PERSONAS

Historias de fuerza y ambición:

lo que hay detrás de un cuerpo poderoso

Cualquiera que haya visto una competencia de fisiculturismo podría pensar que todo

 

ahí se reduce a una práctica superficial donde lo único que importa es estar mamado. Sin

 

embargo, pocos adivinarían las pruebas extremas de resistencia, los golpes emocionales y las

 

envidias que enfrentan los competidores para ganarse el derecho de sonreír y posar con esos

 

músculos bronceados en el escenario; estas son las historias de cuatro atletas con una sed de

 

triunfo mucho más fuerte que su amor por el gimnasio.

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Cuando se presionan ciertos botones, el cuerpo tiene el poder de dar resultados que no creeríamos posibles. Como dice Alberto Sánchez, uno de los fisiculturistas más conocidos en Guadalajara, al principio es la vanidad lo que por lo general mueve a las personas a dejarse el alma en el ejercicio. Ver la transformación gradual del físico mediante un trabajo diario puede abrir el apetito y generar las ganas de ir cada vez por más: nada mejor que la evidencia tangible de que se va por buen camino. La idea estética de un cuerpo saludable siempre está en movimiento, y hay quienes se vuelven tan conscientes de ello que deciden convertirse en una máquina para enfocar todas sus energías en ir sólo hacia adelante.  “Si tú te pones límites, vas a llegar hasta ahí”, afirma alguien que ganó el tercer lugar en la competencia Mr. México el año pasado. La carrera por verse bien ya no es la misma una vez que entra en juego el sabor de la victoria, el sacrificio se vuelve más intenso y los factores externos de un ambiente como el del fisiculturismo en México son más desafiantes. Es otro entorno donde sólo sobreviven, literalmente, los más poderosos.

Adrián y Melissa

 

Adrián Castro y Melissa Lara comparten, además de sus vidas, la determinación de ponerse cada vez más fuertes. Adrián empezó en el fisiculturismo hace seis años, pero estar en los gimnasios y fabricar músculo es algo que le viene de sangre: su mamá fue campeona estatal en Jalisco durante los noventas. Ella ha sido su principal motivación. “Mi mamá me llevaba a los gimnasios cuando yo estaba muy pequeño, tenía siete u ocho años, veía esos grandes hombres musculosos y decía, algún día quiero verme así como ellos”, recuerda. Cuando no está en entrenamiento, Adrián trabaja como preparador físico: “me dedico a preparar gente, ayudar gente y también a hacer campeones”. Además vende complementos alimenticios, vitaminas, quemadores y proteínas. Su vida transcurre casi toda dentro del gimnasio. Ha ganado un par de competencias estatales, y en 2012 se llevó el primer lugar en el Campeonato Nacional Selectivo, donde le dieron el pase para competir a nivel internacional en Estados Unidos. Sin embargo, el nacimiento de su hijo ese mismo año le impidió realizar el viaje.

 

Melissa inició en este deporte hace tres años, justo después de que el bebé llegó a su vida. Al igual que a Adrián, la actividad física es algo que ha tenido muy presente desde niña. Lleva 25 años de bailar jazz y hip hop, y desde hace ocho es maestra de danza. Al fisiculturismo se metió porque vio a su esposo competir y le encantó, decidió prepararse y en cuatro meses se subió por primera vez a la tarima para competir en esta disciplina. Desde esa ocasión, en el evento Mister y Miss Jaguar 2013, Melissa participa en la categoría bikini clasificado, a la cual por lo general entran mujeres con más experiencia de la que ella tenía en ese momento. “Hay chicas que van empezando y se meten en principiantes o novatas, pero yo quise tirarle a lo grande”, asegura. Ese año se llevó el segundo lugar.

 

Melissa se pone los audífonos mientras hace ejercicio. Escucha electrónica, reggaetón, música movida que le inspire energía, a todo volumen para no distraerse con nada de lo que ocurra a su alrededor. Para ella, el ejercicio es una manera de olvidarse de los problemas y eliminar el estrés. Dice que el gimnasio es su segunda casa. Pero si el entrenamiento se interpusiera en su vida de mamá, dejaría todo por su hijo. “Quiero que él sea una persona activa, no me gustaría que fuera sedentario, tiene mucha pila, sin embargo no lo forzaría a que tomara el área de las pesas, primero dejaría que él poco a poco fuera descubriendo lo que le gusta hacer”. Tanto Melissa como Adrián hablan del sedentarismo como quien tiene muy bien identificado el concepto de lo que no quiere en su vida. Adrián d “hay gente que tú la ves normal y en realidad es muy sedentaria, están enfermos por dentro, en cambio si llevas tu alimentación saludable con una buena actividad física mejora tu vida por completo”.

