PERSONAS

Es otra época para ser transgénero

Si existe un futuro en el que se hable de las primeras comunidades de internet que formaron las personas transgénero, sin duda habrá alguna referencia a la generación actual. Estos son los tiempos en que finalmente, quienes nacen con una identidad de género distinta a la de su cuerpo tienen vías de información y maneras de organizarse que les permiten procurar una ciudad más acorde a su presencia. La cuestión trans también ha sido trastocada por la modernidad, pero la necesidad de eliminar los estigmas que se le impusieron se mantiene igual que antaño.

Print Friendly and PDF

En octubre de 2003, la revista científica Molecular Brain Research publicó un estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles. El doctor Eric Vilain y sus colaboradores analizaron cerebros masculinos y femeninos para concluir posteriormente que la identidad de género, es decir, la percepción que cada persona tiene acerca de sentirse hombre o mujer, es una condición natural que actúa a nivel genético en la etapa de formación del organismo. De acuerdo con el texto publicado, hay genes que determinan el género del feto, antes de que el cuerpo esté listo para producir testosterona y encaminar el proceso de diferenciación sexual del cerebro en un sentido específico. En pocas palabras, somos hombres o mujeres antes de que nuestro sexo se manifieste en lo físico.

Son datos como los que arrojó esta investigación los que implican una manera distinta de entender la cuestión transgénero, contrapuesta a la idea existente de que en muchos casos suele estar ligada a factores más culturales que biológicos. Hoy, el trámite para que una persona cambie su identidad de género ante el Registro Civil es más sencillo que nunca. Al menos en el Distrito Federal. Los temas de diversidad sexual ganan vigencia a partir del reciente debate público acerca del matrimonio igualitario, y pareciera que la sociedad muestra una mayor apertura a discutir estas ideas y modificar la manera en que las aborda. Esta es una ciudad más consciente de la sexualidad, pero muy dada a perpetuar formas de discriminación que no sabemos si se van a erradicar del todo. Y así como hoy en día una persona transgénero puede ascender al estrellato en Youtube, hay otros espacios que permanecen invariablemente cerrados para su comunidad. Es 2015 y así es vivir cuando se es una persona transgénero en Guadalajara.

 

Zack

 

Hace una hora, Zack terminó una jornada más en su trabajo. Es ingeniero industrial. Trabaja para una compañía en las que se labora con ropa formal. Lo encuentro en la colonia Miravalle. Tiene que ir a su casa para hacer su maleta y viajar al Distrito Federal esta noche. En el trayecto del trabajo a su casa, habla de cómo vivió una infancia de acuerdo a su identidad con mucha naturalidad. Jugaba juegos de niños con sus hermanos y sus primos, nunca se sintió niña, nunca se vio como tal ni encajó en el rol que la sociedad espera de una mujer. Pero sí notaba el trato distinto hacia los hombres, y esa diferencia no le gustaba. En la escuela, los niños no querían jugar con él, y él no quería jugar con las niñas.

 

Después llegó la adolescencia, con toda la confusión que esa etapa puede causar en alguien que no es del género que su cuerpo le dicta. “Fue de ‘¿qué me está pasando que a los demás no?’, fue el choque más pesado que tuve, pero como todo ser humano al momento de no encontrar una respuesta te acostumbras a llevarlo, en mi caso me acostumbraba pero era por temporadas, algo me faltaba, no estaba a gusto”, cuenta. Una vez fue a un retiro espiritual, de los que la gente a veces ve como un medio para que el camino de las personas se enderece de la manera más católica y tradicional posible. Entonces Zack lo aceptó y volvió más convencido que nunca: él es un hombre y siempre lo ha sido. “A partir de ahí empecé a estar mucho mejor y a llevar una vida más tranquila y más en paz conmigo”.

