RELIEVES

Feminizar la política local

Susana Ochoa quiere feminizar la política; es decir, como dice la Alcaldesa de Barcelona Ada Colau, cambiar las formas de hacer política, desde la honestidad y la transparencia, con la cooperación por delante y la empatía como valor máximo

Por NATALIA CALERO* /

Fotografía: MICHELLE VÁZQUEZ

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Susana Ochoa es una mujer de veinticinco años con una convicción férrea de que los cambios estructurales son posibles y con ganas inagotables de comerse el mundo. Ambas características deben llamar -sin duda- la atención de todos aquellos “adultocentristas” con los que ella y su equipo en el Congreso de Jalisco conviven día a día . Su juventud, feminismo y pasión por las herramientas como la política y el internet saltan a cada momento de la conversación. Sus palabras, algunas veces atropelladas, me hacen imaginar que debe ser sumamente divertido y espontáneo trabajar dentro del equipo del diputado independiente Pedro Kumamoto.

 

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Susana dice más de una vez que disfruta mucho la vida en general y reconoce que siempre ha estado en una posición privilegiada que le ha permitido decidir qué estudiar, con quién acostarse, dónde vivir. Afirma que ello le hace sentirse responsable de trabajar y de generar un impacto en favor de quienes no han tenido las mismas oportunidades. Le gusta leer. Se ve haciendo política para generar espacios donde posturas radicalmente distintas puedan coincidir.

 

¿Qué significa para ti el feminismo?

Para mí, el feminismo es un movimiento social que busca reivindicar el papel que ha tenido la mujer en la sociedad y compensar o resarcir a todas aquellas que no han tenido las mismas oportunidades. Es combatir las construcciones de género que han sido dañinas para todos.

El término “feminismo” ha tenido una connotación negativa. Tras haber trabajado la relación de éste con las redes sociales en mi tesis de licenciatura, a través de grupos de enfoque (focus groups), me di cuenta de la mala fama que puede tener el término. Llegó un momento en el que pensé que era imposible “rebrandear” la palabra feminismo. Años después, afortunadamente, vemos que cada vez más gente la usa correctamente, en gran parte, gracias a los posicionamientos públicos de artistas, intelectuales y activistas.

 

¿A qué te refieres con feminizar la política? ¿No es justo lo contrario a lo que buscamos muchas feministas? Es decir, que los atributos que histórica y socialmente se le han otorgado al género (lo “femenino” y lo “masculino”) dejen de ser un referente para dar paso a la igualdad sustantiva.

Fue un término que le escuché por primera vez a Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, quien durante su campaña afirmó, ante la insistencia de un periodista que la entrevistaba, que no podía tener la respuesta a todo lo que se le preguntara. Estamos acostumbrados a tener políticos que, con tal de no quedar mal, son capaces de dar respuestas o de ofrecer propuestas que no han sido analizadas o que no son ciertas. Damos por hecho que es imposible que un político tenga la capacidad de aceptar que puede estar equivocado. Con “feminizar la política” me refiero a que debemos hacer una política distinta o contraria a como se ha venido haciendo, o sea, a través de las masculinidades establecidas. Ya basta de aquel hombre que lo puede todo, que no necesita ayuda, que es un mesías. Feminizar la política implica también ser honesto y estar abierto al diálogo, ambos, atributos contrarios a la masculinidad en la política actual.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Consideras que la política es el espacio en el que se pueden dar mayores avances a la lucha feminista o qué representa el espacio público de la política?

En el equipo del que soy parte, vemos a la política como una herramienta transformadora, que ha sido prostituida y que actualmente se ve como un espacio para la corrupción. Nosotros creemos que la política tiene una gran utilidad para poner de acuerdo a la sociedad.

 

Específicamente el feminismo no fue una bandera durante la campaña de Kumamoto, pero ahora nos damos cuenta de que hay muchas ventanas de oportunidad para impulsar las luchas del feminismo, no desde las instituciones sino desde la sociedad civil. Y no desde las instituciones porque a éstas les falta voluntad política para involucrarse en el tema. Un ejemplo claro se da en el propio Congreso, donde los diputados hombres no han mostrado interés en formar parte de la construcción de la agenda de los temas relacionados con los derechos de las mujeres.

 

¿Crees que la política sirve como herramienta para el avance de las mujeres?

La política es una herramienta que sirve para el avance de cualquier persona. Es muy valiosa. Insisto en la necesidad de reivindicar la palabra.

 

Perteneces a un equipo que abandera la democracia y la participación como un método indispensable para la toma de decisiones. ¿Qué sucede cuando las decisiones mayoritarias afectan los derechos de las personas tales como el derecho a decidir sobre el cuerpo y la posibilidad de interrumpir un embarazo?

Partimos del hecho de que los derechos de las minorías no pueden estar supeditados a los de la mayoría. En ese sentido, los temas que versan sobre derechos humanos nunca van a estar sujetos a consulta. La interpretación que nosotros hacemos de éstos es siempre bajo el principio pro persona.

