ENCUENTRO

En el principio fue el verboide
y éste se hizo periquete

 

“La cultura es el presumido que todos llevamos dentro” dice uno de tantísimos periquetes que se generaron en las reuniones donde el poeta Arduro Suaves fungía como maestro de ceremonias. Antes de las redes sociales, cuando a la gente no le quedaba de otra que salir a la calle, un grupo de poetas, escritores y otros vagos tomaron el centro de Guadalajara y empezaron con una dinámica hasta hoy irrepetible en la ciudad.

 

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Cuando la gente forma comunidades alrededor de una afición particular, puede dar lugar a dinámicas irrepetibles en la historia de una ciudad. En la Guadalajara de los años noventa, en medio de una efervescencia cultural que marcó a esa década, se generó un movimiento único en su tipo, uno que le debe mucho al gusto por el humor y la literatura. La historia de los periquetes tiene como escenario el centro de la capital tapatía. No se sabe con exactitud dónde fue que el poeta Aduro Suaves alias “Arturo Suárez” contrajo la sarna, pero sí es seguro que en el café Gardel (que se ubicaba en la avenida Juárez a media cuadra del Hotel del Parque) fue donde contagió a la mayor cantidad de personas. La sarna periquetera, que es más un hábito que una enfermedad, se propagó entre un grupo de entusiastas que, al igual que Suaves, comenzaron a practicar lo que el poeta Raúl Aceves califica como aerobics verbi-sensual, es decir, “un chiste elevado a categoría filosófica; es metafísica de café al aire libre, el juego de pon uno, toma todo, la pájara pinta de la serenidad”.

 

Un poco como las greguerías de Ramón Gómez de la Serna o los poemínimos de Efraín Huerta, los periquetes son frases cortas con un tinte irónico que buscan la risa inteligente, siempre valiéndose del ingenio y de distintos recursos literarios. Según Margarita Salazar, viuda de Suaves, el poeta contaba que desde que iba en sexto de primaria le daba por hacer juegos de palabras por puro cotorreo. Cuando se casaron en 1981, él ya escribía poemas que contenían ciertas frases en ese sentido. Fue en 1986 cuando publicó la primera compilación de periquetes, titulada El periquete sarniente o el español descocado, que quedaron sentadas las bases para este movimiento que se extendería en las siguientes décadas. La referencia a José Joaquín Fernández de Lizardi, autor de El periquillo sarniento, no es gratuita, es más bien un homenaje al fundador de la novela picaresca en Hispanoamérica. “En España se dice que hacer las cosas en un periquete es hacerlas rápido, en un ratito, y como él conocía también el lenguaje, aprovechaba para componer y descomponer”, explica Margarita.

“Ya agarraste por tu cuenta las palabras”

 

El Club de Periqueteros Solitarios de Occidente Asociación Banal se fundó en 1990 y tomó como sede oficial el mencionado Café Gardel. El editor y poeta Jorge Orendáin recuerda que tenía 23 años cuando empezó a asistir a esas reuniones que se llevaban a cabo los sábados a la una de la tarde.  “Iba gente de muy diversas profesiones: pintores, músicos, bailarines, gente que se enteraba que ahí nos reuníamos; a veces iba el lavacoches de ahí a la vuelta, gente que ni secundaria hizo. Entonces eran años muy ricos por la interacción que se hacía, siempre la risa te va a generar una dinámica muy importante”, platica. No era que se llevara un orden del día o que hubiera pasos a seguir. Los asistentes simplemente conversaban entre ellos y los periquetes surgían de manera espontánea, a veces muchos, a veces pocos o ninguno. Pero había momentos en que un periquete sacaba al otro y todo se volvía una cadena con bastantes chispazos de comicidad. Arduro Suaves anotaba los que le parecían buenos, y con los malos sólo se limitaba a preguntar al autor una frase que después se hizo famosa en el medio cultural: “¿Es tuyo?”. A la semana siguiente, repartía fotocopias que contenían los periquetes producidos en la reunión anterior.