 

A los 25 años comenzó a informarse acerca de los temas de transgénero  y supo que quería modificar su cuerpo para tenerlo más acorde a su identidad. Le llevó años documentarse e investigar al respecto. En una sociedad que por lo general relaciona a las personas transgénero con prostitución y vicios, aceptarse a sí mismo no fue un asunto sencillo. A los 30 años fue con un endocrinólogo de Guadalajara, y después de realizar los estudios pertinentes, inició la terapia de hormonas. Luego se sometió a una cirugía de mastectomía para masculinizar el tórax. En un punto de su transición consideró la faloplastia, pero tener un pene nunca fue su prioridad. “Conforme te das cuenta de qué es lo que en realidad te hace lo que eres, sabes que los genitales no tienen que ver con eso. Yo no la necesito y además no lo haría porque actualmente en México no hay ni médicos capacitados, es una cirugía muy cara, no te da buenos resultados ni en estética ni en sensibilidad, prácticamente nomás te sirve para orinar parado, entonces la neta no le hallo chiste”.

 

Las calles de la colonia Miravalle no son rectas, hay muchas cuchillas y el paisaje está cubierto por edificios de departamentos. Alguien que no es de aquí puede empezar a caminar en círculos sin notarlo en cualquier momento. Acaba de llover y nos detenemos afuera de un templo. Me siento en una banca mojada. Zack lo duda un poco, y se sienta también. Dice que vive con dos amigos, y que terminó con una novia hace como seis meses.

 

-¿Y cómo es una relación de un hombre trans con una mujer?

- Como cualquier otra, creo que en esta sociedad estamos acostumbrados a pensar solamente en una relación heterosexual, pero con un poco de imaginación y con más puedes hacer muchas cosas. En ese sentido no he tenido ningún problema, pero por otra parte en toda relación siempre hay broncas, diferencias.

 

A Zack le gusta leer libros de autoayuda, le gustan las películas de terror y de ciencia ficción. De la música no es muy aficionado. Parte de su tiempo libre lo dedica al grupo Transformando-t, mediante el cual realiza actividades de concientización acerca del tema. Este grupo lo inició al ver la falta de información que existe para los hombres transgénero en Guadalajara. Han organizado foros en universidades, participaron en la campaña “Soy más de lo que ves” a través de Coesida y pretenden llevar el tema a las empresas para procurar que cada vez haya más apertura en el ambiente laboral.

 

“Tú naces con una identidad, que me haya tocado nacer con equis genitales fue otra historia, pero la identidad la trae uno en la cabeza, lo que sientes, lo que percibes y lo que quieres. Ese fue mi caso y simplemente hay que modificar lo que se puede y lo que no, pues aceptarlo”.

Diana y Erick

 

Diana y Erick dan la impresión de contener en sus personas mucho de lo que es la actualidad. Él trae puesta una camiseta de Nirvana. Ella viste una blusa negra con el logotipo de Batman en amarillo.

 

-¿Te gusta Batman?

-No, nomás me gusta la blusa.

-A mí sí me gusta -, dice Erick. -El de Tim Burton lo idolatro.

 

A Erick le tocó jugar Super Nintendo en los primeros años de su infancia. El Super Mario All Stars fue el primer juego que tuvo. Pero el Playstation lo atrapó a la edad en que uno más se envicia con los videojuegos. Jugaba con sus primos. Le gustaba más el Marvel vs Capcom que el King of Fighters. En su casa le regalaban libros. Alguna vez creyó que su desarrollo sería igual al de los otros niños, pero a medida que crecía, la realidad le planteaba un escenario distinto. En la secundaria no le quedó de otra: había que obedecer y portar el uniforme de niña, tal como hacían las demás alumnas que al igual que él, nacieron con sexo femenino. Intentó ser como las niñas en varias ocasiones, pero la certeza de pertenecer al género masculino era más fuerte. No duraba mucho cuando ya volvía a usar el cabello corto y pantalones.

 

Tiene 22 años, trabaja en un bar y estudia la licenciatura en Administración Financiera. Le gusta Game Of Thrones, la serie y las novelas. Ahorita está releyendo una que se llama El temor de un hombre sabio, de Patrick Rothfuss. Dice que llevan dos libros y un spinoff. Cuenta toda la trama con lujo de detalles. También le gusta escuchar Sonata Arctica, Elvis Presley, algunas de Barry White y Frank Sinatra. Y Marilyn Manson. Prefiere las películas animadas de DC Comics.

 

-¿Son frikis los dos? –se me ocurre preguntarles.

