EXTERIOR

El español en Estados Unidos:

de la periferia al centro

Por CAMILA TORRES / Fotografía: CAMILA TORRES

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El Instituto Cervantes de la ciudad de Nueva York está ubicado en la calle 49, casi esquina con la suntuosa Lexington Ave. El interior del instituto es un pequeño edén dentro del caos y la entropía generalizada que caracteriza a una ciudad tan vibrante como Nueva York. Detrás de una sencilla puerta de metal que permanece abierta durante el día, se encuentran unos patios cubiertos de enredaderas y plantas, cercados por altos edificios multifamiliares que lo resguardan del sonido de las transitadísimas calles que lo circundan. La biblioteca, aunque pequeña, esconde objetos tan diversos como la colección entera de La Familia Burrón, Los Caifanes de Juan Ibáñez en su versión VHS, ejemplares de la revista Luvina y discos de Juan Gabriel. El español desde el edificio del Instituto Cervantes parece periférico, pero más bien es un breve pero rico oasis para apagar (momentáneamente) el síndrome del Jamaicón.

 

Según el informe del año 2014 del mismo instituto, la población hispana de los Estados Unidos ronda los 52 millones de personas. Más de la mitad del crecimiento de la población de los Estados Unidos entre 2000 y 2010 se debió al aumento de la comunidad hispana. Si esta tendencia continúa, en 2050 Estados Unidos será el primer país hispanohablante del mundo. ¿Qué nos dice tal presencia del español en Estados Unidos? Los desplazamientos humanos de los países latinoamericanos hacia el exterior, son un factor que explica la expansión del español como lengua y resalta la importancia que ha tomado en muchos ámbitos. Según el censo del Pew Research Center for Hispanic Trends, hasta 2011 el porcentaje de hispanos en el condado de Nueva York (que incluye todo Manhattan, y excluye Brooklyn, Queens, Staten Island y el Bronx) era de 26% de la población total; por el contrario, en el condado del Bronx era de 54%, el más alto de las cinco áreas principales que conforman el corazón del estado. Aunque estas cifras son importantes para entender el papel del español en una comunidad tan diversa como la neoyorquina, ser hispano no significa ser hispanohablante. Existen descendientes de primera generación de inmigrantes latinos que no hablan ni una palabra de español.

Lewis, M. Paul, Gary F. Simons, and Charles D. Fennig (eds.). 2015. Ethnologue: Languages of the World, Eighteenth edition. Dallas, Texas: SIL International. Sitio web: http://www.ethnologue.com.

En un futuro habrá que considerar otras variables, ya que México tiene su propia babel que ya impacta algunos barrios de Estados Unidos: con una población de 118 millones, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU (2013), el número de idiomas hablados en México son 287, de los cuales 283 están vivos y 4 extintos. De los lenguajes vivos, uno es considerado el oficial, 87 están en expansión, 75 son pujantes, 87 están en amenaza y 33 se están extinguiendo. Después del español los cuatro idiomas más importantes son: maya (735,000), náhuatl (410,000), tzeltal (372,000) y después el inglés (350,000). Una ecuación compleja para considerar al momento de hablar de mexicanos que viven y hacen perdurar su idioma en Estados Unidos.

 

¿Dónde pues, está la centralidad del español? o, es más interesante preguntar: ¿es realmente el español un centro dentro de la ciudad, o del individuo que la habita? Hablar de centro es complejo y requiere de muchas ópticas diferentes que permitan una comprensión de lo que esto implica, y el idioma como punto de partida para la conformación de identidades puede ser centro y origen, como también puede ser un punto de llegada.

