ENTREVISTA

El narcotráfico:
archipiélago de mil problemas

Entrevista a Alejandra S. Inzunza

Entrevistamos a Alejandra S. Inzunza coautora del libro Narco América, un proyecto colectivo que se propuso viajar por América Latina para explicar la región sin los clásico estereotipos alrededor del narcotráfico

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Con la frase “el narcotráfico llega a donde el Estado no”, Alejandra S. Inzunza, co-autora del libro Narco América, nos platica sobre la complejidad de un tema que ha trastocado generaciones enteras. Los Dromómanos, esos obsesionados con trasladarse de un lugar a otro, es un colectivo al que Alejandra pertenece, conformado junto con ella por dos periodistas españoles. Durante un año, y con la ayuda de un Pointer azul 2003, recorrieron gran parte del continente americano narrando los matices de uno de los temas que definen a nuestra región: el narcotráfico.

 

¿Qué te hizo interesarte por el tema del narcotráfico?

Los tres (autores del libro) trabajamos en España en lugares que no nos gustaban. Yo trabajaba en as diario que es un periódico deportivo, y yo no sé mucho de deportes; José Luis trabajaba en el canal PLUS en televisión, y Pablo trabajaba de forma esporádica en la redacción de El País Valencia. José Luis, Pablo y yo nos conocimos en Madrid en la maestría de El País, y tuvimos la idea de venirnos a México para recorrer toda Latinoamérica y apostar por algo distinto. En México empezamos trabajando de manera free-lance. Nos gustaba esa independencia y apostar por historias de largo aliento. Tener tiempo suficiente, que es de lo que carecen los medios. Esa fue la forma en la que salió la idea y el proyecto de viajar y contar historias. No sabíamos que nos íbamos a enfocar en el tema del narcotráfico, originalmente la idea era simplemente viajar y contar las historias, tomando el tiempo necesario sin ninguna presión. Ahorramos un tiempo; no fue como “vamos a hacerlo y ya”.

 

¿Cuál es la importancia de mostrar una realidad como la del narcotráfico?

Como te decía, no fue algo planeado, pero al ir bajando por el triángulo norte que es El Salvador, Nicaragua y Honduras, lo veíamos como algo obvio y siempre presente. Son de los lugares más violentos del mundo que aún siendo países pequeños tienen índices de violencia altísimos. Al ver eso teníamos una obligación moral de hablar del narcotráfico y vimos que era un fenómeno que se replicaba en todos los países, nos pareció un buen hilo conductor para contar América Latina. Veíamos pobreza, desigualdad, violencia, corrupción, impunidad y todos esos fenómenos se podían contar a través del narcotráfico. El narcotráfico termina siendo causa y consecuencia.

 

¿Qué sería de la pobreza sin el narcotráfico?

No sé, tampoco se puede andar de oráculo adivinando otros futuros. No sé. Definitivamente el narcotráfico es una oportunidad para muchísima gente. Hay estados donde muchas personas están aisladas y no tienen otra oportunidad de trabajo más que sembrar droga. Se ve aquí mismo en México y en otros países como Perú, o Bolivia. Viene siendo una alternativa económica muy buena y rentable. Algo que se replica es: a donde no llega el Estado, llega el narcotráfico; sobre todo en comunidades muy aisladas que resulta la periferia de lo que realmente es el centro del país. Por ejemplo, en Perú donde es la zona de mayor producción de coca, pasa justo eso: gente que se encuentra muy lejos del país. Está lejos del país pero está ahí dentro. Está aislado y no llegan servicios y no hay las mismas condiciones, entonces es mucho más rentable la siembra de hoja de coca que la de café o cualquier otro tipo de cultivo.

 

¿El aislamiento de la sociedad frente al estado beneficia al narcotráfico?

En parte sí, y también porque son comunidades desprotegidas. Hay lugares en donde el Estado prácticamente no llega, como en Nicaragua.

 

¿Hay una vinculación directa entre el narcotráfico y las drogas?

Lo que se hace fuerte como sistema es el narcotráfico. Si algo está claro es que el crimen organizado está muy diversificado; no es sólo droga. El narco es petróleo, madera, trata de personas, secuestro, extorsión; tiene muchas ramas. La droga es una parte muy importante, representativa, pero si legalizas no se van a acabar los problemas. Los mercados negros van a existir siempre. Se pueden diferenciar pero a la vez siempre vas a tener que hablar de crimen organizado y droga por la política prohibicionista.

 

¿Cómo podríamos diferenciar el narcotráfico en América con el de Europa u otros continentes?

