ACTUALIDAD

El triunfo de la periferia

Sin un proyecto de ciudad, la vivienda popular en Guadalajara privilegia
los principios del mercado y se olvida de la justicia social.

Por JUAN IGNACIO OROZCO SEIFERT /

Fotografía: MICHELLE VÁZQUEZ

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Miguel Ornelas tiene 18 años. Cuando le pregunto si estudia música, por la guitarra que carga en su espalda, me cuenta que este semestre acabó un bachiller técnico. No sabe si entrará a la universidad pero por lo pronto ha conseguido trabajo en una maderería. "Camino para desestresarme. A veces por allá abajo. Otros días vengo por aquí, por los edificios. Me gusta conocer." Es de las pocas personas, si no la única, que parece caminar por gusto en esta micro ciudad bautizada como Valle de los Molinos. Una urbanización de aproximadamente 40 mil habitantes1, perteneciente al municipio de Zapopan pero separada física y culturalmente de la ciudad.

 

Vestido con pantalón, zapatos y camiseta negra, Miguel vaga por el enorme fraccionamiento levantado por el grupo inmobiliario Javer, de Monterrey. Pasea entre los últimos edificios que se construyeron, en la parte más alejada de la entrada al fraccionamiento al que se accede por la carretera a Colotlán. En las fachadas las instalaciones eléctricas no tienen el medidor de la CFE, lo que tienen son los cables sueltos a la intemperie que esperan la llegada de un nuevo inquilino, como las 5 millones de casas deshabitadas en todo el país2. A pesar del abandono, las empresas inmobiliarias siguen construyendo. En un sector del fraccionamiento hay una planta de concreto que trabaja sin parar. La demanda llegará  ya que la población mexicana crece y el porcentaje que vive en las ciudades no deja de aumentar (78% de los mexicanos en 2010)3. Miguel Ornelas se despide con una sonrisa; él forma parte a una generación de jóvenes que se ha acostumbrado a una ciudad que se construye más para los intereses privados que para las personas.

 

El Valle de los Molinos es un modelo de vivienda fracasado. Para Luis Felipe Cabrales, investigador de la Universidad de Guadalajara, se trata del Modelo Mexicano de Macrodesarrollos de Microvivienda Social o M4. En su artículo El de atrás paga: el modelo metropolitano de Guadalajara (2010), afirma que la vivienda actual recrea los fraccionamientos de clase media y alta: conjuntos residenciales cerrados que privilegian el automóvil y que están totalmente aislados.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La tendencia actual de numerosos desarrolladores es recrear en la vivienda vertical el modelo "M4", al que se refiere Cabrales. En el proceso de "redensificación" en el que se encuentra  la ciudad —con excavaciones y grúas apareciendo de la noche a la mañana por doquier— podría resultar una novedad, pero poco tiene que ver con la idea de ciudad compacta que forma parte no sólo de la agenda urbana mundial sino que es una de las principales estrategias del Programa Nacional de Desarrollo Urbano.4

 

"No es más que una rentabilización para el promotor y no para el ciudadano", me comenta Luis Felipe Cabrales al pedirle su opinión sobre la verticalización de la vivienda, más allá de la periferia.

 

La política de vivienda social mexicana, según Cabrales, se puede entender con ayuda de tres eslabones. El primero es la reforma en la regulación territorial realizada durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari: los promotores vieron una enorme oportunidad de negocio cuando se libera la venta de tierra ejidal. “Compraron en hectáreas, para vender en metros”, le gusta decir a Cabrales.  El segundo, la reforma del artículo 115 en 1999, que otorga competencias casi plenas a los ayuntamientos para definir los usos de suelo de su municipio. El último, cuando el Infonavit cumple funciones propias de un banco más que de un instituto de vivienda, es decir, deja de realizar labores de supervisión, cediendo la responsabilidad a las autoridades locales. "El eslabón financiero queda resuelto para el mercado", menciona Cabrales.