 

Nueva York es epítome de la pluralidad a nivel mundial, es un representante, si no es que el principal, del 'melting pot': una tierra fértil para los sueños de los inmigrantes de todos los rincones del mundo. Sólo en esta ciudad se hablan cientos de idiomas de orígenes distintos. Por ejemplo, en el barrio de Jackson Heights, en el distrito de Queens se hablan 132 idiomas. Incluso en la ciudad podemos encontrar el uso de lenguas indígenas mexicanas como el náhuatl y el huichol. El español empezó a ganar terreno a partir de la llegada de los puertorriqueños a la ciudad. “Desde hace varias décadas se consolidó un barrio puertorriqueño en la zona del East Harlem. Puerto Rico es tal vez el país latino que marcó territorio de manera más significativa en Nueva York, como suele decirse que hizo Cuba en Miami, El Salvador en Washington o México en Chicago. Los puertorriqueños tienen algunas prerrogativas para habitar Estados Unidos que no tenemos el resto de los latinos. Es un estado libre asociado a Estados Unidos y sus ciudadanos han podido asentarse con más facilidad en la ciudad. Así que ellos se encargaron de arraigar el español como la principal lengua ‘alternativa’ de la metrópoli, por encima del italiano o de otras lenguas que migraciones previas habían diseminado en momentos previos de la historia”, dice el Dr. Bernardo Masini, estudioso de la Lingüística y la Historia.

 

La influencia del español en la cultura popular debida a la migración puertorriqueña se muestra en una película filmada en torno a esa problemática durante los años sesenta: West Side Story. La película muestra el conflicto entre un grupo de estadounidenses blancos y uno de boricuas; a la par de los conflictos entre pandillas, se desarrolla una historia de amor muy shakesperiana entre miembros de grupos opuestos. La comunidad boricua comenzó a construir un camino para que el español ocupara algunos espacios dentro de la ciudad. ¿Qué ha pasado después? “Nueva York es actualmente la más latinoamericana de todas las ciudades de las Américas. En cualquiera de nuestros países, América Latina es una abstracción; aquí es una realidad palpable y sobre todo, audible”, indica Claudio Iván Remeseira, director del Hispanic New York Project de la Universidad de Columbia y autor, entre otros libros, de Hispanic New York: A Sourcebook (2010).

“LOS DESPLAZAMIENTOS HUMANOS DE LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS HACIA EL EXTERIOR, SON UN FACTOR QUE EXPLICA LA EXPANSIÓN DEL ESPAÑOL COMO LENGUA.”

El español como centro económico

 

Hasta hace relativamente poco, dos enormes botellas de cerveza Corona adornaban la luminosa Times Square. Este hecho puede verse como un símbolo de cómo el español ha llegado a convertirse en una moda, incluso en el mundo de los negocios, y esto se debe específicamente a la cantidad de transacciones que ocurren en el mundo hispano-americano. El estado de Texas, por ejemplo, ha recibido en los últimos años una gran cantidad de inversionistas de América Latina que buscan otras fronteras financieras debido a los climas de inseguridad y corrupción que se viven en su territorio. A pesar de que la cerveza mexicana ya no se anuncia ahí, en Times Square puede apreciarse en otras de sus pantallas publicidad que invita a visitar México (interesante y tal vez irónico, si consideramos que 62.8% de los hispanos que viven en el territorio estadounidense son de ascendencia mexicana).

 

El español crece rápido en otras ciudades estadounidenses, no sólo en Nueva York y el poder adquisitivo de la comunidad latina es cada vez más alto en todo Estados Unidos. La comunidad hispana en Estados Unidos es la catorceava potencia económica del mundo. El poder adquisitivo hispano se duplica cada década. José Luis García Delgado, director de la investigación Valor económico del español que corrió a cargo de la Fundación Telefónica, explica que “el idioma, más allá de la dinamización a través de la cultura, es importante en el aspecto económico porque lo que se hace dentro de la misma lengua reduce los costes de intercambio financiero, facilita una familiaridad cultural y, sobre todo, acorta la distancia psicológica y se convierte en un factor de dinamización mercantil que supone una multiplicación del comercio entre los países que la comparten en torno al 190%, porcentaje que en el caso del español puede alcanzar el 290%.”  Aprender español reduce los costos de transacción al momento de hacer inversiones internacionales y también acorta la distancia psicológica. Sus estimaciones dicen que el 15% del PIB de un Estado está vinculado directamente a la lengua; relacionando esto con el porcentaje de hispanohablantes que próximamente habrá en Estados Unidos, no sorprende que el español pronto se convierta en una lengua preponderante para hacer negocios.