-Ella, a veces -señala a Diana.

-A veces, pero no soy tan fan –aclara ella.

 

Diana ya ha vivido en el DF, en Puebla, en Guerrero y en el Estado de México. Nació en Texcoco, pero ha tenido que irse de casa en varias ocasiones. Su papá no permite que ninguno de sus tres hijos, varones de nacimiento, quiera ser mujer.

 

Diana vive cerca de la casa de Erick, pero se conocieron antes de que ella viniera a Guadalajara. Estaban en un grupo de personas transgénero en Facebook. “Yo veía que ella publicaba cosas, se  me hacía muy guapa y me gustaba lo que publicaba”, relata Erick. Al principio no se animaba a hablarle. Y menos porque ya sabía que a Diana le gustaban las mujeres. Entonces Diana lo agregó, con el pretexto de pedirle información acerca de los trámites para cambiar la identidad de género ante el Registro Civil del DF. Empezaron a contarse sus historias.

 

Cuando tenía 16 años, Erick dio con el tema transgénero y vió bastante sentido. “Si te identificas como hombre no es necesario que seas bien macho, el típico wey barbudo”, asegura. Esa idea le gustó mucho, contempló la opción de ir adelante en su masculinidad, pero con su familia y amigos la situación se complicaba. Ya se habían acostumbrado a verlo como mujer y así les parecía mejor. Fue durante una sesión un grupo de diversidad sexual que obtuvo el apoyo y los ánimos para llevar a cabo su transición.

 

Tanto Erick como Diana coinciden en que la información que había en Internet cuando empezaban a investigar al respecto era mínima. En español había menos todavía. “La primera vez encontré en inglés, también información de España. La segunda vez encontré algo más pero no te decían dónde vendían las hormonas, cómo empezar, a dónde acudir, quién podía ayudarte”, recuerda Erick. Por otra parte, Diana buscaba magia negra. A los 13 años quería encontrar una especie de hechizo que convirtiera su anatomía en la de una persona del sexo femenino. Después se hizo amiga de una chica que vivía en Perú. En la antigua red de Hi5 entabló otra amistad con alguien que le habló acerca de inyectarse hormonas. El medicamento costaba 25 pesos en las farmacias de similares.

Diana tenía 16 años cuando se inyectó hormonas por primera vez. “Ese día fue el más feliz de mi vida, me sentía realizada, tenía más seguridad, ya iba a poder ser quien soy”, cuenta. Asegura que nunca se ha sentido identificada con el género masculino, pero en la infancia tuvo que aprender a sobrellevarlo. En la primaria fue el blanco de muchos golpes. “No bullying, golpes”, enfatiza. En un test de orientación vocacional escribió “soy gay”, hizo bola la hoja y la tiró a la basura. Pero no era gay precisamente, tenía lo que se conoce como disforia de género: una contradicción entre la identidad de género y el sexo físico de la persona. Al no entender lo que ocurría se asumía como gay. De todas maneras había que portarse como un niño heterosexual en casa.

 

Después de haber iniciado su proceso de hormonas, Diana empezó a documentar su transición. Subía videos a Youtube en los que mostraba sus cambios y daba consejos a partir de su experiencia personal. Mucha gente la conoció. A la fecha le preguntan la calle “¿tú eres Diana la de Youtube?”. Esos videos ya no están en la red. Tras 11 meses de publicar con cierta regularidad, borró el contenido en un arranque por reafirmarse como hombre. La presión de su papá era muy fuerte.

 

Una vez su papá encontró en la basura las ampolletas que Diana usaba para inyectarse. La corrió de la casa. Entonces comenzó a vivir por temporadas en diferentes ciudades. Se estableció en Puebla, y aprendió reparar celulares, computadoras, hacer trabajos de plomería y electricidad. Todo lo que le ayudara a subsistir. Vendía películas afuera de su escuela. También vivió en el DF durante un tiempo, pero regresó a Texcoco porque no le gustaba estar lejos de su familia. La sensación de estar haciendo algo muy malo no la abandonaba, así que dejó la terapia y se cortó el cabello.