 

A sus 29 años, Melissa se ha llevado tres segundos lugares y tres primeros. Ha participado en competencias como Miss Lion’s 2013, Miss Jalisco 2014, Miss Mexico 2014, Miss Ferrocarrilero 2014 y Mister Acero 2014. Subir a la tarima para que los jueces califiquen el resultado de toda una preparación que implica meses de trabajo y sacrificios, no siempre puede ser la experiencia más satisfactoria. Como en todo, México no se salva de la corrupción y los malos manejos. En cierta competencia, a Melissa se le negó el primer lugar porque los jueces creyeron que tenía implantes en los glúteos.  “Me bajaron del escenario cuando yo iba preparada al cien, iba muy emocionada, sabía que traía todo para ganar el primer lugar, y fue muy desmotivante que una juez fuera y me checara en el baño”, recuerda. “Después comprobó que no eran implantes, me dijo que iba a hablar con toda la federación de jueces, pero me desmoralizó y me desmoronó por un momento, salí muy mal de esa competencia”.

Adrián, por su parte, considera que en todos los ámbitos hay egoísmos y corajes. La rivalidad en el fisicoculturismo se empieza a sentir cuando el cuerpo se pone grande y el competidor se vuelve profesional. “Siempre es muy difícil que otro competidor te diga que te ves muy bien y acepte el trabajo que uno ha hecho durante meses y años de entrenamiento pero es parte de este medio, obviamente todos queremos ser el número uno”. Adrián y Melissa decidieron dejar de competir en México. Este año se encuentran en preparación para competir en Las Vegas. La infinita sed de victoria que se adquiere durante el proceso de construir un físico cada vez más poderoso, los llevará a medirse con otros atletas a nivel internacional.

 

“Siempre es muy difícil que otro competidor te diga que te ves muy bien...  pero es parte de este medio, obviamente todos queremos ser el número uno.”

Alberto Sánchez "Chayanne"

 

A Alberto Sánchez lo conocen como Chayanne en el ambiente del fisiculturismo, al igual que el otro Chayanne que se dedica a cantar. Cuando tenía 21 años se lastimó la rodilla y le recetaron hacer ejercicios de rehabilitación, por lo cual se inscribió en el Bull Gym que está en la colonia Miravalle, una zona que alguna vez perteneció a la periferia de Guadalajara y que fue famosa por sus altos índices de inseguridad. Hoy a sus 41 años sigue acudiendo al mismo gimnasio, y su cuerpo dista mucho de ser el de un joven delgado que disfrutaba de ver competencias de fisiculturismo en la tele. La enorme masa muscular que ganó después de dos décadas de entrenamiento constante, le hace lucir un cuerpo imponente que ha decorado con un tatuaje tribal en el brazo izquierdo.

Desde que decidió meterse de lleno a este deporte ha tenido claro que lo suyo es ir cada vez por más. Por eso ha ganado dos títulos de Mister Jalisco en categoría absolutos, uno en veteranos y otro en normal, además de un tercer lugar y tres cuartos lugares en Mister México. “Antes de que yo me dedicara a esto no le hallaba chiste porque no se obtiene ningún dinero, pero la primera vez que competí me gustó y de ahí fue una adicción a competir, llegar cada vez mejor”, comenta. Lo que más quiere en este momento es llevarse el primer lugar de Mister México, así que entrena para competir en agosto. Necesita bajar de peso y eliminar un 8 por ciento del 16 de grasa que tiene actualmente.

 

Chayanne trabaja como instructor, y su actividad en el día empieza con el entrenamiento propio: 40 minutos de ejercicios cardiovasculares en ayunas a las seis de la mañana. Después entrena a otras personas hasta las 12 del día, sale a comer, regresa a casa, descansa un rato y en la tarde vuelve a los entrenamientos. Son días enteros dedicados al gimnasio, con intervalos para comer hasta 10 veces al día, dependiendo de la etapa de preparación en la que se encuentre. El asombro de ver las maneras en que el cuerpo tiene el poder de llegar a niveles insospechados, es algo que le ha motivado para instruir gente y convertirse él mismo en un atleta de alto rendimiento. “Año con año descubres cómo tu cuerpo cambia su capacidad de llegar a un límite de músculo que casi pareces radiografía, se te ven los músculos totalmente y de repente ves unos que no pensabas que existían”.