 

En una de las travesías que hice por la ciudad tuve la fortuna de que el conductor del taxi que pedí, a través de la plataforma Uber, fuera hispano. Se llamaba Diocelyn y era de República Dominicana, y supe que hablaba español porque el navegador de su teléfono no dijo “turn left”, sino “gire a la izquierda”. Diocelyn vino a Nueva York en 1999 a buscar el sueño americano, formó una familia y sus hijos se regresaron a República Dominicana. Ahora tiene otra mujer con la que no está casado y con la que tiene una hija pequeña. Ambas están en Dominicana y en dos o tres días viajaría para casarse con ella y traerse a la pequeña a los Estados Unidos. Me dijo que todos sus hijos mayores hablan español.

 

La lengua como mercado es otro factor que empuja la influencia del español. Existen casi 20 millones de estudiantes del español a nivel mundial, esto sin contar a la gente que lo aprende de manera informal o en su día a día. Diocelyn lo vivió de primera mano: antes de ser chofer de Uber, su patrón se negaba a hablarle en inglés porque él mismo quería aprender español, en una especie de trueque lingüístico. En Nueva York se da un fenómeno curioso: después del inglés, el español es el idioma más usado en twitter, aún por gente que no pertenece a comunidades hispanas.

 

José C. Moya, profesor de Historia en el Colegio Barnard, director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia y editor de The Oxford Handbook of Latin American History, dice que desde 1952 el español reemplazó al francés como el lenguaje que más se enseña en Estados Unidos y entre las principales modificaciones que ha producido el español, se encuentra el que una gran parte de la población joven por lo menos balbucee algo de español; además, ha modificado la comida (el consumo de tacos y la salsa sobrepasa el de cualquier otro alimento étnico con la excepción del chino e italiano-americano); los medios de comunicación (el número de estaciones de tv y radio en español); y que cuando el estadounidense común piensa en "immigrants" la imagen que le viene casi instintivamente a la cabeza es la de un latino.

 

Según datos de la empresa de monitoreo Media Monitors, el cuarto lugar de spots televisivos más transmitidos a nivel nacional le corresponde a Univisión. Por otra parte, la ciudad con más radioescuchas es Nueva York, y dentro de sus listas de ratings por emisora, el quinto lugar lo ocupa la WSKQ-FM, de Spanish Broadcasting System, justo por debajo de gigantes como CBS Radio. El español representa un activo económico también para la industria mediática, donde los consorcios hispanos son cada vez más grandes y logran altísimos índices de penetración en sus audiencias. Univisión y Telemundo facturan cientos de miles de dólares anuales y representan una competencia directa para titanes mediáticos como NBC y Fox.  En julio de 2013, por ejemplo, Univisión se posicionó como el canal más visto del país en la franja horaria que le corresponde a los viernes por la noche gracias a una telenovela.

 

Diocelyn dice que en los casi 20 años que tiene viviendo por acá, nunca ha logrado aprender del todo bien el inglés. Llama la atención que privilegió el trabajo frente al aprendizaje del idioma: “uno viene a trabajar”, fue la excusa que me dio para justificar su deficiente inglés. Sin embargo su hijo mayor, bilingüe, es profesional y tiene un buen puesto en una gran empresa. “A los profesionales con dos idiomas se les abren más puertas”, dice.

 

“EL ESPAÑOL CRECE RÁPIDO EN OTRAS CIUDADES QUE NO SON NUEVA YORK Y EL PODER ADQUISITIVO DE LA COMUNIDAD LATINA ES CADA VEZ MÁS ALTO EN TODO ESTADOS UNIDOS.”

El español como centro cultural

 

Durante la hegemonía del imperio español, y debido a la enorme proliferación de autores que ahora son considerados clásicos de la literatura (tales como Miguel de Cervantes Saavedra, sor Juana Inés de la Cruz o Francisco de Quevedo) se consideraba al español como una lengua glamorosa y digna de aprenderse. A partir de este dato, compartido por Bernardo Masini, se intuye la consolidación de los discursos y las narrativas de los que ostentan el poder en cierto momento histórico. No es casualidad que en la actualidad, el idioma universal no sea el esperanto, sino el inglés, el idioma de la superpotencia económica y cultural.

