CONTRAPESOS

Explotar, combatir y saciar
el hambre

Existen muchas propuestas para saciar el hambre visto como un problema de pobreza alimentaria, pero sus paradojas muestran un nivel de complejidad cuya realidad sobrepasa la ficción

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Dentro del equipo que escribía guiones para la serie televisiva Clarisa lo explica todo, del canal Nickelodeon, trabajaba una mujer que a partir de septiembre de 2008 tomó fama internacional tras la publicación de su libro Los juegos del hambre. Suzanne Collins narra la historia de una sociedad futura que habita una Norteamérica degradada por sequías, incendios y guerras, y cuyo territorio ahora constituye un país llamado Panem. El nuevo país es regido por un gobierno dictatorial asentado en el Capitolio, un distrito geográfico que se rodea por doce distritos más. Los habitantes de estos distritos viven en escasez y proveen de bienes y alimentos al Capitolio, cuyos ciudadanos viven en la opulencia. Alguna vez existió un treceavo distrito que se reveló al Capitolio, por ello ese distrito fue destruido y como medida de escarmiento para el resto, se instauraron los Juegos del Hambre; un espectáculo televisado, y de obligado consumo para todos los habitantes de Panem, en el que dos jóvenes de cada uno de los doce distritos son encerrados en un campo de batalla donde sólo un vencedor puede salir con vida.

 

Desde entonces Suzanne Collins se convirtió en una de las escritoras más acaudaladas del mundo, y le trajo unas ganancias a Scholastic —la editorial que publicó su trilogía de los juegos del hambre— que superaron el antiguo éxito que había logrado la editorial con los libros de la saga Harry Potter.

 

Generalmente vinculada con la zozobra, el hambre o la necesidad de alimento tiene múltiples acepciones y en la cotidianidad la utilizamos de muchas maneras y a veces de forma indiscriminada; y es que el hambre evoca empatía generalizada -todos hemos sentido hambre- y ésta confronta a cualquier ser humano, produce acciones o moviliza.

Hambre, un problema

 

En el diccionario de la Real Academia Española se define al hambre como gana y necesidad de comer; como la escasez de alimentos básicos, que causa carestía y miseria; y como apetito o un deseo ardiente de algo. Con la palabra hambre en la cabeza, salí a mi encuentro con el doctor Antonio López Espinoza. Al cruzar las puertas automatizadas, me recibieron un par de escaleras eléctricas. El Hotel Presidente, en Zapopan, hospedó el tercer Congreso Nacional de Nutriología organizado por la Asociación Mexicana de Nutriología A.C. y fue el lugar donde acordamos realizar una entrevista.

 

“El hambre lastima; como ser humano, cuando ves a alguien hambriento te produce molestia, te preguntas ¿por qué no come? Los seres humanos y los organismos tenemos al alimento como un benefactor universal, ‘el que come está bien, y el que no come está mal’”, me dijo el doctor Antonio cuando le pregunté sobre las múltiples acepciones que le damos al hambre. Sobre la gran cantidad de aproximaciones, me dijo que biológicamente se modificaban los niveles hormonales, haciendo más eficientes las mitocondrias; desde la conducta, el organismo establece rutas o estrategias entre sus fuentes de alimentación y sus acciones para obtener alimento, ya sea para consumo inmediato o almacenamiento; “¿y desde el punto de vista social? Se hacen movimientos, la sociedad y la cultura te dicen que hay que ayudar al hambriento: el hambre es un problema complejo.”

 

Un problema complejo cuya erradicación parece haber sido un objetivo histórico, pero es un problema que no tiene su centro en la necesidad biológica de alimento, sino en el entorno particular de cada organismo, incluido en éste un modelo de producción y distribución de los alimentos.

 

En México, a mediados del siglo pasado se seguía considerando a la desnutrición como el principal problema de salud relacionado con la nutrición. La transición demográfica del campo (rural) a la ciudad (urbano), donde se concentra aproximadamente el 80% de la población, gestó nuevos estilos de vida y patrones alimentarios. Los nuevos patrones se caracterizan por un consumo creciente de alimentos ricos en colesterol, grasas saturadas, azúcares y sodio. Los cambios se asocian con el aumento en las enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición como la obesidad y la diabetes. En los último años, la obesidad tomó relevancia en México como un problema de salud pública de gran magnitud.

