ventajas de tener el alimento a su disposición.

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