 

Nuestra lengua se enfrenta constantemente a una dicotomía difícil de resolver: el español como una lengua hablada en ámbitos más intelectuales como medio de una búsqueda para reivindicar las raíces hispanas; y, en oposición, el español relegado a los espacios familiares e íntimos de los migrantes no culturizados. En Nueva York, por lo menos, el español es dueño absoluto de las cocinas. Las cocinas son de esos pocos ambientes fuera de ciertos barrios como Sunset Park o East Williamsburg (ambos en Brooklyn) donde el español fluye como el agua del río Hudson. Muchos hispanos hablan español en sus casas, con sus papás y familias nucleares, pero por fuera el idioma que utilizan es únicamente el inglés. Hay gente con apellidos latinos que no hablan ni dos palabras de español, o que lo hablan roto y a medias, como una terca reminiscencia de sus orígenes que poco a poco es menos preponderante en sus vidas. En oposición a ellos, en el Bronx, al norte de la isla de Manhattan, donde la población hispana es mayoría, existen establecimientos donde sólo se habla español.

 

Cuando se pierde la capacidad de hablar un idioma, se abandona algo más que el acto lingüístico; pero esa pérdida tiene una larga historia en los Estados Unidos y en las Américas en general.  ¿Cuántos nietos de libaneses en México o de italianos en Argentina hablan árabe o italiano?, dice José C. Moya.

 

En el ámbito cultural cabe destacar la importancia que tienen a nivel mundial algunos artistas que son hablantes de español, o, en algunos casos, que son hispanos que aprendieron el español sobre la marcha. Ejemplos sobran: Ricky Martin, Enrique Iglesias, los recientemente galardonados Alejandro González Inárritu y Alfonso Cuarón; incluso el propio Pitbull, que aunque es estadounidense nacido en Miami, canta en español. El espectro más amplio de las industrias culturales se ha diversificado, abriendo más campo para hispanohablantes que ya logran la fama más allá de sus lugares de origen donde el español es el idioma oficial. La creación de los premios Grammy Latinos, alrededor del año 2000, implicó que la música en español empezara a abrirse terreno y hacerle competencia directa a la música en inglés, por lo menos en Estados Unidos, donde ya podríamos equiparar a estrellas como Shakira o Jennifer López con Beyoncé o Nicki Minaj.

 

Claudio Iván Remeseira menciona la importancia que ha adquirido la literatura hispanoamericana en la ciudad de Nueva York en los últimos años, comparándola con lo sucedido en el París de la década de 1950 y el impacto que tuvo esa diáspora en la literatura en español. Numerosos autores de países hispanoparlantes residen en la ciudad y sus alrededores, tales como Carmen Boullosa, María Negroni o Naief Yeyha. “La idea de Nueva York y sus fecundos efectos sobre la sensibilidad, la imaginación y la escritura, no la expectativa comercial de un nuevo e improbable Boom, son la inigualable oportunidad que ofrece esta ciudad a los autores más ambiciosos”, apunta Remeseria. La literatura en español tiene una oportunidad de reconfigurarse al estar presente en la capital del mundo, conviviendo de cerca con las vanguardias y el amplísimo abanico de culturas que laten dentro de la ciudad.

 

La Universidad de Columbia organiza el Hispanic New York Film Festival anualmente; HBO organizó en 2011 el New York Latino Film Festival, en cuya función inaugural se proyectó Chico & Rita, la película animada adaptada de la novela gráfica homónima y que tiene música compuesta por Bebo Valdés; éstas son algunas iniciativas institucionales que ponen al español al centro de la ecuación.

“LAS COCINAS SON DE ESOS POCOS AMBIENTES FUERA DE CIERTOS BARRIOS COMO SUNSET PARK O EAST WILLIAMSBURG (AMBOS EN BROOKLYN) DONDE EL ESPAÑOL FLUYE COMO EL AGUA DEL RÍO HUDSON.”

¿Dónde está nuestro centro como hispanohablantes?

 

Los centros de naturaleza social y cultural se mueven todo el tiempo, y más cuando se trata de algo tan propenso a transformaciones como lo es una lengua.