 

El doctor Antonio López es médico cirujano, estudió en la Universidad de Guadalajara, hace aproximadamente 20 años se dedicaba exclusivamente a la medicina clínica, “pero un día vimos que el problema de la obesidad crecía. Veía personas que estaban gorditas, las poníamos a dieta y bajaban, pero después volvían a subir,  y por eso ese fenómeno me interesó” a partir de ahí estudió una maestría y un doctorado en Ciencia del Comportamiento opción Análisis de la Conducta, “creo que la solución a los problemas de alimentación no están en la biología, sino en una perspectiva integradora que tome en cuenta los aspectos biológicos, sociales y conductuales”.

 

En nuestro país tenemos los extremos de desnutrición y obesidad: gordos y flacos hambrientos.

 

—El hambre del obeso, es un tipo de hambre muy particular, un hambre con mucho peso, diría yo —dijo el doctor Antonio —Los desnutridos son hambrientos con poco peso.

 

Uno de los objetivos de estudiar el comportamiento alimentario es localizar las variables que determinan comportamientos cuyo fin es adverso para la salud, y una vez localizadas pueden ser modificadas para mejorar el resultado final.

 

Antonio López está convencido de que “los hábitos alimentarios y los patrones son una respuesta de adaptación de los organismos a las condiciones ambientales”, y con el propósito de promover y efectuar investigación multidisciplinaria del comportamiento alimentario, fundó y dirige el Centro de Investigaciones en Comportamiento Alimentario y Nutrición (CICAN), en Ciudad Guzmán.

 

—¿Cómo ha afectado a la alimentación la globalización?

 

—La modernidad y la globalización trajeron como problema que los alimentos estuvieran siempre ahí, no tenemos que luchar por ellos. El hombre, en su placer de sabor, tiene los refrigeradores y las alacenas llenas de alimentos que no debería comer si lo relacionamos con su gasto calórico, ya que ahora nos movemos menos, la alimentación también tiene una historia de adaptación de los organismos a las condiciones económicas y políticas; ahora vemos muchas enfermedades que se deben a esta capacidad de producir una gran cantidad de alimentos y tenerlos en la nevera.

Sobra más de lo que falta

 

El total de alimentos que se producen en México serían suficientes para alimentar a toda la población del país, sin embargo, el sistema económico en que vivimos no se basa en la caridad, y con nuestra producción, distribución y consumo, hemos producido inmensas desigualdades que generan carencias alimentarias. Dentro de las respuestas que han surgido para brindar acceso físico a la alimentación, se encuentran los bancos de alimentos.

 

Un banco de alimentos es una organización dedicada a recibir alimento en donación y entregarlo a poblaciones en situación vulnerable, que según el Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social) son las personas que tienen al menos una de las siguientes seis carencias sociales: acceso a alimentación (inseguridad alimentaria moderada o severa, que se inicia por la reducción en el consumo de calorías), acceso a la seguridad social (mecanismos para asegurar subsistencia ante eventualidades), acceso a servicios básicos en la vivienda (energía eléctrica, agua potable y drenaje), acceso a servicios de salud (públicos o privados), calidad y espacios en la vivienda (casas construidas con materiales no óptimos para vivienda en pisos, techos o muros y/o con hacinamiento, habitaciones que albergan a 2.5 personas o más) y rezago educativo (personas de 3 a 15 años sin educación básica, o de 16 años en adelante sin nivel de educación obligatorio).

 

En México existen 58 organizaciones registradas en la red Bancos de Alimentos de México (Bamx), que se dedican a rescatar alimento en campo, centrales de abasto, mercados, industria alimentaria, autoservicios y supermercados, para después canalizarlos a las personas que se encuentran en situación vulnerable. En su sitio en internet dicen que en México, “sobra más de lo que falta”, además aseguran tener el apoyo de más de cuatro mil empresas, a las que se refieren como “aliados en el combate al hambre y la desnutrición en el país, donadores comprometidos con la sociedad en la que trabajan y con la construcción de un México más justo.” Entre sus aliados se encuentran Walmart, Pepsi, Femsa (Coca-Cola), Oxxo, Nestlé, Unilever, Kellogg’s, Sopas Nissin, Monsanto, entre muchas otras. La red describe que casi el 60% del alimento que rescatan son frutas y verduras, y el resto, granos, abarrotes, cereales, y proteínas. La red Bamx rescata alrededor de 110 mil toneladas cada año, e indican que su trabajo coordinado beneficia a más de un millón 137 mil mexicanos en situación de pobreza alimentaria.