 

El momento más difícil que recuerda en su trayectoria tiene que ver con la ocasión en que se rompió una clavícula justo un mes antes de competir. Ocho meses de preparación tirados a la basura. A pesar de que se vio obligado a esperar todo un año para volver a participar, Alberto no se desmotivó. Algo que lo alienta es que la gente trate de desanimarlo. Así vence los obstáculos con más ganas. “Nomás me acuerdo de cosas que alguna vez me detuvieron en la vida, o malos momentos que viví, cosas que me hicieron algunas personas y eso me motiva, cuando estás entrenando te vienen a la mente muchas cosas de toda la gente que nunca creyó que ibas a llegar a este nivel”. Si bien en un inicio la vanidad cuenta como factor para seguir adelante con la modificación del cuerpo, después se vuelve más importante el deporte en sí mismo, los procedimientos  y la capacidad mental que cada atleta logra aplicar para obtener el triunfo.

 

Chayanne no está en contra del uso de esteroides, y dice que todavía existe mucho tabú en ese tema. Le gustaría que la gente fuera más abierta al respecto. “Creen que nomás por inyectarte quedas así, pero al contrario, para poder inyectarte todo eso, si tú dabas un cincuenta por ciento en el gimnasio normalmente tienes que hacer el doble para que te responda esa sustancia, si no jamás te va responder, tienes que partírtela toda para que tu cuerpo reaccione”, asegura. En las competencias es muy difícil llevar un control para ver quién se inyecta y quién no. Son muchos los participantes, y hacer antidoping a todos resultaría muy caro. Lo verdaderamente preocupante, opina Alberto, es que hay instructores inexpertos que recomiendan el uso de esteroides a personas que llevan apenas un par de meses de entrenamiento, sin saber las consecuencias que ello pueda tener en el cuerpo.

 

En este ambiente hay celo, envidias y favoritismos. También hay poco apoyo por parte del gobierno. Alberto dice que si esta cultura se fomentara en los niños como otros deportes, México podría llegar a tener un Mister Olympia, el título más importante a nivel mundial. Sin embargo, a esa competencia se llega con un físico totalmente realizado a los 30 años, luego de haber hecho ejercicio desde la infancia. En este país, la mayoría de los fisiculturistas se inicia en edad adulta, cuando tienen un trabajo que les permite costearse todos los gastos que implica esta disciplina. Chayanne se gasta alrededor de 2,500 pesos a la semana sólo en alimentos. Se come dos kilos de pollo al día y uno de carne, además de atún y claras de huevo. Tendría que gastar también en complementos, pero en su nivel ya ha conseguido el patrocinio de algunas marcas, lo cual tampoco es un logro fácil en este deporte. “Desgraciadamente los patrocinios aquí los tiene que buscar uno, aunque seas muy famoso es muy difícil, tienes que haber ganado algo en categoría de absolutos y seguir ganando cada año”.

 

 

 

“Creen que nomás por inyectarte (esteroides)quedas así, pero al contrario,... tienes que partírtela toda para que tu cuerpo reaccione.”

Gerardo Cuevas

 

Gerardo Cuevas recuerda el boom de los musculosos, los años en que Arnold Schwarzenegger ganaba el Mr. Olympia, Lou Ferrigno interpretaba a un Hulk de carne y hueso, y Conan el Bárbaro luchaba a espadazos contra ejércitos de rufianes. Él es el hijo atleta en su familia, sus hermanos no hacen tanto ejercicio. Desde pequeño le ha gustado la figura de un cuerpo fuerte, así que con el tiempo se metió a entrenar, pero fue hasta su adultez que se inició en el fisiculturismo como estilo de vida. En noviembre de 2014, obtuvo el tercer lugar a nivel nacional en la competencia Mister México. El sabor de una de sus primeras victorias en el rubro lo dejó con ganas de más.

 

Gerardo dice que en este medio hay gente de todo tipo. En alguna ocasión se hizo amigo de alguien que conoció en el gimnasio. Después de un tiempo, cuando el amigo lo invitó a su casa, Gerardo vio unas fotos en la sala y supo que esta persona en realidad era el luchador conocido como el Hijo del Solitario, sólo que entrenaba sin máscara. El luchador fue de los primeros que le ayudaron a entrenar y le dijeron cómo están las cosas en este ambiente, algo que ha corroborado por su propia cuenta. “En este medio son muy celosos, por ejemplo hay mucha gente que dice tómate esto, una vitamina, un suplemento, y le quita las etiquetas para que no lo compres por otro lado, porque aparte te lo venden mucho más caro”, cuenta. “Para mí fue muy difícil porque hay gente que nomás se dedica a timar y no te instruyen, te medio llevan, nunca te llevan exactamente a donde quieres llegar, es tiempo, es gasto, es dinero, hay que tener mucho cuidado”.