El ir y venir de Diana fue una constante en la que no sólo cambiaba de ciudad. Si regresaba a Texcoco para estar con su familia se comportaba como hombre. Si se iba lejos de casa, intentaba ser mujer una vez más. En el DF reanudó la terapia con un doctor que le ayudó a recuperar las facciones que ya había perdido luego de interrumpir su anterior intento de transición. Encontró una nueva esperanza con ese doctor, y aunque tuvo que volver a casa otra vez, decidió que no habría marcha atrás en su determinación de ser quien es. Encaró a su papá. Se negó a comportarse como hombre frente a él. Rechazó cortarse el cabello. La relación entre ellos se enfrió, pero hubo algo de tolerancia. Entonces dio con Erick en Facebook.

 

“Si hay química, si hay muchas cosas que me agraden o pueda hablar mucho tiempo con esa persona, para mí es la indicada. No veo si es hombre o mujer”, comenta Diana. A sus 24 años, con ayuda de Erick y su mamá, llegó a vivir a Guadalajara. Lleva dos meses en la ciudad. Pero la mamá de Erick no siempre se mostró abierta a tener un hijo transgénero. Al principio le costaba trabajo entender lo que ocurría. Lo llevaba con un psiquiatra y luego con otro. Erick tenía ansiedad y depresión por no encontrar la manera de iniciar su transición. “En un momento me di cuenta, es mi cuerpo, yo decido a fin de cuentas el responsable de mi felicidad soy yo, entonces compré hormonas”, relata. Empezó a automedicarse y notó los cambios casi al instante. El grosor de la voz, el vello, la libido más fuerte. Sintió más confianza en sí mismo.

Su mamá y sus tías se enteraron y lo reprendieron. Se le prohibió usar la computadora, pero él no se detuvo. Poco a poco lo aceptaron. “Tú tienes un proceso y ellos tienen el suyo: tú no te puedes detener para que te alcancen ni puedes apurarlos”, le dijo una psicóloga acerca de la situación con su familia. En noviembre de 2014, cuando se aprobó la reforma para el cambio legal de género en el Distrito Federal, Erick le dijo a su mamá que iría a tramitar su nueva acta de nacimiento. Tuvo más apoyo. Ahora la mamá acude a reuniones de un grupo de familias de la diversidad sexual. Le habla a su hijo en masculino casi todo el tiempo, y lo va apoyar para que le realicen una mastectomía.

 

Lo que viene después de estos procesos, es vivir. Diana y Erick dicen que no todo el día se tiene qué tratar del hecho de ser transgénero. En la medida que asumen con seguridad sus propias personalidades, la gente les va a dar el trato que buscan. En un descuido, cualquier comentario de otras personas basta para tirar esa confianza que toma años construir. Diana se acostumbró a modular la voz. Le gusta pasar desapercibida, lo ve como signo de que la ciudad asimila su feminidad poco a poco. Todavía enfrenta alguna pregunta incómoda de vez en cuando. “¿Por qué tienes ese huesito en la garganta?”. “Ah, es que yo iba a ser niño”, y ya. Termina el tema sin darle importancia, sin sentirse insegura y sin dudar de sí misma.

Los dos piensan en la próxima generación de personas trans. Coinciden en que no van a tener un mundo tan cerrado. La diversidad sexual, tan presente en la opinión pública en meses recientes, puede encaminarse hacia un futuro en que la sociedad la asimila de forma distinta. “Por lo mismo que dicen que se puso de moda se está dando más información, entonces hay psicólogos que tienen interés por aprender, investigan del tema hablan con personas trans”, platica Diana. Mencionan a Victoria Volkova y otras estrellas trans de Youtube. Dicen que las más famosas sólo se dedican a dar tips de moda y belleza, y casi no abordan la cuestión trans a profundidad. Que ello podría crear falsas expectativas en personas que todavía no se aceptan a sí mismas. Sin embargo, también hay mayor conciencia a edades más tempranas, y estar en una familia dispuesta a informarse cuenta mucho. Erick asegura que hay quienes aprenden a estar bien con sus cuerpos y ser abiertos en cuanto a sus géneros desde muy jóvenes, sin necesidad de encasillarse. Llegan a ser lo que llaman “género fluido”.