Hay que tener claro que América es un continente productor. En el caso de la cocaína y la marihuana, México y Paraguay son de los principales países productores. América se distingue por ser un continente productor. Los mayores consumidores se encuentran en otros países, pero por ejemplo Brasil se ha vuelto uno de los mayores países consumidores de cocaína y de sus derivados como el crack. Como continente productor somos los que más sufrimos los estragos de la guerra contra las drogas, específicamente en los índices de violencia y los muertos. Se viven fenómenos distintos al ser un país consumidor que al ser productor. Es un fenómeno distinto a lo que sucede en Europa, porque es un continente consumidor que cuenta con una política de drogas mucho más responsable, en la que no se discrimina tanto al consumidor como aquí, donde existe reducción de daños respecto a su consumo. No puedes decir qué pasa en Europa que no pase aquí, o que pase en Asia, que es un continente productor del opio, o es una región productora y tiene índices de violencia distintos y a la vez cuenta con una política prohibicionista mucho más severa; en Tailandia o en Malasia si te agarran con droga es pena de muerte. Son fenómenos muy distintos que se dan en cada lugar.

 

En Narco América narran su impresión frente a las condiciones que viven los adictos al crack en una favela en Brasil, ¿qué diferencias hay con algún adicto al crack en Nueva York o en México?

Digamos que esa es la parte más drástica del consumo, su parte más terrible, el crack y la heroína. Son drogas muy dañinas que la gente que las usa se pierde por completo; a diferencia de drogas como la marihuana o la cocaína que utiliza la clase media alta y que puede ser más funcionales; el crack y la heroína son drogas que te joden y te destruyen. Nosotros no queremos ser moralistas y decir que “las drogas te matan” porque sí te pueden matar, pero también existe un manejo responsable de las drogas. El caso de Brasil nos pareció el más representativo: ¿por qué existe ese mercado tan millonario? ¿por qué hay una demanda tan grande por esas drogas? Un ejemplo muy gráfico de lo peor que puede pasar. Finalmente esas son las consecuencias más terribles y drásticas. Pasa lo mismo cuando hablamos de heroína en Estados Unidos, donde sucede un fenómeno similar al de Brasil, pero el caso de brasileño sirve para mostrar cómo el negocio continental convierte un país en un muy alto consumidor por ser parte de la ruta hacia Europa.

 

¿Cuál es tu opinión respecto al mensaje de odio del gobierno y de la sociedad hacia las drogas y el narco?

A nivel global estamos muy atrasados respecto al pensamiento de la política de drogas. Ese odio que mencionas es parte de una política prohibicionista que lleva medio siglo y está claro que no está funcionando. Hay más consumidores y más muertos que nunca; a nivel de drogas y de salud no está funcionando la política actual. Desde que en 1971, Richard Nixon dijo que el enemigo público número uno era el narcotráfico se ha creado esta lógica. La mayor parte de la sociedad somos muy ignorantes al respecto, no entendemos realmente qué son las drogas, no entendemos que es un fenómeno que va mucho más allá de las drogas. Es muy difícil tener una solución, pero lo que está claro es que esto no está funcionando y que es hora de replantear políticas. Además, las cárceles están llenas de consumidores o de traficantes menores. En la reunión extraordinaria de política de drogas de la ONU el próximo año, UNGASS 2016, se plantea al menos una línea que tenga que ver con despenalizar el consumo, y después buscar alternativas a la política prohibicionista; ya sea a través de la despenalización o la regulación del Estado. No sé si funcionen, pero se están viendo en Estados Unidos con la marihuana, en Uruguay o incluso aquí en México que también se ha empezado a aplicar. Son pequeños pasos para cambiar.

 

Finalmente el odio proviene de ver el número de muertos y decir “los narcotraficantes son unos cabrones”; evidentemente ese odio tampoco es gratuito. Hay una guerra en la que se está sufriendo y hay gente inocente muriendo; al ver las consecuencias de esta guerra, ya sea entre cárteles o cárteles contra el gobierno, es lógico que la ciudadanía lo piense que es muy grave. Lo importante es que se cambie ya la política, para que haya menos muertos y menos consumidores.

 

¿Quién es el mayor afectado con la popularización, por medio de la televisión y el internet, de la narcocultura?

No sé si realmente hay un afectado, creo que más bien es una consecuencia lógica que se popularice el narcotráfico y se vea la parte morbosa. Tú ves Narcos la serie de Netflix, por ejemplo, que además está muy apegada a la realidad, y yo lo veo como periodista o como productor y digo: ¿por qué no voy a contar eso si es una gran historia? El libro (Narco América) lo que intenta es eliminar estereotipos. Uno piensa que todo respecto al narcotráfico es Pablo Escobar, Joaquín Guzmán, narcocorridos o camionetotas, y tienes esta idea de lujo y ostentación, que en parte sí existe, no está inventado, pero el libro intenta decir que no es sólo eso. Hay muchísima gente como tú o yo, que si hubiéramos vivido en esas condiciones, nos meteríamos en el negocio por cultura de la violencia, por pobreza o a veces simplemente por una situación geográfica como estar en la ruta del tránsito de las drogas. Eso es lo que el libro quiere decir, hablar con cientos de personas que son cultivadores, abogados, víctimas de la violencia, o una serie de personajes corales que te explican que ésto es narcotráfico también, más allá de las barreras de lo bueno o malo. Esta idea de que el narcotráfico es malo, no es tan simple; evidentemente es un mercado negro y provoca muchas consecuencias terribles, pero no es malo y ya. Implica una maquinaria muy grande con muchísimas personas, personas que podrías considerar buenas, inocentes o víctimas en la sociedad, que por una u otra razón se meten en eso.