 

Más allá de las decisiones políticas está la realidad. Los fraccionamientos de interés social están repletos de niños. Sonia Bustamante es maestra en Valle de los Molinos. Le pregunto si es duro dar clases en la primaria que tenemos enfrente. “Muy difícil, tengo 40 niños en un espacio de 3 x 3 metros”. Me explica que las guarderías apenas alcanzan. Incluso cuando acaban de abrir una nueva escuela primaria, los 8 salones están repletos. Para el arquitecto Juan Palomar, sin intervenciones urgentes, el futuro de todos esos niños es desalentador. "Los niños que crecen en estos caseríos desolados, carentes de todo, tristes, propicios a la delincuencia, alejados de la ciudad, incomunicados, aburridos… son niños que van a adquirir estas cualidades."

Las ciudades que son muros

 

Desde su lado del escritorio, Juan Palomar coincide en que el resultado es desastroso. Palomar es un defensor de la tradición arquitectónica de la ciudad y resalta la importancia de la identidad y del patrimonio. "No se ha entendido plenamente, o no se ha querido entender, la dignidad que debe de tener la vivienda de cualquier hombre". Es difícil no coincidir con él cuando menciona que los factores que dan origen a una ciudad segregada, convertida en un proyecto inmobiliario, son la especulación, la corrupción y la tontería.

 

Con el objetivo de que el sector privado contribuya a resolver el déficit de vivienda, el Estado le ha otorgado grandes subsidios y facilidades que generan enormes ganancias en el corto plazo. Como consecuencia de lo anterior, el modelo formal que se ha reproducido en todo el país, caracterizado por espacios mínimos, creado en serie y en tierra barata, deja fuera una innumerable cantidad de factores como los conceptos de cohesión social, dignidad, identidad y patrimonio. En otras palabras, el desprecio al derecho ajeno de tener un hábitat mínimo, no es la paz. En nuestras ciudades existen millones de viviendas construidas para la estadística y no para las personas.

 

Para cubrir las necesidades básicas de las personas que viven en este tipo de vivienda, miles de millones de pesos tienen que ser invertidos en vialidades que no existían, en pozos de agua que no son suficientes o en pequeñas clínicas de salud para atender ciudades enteras. Aunque son los municipios quienes otorgan las licencias de construcción y determinan el uso de suelo, los recursos para el equipamiento urbano provienen de fondos federales o estatales. La incapacidad financiera de los municipios reduce las posibilidades de una mejor asignación de recursos en otras regiones del país.  En cambio, este desequilibrio de recursos pocas veces afecta el dinero de los desarrolladores. Ellos no tienen problema en entregar buenas, regulares o malas viviendas y luego desentenderse, como sucede con las empresas inmobiliarias Urbi, Homex y Geo, que después de declararse en quiebra han reestructurado sus deudas y hoy siguen presentes en el mercado.

 

Por otro lado, los indicadores económicos, enfocados en la productividad y el beneficio monetario, son insuficientes para abordar la gravedad del problema. Es indispensable entender que los factores psicológicos, antropológicos, sociales, e históricos son igualmente importantes. En ética a Nicomáco, el filósofo griego Aristóteles, defiende que el hombre se forma dentro de los muros de su ciudad. Churchill, el gran líder británico durante la segunda guerra mundial, repite la misma idea: " Nosotros formamos a los edificios, luego ellos nos forman a nosotros".

La vivienda como proceso

 

La arquitectura como disciplina tiene una característica inigualable: un importante impacto visible en la producción del espacio. Algunas experiencias demuestran su relación con la formación tanto personal como comunitaria. Encontramos por ejemplo que el último premio Pritzker fue otorgado al arquitecto chileno Fernando Aravena en gran medida por lo que él y su equipo de ELEMENTAL llaman vivienda incremental. A través de un gran esfuerzo técnico, generaron modelos flexibles e inteligentes de vivienda que permiten a los usuarios adquirir una casa de bajo coste pero no como un producto terminado que los encasilla a una determinada clase social. Entendiendo las aspiraciones de los habitantes de una ciudad, la vivienda incremental de Aravena incentiva una participación social en la creación del hábitat al permitir una construcción paulatina y en etapas. Como los recursos son invertidos en un proyecto a lo largo del tiempo, los usuarios no solo satisfacen sus necesidades personales progresivamente y a medida que pueden, pero del barrio en conjunto.

