TALLER

¿Espacio comercial o centro público?

La ciudad frente a la obsolescencia urbana
de sus islas

Los centros comerciales de la ciudad tienden a reproducir elementos simbólicos del espacio público tradicional, ¿por qué son tan exitosos?

Por RODRIGO ATILANO y GUSTAVO TORRES /

Fotografía: MICHELLE VÁZQUEZ

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A mediados del siglo XIX el emperador Napoleón III y Georges-Eugène Haussmann realizaron una transformación radical de la ciudad de París que consistió básicamente en la construcción de grandes avenidas para conectar a la ciudad.

 

La académica e investigadora del Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la Universidad de Guadalajara, María Teresa Pérez Bourzac, señala que el denominado “Plan Haussmann”, derivó en la creación de grandes espacios para caminar dirigidos para la gente de clase media y alta.

 

Fue así que apareció la figura de Aristide Boucicaut, quien en 1852, el mismo año en que Napoleón III le encargó a Haussmann renovar París, se asoció a la tienda “Le Bon Marché”, en la que implementó un concepto pionero, el de tienda departamental, la idea: una gran oferta de productos bajo un mismo techo.

 

El proyecto de Boucicaut condujo a la creación del centro comercial, que llegó a Estados Unidos -por medio de Victor Gruen- para quedarse, pues su éxito fue rotundo. El concepto de centro comercial del siglo XX en el país vecino llegó a Guadalajara en 1969 con la creación de Plaza del Sol, la primera de su tipo en América Latina -que originalmente iban a ser dos centros comerciales: Plaza y del Sol-. Para 2014 ya había en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) 46 centros comerciales con una extensión territorial en su conjunto de un millón 279 mil 509 metros cuadrados, de acuerdo al “Insight Retail”, elaborado por la compañía CBRE.

 

Los centros comerciales, en su necesidad de adaptarse para no ser vencidos por la competencia, han tomado elementos que se suelen identificar en los espacios públicos como los parques y las plazas. Esto ha sido parte del debate entre arquitectos, urbanistas y académicos, sobre si el centro comercial se puede considerar como un espacio público o más bien un espacio privado de uso público, un espacio público de gestión privada o espacios semipúblicos. Para Pérez Bourzac, Plaza del Sol es el ejemplo en Guadalajara de lo que ella nombra como “el espacio público contemporáneo.”

 

El espacio público contemporáneo, en palabras de Pérez Bourzac, tiene varias restricciones de uso, como el hecho de contar con seguridad privada que impide sacar fotografías y video en el lugar, así como su ubicación que favorece el transporte en automóvil privado en detrimento del transporte público, la bicicleta o andar a pie.

 

Para el sociólogo Rodrigo Salcedo Hansen, el mall es un espacio pseudo-público, “abierto pero seguro, atento a la comunidad pero comercial, libre y espontáneo pero al mismo tiempo controlado y producido.” El arquitecto Richard Rogers considera que entra en la categoría de “espacio cerrado” junto con el barrio residencial, el automóvil, los túneles, las circunvalaciones, entre otros espacios, “en tanto que la plaza, la calle concurrida, el mercado, los parques y las terrazas suelen ser abiertos.” Rogers afirma: “Los espacios cerrados satisfacen nuestros caprichos de consumo privado y autonomía (...) por el contrario, los espacios abiertos aportan algo común: agrupan distintas partes de la sociedad y alimentan un sentido de tolerancia, conciencia, identidad y respeto mutuo.”1

 

“El fenómeno es imparable y continua”, indica Olga Becerra Mercado, académica de la Universidad de Guadalajara. Olga colaboró con Bernardo Jiménez-Domínguez y Ana Rosa Olivera en el estudio de 2009, “Apropiación pública del espacio en centros comerciales de la zona metropolitana de Guadalajara”, que analizó la Plaza Lomas y Galerías.