 

-¿Y cómo sabes que no te equivocaste en tu deseo de alguien que no eras?

-Yo podía estar todo el tiempo viviendo como hombre, pero yo siempre supe que no lo era, que sólo estaba fingiendo.

-Es que siempre lo sabes, aunque lo quieras esconder lo sabes y no se quita con nada: sabes que no es algo que adquiriste, sabes que lo tienes desde siempre aún si tus comportamientos no son masculinos o femeninos, sabes lo que eres, siempre hay algo que te lo grita, aquí adentro te habla la vocecita y te dice cuando vas por buen camino.

Marina Fernanda

 

Marina Fernanda grabó en video todo el trayecto que recorrió en bicicleta desde Periférico Sur hasta el Black Coffee que está en el cruce de 8 de julio con Lázaro Cárdenas. Le gustaría hacer un documental o algo así con las imágenes que ha recabado durante sus traslados en la ciudad. Las reacciones que ciertas personas pueden tener al verla pasar no parecen causarle mucho conflicto. Sabe reírse de ello. “Imagínate la transición en mi colonia”, comenta.  “La gente que me vio llegar a la colonia casi casado, y de repente ven este giro: hay a quienes les vale madre, están los que te siguen tratando igual y están los que se asustaron y hacen comentarios”. Si el de la tienda se refiere a Marina como “señor”, ella le contesta con un “sí, señorita”. Y sí, hubo un tiempo en que Marina Fernanda, la diseñadora y fotógrafa que anda en bici y que ahorita está frente a mí con su blusa gris de los Rolling Stones y dije de rayito a lo David Bowie, fue un padre de familia a punto de formar el hogar que planeaba darle a su hijo y a la mamá de su hijo.

 

Todo forma parte del proceso que vivió para ser Marina. En muchas etapas de su vida intentó dar una válvula de escape a eso que siente un hombre cuando en el fondo sabe que es mujer. Alguna vez fue miembro del grupo de alabanza en una iglesia evangelista. Pensaba que lo suyo era un mal que podía curarse con la oración. De pronto se encontró asistiendo a una misa diaria durante todo el año. Le dijeron que tenía el don de predicación, y le dijeron bien. Resulta muy entretenido conversar con Marina. Mueve las manos, plantea un asunto y luego reflexiona como si hablara consigo misma. Le encuentra la ironía a todo.

 

A los 8 años, era un niño que vivía en un conjunto de departamentos que se llamaban “Galáctica”. De esos tiempos recuerda su impresión al enterarse que Samus, el personaje que protagoniza los videojuegos de Super Metroid, no era hombre como se creía al principio. “Me llamó mucho la atención que fuera una mujer independiente en el espacio, matando alienígenas sin ayuda de nadie”, relata. Le gustaba la animación japonesa, y siempre se identificó más con los personajes femeninos. En un taller al que ingresó para aprender a dibujar como los autores de sus series favoritas, creó una historia en la que el protagonista existía en varios universos de manera simultánea. En un mundo alterno, el protagonista era mujer.  “Es un referente de cómo sin saber nada de esto, me identificaba con la figura femenina, porque así como que yo fuera un hombre muy femenino, en mi pasado no lo fui tanto”.

 

De la experiencia en el grupo evangelista, le pesa haber tirado a la basura todas sus posesiones relativas a la animación japonesa. Objetos coleccionables que hoy tendrían mucho valor. Después decidió meterse de lleno a la fotografía. De su afición por la fotografía callejera pasó a la fotografía de modas. En un momento empezó a diseñar lencería junto a una novia que entonces tenía. Muchas de sus actividades reflejaban un deseo de exorcizar su feminidad en cierta medida, pero la tranquilidad no llegaba. El conflicto interno era como una bola de nieve en picada.

“Por un lado estaba buscando que ya se me quitara, y por otro lado me estaba descubriendo cada vez más dentro, es algo que iba más allá de mi razón”, platica. Marina se considera bisexual, pero hasta hoy sólo ha tenido novias. Antes de su transición, alguna pareja llegó a decirle que se sentía más como si estuviera con una amiga. En la intimidad no le funcionaba tener que asumir un rol de hombre dominante. No siempre les contaba su situación a sus parejas, pero una vez tuvo una novia que le animó a ir adelante en su búsqueda. Con ella hizo los primeros intentos de ser una mujer fuera de casa.