 

¿Cómo cambia el mensaje oficial entre la última y la actual administración presidencial?

No, no cambia. El mensaje ha sido exactamente igual. Lo que se menciona en el libro es la opinión de un experto en política de drogas que menciona que después de la lucha contra las drogas más salvaje que ha sucedido en los últimos años emprendida por el expresidente Felipe Calderón, él se acercó con gente de la ONU y les dijo: “esto no está funcionando, hay que hacer algo”, y off the record se menciona en el libro que Felipe Calderón participa en una coalición para cambiar la política de drogas, como ha sucedido con los expresidentes Ernesto Zedillo, César Gaviria, y Fernando Henrique Cardoso que enfrentaron durante sus gobiernos al crimen organizado. Parece ser que cuando termina su administración se dan cuenta que la política prohibicionista no está funcionando y entonces comienzan a impulsar cambios, probablemente a Calderón le pasó lo mismo. Creo que realmente no ha habido un cambio de mensaje, lo que hubo fue un cambio de narrativa los primeros tres años, al dejar de hablar del narco, para hablar de reformas y de progreso, pero los muertos son los mismos; las consecuencias drásticas también son las mismas. Los cambios como el fallo de la Suprema Corte a favor de SMART o el caso de la marihuana medicinal han venido de la sociedad civil y no del gobierno.

 

Como sociedad, ¿a qué debate debemos apostar en el tema de las drogas?

Creo que, punto número uno, es informarnos, quitarnos todo estos tabúes de que la drogas son tan malas; sí, como te decía, tienen consecuencias drásticas pero también hay gente que puede consumir y que no por eso es un criminal o que no por eso es malo. Creo que falta información del tema; la gente no sabe lo que es el narco, lo que son las drogas, lo que es el crimen organizado, son cosas distintas. Segundo, falta relevancia en cuanto a pensar que la política de drogas es un tema vital e importante, es cómo a través del narco y el crimen organizado ves otros problemas, como corrupción, impunidad, desigualdad, que son esas cosas que explican mucho un país y una sociedad. Es muy importante que los gobiernos tomen al tema de política de drogas más en serio y lo replanteen. El caso de despenalización en Uruguay es un fenómeno particular en un país de tres millones de personas, con índices de violencia, y niveles de impunidad bajos. El caso de Uruguay es bueno, pero es de Uruguay, no se puede replicar exactamente. México lo que tiene que hacer es analizar su situación y decir qué camino, qué leyes podemos modificar para cambiar la política de drogas. Yo creo que el objetivo es, reducir muertos. En países como México lo que tienes que hacer es que la gente se deje de matar, principalmente. En Brasil te tienes que centrar en consumidores, aquí el consumo es bajo. En otros países tienes que plantearte una política más de salud, y aquí también de despenalizar el consumo para no criminalizar a la gente. Creo que como sociedad civil debemos informarnos y darle importancia al tema. Entender que es grave y que necesitamos saber, quitarnos tantos estereotipos y prejuicios al respecto.

 

 

¿La gente no habla de este tema por comodidad o miedo?

Yo creo que se deben a las dos cosas, es un tema que implica muchos problemas y por eso es tan importante. Es muy importante que sea tema central pero de momento hay una cierta cobardía y un cierto “mejor no me meto en problemas, mejor no voy a hablar de esto”, que se reproduce en todo el país.

 

¿Qué es lo que tú crees que debe hacer el periodismo que narra el narcotráfico?

Nuestra idea era hacer un periodismo diferente y alternativo al periodismo tradicional, aunque hemos colaborado mucho con medios que no admiramos. Por una parte, nos gusta representar algo diferente y abordar un enfoque distinto. Se habla mucho de narcotráfico pero nadie había hecho nada regional del tema con ese enfoque, nadie había unido los puntitos. No se había des-estereotipado el tema de “vamos a hablar con cultivadores, con consumidores y con todo tipo de personas”, más allá de las historias morbosas, como las de Pablo Escobar o las de los grandes capos. Nosotros nos enfocamos por otro lado y es algo que tenemos que seguir haciendo. Nuestro proyecto periodístico tiene que ver con cómo se cubre al narco, tenemos que ir más allá de los números de muertos y contar historias, justo dejar la parte oficial para hablar de personas involucradas y que por alguna u otra razón están en esto.

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