 

Olga Becerra cuenta que, si bien Plaza del Sol se edificó en el sur del AMG, Gran Plaza, Centro Magno, Galerías y Andares se establecieron en el poniente. El oriente estuvo rezagado hasta 2008 con la construcción de Plaza Fórum Tlaquepaque, que sirvió como detonante para que se construyeran otros tantos en esa zona como Terraza Oblatos y Terraza Belenes. La consigna de estos lugares es ligar la compra con la diversión y el placer, señala citando a Victor Gruen.

La caída del espacio público

 

La política federal del expresidente Felipe Calderón promovió la recuperación de los espacios públicos a cargo de los municipios a través de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), asignación que hoy es responsabilidad de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU). Olga menciona que gracias a esta política se ha tenido éxito en lugares como el Parque San Jacinto y el Parque Juan Soriano de la colonia Santa Cecilia, “donde era impensable la convivencia”, agrega.

 

La implementación de parques lineales ha sido también una decisión acertada, de acuerdo a Olga, pero estos espacios requieren constante mantenimiento “y ahí es donde puede fallar el municipio”; si hubo presupuesto para rehabilitar espacios públicos, también debe haber para su conservación, pues un espacio público descuidado “promueve el vandalismo”, en su opinión.

 

Para Bernardo Jiménez-Domínguez el fenómeno de los centros comerciales ha tenido cambios en los hábitos de la población en relación a la expropiación del espacio público, una ciudad difícil de caminar y cuyo uso de suelo cambia caóticamente, por lo que se llena de comercios y oficinas improvisados “que convierten las banquetas en estacionamiento y saturan de autos las calles sin ninguna consulta con los afectados sin ningún respeto por su vida cotidiana y con el consiguiente estrechamiento del espacio público y barrial.”

 

Él considera que los espacios públicos se han vuelto cada vez más inseguros al ser vandalizados, invadidos por el comercio informal y “territorializados por el narcomenudeo y la prostitución o las pandillas en las unidades deportivas.” Según Bernardo, todo esto convierte a la gente en consumidores de espacios comerciales que “simulan el espacio público como gancho y forma de atracción”, cuya arquitectura consiste en “construir las secciones del hipermercado social”, afirma Bernardo citando al escritor francés Michel Houellebecq.

 

Los centros comerciales cada vez ofrecen más, “casi todo lo que ofrecía la ciudad, pero concentrado, incluyendo vivienda”, señala Bernardo. Los malls han pasado a ser lifestyle centers, un concepto “que subtitula algunos de los centros comerciales más recientes que copian las calles comerciales originales en que se inspiraron los malls inicialmente, pero privatizadas y excluyentes” y que, por consiguiente, son los centros del nuevo estilo de vida. Mientras tanto, existe una generación de jóvenes que no conoce el Centro de la ciudad, dice el periodista Alfredo González.

 

Este paso de mall a lifestyle center se debe a un concepto que María Teresa Pérez llama “obsolescencia urbana”. Los centros comerciales se deben ir renovando para que la gente siga yendo y consumiendo, por lo que “empiezan a utilizar elementos simbólicos del espacio público tradicional y los meten a sus diseños para hacerlos más amenos y que la gente esté más tiempo.”

 

La académica Ana Rosa Olivera cree que este fenómeno es una transformación urbana, un cambio en la manera de concebir y simbolizar el espacio. La consecuencia es “una sustitución del espacio público por el centro comercial. Una dislocación de actividades socioculturales llevadas a la esfera privada y con ello un aletargamiento de las autoridades responsables de la gestión del espacio público sobre todo para el mantenimiento de los mismos. Esto lo tenemos documentado, ciudadanos asiduos del espacio público y en continua lucha por la degradación de los mismos, han optado por hacer un cambio de prácticas socio-espaciales en el centro comercial más cercano a su antiguo espacio público.”

 

Ana considera que la pérdida de lo público en la ciudad, “es una consecuencia grave ya que no todos los ciudadanos tienen la posibilidad de migrar con sus modos y formas de ser al mall y de ello los filtros de seguridad son responsables.” En su opinión, algunos aspectos de los centros comerciales deberían replicarse en los espacios públicos, como andadores transitables y seguros y áreas verdes conservadas, ya que “algún día el centro comercial tendrá que regresarle al centro urbano y los espacios públicos el mismo conocimiento que tomó prestado para concebirlos”, menciona en referencia a lo que el mismo Victor Gruen dijo.