 

En Estados Unidos, el español ha tenido un éxito impresionante sin la necesidad de contar con un impulso institucional, como dice el académico José C. Moya: “el gobierno catalán impulsa el catalán con fervor… y tres gatos toman clases de catalán; la expansión del idioma tiene más que ver con demografía, comercio internacional y oportunidades económicas que con programas educativos y deseos políticos de impulsar la enseñanza.” A pesar de ello el español lleva 63 años siendo el segundo idioma más enseñado en Estados Unidos, “la calidad de la enseñanza no es la ideal, pero seguro es mejor que la enseñanza de cualquier otro idioma extranjero.”

 

Joel es poblano y hace 20 años que llegó a Nueva York. No ha vuelto nunca a Cholula porque después de tanto tiempo sigue sin tener papeles que lo avalen como un ciudadano americano. A pesar de que aparenta una edad que nos haría pensar que pasó más tiempo en México del que ha pasado en Nueva York, su español suena extraño, casi robótico, con pequeños vicios del lenguaje y anglicismos inventados que dificultan levemente nuestra comunicación. “Venir a vivir aquí te cambia”, dice, mientras ignoramos las indicaciones de su jefe que dice que la barra de ensaladas ya está cerrada, “pasar mucho tiempo lejos de tu casa no es bueno”.

 

Diocelyn, por su lado, tiene un hermano casado con una boricua cuyos hijos no hablan nada de español. “Hay que enseñarles su idioma”, dice. “Al final uno siempre quiere acabarse volviendo a su país.”

 

“LA EXPANSIÓN DEL IDIOMA TIENE MÁS QUE VER CON DEMOGRAFÍA, COMERCIO INTERNACIONAL Y OPORTUNIDADES ECONÓMICAS QUE CON PROGRAMAS EDUCATIVOS Y DESEOS POLÍTICOS DE IMPULSAR LA ENSEÑANZA.”

Igual de ancho, pero menos ajeno

 

Como mexicana en Nueva York, me encuentro hablándole en español a los que me atienden en los Delicatessen (casi siempre de dueños judíos), a los que me recogen los platos en los restaurantes, a veces a los guardias de seguridad o a los taxistas que amablemente me reconocen como coterránea. No hablo español, por el contrario, cuando compro mi entrada para visitar las colecciones del Met o cuando me aventuro a explorar el Lincoln Center. En la Universidad de Columbia, que tiene la fortuna de ser increíblemente diversa y variopinta, el español no se aparece por ningún lado. Aunque por lo menos en esta parte del país parece haber desaparecido esa pobre (y cero graciosa) concepción del español como tres o cuatro palabras como “salsa”, “señorita”, “fiesta”, “mucho bueno”.  Hace falta que la lengua se plante con toda su complejidad y belleza en espacios que están absolutamente cooptados por el inglés.

 

René L. Sánchez y Gustavo A. Segura, profesores de la Universidad Autónoma del Estado de México en los departamentos de Arquitectura y Diseño y Planeación Urbana y Regional, respectivamente, establecen a la centralidad como un arquetipo social de ciudad: como un origen que no alcanzamos a definir; como enclave de identidad pero también como un destino de búsqueda. El español puede inscribirse en ambos puntos: en la génesis, en la identidad, pero también en ese horizonte al que ineludiblemente todos buscamos llegar. Origen es destino, dicen por ahí.

 

El profesor Moya nos recordó que en el siglo XIX muchos pensaban que los alemanes iban a germanizar EE.UU. Para finalizar agrega, como dice el gran filósofo norteamericano Yogui Berra (cuya italianidad desaparecía también), deja vu all over again.

 

Joel, Diocelyn y yo coincidimos en una cosa: nuestro centro está en donde está la gente que queremos, y resulta que toda la gente que queremos, o la mayoría, habla español. No es casualidad que uno se sienta tantito más en casa cuando se encuentra a alguien que comparte su lengua. Decía el escritor peruano Ciro Alegría que el mundo es ancho y ajeno, aunque el mundo en la lengua propia se siente igual de ancho, pero un poquito menos ajeno.

“HACE FALTA QUE LA LENGUA SE PLANTE CON TODA SU COMPLEJIDAD Y BELLEZA EN ESPACIOS QUE ESTÁN ABSOLUTAMENTE COOPTADOS POR EL INGLÉS.”

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