 

También hay muchas organizaciones y bancos de alimentos no afiliados a la red Bamx, que trabajan para que los 28 millones de mexicanos con carencia por acceso a la alimentación que registró el Coneval en 2014, puedan superar esa situación. La respuesta que brindan los bancos de alimento es de urgencia ante la necesidad que representa el hambre, pero existen distintas organizaciones y modelos que buscan trascender la asistencia para generar cambios desde el origen.

 

Es en las ciudades donde se concentra un mayor número de personas con carencia por acceso a la alimentación. En el Distrito Federal existen aproximadamente 800 mil personas con esta carencia, y es ahí donde en 2013 se instaló La Tablée des Chefs, una organización que nació en Canadá en el año 2002 a iniciativa de Jean Francois Archambault, quien después de estudiar hotelería y trabajar en esa industria descubrió la gran cantidad de comida que se desperdiciaba ahí. Junto a algunos chefs creó una organización para rescatar los excedentes alimenticios de los hoteles y otras empresas de alimentos preparados para repartirlos entre instituciones de ayuda. El proyecto de emprendimiento social llegó a México debido a que en 2011 ganó el Continuity Forum de la fundación abc, un concurso que busca expandir y dar continuidad a organizaciones que han logrado generar un exitoso y benéfico impacto social o ambiental en el continente americano.

 

La Tablée des Chefs tiene como ejes de acción alimentar y educar; en la Ciudad de México han hecho vínculos con cinco universidades y han sumado a cinco hoteles que ahora están rescatando alimentos, dicen haber rescatado hasta el momento 13 mil porciones de alimento que normalmente iban a la basura; siendo cada porción de 300 gramos, se habla de unas 39 toneladas. En México, es una de las pocas organizaciones que se dedican a rescatar alimento preparado.

 

“Realmente nosotros sólo hacemos conexiones que no existen”, dice Malika Dreyfuss, directora en México de la organización. Su método consiste en brindar material adecuado para guardar y etiquetar los alimentos. Son los hoteles quienes congelan la comida en sus instalaciones y después es Alimento para Todos, un banco de alimentos de la red católica Cáritas, quienes pasan en sus vehículos refrigerados por los alimentos a los hoteles.

 

—¿En las ciudades debería ser más barato recuperar el alimento que tirarlo? —le pregunté a Malika.

 

—Creo que sí, me parece que cuando pagas materia prima, el tiempo de la persona que cocinó, el gas, la luz, y hasta el hecho de tirarla, pagarle al señor que recoge la basura, cargarla hasta el lugar donde se tira, creo que el costo, para todos, es mayor.

 

En Guadalajara, además de existir desde 1991 el Banco Diocesano de Alimentos, afiliado a la red Bamx, en 2014 surgió Food Funding, un nuevo proyecto que busca aumentar la conciencia contra el despilfarro de alimentos. “Nos mueve el hambre” me dijo Marien Aubert, una de las gestoras de la iniciativa dentro de cuyas actividades, proveen servicios de alimentos para eventos sociales, organizan actividades con universidades, y eventos lúdicos como la Disco sopa, una mezcla festiva que por medio de la música —en vivo de preferencia—, el baile y la recolección de alimentos, reivindica la concientización sobre el desperdicio.

 

A diferencia de las iniciativas que proponen los bancos de alimento tradicionales, La Tablée des Chefs y Food Funding son esfuerzos por seguir propagando los cambios de producción, distribución y consumo, desde el individuo, dirigido de abajo hacia arriba.

