COLUMNA

El poder de la imagen

La idea de la belleza reduce la experiencia humana y mutila las infinitas posibilidades estéticas
y expresivas que existen en lo feo, lo grotesco, lo aterrador.

Por ABRAHAM PÉREZ  / Fotografía: ABRAHAM PÉREZ

Print Friendly and PDF

Ya sea mediante pinturas, dibujos o fotografías, las imágenes son sin duda la forma de lenguaje más extendida que tenemos. Cada dos minutos se toman tantas fotografías como se tomaron en todo el siglo XIX. Un estimado indica que hoy existen alrededor de 2,500 millones de dispositivos con cámaras digitales en todo el mundo, convirtiendo casi a cualquier persona en un potencial hacedor de imágenes. Estamos ante una verdadera era de la imagen, pero poco reflexionamos sobre el poder y el legado que hay en el acto de crearlas. Un acto que inició casi al mismo tiempo que se hicieron las primeras pinturas rupestres, y que nos ha acompañado desde entonces de una u otra manera.

 

A diferencia de hoy, los creadores de imágenes del pasado eran poseedores de saberes alquímicos heredados de maestros a alumnos en talleres perpetrados por generaciones; eran una suerte de sabios casi siempre al servicio de una élite al poder. Pese a ello, por medio de su obra se fue decodificando y complejizando durante siglos nuestro entendimiento de la comunicación simbólica; gracias a ellos descubrimos, por ejemplo, la influencia que tiene el color o la forma sobre nuestra percepción o sobre nuestros estados de ánimo.

 

Pero no sólo se trata de la forma y el color, sino también de la estética. En nuestra cultura visual comenzamos tratando de encontrar un ideal en la belleza, porque nadie nos enseña a dudar de ella. La tiranía de lo bello, de lo sublime y de lo reconfortante nos aleja de lo que nadie quiere ver. La idea de la belleza reduce la experiencia humana y mutila las infinitas posibilidades estéticas y expresivas que existen en lo feo, lo grotesco, lo aterrador. Como todo lenguaje, el de las imágenes evoluciona según nuestra necesidad de comunicarnos.

 

Esto desde luego no es nada nuevo, Rembrandt y Goya trascendieron esa autocensura de manera magistral, al dar un fin utilitario a la representación de su propia oscuridad. Sin ir tan lejos, recuerdo muy bien una historia que me contó el crítico cinematográfico Emilio García Riera hace más de 15 años: "durante un rodaje en los años 50's el gran fotógrafo Gabriel Figueroa llegó temprano a la locación elegida por el director y al inspeccionarla observó que al sureste tenía el imponente paisaje de los volcanes nevados de la Ciudad de México por un lado, y al otro, un deprimente tiradero de basura y un edificio en obra negra. Figueroa acomodó su equipo para comenzar a filmar mirando el hermoso paisaje hasta la llegada del Director (Luis Buñuel) quien en tono autoritario ordenó filmar hacia el norte recordándole  – ¡Gabriel!, la película se llama Los Olvidados.-"

 

La revolución digital traerá consigo una era dorada de creadores de imágenes como nunca en la historia. La masificación de la fotografía es mucho más que un alud de selfies y fotos de gatos, pues cada vez más personas encuentran en ella un medio masivo de denuncia o un medio de expresión más allá de las frontera de lo que se conoce como bello. El poder es de la imagen.

Print Friendly and PDF

Territorio

¡Suscríbete!

Casa

Recibe reportajes, crónicas, entrevistas, 
0 invitaciones especiales a nuestros eventos.

Común

Plural

Tienda

© 2017 Territorio.

Contacto: redaccion@territorio.mx

Enviando formulario...

El servidor ha detectado un error.

Formulario recibido.