 

La idea detrás del trabajo de Aravena se llama producción social del hábitat. Concepto que está ampliamente desarrollado en artículos, libros y casos de estudio que demuestran resultados exitosos cuando el objetivo es generar redes comunitarias: construir ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Está por ejemplo el caso del Proyecto Experimental de Vivienda (PREVI), en Perú. PREVI sentó un precedente en la producción progresiva, dada la incesante urbanización informal de las laderas de la capital, la administración municipal de Lima —junto a la ONU5— convocó en la década de los sesenta a 26 arquitectos internacionales para que presentaran proyectos alternativos de vivienda social. El resultado es un conjunto habitacional heterogéneo, horizontal y de alta densidad en dónde cada vivienda ha respondido a necesidades específicas que se han presentado a lo largo del tiempo. Casas inmersas en una trama urbana, de escala humana, rica en plazuelas, callejones y calles peatonales. Estacionamientos y tráfico rodado, separados. Equipamientos colocados inteligentemente que permiten el uso de los jardines, parques y canchas comunes por colegios y guarderías durante el recreo.

 

El arquitecto Alejandro Zohn logra en la década de los setentas resultados muy similares en Guadalajara con las unidades habitacionales CTM Atemajac y Flores Magón. En un libro publicado en 2015, Jesús Rábago, describe el diseño de estas viviendas: con ayuda de manuales ilustrados y recurso a astutas técnicas6, los habitantes participaron en la construcción de sus casas. A raíz de estas colaboraciones, se creó una fuerte integración social, de vecino a vecino. Hoy, la unidad Flores Magón es un barrio que se ha construido paulatinamente y que se encuentra completamente integrado a la ciudad. Entre jardineras rebosantes y adaptaciones únicas,  son pequeñas sutilezas las que construyen su identidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En su artículo, Viviendas en proceso, Jorge Andrade presenta el caso del conjunto Cohuatlán planeado a finales de los años sesentas como un ejemplo de este tipo de producción de vivienda. Su desarrollo fue un largo proceso de colaboración entre los futuros habitantes y varias instituciones para lograr que en el centro de una manzana de la colonia Guerrero, en la Ciudad de México, se construyera un conjunto vertical de viviendas de interés social. Las continuas negociaciones y discusiones lograron desde reducir los cajones de estacionamiento necesario, liberando valioso espacio, hasta la forma en que las características de las vecindades se podían extrapolar al proyecto: el lavadero entendido como punto de reunión o el zaguán como separación entre el espacio público y el privado. Un punto crucial radicó en encontrar la forma de articular los departamentos para que pudieran crecer junto a la forma de vida de sus habitantes. La respuesta utilizó el concepto de soportes propuesto por el arquitecto holandés John Habraken en la época de postguerra. Los soportes permiten definir al edificio como una estructura base que se desdobla al ritmo de las necesidades de los pobladores. Si bien la regulación restringía enormemente la libertad del diseño - como la prohibición de alturas dobles para futuros tapancos o niveles medios - se trabajó la ubicación de las instalaciones (baños y cocina)  para que el "desdoble" fuera posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otro ejemplo son las experiencias de producción comunitaria estudiadas por Enrique Ortiz Flores en su artículo Derecho a la ciudad, producción social y gestión participativa del hábitat. Ortiz Flores es todo un referente en el tema. El caso de Palo Alto, en el que trabajó mientras era director del Fondo Nacional de Habitaciones Populares (FONHAPO), es paradigmático. Lo que hoy es un asentamiento consolidado, con canchas, bibliotecas, consultorio médico, juegos, guarderías, salones y gimnasio, nace en lo que fue la explotación de unas minas de arena en la periferia de la Ciudad de México. Después de 35 años, los trabajadores se opusieron a ser desplazados del suelo en donde habían construido sus propias casas y formaron la cooperativa de Palo Alto para defender un suelo codiciado por su excelente ubicación.  A través del trabajo comunitario se abarataron los costos de producción de la vivienda, se realizaron las gestiones del suelo frente a las instituciones gubernamentales, se canalizó la ayuda técnica proporcionada por ellas y se crearon economías de grupo: una tortillería, tiendas, una productora de tabique Es una experiencia vigente que forma parte de la muestra expuesta en el pabellón de México este año en la bienal de arquitectura de Venecia.