 

“El centro comercial se instaura como una isla en la ciudad”, afirma María Teresa. Ella en el resumen de una ponencia denominó a los centros comerciales como “entes autistas en la ciudad”, pues son espacios diferentes, que no tienen nada que ver con el entorno. “Yo llego allí y me olvido de mis problemas, me olvido de lo que dejé y es mi isla, mi protección, mi espacio bonito”. Por lo tanto, ella asegura que el centro comercial confirma el concepto de isla o “fragmento urbano”, y que conlleva un riesgo de fragmentación social, debido a que “la sociedad se sigue polarizando y la falta de mezcla social es lo que nos lleva a muchas situaciones de violencia que vive la ciudad contemporánea.”

 

Los ciudadanos que han adoptado al centro comercial como su nuevo punto de referencia social en detrimento de la plaza pública o el parque, tienen sus propias razones, por ejemplo Ana considera que “es lo que le queda más cerca de casa y es lo más práctico para hacer algunas compras”, mientras que José asegura que “hay varios comercios, tiendas departamentales y juegos para los niños, además de la cercanía”; para María “es lo más práctico porque me siento cómoda y puedo encontrar de todo: comida, ropa, zapatos, nieve, cafés”.

Una ciudad que se define por sus espacios

 

El geógrafo y urbanista catalán Jordi Borja en su libro “El espacio público, ciudad y ciudadanía”, define al espacio público como un lugar de representación, “en el que la sociedad se hace visible” y que tiende fundamentalmente “a la mezcla social”, por lo que su uso es un derecho ciudadano de primer orden. Para él, la historia de la ciudad está definida por la historia del espacio público, que a su vez es un indicador de la calidad de vida de la gente “y la calidad de la ciudadanía de sus habitantes.”

 

Borja ve que muchas de las grandes ciudades europeas y americanas están evolucionando hacia un modelo de ciudad que prioriza el automóvil y las autopistas, “acentúan la segmentación urbana, promueven desarrollos urbanos guetizados, aumentan las distancias y multiplican la congestión”, y refiere el caso de Sao Paulo en la década de los noventa, el cual reflejó que más autopistas “equivalen a peor circulación y a menos ciudad”, además de que la presencia de policías en las áreas residenciales y comerciales correspondientes a las clases medias y altas conducen a una mayor inseguridad en los espacios públicos y, por tanto, a una ciudad fragmentada, que “tiene tendencia a ser una ciudad físicamente despilfarradora, socialmente segregada, económicamente poco productiva, culturalmente miserable y políticamente ingobernable.”

 

Este fenómeno social que actúa a favor del centro comercial en detrimento del espacio público ha llevado que en algunas ciudades latinoamericanas exista una preocupación por recuperar estos últimos. En 2012, Medellín lanzó el programa “Cultura Espacio Público”, que comenzó con la liberación del centro de la ciudad del comercio informal -tal como se está haciendo hoy en Guadalajara- y actualmente la alcaldía de esta ciudad colombiana cuenta con la Subsecretaría de Espacio Público y Control Territorial, cuya misión es “Gestionar la intervención del espacio público, mediante estrategias de control, protección y recuperación, con el fin de mejorar la movilidad, la seguridad, la convivencia y contribuir al desarrollo socio-económico y el disfrute colectivo para toda la ciudadanía.”

 

Bogotá tiene el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público, que busca “contribuir al mejoramiento de la calidad de vida en Bogotá, por medio de una eficaz defensa del espacio público”. Caracas estableció un Plan Estratégico Metropolitano llamado “Plan Caracas 2020”, entre cuyos objetivos está transformar cualitativamente el espacio público.