 

Era una época de mucho movimiento cultural, una de las más importantes en la historia de Guadalajara, según Raúl Aceves. Surgieron revistas, talleres literarios, editoriales. Se dieron a conocer los moneros Jis y Trino. Llegaron librerías como Gandhi y el Fondo de Cultura Económica, se fortaleció la Feria Internacional del Libro. Radio UDG se consolidó como la emisora que se conoce hoy en día. El periódico Siglo 21 marcó un parteaguas en el periodismo local. Algunos de los periqueteros dirigen hoy editoriales o talleres, son poetas y escritores que han ganado premios importantes. Y en las reuniones, Arduro Suaves como maestro de ceremonias.

 “PERO HABÍA MOMENTOS EN QUE UN PERIQUETE SACABA AL OTRO Y TODO SE VOLVÍA UNA CADENA CON BASTANTES CHISPAZOS DE COMICIDAD”

 

“Vino blanco y se fue chapeteado”

 

“Arturo era como un niño grande, un tipo muy culto, muy disciplinado, gran conocedor de la política y de la historia de México, de la música, de la literatura, de la cultura cubana y de la rusa, sobre todo de la Unión Soviética, esos temas siempre le apasionaban demasiado”, recuerda Orendáin. Esas reuniones eran “de mucha palabrería, había música, sobre todo mambos”, comenta el escritor Óscar Tagle. Señala que Arduro llevaba una grabadora, a la cual llamaba “La Petacona”, para poner casetes y discos de su colección. También llevaba a escondidas una botella de ron Havana Club, porque en el café no vendían alcohol, pero la propietaria los dejaba tomar con la condición de que los demás clientes no se dieran cuenta. “Tú pedías tu coca o tu agua mineral, y él te bautizaba el trago con Havana Club”, platica. Tagle formaba parte del taller de poesía que impartía Raúl Bañuelos cerca de ahí. A la hora del receso, los asistentes del taller iban a los periquetes. Después se iban a comer a La Alemana, y si querían seguirle, se iban al bar Gil, o a La Mutualista. Era gente del centro.

 

Fueron ellos quienes abrieron La Mutualista a los eventos culturales, según recuerda Tagle. “Una vez escuchamos ruido en esa casona, era una fiesta de quince años o algo así, quisimos entrar y no nos dejaron. El dueño se dio cuenta, preguntó ‘¿quiénes son? a ver pásenle, sírvanles lo que quieran’. Volvimos el siguiente sábado a invitación de Raúl Hureña y le dijimos ‘¿por qué no te traes una rocola? y nosotros le ponemos discos’”. A la siguiente semana, en La Mutualista había una rocola con discos de jazz y mambo, música de Charlie Parker, Dizzie Gillespie, Miles Davis, Pérez Prado, Benny Moré. Además de las fiestas particulares de los periqueteros, en La Mutualista se realizaron presentaciones de libros, obras de teatro, danza y otros eventos.

“A LA SIGUIENTE SEMANA, EN LA MUTUALISTA HABÍA UNA ROCOLA CON DISCOS DE JAZZ Y MAMBO, MÚSICA DE CHARLIE PARKER, DIZZIE GILLESPIE, MILES DAVIS, PÉREZ PRADO Y BENNY MORÉ”

“Bailo mejor el mambo con camisa de fuerza”

 

Tanto Jorge Orendáin como Raúl Aceves recuerdan entre risas la manera que tenía Arduro Suaves de bailar. “Era un bailarín muy especial, te hacía reír bailando, sus movimientos eran muy divertidos, él era un hombre que todo el tiempo buscaba la parte lúdica”, dice Orendáin. “Ponía la grabadora en la banqueta, le subía el volumen y cuando se ponía en alto el semáforo de la calle Escorza nos salíamos a bailar”. Y es que en un grupo que trae la sarna periquetera, la comicidad trasciende las palabras y se convierte en situaciones, o al revés. “En alguna ocasión, Raúl Bañuelos y Arturo Suárez empezaron a jalarse las camisas, se rompieron los botones de tanto que se jalaron muertos de la risa, bien borrachos”, relata Margarita Salazar. “Entonces yo le pregunté a Orendáin ‘¿por qué hacen eso? ¿están compitiendo?’ ‘No’, me dijo,  ‘es que siempre quiere ser uno de ellos el que llame más la atención a las muchachas’, a mí se me hizo de lo más divertido”.