 

La producción social del hábitat tiene una sencilla máxima: la vivienda es un proceso, no un producto terminado. Por más que la arquitectura juegue un papel central, la vivienda incremental de Aravena, la unidad Flores Magón de Zohn, el conjunto Cohuatlán y la cooperativa de Palo Alto son fundamentalmente resultado de un enorme trabajo político. Tiene además numerosas experiencias propias de América Latina que, a diferencia de los enormes conjuntos habitacionales importados por el movimiento moderno, han tenido en cuenta las formas de vida, la cultura y las tecnologías locales. A la luz de estas experiencias, la vivienda social en México ha involucionado7. Aunque existen esfuerzos de gestión y diálogo en torno a la vivienda autoproducida, son escasos. La manera en que la política de vivienda social se ha materializado en las periferias produce una gran preocupación. Un problema que aumentará a la par del crecimiento de la ciudad y lo hará a un ritmo estrepitoso.

Muchos pero insuficientes

 

"Somos muchos los agentes responsables, pero pocos podemos hacer algo o sabemos cómo hacerlo", dice Isamar Herrera, arquitecta dedicada a estudiar el desarrollo sustentable y la construcción bioclimática. El tema de vivienda social, de acuerdo a su opinión, apenas es mencionado en las facultades de arquitectura. Pensar la vivienda, vivir la ciudad fue un concurso universitario internacional llevado a cabo a lo largo del último año. María de Lourdes García, académica de la UNAM, opina que el concurso sobre la vivienda careció de proyectos que ofrecieran respuestas innovadoras a problemáticas que han surgido en torno a la vivienda como la equidad de género, la tensión entre lo individual y lo colectivo o la variedad entre modelos de familia. Para Juan Palomar los estudiantes deberían de aprender de la buena pedagogía de los barrios de su ciudad e incluso de los pueblos del país.

 

Existen dos grandes retos según Hernández: involucrar al gobierno y acabar con la segregación entre los gremios. De otra manera, se continuará con la vivienda barata, no sólo en costo sino en espíritu y tendremos profesionales que sólo dialogan con aquellos que comparten su mismo punto de vista. El arquitecto holandés, Rem Koolhas, opina que "los arquitectos se están convirtiendo cada vez más irrelevantes como consecuencia".

 

Es probable que el Pritzker de Alejandro Aravena haya contribuido a colocar la vivienda social en la agenda pública. Lo cierto es que disciplinas tradicionalmente asociadas al territorio, como la arquitectura y el urbanismo, han sido incapaces de responder a los desafíos urbanos que toman peso en la discusión pública internacional. Para Jorge Pérez Jaramillo, director de planeación de Medellín, en Colombia, durante la administración 2012-2015, la agenda urbana es La agenda. Aunque realmente la palabra "urbano" aporta poco o nada de información8. La violencia urbana, la pobreza urbana o la expansión urbana, no son otra cosa que violencia, pobreza y expansión que suceden en el espacio urbano. Es difícil que una disciplina por sí sola sea capaz de explicar y dar respuesta a los problemas de ciudad. Las bases teóricas de la sociología, el derecho, la economía, la antropología, la ecología, las ingenierías u otras disciplinas son indispensables para generar políticas públicas eficientes.

¿Una nuevo capítulo para Guadalajara?

 

Para que una ciudad no se convierta en un "amasijo de agregados, de acciones y de agendas que no formulan", como dice Jorge Jaramillo, es indispensable un proyecto colectivo de ciudad, una visión compartida de largo plazo. Para él, una de las  claves se encuentra en dejar de hacer políticas de vivienda social y pensar en una política social de vivienda: "No es un juego banal de palabras. La primera es una política de construcción de vivienda para la gente más pobre. La segunda una política, de sentido social, para generar un hábitat en donde todos los ciudadanos tengamos acceso a la vivienda."

 

El trabajo de Enrique Ortiz Flores ha probado que ideas como la producción social de vivienda pueden formar parte de programas y planes nacionales. Aunque la falta de instrumentos y apoyos financieros para desarrollarlas ha sido un reclamo constante de distintos organismos civiles desde hace más de 50 años.