 

Buenos Aires, por su parte, creó el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, que tiene su “Plan Microcentro”, el cual tiene como uno de sus ejes de trabajo el “ordenamiento del espacio público”, representado en acciones como el reacomodo de los carteles de los locales comerciales para disminuir la contaminación visual.

 

Guadalajara tiene un plan en relación a la reactivación de los espacios públicos, y para ello el alcalde Enrique Alfaro ha designado al arquitecto Ricardo Agraz Orozco como Director de Proyectos del Espacio Público, una dependencia que forma parte de la Coordinación General de Gestión Integral de la Ciudad. Su fin es “diseñar, gestionar y transformar la ciudad en un modelo multipolar de desarrollo con comunidades vitales, compactas, integradas, vinculadas, seguras y funcionales”, según el artículo 135 del reglamento de la administración pública municipal de Guadalajara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre las atribuciones de Agraz están crear y diseñar los espacios públicos municipales, elaborar las políticas generales a los programas de intervención de la ciudad en materia de espacio público, y crear y diseñar los proyectos arquitectónicos para el espacio público. Agraz colaboró con Alfaro cuando éste fue alcalde de Tlajomulco en proyectos como el Malecón de Cajititlán y el de Cuexcomatitlan, además del proyecto La Planta, que consistió en transformar una planta de tratamiento de agua abandonada en un centro cultural.

 

Agraz considera que el Centro Histórico era el espacio público más democrático durante gran parte de la historia de la ciudad, ya que se trataba del sitio en el cual asistían todos, desde el dueño de la empresa hasta el trabajador más humilde, todos caminaban por las calles y compraban en las mismas tiendas, sin embargo, a partir del año 1969 con la llegada de los centros comerciales (Plaza del Sol), se empezó a notar una clara división que terminó por crear barreras de acceso en los distintos puntos, especialmente relacionadas con el uso del coche.

 

Esta situación se ha visto aumentada por el uso de estacionamientos privados que imponen tarifas a los que necesitan usarlos, en algunos casos, incluso esa es la única forma para acceder al centro comercial, mientras tanto, en el Centro Histórico se vive una situación contraria, el uso del automóvil se ve desalentado por la dificultad de encontrar sitios de estacionamiento seguro.

 

Algunos dirán que se está viviendo un traslado del espacio público desde el núcleo central de la ciudad hacia los malls de la periferia, sin embargo, el arquitecto Agraz considera que el centro comercial no puede ser considerado como un sitio de todos, ya que tienen un dueño con intereses específicos de tipo comercial, no tienen una intención de convertirse en el lugar de paseo y convivencia entre la población en general, sin embargo, un sector de los habitantes de la ciudad ya ocupan estos espacios como el punto neurálgico de su vida social generando una inequidad con el resto de la población.

 

Para Agraz, el espacio público se puede explicar como la capacidad de “apropiarse de la ciudad”, con esto, quiere decir que la población debe ocupar aquellos espacios diseñados para ella, desde la banqueta hasta el Bosque de los Colomos sin la preocupación de estar invadiendo espacios que no le pertenecen, lo compara con el espacio privado mediante la teoría del eco de bordes, con la cual se parte desde el espacio más íntimo de la casa (el baño) hasta el abrir la puerta de la calle, momento en el que se da una fusión entre lo privado y lo público.

 

Una de sus prioridades es la vida comunitaria, para eso se está diseñando una estrategia que permita volver a voltear hacia los barrios de manera que el centro de la ciudad se vuelva el eje rector que permita la convivencia entre todos los habitantes. Aunque el centro es para un  amplio sector de la población un espacio muy popular. Por ejemplo, Marta, habitante de Guadalajara, dice “aquí venimos todos los domingos, después de misa y tenemos un buen paseo familiar, vemos las tiendas y cosas así”, una situación que comparte Juan quien considera que “el centro es lo que nos queda más cerca y pues es lo más barato para pasear”, por otro lado Pedro defiende el primer cuadro de la ciudad “tenemos que venir aquí más seguido, es nuestra historia, los lugares que nos identifican como lo que somos.”