Yo quiero un país sin hambre

 

A “la crisis económica mundial y la volatilidad de los precios internacionales de los alimentos que inició en 2007-2008” se le identifica como el contexto en que la pobreza aumentó en México de 2008 a 2010; a pesar de que se redujeron cinco de las seis carencias sociales que el Coneval identifica, la de acceso a la alimentación fue la única que aumentó en dicho periodo.

 

El gobierno federal creó una política pública llamada Cruzada Nacional Contra el Hambre, cuya población objetivo es quienes se encuentran en situación de pobreza extrema y carencia por acceso a la alimentación. Se considera que esta población está sujeta a “condiciones de desventaja y mayor vulnerabilidad ante las condiciones económicas mundiales y la volatilidad de los precios de los alimentos.” Un eslogan de la Cruzada es “yo quiero un país sin hambre”.

 

Hoy, el valor de la exportación de productos agrícolas mexicanos supera las exportaciones petroleras, y este 2015 podría llegar a una cifra récord: 29 mil millones de dólares, de acuerdo a José Calzada Rovirosa, titular de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

 

El pasado 15 de octubre se reunieron investigadores de diversas instituciones para hablar sobre temas de alimentación, con motivo del Día Mundial de la Alimentación instruido por la ONU el 16 de octubre de 1945. El periodista Juan Luis García destacó de esta reunión la coincidencia de los investigadores en afirmar que la política agroalimentaria en México está centrada en los logros de exportación, “no en subsanar los problemas de hambre”.

 

El investigador Mateo Mier y Terán dijo que el aumento en las exportaciones no representa un beneficio económico para los pequeños agricultores. “No hay forma de instrumentar que un sistema sustentando en la exportación vaya a generar una economía que permita un consumo local”.

 

En octubre de 2013 el Coneval publicó un Diagnóstico del Diseño de la Cruzada Nacional contra el Hambre, en el documento se registraron “retos y avances”, éste fue uno de los retos señalados: “El diagnóstico [de la Cruzada] no especifica cuál es la problemática de los productores rurales pequeños, ni de la merma post-cosecha. Estas problemáticas no están cuantificadas. La estrategia necesita definir cuál será la intervención para elevar el ingreso de los pequeños productores rurales y reducir las pérdidas post-cosecha.”

 

El cuarto objetivo de la Cruzada es minimizar las pérdidas post-cosecha y de alimentos durante su almacenamiento, transporte, distribución y comercialización. El gobierno federal calcula que estas pérdidas representan casi 80 mil millones de pesos anuales, y son un 37% de los alimentos que llegan a la cadena de abastecimiento.

 

La política agroalimentaria y la de Desarrollo Social en México no persiguen los mismos fines, ni actúan de forma coordinada; para reducir las carencias alimentarias en el país, hace falta más que querer.

 

El paradójico problema de combatir el hambre

 

La paradójica relación entre dieta y aumento de peso, es el nombre de la conferencia que el doctor Antonio López estaba por impartir el viernes 2 de octubre en el tercer Congreso Nacional de Nutriología.  Minutos antes de que diera inicio la conferencia, hablé con él.

 

—¿Al sistema en el que vivimos le preocupa el hambre? —le pregunté.

 

—Claro, tiene dos finalidades el hambre: la preocupación de que tus congéneres puedan comer, y que a través del hambre controlas la economía —el doctor continuó: —A pesar de que no se puede controlar el hambre, se puede controlar la disponibilidad de alimento; y el hambre tiene la capacidad de manipular la vida de personas, localidades, o países.

 

Si se puede controlar la disponibilidad de alimento, se puede controlar su calidad. Irónicamente, el programa federal para mitigar el hambre hace alianzas con empresas cuyos productos dañan la salud nutrimental de quienes los consumen y éstas a su vez donan productos a las personas identificadas con mayores carencias alimentarias. Así, el paradójico problema de combatir el hambre se vuelve un conflicto de intereses.

 

Mientras nuestro consumo esté enmarcado en las reglas que establecen los grandes consorcios que producen alimentos, y mientras las políticas públicas carecen de una buena coordinación que logre reconfigurar el origen de la carencia alimentaria, ya sea en libros, políticas públicas o bancos de alimentos, el hambre como pobreza alimentaria seguirá vigente y la realidad inmersa en estos juegos del hambre verdaderos.

BIBLIOGRAFÍA

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