CONTRAPESOS

Emprendimiento ¿social?

El emprendimiento social no es más que una forma de renombrar
un sistema que genera desigualdades

Por EDUARDO ENRIQUE AGUILAR* /

Ilustración: INÉS DE ANTUÑANO

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El emprendimiento está de moda. Hoy en día individuos, organizaciones sociales, universidades, gobiernos e instancias internacionales apuestan por su desarrollo a gran escala en el futuro. Por esta razón, resulta necesario reflexionar cuidadosamente sobre este concepto para entender su popularidad.

 

En una revista virtual llamada Yorokobu, leí hace unos meses una historia que buscaba ejemplificar la idea del emprendimiento social1: un grupo de jóvenes decidieron iniciar un negocio vendiendo bienes básicos de consumo, como hortalizas, jabón o papel, a una comunidad con alta marginación.

 

Lo que no contaba la historia es que desde hace cientos de años dentro de ciertas comunidades, como la mixteca poblana, es un acto cotidiano y permanente el sistema de abastecimiento mediante el cual los habitantes se organizan para que a través de pedidos cada cierto día de la semana un encargado vaya a la ciudad más cercana a hacer las compras colectiva de sus necesidades particulares, para regresar a repartirlo y terminar obteniendo una retribución económica por tal acto.

 

La diferencia es que hoy en día una actividad como esa se le celebra con mucho entusiasmo y se le engloba bajo el manto del “emprendimiento con sentido social”.  Sin embargo, ¿por qué celebrar el sentido social de la economía como algo original? ¿por qué se impulsa con tanto interés hoy en día al emprendimiento social?

 

La respuesta, desde mi punto de vista, es escabrosa.

 

Para entenderla tenemos que reconocer qué es la economía y cómo  dentro de los últimos dos siglos la han despojado de su significado. La economía nació en el mismo momento en que se conforma la primera comunidad de seres humanos que buscó cubrir sus necesidades básicas como el hambre. Cuando surgió el primer intercambio de la naturaleza con la raza humana y posteriormente el intercambio entre individuos, nació la economía. La economía es una construcción social, porque las reglas de los intercambios siempre fueron consensuadas socialmente. En algunas comunidades las normas resultaban ser más simples, en otras, más complejas. Por ejemplo, en los tianguis prehispánicos de Mesoamérica existían reglas muy estrictas para regular los intercambios o trueques.

 

La antropología económica demuestra que diferentes sociedades articulaban sus sistemas económicos en principios como la fraternidad o solidaridad; la deuda o los compromisos; la divinidad; o la no equivalencia. Hoy en día, vivimos bajo un sistema económico que toma como base los valores como el egoísmo, el individualismo y la competencia para su reproducción. Los promotores de ésta economía, llamada economía de mercado, han tomado corrientes teóricas desde el siglo XVII para pregonar como creencia religiosa que el humano es por naturaleza egoísta e individualista. Hoy en día, estos valores ya han sido ampliamente discutidos y superados, demostrando que las personas han podido articular sistemas económicos gracias a que son gregarios, cooperativos, solidarios y reside un fuerte sentimiento de reciprocidad2.

 

No obstante, seguimos viviendo bajo el paradigma donde el sistema económico de mercado es dominante. Dentro de éste, la actividad económica tiene como fin la generación de ganancias, sin preocuparse mucho por el uso indebido de la tierra o la mercantilización de la vida de las personas. El aumento en la protestas por la defensa del territorio, las grandes manifestaciones contra el fracking, contra la megaminería o cualquier megaproyecto son el más claro ejemplo de la lucha de los proyectos de vida contra los proyectos de muerte3.

 

Es dentro de éste sistema de mercado donde la economía se separa de la esfera social. En otras palabras, la economía pierde su sentido comunitario, su vocación de servir a las personas y de cubrir las necesidades para vivir. Es ilógico que un sistema así siga funcionando. Por el contrario, el sistema económico genera justificantes para su sobrevivencia y toma diversas herramientas que corrompe para mantener las desigualdades que ha creado. Las estrategias de sobrevivencia del sistema son diversas, y una de ellas es el emprendimiento social.

 

La sociedad al crearse la necesidad del emprendimiento social, naturaliza el hecho de que los emprendimientos económicos no son sociales, y eso es una falacia. Hay que evitar caer en la trampa. Toda actividad económica real, tiene que ser social para atender las necesidades reales de las personas, como la producción de alimento, tendría que ser para alimentarnos y no para la generación de ganancias, ¿cuántas veces no hemos visto toneladas de alimentos desperdiciados porque no se vendieron en el mercado? ¿acaso no nos hemos enterado de los productores de leche desechando su producción en las alcantarillas porque no alcanzaron el precio mínimo para venderla? ¿por qué comer productos con agrotóxicos que provocan problemas de salud es más barato que comer productos orgánicos que ofrecen buena calidad de vida?

 

La misión del emprendedor social no puede ser solamente el emprendimiento, tendría que tener un sentido más amplio, el de luchar para que la economía vuelva a ser social, que regrese a las personas y que la economía tenga como último fin la reproducción de una buena vida. El emprendedor social, tendría que comprender holísticamente el panorama económico y entender que la economía donde estamos insertos, es una economía de mercado capitalista, que tiene como única finalidad la generación del lucro y que eso es antinatural.

 

El peligro del emprendimiento social actual es la naturalización del sistema económico que genera desigualdades y nos hace creer que necesitamos una respuesta social. Necesitamos recuperar el sentido de la economía en toda su expresión, apropiarse de ella y recrearla desde y para nuestras sociedades.

*Eduardo Enrique Aguilar es un apasionado por las economías alternativas, co-fundador del colectivo Red de Economía Solidaria de Guadalajara y el Tianguis de Trueque de Puebla, tecnólogo en Informática y Computación, licenciado en Estudios Internacionales y maestrando en Desarrollo Económico y Cooperación Internacional.

REFERENCIAS

1

GARCIA, Mariángeles. No abandones el pueblo: yo te hago la compra. Yorokobu. 10 de marzo de 2016. Disponible aquí.

2

Amartya Sen, (1987). ‘On Ethics and economics’. Australia. Blackwell Publishing.

   Karl Polanyi, (2003). ‘La gran transformación’. México. Fondo de Cultura Económica.

   Enrique Dussel, (2010). ‘16 tesis de economía política’. México. Siglo XXI.

3

Víctor M. Toledo & Benjamin Ortíz-Espejel, (2014).  ‘México: regiones que caminan hacia la sustentabilidad’. México. Universidad Iberoamericana Puebla.

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