 

Se puede decir, que una de las intenciones de este gobierno municipal es la de volver a repoblar el Centro Histórico mediante la redensificación de determinadas zonas, ya que desde el Ayuntamiento se asegura que “en algunas cuadras únicamente viven dos personas, el resto es ocupado por comercio”, para ello se propone que algunas casas antiguas sean rehabilitadas y puedan albergar departamentos, “ocho o diez como mucho” que permitan atraer a nuevos habitantes. Agraz mencionó específicamente algunas zonas como las cercanías del Parque Agua Azul o el Parque Morelos, las cuales ahora son infrautilizadas como bodegas o negocios que no aprovechan al máximo la capacidad.

 

Al ser cuestionado sobre la posibilidad de que una redensificación del Centro Histórico pueda traer consigo un aumento del precio del valor del terreno (gentrificación), y por lo tanto, un fracaso en el plan de repoblamiento, Agraz considera que para ello es necesario dejar establecidas unas reglas claras que no permitan la construcción de edificios de cincuenta pisos, sino que tengan un límite de altura que no entorpezca la visibilidad del patrimonio urbano, para ello espera contar con el apoyo del Plan Parcial de Desarrollo Urbano de la administración de Guadalajara.

 

Agraz también deja espacio a la libertad de mercado, es decir, piensa que las propias condiciones de la oferta y la demanda determinarán el precio justo para la vivienda en el Centro Histórico, además de que deberá planificarse un reparto del espacio urbano según determinados nichos de la población, es decir, ofrecer vivienda para jóvenes en zonas de diversión y para adultos mayores en zonas tranquilas de la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En cuanto a los centros comerciales, es evidente que también están sufriendo una transformación en su idea y su fisonomía, en algunos casos ya están incorporando espacios que permitan desarrollar vivienda en el mismo lugar, para integrar en un mismo espacio la vida y el comercio, por lo cual pasarán a convertirse en una isla que las mantenga en su propio entorno sin necesidad de convivir con lo que hay en el exterior.

 

Sin embargo, existe el riesgo de que el Centro Histórico se convierta en un gran centro comercial en caso de que estos planes terminen por provocar la gentrificación del primer cuadro, es decir que signifique la existencia de departamentos cuyos costos de renta solamente sean accesibles a las personas de clase media-alta y espacios comerciales que únicamente puedan ser costeados por las grandes cadenas comerciales, algo similar a lo que ha sucedido en ciudades como Barcelona, en donde algunos negocios tradicionales se han visto obligados a cerrar sus puertas por la imposibilidad de pagar los altos precios de la renta, dejando en su lugar a grandes tiendas de ropa, restaurantes de comida rápida y franquicias de todo tipo.

 

La intervención de zonas urbanas deprimidas ha sido un factor que le ha lavado la cara a lugares que antiguamente eran ocupados por construcciones abandonadas y que debido a sus niveles de inseguridad o de inaccesibilidad se habían convertido en espacios que las personas evitaban, algo que en el mundo puede ser visto en zonas como Puerto Madero en Buenos Aires, Canary Wharf en Londres, El Born en Barcelona o Nuevo Polanco en la Ciudad de México, lugares considerados de moda que están viviendo un proceso de elitización cultural y social, que los convierte en una nueva versión urbana del centro comercial.

 

En el corto plazo parece que los centros comerciales continuarán teniendo una supremacía en la preferencia de la población, no solamente de los habitantes de la ciudad, sino también de aquellos que la visitan. Aunque los centros comerciales no se pueden considerar espacios públicos, son un espacio del público. Es importante vigilar lo que pueda suceder con los planes del Ayuntamiento de Guadalajara de rehabilitar el Centro de la ciudad, porque existe la posibilidad de que se termine incentivando la disputa que define las preferencias entre los centros comerciales y los espacios públicos: decidir entre lo que es de todos y lo que les pertenece a unos pocos.

BIBLIOGRAFÍA

1

Rogers, R., y Gumuchdjian, P. (2000). Ciudades para un pequeño planeta. Barcelona: GG.

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