 

Alternativas existen. Se trata de implementar normativas de carácter social que limiten la existencia ilimitada de suelo barato cada vez más lejos y que permitan no sólo a las grandes firmas sino también a pequeños grupos de profesionales generar ofertas diferentes dentro del área urbana conectada9.

 

Alberto Orozco Ochoa es economista y exdirector del Instituto Metropolitano de Planeación (IMEPLAN) del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG). En su opinión, una política social debería tomar en cuenta esquemas de financiación con máxima ampliación del plazo y máximo nivel de subsidio a quienes adquieran la vivienda dentro de ciertas zonas. "Traer de regreso a los de afuera para vivir adentro". Considera que tener una sociedad propietaria de vivienda es una obsesión importada del norte (el norte global, el norte desarrollado: Europa y Estados Unidos ). Una obsesión que condujo a grandes fracasos en algunas ciudades de Estados Unidos y del Reino Unido. La vivienda en renta es una opción poco explorada y con muchas oportunidades. Hay mecanismos, capacidades e inteligencias financieras y de planificación para resolver la oferta de suelo urbano para la vivienda social. La capacidad que tienen los municipios sobre la regulación de su territorio no es poca cosa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los esfuerzos fragmentados de los ayuntamientos poco pueden hacer ante un fenómeno de escala no sólo metropolitana, sino regional. El Instituto Metropolitano de Planeación se creó justamente para generar estrategias que puedan entender la ciudad de Guadalajara como un ente metropolitano. En Julio de 2016, se publicó oficialmente el Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano (POTMet) del AMG, el único plan metropolitano aprobado por todos los ayuntamientos desde 1982. Aunque no tiene capacidades ejecutivas, la información que ha generado el instituto tiene un gran rigor técnico y puede ser una herramienta útil para la toma de decisiones municipales. Una innovación importante presentada en el documento es concebir la metrópoli como un conjunto de centros, denominados centralidades. De esta manera, las inversiones en equipamientos, servicios públicos y líneas de transporte se pueden concentrar en torno a ellas. Con un modelo de vivienda de alta densidad a su alrededor, los habitantes tendrían acceso a esas inversiones.

 

El POTMet no ha sido ajeno a la controversia, ¿cómo no va a serlo un plan que rige el desarrollo para los próximos 26 años y que tuvo que realizarse dentro de los apresurados tiempos políticos? A fin de cuentas, se trata de un acuerdo político.

 

Con ironía, Carlos Estrada Casarín, un arquitecto que trabaja en materializar formas distintas de hábitat desde hace varios años en Guadalajara, dice que los marcos institucionales y legales están hechos a la medida de ciertos intereses. A pesar de que el IMEPLAN cuenta con autonomía técnica, de último momento se añadió por petición directa de algunos ayuntamientos una serie de centralidades emergentes ubicadas más allá de la periferia. Después de la publicación del POTMet en el periódico oficial del estado, se ha expuesto que las centralidades emergentes son incoherentes tanto con los resultados analíticos del IMEPLAN como con los de las consultas públicas realizadas10 pues incentivan más que contienen la expansión de la ciudad.

 

Amparados por un documento de rigor técnico, algunos municipios del Área Metropolitana de Guadalajara, más como intermediarios de desarrolladores y cámaras de construcción que como tomadores de decisiones públicas, han decidido realizar importantes inversiones en estas nuevas centralidades lo que justifica la construcción de fraccionamientos con las características que ya conocemos.

~

 

Juan es tapicero que vive y trabaja en la calle Prisciliano Sánchez, en la colonia Americana, a unas cuantas cuadras del templo Expiatorio. Tendrá poco más de 60 años y llevará casi tantos años reconociendo telas, seleccionando texturas y ajustando patas y respaldos. Es parte de ese grupo de artesanos que tiende a desaparecer conforme crece la ciudad y con ellos el sentido de vida tan apegado al oficio, tan sencillo como romántico. Una exquisitez para la modernidad. Una exquisitez que no se da en ciudades que no son ciudad. Más allá de algún abarrotes o de alguna estética de uñas, existen pocas demostraciones del capital humano en los fraccionamientos de vivienda popular, un capital que por el contrario, sí existe en cada habitante, en cada ciudadano. Con pesar, seguido vemos que es un capital tirado a la basura.