 

El tema central de la campaña de Kumamoto era la participación ciudadana y cómo lograr la democratización de las instituciones, es por ello que no pudimos impulsar agendas particulares como el feminismo o temas de la agenda LGBTI como el matrimonio igualitario. Sabemos que vendrán nuevas batallas como la que mencionas del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, pero en un principio no podíamos asumir todas las luchas al mismo tiempo.

 

¿Participaste en la elaboración del programa de campaña de Kumamoto? De ser así, ¿por qué sólo se posiciona respecto de la igualdad salarial de la mujer?

Sí participé, pero debo aclarar que la plataforma política salió de las mesas de trabajo que se hicieron con vecinas y vecinos del distrito que históricamente ha sido considerado como conservador. Las prioridades para ellas y ellos eran seguridad y recuperación de espacios públicos, entre otros temas.  Hubo otros que no salieron en las discusiones, tales como la pobreza. La desigualdad salarial fue uno de los que los problemas que les preocupaba a las mujeres del distrito, en específico.

 

También tengo que decir que la campaña la hicieron en su mayoría las mujeres. Ellas fueron una parte fundamental del trabajo en equipo que se hizo. La campaña en sí, de hecho, estuvo coordinada por una mujer. Muchas de las que participaron, además, tenían la posibilidad de dedicar sus tardes a la campaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tú que estás familiarizada con los medios digitales y que es tu trabajo de cada día, ¿cómo puedes utilizarlos para generar un impacto real en el posicionamiento de ciertas ideas? Y más aún, ¿es posible medir su impacto real?

Medir el impacto que puedes tener en los medios digitales es muy difícil.  En el caso de la campaña, todo lo digital estuvo siempre acompañado de un trabajo territorial muy fuerte. Los medios te permiten posicionar temas, lograr que la gente politice, que empiece a hablar sobre ellos y a discutirlos. Lo que hicimos fue establecer mesas de discusión donde se plantearon temas polémicos para lograr llegar a un punto en donde se encontraran ambas posturas. De igual forma, en cada mensaje hacíamos un llamado a la acción, ya fuese compartir el contenido, que lo comentaran o que lo discutieran. “Armabas” la chispa en redes sociales para luego canalizarlos una acción específica en el mundo offline. Siempre buscamos que lo que lográramos posicionar en redes sociales tuviera un impacto real como firmar una iniciativa o promover un debate.

 

A propósito de estos espacios donde los feminismos y el mundo digital coinciden, ¿qué opinas del sexismo en las redes sociales? ¿Cuál consideras que sea el límite entre la libertad de expresión y un acto de discriminación?

No estoy tan familiarizada con el tema de la violencia de género en redes sociales. Sin embargo, como todo lo relacionado con el contenido en internet, el control resulta todo un reto. Depende también de la plataforma social de que se trate, qué tan violento puede llegar a ser el comentario. En donde la identificación de la persona es mucho más clara, como en Facebook, sucede menos; mientras que en redes como Twitter la gente se auto limita mucho menos.  No tengo una respuesta específica, pero estoy segura que nadie, ni hombre ni mujer, debe permitirlo. La violencia no es permisible bajo ningún argumento.

 

Desde que se estableció la agenda de Beijing había una preocupación sobre el papel de la mujer en los medios. El año pasado a nivel mundial, sólo en un 24% las mujeres fueron las protagonistas de las noticias y en un 46% de las historias narradas se reforzaban los estereotipos vigentes. ¿Consideras que es relevante cambiar la tendencia de estos números? De ser así, ¿qué podrías hacer tú en tu labor diaria? No sólo respecto de las noticias, sino de los medios en general.

Es una agenda muy importante porque todo lo que consumimos en la televisión, en los libros, en los medios en general es el resultado de lo que somos como sociedad. Por lo tanto, se pueden volver círculos viciosos que reiteran los estereotipos existentes. Desde hace tiempo no estoy dentro del activismo de género debido a la actividad política que desarrollo. Sin duda creo que hace falta que se abran espacios donde se discutan este tipo de temas; cuestionar por qué es importante cambiar esos estereotipos que muchas veces ni las propias mujeres llegamos a ver. Pero una vez que te das cuenta, todo lo observas distinto. Una de las acciones que considero positivas a este respecto es la campaña que lleva a cabo el Instituto Jalisciense de la Mujer sobre los “micromachismos” y qué tan dañinos pueden resultar.

 

Por último, Susana, ¿qué temas te apasionan?

Me apasiona estar en un lugar privilegiado de incidencia, saber que es posible ser fiel a ciertos principios e incidir. Me apasiona el feminismo y debo ponerme a pensar cómo hacerlo desde este espacio. Me apasiona el internet y su capacidad para reproducir ideas, para ser una herramienta que puede cambiar la forma en la que una persona ve al mundo.

Natalia Calero

*Natalia Calero es Maestra en Gerencia Pública por el Centro de Investigación y Docencia Económicas; es asesora en la Dirección General de Estudios, Promoción y Desarrollo de los Derechos Humanos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

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