 

El hijo lo tuvo con otra de sus novias, y quiso darle casa, alimento, educación y amor proveniente de un matrimonio heterosexual, pero la familia de la novia puso trabas desde el inicio. Cuestiones de dinero, más que de otra cosa. “Yo ya tenía broncas en mi trabajo, en mi familia, todo se empezó a rezagar, a olvidar, empiezas a ver cómo lo que te gusta de tu vida se va  y esto se vuelve algo latente”. Entonces tomó la decisión de detenerse. Tenía que arreglar las cosas consigo misma antes de seguir. A sus 27 años dio con la palabra transgénero en Internet, en un tiempo en que sólo había de dos categorías: eras full o de closet. Dice que se sintió como quien encuentra su lugar. Conoció gente como ella en las redes sociales y obtuvo más información al respecto. Se daba cuenta que tenía que trabajar en su persona para ser quien ahora es.

 

Lo peor que puede pasar con una persona trans, es la incomodidad hacia su propio cuerpo, un malestar que se extiende hacia el entorno y la vida misma. Así lo ve Marina. Y es que no ha sido nada fácil aceptar la idea de ser una mujer transgénero en una sociedad que todavía lo entiende como un cliché: un joto que es más joto porque se viste de mujer, y que sólo por hacerlo tiene las puertas cerradas en la mayoría de los trabajos que no son prostitución ni show bussiness. “Cuando ya sabes que eres trans piensas qué vida tan apestosa, que la gente te trate así, que no haya trabajo, que te vean como si fueras un enfermo. La contraparte es que cuando trato de seguir su jueguito de las construcciones sociales me empiezo a autodestruir, entonces me aviento de un puente o busco una solución. Me di cuenta que si no hacía la transición o no tomaba cartas en el asunto, no iba a poder vivir”.

 

Para ella las hormonas no son una obligación, pero sí una herramienta que ayuda a desenvolverse mejor. Alguna vez se auto medicó, pero no lo recomienda. “La espironolactona me cayó muy fuerte, las piernas se me entumían muchísimo me daban calambres horribles, un día dos sin poder mover la pierna bien”, relata. “Aparte empieza a cambiar tu cuerpo, empiezas a cambiar tu todo tu carácter, te asustas porque no hay ni un doctor con quien hablar, empiezas a imaginarte muchas cosas”. Este último año es el que Marina ha vivido como una persona transgénero de manera abierta. Lleva una terapia psicológica y combina su trabajo con el activismo, porque le interesa que haya más visibilidad para las mujeres trans en la sociedad. Sube videos a Youtube, da conferencias. Le interesa acabar con el estigma que deja a las mujeres como ella sin trabajo. El mismo día que me cuenta esto, dos posibles clientes la rechazaron al conocerla en persona, a pesar de que antes le habían dicho que les gustaba su portafolio.

 

“¿Quién quiere ser el chiste social?”, cuestiona. “¿Quién quiere salir a la calle a que te estén gritando? Necesitamos que más mujeres trans salgan y hagan su vida, pero en esta sociedad tan machista la lucha es muy difícil”. El proceso le costó mucho. Todavía hay problemas, depresiones, pero también es más feliz y siente más confianza. Todos los días enfrenta las reacciones que su presencia causa en la gente. A veces imagina que son monitos a los que ella da cuerda. Opina que la manera más sabia de repeler el rechazo social es la indiferencia. “En esto te haces antibalas, si no los volteas a ver se encabronan más ellos. Creen que me sorprende pero todos los días lo veo, después de tantas situaciones tan gachas, lo que para ellos es una sorpresa en ese momento, a mí el año pasado ya me ocurrió cuatro veces el mismo día”.

 

Print Friendly and PDF

Territorio

¡Suscríbete!

Casa

Recibe reportajes, crónicas, entrevistas, 
0 invitaciones especiales a nuestros eventos.

Común

Plural

Tienda

© 2017 Territorio.

Contacto: redaccion@territorio.mx

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.