 

En su auge, el club llegó a reunir hasta 30 personas, entre periqueteros y los que nomás iban a convivir. La sarna se extendió a mediados de los noventas, hicieron lecturas públicas en librerías y en la FIL, las cuales adornaban con pericos de peluche. Arduro participaba en varios programas de Radio UDG diciendo periquetes, el más constante era El Tintero, que se transmitía los sábados. También lo invitaban a hacer programas de música cubana, participaba en Radio DK con una intervención llamada El minuto de la lechuza, y publicaba periquetes de economía (economiquetes) en el periódico El Financiero, como el que dice “ganarás el champán con el sudor de tu gente”. De hecho, hubo un periodo en que lo que más hizo Arturo fue escribir periquetes, según Margarita. “Estaba muy animado, para él no existía nada más importante que estar escribiendo los periquetes, desde que empezó a escribirlos era lo más importante para él porque era un ejercicio totalmente lúdico”. Cuando cerró el café Gardel, en 2002, los periqueteros se mudaron al Hotel del Parque, para seguir en la zona.

“ESTABA MUY ANIMADO, PARA ÉL NO EXISTÍA NADA MÁS IMPORTANTE QUE ESTAR ESCRIBIENDO LOS PERIQUETES”

 

Me gustas cuando jericallas, porque estás como flan…

 

Pero ¿cuenta el periquete como humor tapatío? El cuidadoso manejo de las palabras y el abierto rechazo al albur más corriente (Arduro consideraba que ese tipo de expresiones no encajaban en el estilo de este movimiento) podría hacer pensar que coincide con la idea del tapatío conservador que se tiene en casi toda la república. “Sí tiene un toque tapatío de difícil clasificación, pero es humor literario”, considera Óscar Tagle. Por su parte, Jorge Orendáin opina: “No todo, pero creo que sí podría reflejar una parte importante de lo que es la forma de reír de los tapatíos, habría que analizar mucho eso. Por supuesto hay referencias a Guadalajara, pero el hecho de que hablen de Guadalajara no refleja el lenguaje”.

 

La cosa es que tampoco eran tan recatados. Entre las ramas del frondoso árbol de Periquetia sobresalen los erotiquetes, como aquéllos que dicen “tus labios, protuberancia mayor”; “el amor es ciego y cojo”; “compro tarjetas ladatel para tener algo que introducir”; o “pélame, aunque no me hagas la circuncisión”. Y ya que estamos en ello, van unos amoretes: “hazlo bien y no mires a quién”; “ojos que no ven, se lo imaginan”; “todo fue en un abrir y cerrar de piernas”; “el amasiato es la célula fundamental de la sociedad”.

 

Las reuniones continuaron en el Hotel del Parque hasta 2009, año en que falleció Arduro Suaves, pero algunos de los periqueteros principales se siguen viendo actualmente en La Cafetería que está en la calle Libertad. Ninguna generación nueva los relevó, ni han surgido dinámicas parecidas entre gente más joven. Al menos no en lo físico, porque las redes sociales sí han servido como terreno fértil para el humor. Los memes son una muestra de ello. Y las frases en tüiter, al igual que en la sarna periquetera, no miden más de 140 caracteres. “Antes no era tan fácil encontrar mujeres que se integraran a esta dinámica de la ironía y el sarcasmo con frases; ahora es diferente, en tuiter sigo a mujeres que ni conozco porque escriben frases cortas buenísimas que digo, hubieran estado perfectas en el club de periquetes” comenta Orendáin.

 

Acerca de la nueva generación, Óscar Tagle afirma: “son muy buenos en muchas cosas pero no en el asunto medular fuera de la tecnología, el bagaje que tú traes y cómo lo transformas, lo reciclas, lo recreas, hay una clavazón muy fuerte en el asunto tecnológico, dominas todo pero la síntesis no es tan fácil”. El escritor adelanta que están planeando la publicación de dos o tres libros que compilen la sarna periquetera. También regresarán a Radio UDG, los domingos, en el programa Casa de Tinta, lo cual confirma esa máxima que reza “cría periquetes y te sacarán la lengua”.

 

“POR SUPUESTO HAY REFERENCIAS A GUADALAJARA, PERO EL HECHO DE QUE HABLEN DE GUADALAJARA NO REFLEJA EL LENGUAJE”

 

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