 

Saberse dueño de un físico ganador e imponer admiración y respeto entre aficionados y especialistas puede ser una satisfacción adictiva, y ésta no se consigue únicamente con el ejercicio. Se acaban las fiestas y los desvelos, se impone una agenda muy severa de entrenamientos y dietas a seguir al pie de la letra. El rigor del proceso llega a afectar en lo emocional, y una falta de autocontrol puede ocasionar que el trabajo de varios meses se vaya a la basura. “Te cambia el humor, te cambia todo, estás cansado, estresado, una vez casi me peleo con mi novia por un arándano, se me antojaba mucho y no me lo podía comer, estaba en una etapa que si me comía un arándano ya no iba a quedar como quería”, platica Gerardo. La inversión en tiempo, disciplina y esfuerzo, va de la mano con un buen desembolso de dinero. Este es un deporte caro porque comer sano cuesta y también cuestan los complementos, proteínas, multivitamínicos, asesorías y membresías a gimnasios.

 

La rutina actual de Gerardo empieza con una hora de ejercicios cardiovasculares a las seis de la mañana. Vuelve a casa, se baña y se cambia para ir a trabajar en una empresa de cómputo de nueve a siete de la noche. Luego entrena de siete y media a diez de la noche con su coach, Alberto Sánchez, quien ha sido campeón en varias competencias del rubro. Durante el proceso de aumentar su masa muscular come ocho veces al día, con horarios específicos que no puede postergar. Claras de huevo, arroz, licuados de proteínas, pollo, arrachera. Lleva la comida en recipientes para que no se le pase ninguna.

 

Al momento en que lo entrevistamos, Gerardo pesa 93 kilos, y tiene que pesar 80 dentro de tres meses, pues competirá en la categoría novatos de Mister Jalisco. Para entonces ya deberá estar en la etapa más difícil del proceso para tornear un cuerpo poderoso, toda una prueba extrema de resistencia que mucha gente no conoce: la depletación. En esta fase el objetivo es sacar el agua del cuerpo y quemar la grasa, para quedarse únicamente con el músculo maduro pegado a la piel. Sólo los cuerpos bien torneados con una depletación adecuada son los que ganan competencias, y esto se logra tras una ardua preparación que implica comer mínimo 10 veces al día (hay que acelerar el metabolismo), no probar nada que tenga sal y dejar de consumir líquidos en los días previos al evento. Para llegar a la final de Mister México, celebrada el 8 de noviembre de 2014 en Monterrey, Gerardo pasó cuatro días sin tener contacto de ningún tipo con el agua.

 

“No me pude bañar porque hasta bañarte te hidrata el cuerpo, se te pega la piel, si te bañas ya no se te ve lo marcado, te borras”, recuerda el fisiculturista. Después de haber obtenido su pase a la final tras la eliminatoria, Gerardo llamó por teléfono a su instructor, quien le indicó los pasos a seguir para llegar a la competencia con el cuerpo más cargado. El mismo día del evento se despertó a las 4 de la mañana para desayunar seis hot cakes con miel de maple. A las seis de la mañana se comió ocho tacos de arrachera, y dos horas después, dos barras de proteína sabor chocolate. Cuando subió al escenario a posar ante los jueces, había ganado alrededor de 4 kilos en un solo día. “Eso fue lo que me llevó al tercer lugar, lo que hace la harina es que de volada te hincha, entonces estaba totalmente seco, me comí todo eso sin tomar agua”.

 

Si ganó un tercer lugar a nivel nacional, Gerardo confía en que se puede llevar otra victoria en la competencia estatal que se realizará en agosto. “Es muy pesado, me gustó porque es todo un mérito, un reto, un esfuerzo y una dedicación. Desde el momento en que yo sabía que me iba a preparar para otra competencia mi mentalidad estaba súper fuerte, positiva y no se diga mi alma, mi cuerpo, tan así que tengo lo que va del año que no salgo ni a una fiesta ni a un bar”.

 

“Se me antojaba mucho y no me lo podía comer, estaba en una etapa que si me comía un arándano ya no iba a quedar como quería.”

Las expectativas de alguien que se inscribe en un concurso de esta disciplina pueden venir aderezadas con el mal genio que se obtiene tras cuatro días de no probar una sola gota de agua. Ocho meses de sacrificios se resumen en los pocos minutos que dura la demostración del cuerpo debidamente bronceado y depletado en la tarima, ante la mirada de unos jueces que sólo en el mejor de los casos responden al interés genuino de hacer crecer este deporte. Con esto en mente, se necesitaría un temple de acero para sobreponerse al rechazo del jurado si su respuesta fuera negativa. En este ámbito las personas ponen mucho de sí mismas en juego, y la victoria no consiste únicamente en llevarse el primer lugar a casa. El poder del autocontrol para no dejar que el ego crezca más que la masa corporal después de obtener el triunfo, o para no desmoronarse ante una derrota inesperada, es lo que termina por definir a los guerreros que dejan huella en un territorio dominado por la fuerza y la necesidad de satisfacción.

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