 

Cuando no pudo seguir pagando la renta de su casa cerca del taller, Juan arrendó por un tiempo una casa en Tlajomulco, en un gran fraccionamiento. Al preguntarle en dónde vive ahora, me relata con naturalidad que llegada la noche, baja la cortina metálica, acomoda el colchón en medio de sillones y sillas desarmadas y después de echarse un baño a jicarazos, duerme sin la menor preocupación. En más de un robo, perdió en Tlajomulco los dijes de valor que tenía. Ahora, viviendo en el número 730, come rico en algunas fondas cercanas. Por  30 pesos le sirven sopa, un guiso, bastas tortillas y un vasote de agua fresca. Cuando tiene tiempo y ganas de caminar, baja al mercado de San Juan de Dios y se ahorra 5 pesos. Aunque nació en el Distrito Federal, lleva 40 años viviendo en Guadalajara y desde que existe, le gusta bailar los domingos en el Salón Veracruz: "casi siempre me tomo una o dos cervezas, si me alcanza, de vez en cuando un tequila".

 

Sin reevaluar el modelo de vivienda, sin reestructurar los sistemas de financiamiento y sin reconceptualizar la antagonía entre ciudad y urbanización; sin recuperar la eficiencia de las economías locales y de proximidad; sin redistribuir los recursos y reducir los tiempos de traslado; sin reutilizar los conocimientos sobre la producción social del hábitat y sin restringir la liberalidad de las ambiciones inmobiliarias, podemos estar seguros que la periferia habrá triunfado. Con fortuna, tal como Juan ha aprendido, a veces las alternativas se encuentran detrás de un poco de sentido común.

REFERENCIAS

2

Diario Oficial de la Federación, Programa Nacional de Vivienda 2014-2018.

3

Datos del último censo INEGI.

4

Diario Oficial de la Federación, Programa Nacional de Desarrollo Urbano, página 15, estrategia 1.2: Mejorar los instrumentos en materia de planeación y gestión urbana para fomentar ciudades compactas.

5

A través del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo).

6

Como ejemplo, los acabados en puertas y ventanas son de muy complicada elaboración. Se sustituyeron por piezas metálicas llamadas jambas.

7

Ángel Mendoza, La habitabilidad de la vivienda pública bajo el régimen del libre mercado.

8

Introduction. Urban, a multiple and open figure. G. Solinís.

9

La Federación Uruguaya de Cooperativa de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM)  demuestra como la producción social del hábitat es posible y rentable en una economía similar a la mexicana.

10

ANDRADE. (2011), Vivienda en Proceso, La Vivienda Popular en México, Retos para el siglo XXI, UAM, México.

CABRALES, L. (2010), El de atrás paga: el modelo metropolitano de Guadalajara, La reinvención de la metrópoli, El Colegio de Jalisco, México.

CENTRO MARIO MOLINA (2014), La vivienda Sustentable, la localización como factor estratégico…, Centro Mario Molina, México.

GARCÍA, F., TORRES, D., TUGAS, N. (2010), PREVI Lima y la experiencia del tiempo, Revista Iberoamericana de Urbanismo, No. 3.

HASTINGS, I. (2011), Análisis cualitativo de la vivienda popular en la ciudad de México, La Vivienda Popular en México, Retos para el siglo XXI, UAM, México.

MERCADO, A. (2011), La habitabilidad de la vivienda pública bajo el régimen del libre mercado, La Vivienda Popular, México.

ORTIZ, E. (2011), Derecho a la ciudad, producción social y gestión participativa del hábitat. La promoción de iniciativas comunitarias incluyentes en la ciudad de México, La Vivienda Popular, UAM, México.

RÁBAGO, J. (2011), Alejandro Zohn, Ingeniería, arquitectura, planeación, Monografías de arquitectos del siglo XX, Secretaría de Cultura -Gobierno de Jalisco, Universidad de Guadalajara, Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, Colegio de Arquitectos del Estado de Jalisco, México.

SOLINÍS G.  (2014), Introduction. Urban, a multiple and open figure. Infolio, France.

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