COLECTIVO

¿El color de la piel importa?

 

En la calle todo es personal

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José Luis Vásquez Navarro estudiante de Derecho

21 años

Creo que es la idea más retrógrada. La sola idea de pensar que estén discriminando por el color de la piel ya te parece muy tonta. Quizás antes era más común toparte con cuestiones así. Era otra cultura, no había tanto desarrollo ni interacción con distintos grupos sociales, clases étnicas. Más en la universidad, que es un espacio de tolerancia y te hace entender que todos tienen las mismas capacidades, valen lo mismo y no tiene nada que ver tu color de piel, nacionalidad, religión, orientación sexual o postura política. Creo que en este momento ya no importa.

 

A veces discriminamos de manera inconsciente. Ya tenemos asociadas imágenes y conceptos. Desde la primaria, te enseñan que la manzana es roja, lo bueno lo asocias con el color blanco, con la pureza y lo malo con lo negro, con lo oscuro. En ese sentido ya tenemos muy arraigadas esas cosas que nos enseñan desde pequeños.

 

Creo que es algo gradual y natural que se avance hacia eso y deje de haber discriminación.

Ángel López

estudiante de Sociología

20 años

Gilberto Domínguez

productor de radio, profesor y periodista

50 años

Creo que es un territorio en donde los humanos no hemos sabido conversar sobre lo que realmente es importante. Más allá del color de la piel, hay otros aspectos que me han llamado mucho la atención, incluso recientemente.

 

El otro día, en el tren ligero me encontré con una niña que tenía un lunar muy grande en el rostro, un lunar negro con pelo. Ella venía muy abrazada a su papá, porque yo creo que lo que la niña sabe es que la calidad de las miradas que recibe no son solidarias, son más bien inquisitivas, crueles, juicios muy duros. Y la niña no se va a quitar la cara para convertirse en otra persona, sabe que ese es su rostro, su papá lo sabe, trata de protegerla de la maldad con la que miramos a los otros. Me confronta en el sentido de pensar: ¿y cómo puedo mirarla yo de manera que no se sienta agraviada también por mi mirada? ¿cómo puedo desarrollar una mirada que sea más generosa, más humana, sobre algo que en el fondo no implicaría ninguna diferencia?

 

Hay una invitación a reflexionar sobre quiénes somos en realidad. Y esa pregunta yo me la he hecho en 17 años de psicoanálisis y es una pregunta que sigue estando viva porque yo creo que quien se sigue preguntando quién es, se sigue preguntando quién quiere ser y también trata de asumirse como es y como son los demás.

 

Cuando Pedro Infante hizo esa película de una niñita que era morena, muy morena y que se pinta el rostro de blanco, ella se pinta de blanco y le dice a su papá: “papá, me pinté la cara con talco para ver si me quieres más.” Aunque esa es una imagen de una película realizada a mediados del siglo pasado, yo creo que todavía hay mucha gente que todavía no puede entender que sólo un rostro blanco sea la única opción válida para ser un rostro bello.

 

Cambiar tu piel, nunca podría cambiar tu alma. Nosotros somos gente que envejece, acumula años, arrugas y eso está bien.

Quiero creer que en la mayoría de las veces no debe importar el color de la piel. Tuve un amigo en la secundaria que era muy moreno y muchos compañeros sí se burlaban de él por su color de piel, con comentarios un poco denigrantes. Creo que sufrió mucho.

 

Afortunadamente me he topado con muchas portadas de revistas con personas morenas o de piel negra, que verdaderamente son atractivas. ¿Y qué opino sobre eso? Que prefiero a las morenas.

Alberto Cortés Juárez

estudiante de Ingeniería Industrial y comerciante

Manuel Rodríguez

contador

37 años

En cuestiones de servicio, hay empleados que no están nada preparados para atender a la gente, no tienen educación. Hay que tener tacto. He visto gente humilde y de piel morena. Hasta raro se me hace enmarcar el color de la piel pero lamentablemente así es. Me ha tocado ver cómo se abusa del poder. Siento impotencia. Uno como cliente y como ser humano tiene derechos.

 

Lo vivo en el trabajo; una mujer guapa de piel blanca y ojo verde y… si te dieras cuenta de las tonterías de las que habla todo el día. Eso no hace a una persona superior ni adquiere mayor jerarquía. El tener cabello rubio y ojos verdes no lo hace. Los principios y valores hacen a una persona más humana. Eso nos hace falta, ser más humanos.

 

La gente que está estereotipada por tener cara bonita, piel de porcelana, no es lo mejor.

Un día fui a Los Cabos al trabajo de mi papá. Había mucha gente “blanca”, mucho “gringo” y te miraban así como si tuvieran un puesto más alto que tú, te ignoraban o trataban de alejarse, racistas.

 

En mi salón hay un chavo que tiene la piel más oscura pero con manchas blancas, no sé qué sea, no le preguntamos, es un tema muy de él. Pero dice que en muchos trabajos a los que ha ido, le preguntan si es contagioso. Le suele costar mucho conseguir trabajo. Me parece muy mal, es un defecto de nacimiento. Yo también tengo aquí un lunar blanco, pero no me afecta. Lamentablemente otros no lo ven así. A él le prohíben muchas cosas. Te hace pensar muchas cosas; ir al trabajo con miedo. Está mal juzgar a un libro por su portada, como dicen.

José Miguel Fonseca

estudiante de Mercadotecnia

21 años

Gabriela Buenrostro

estudiante de Derecho

21 años

En lo personal, siempre me han llamado más la atención las personas claras que las morenas. No sé por qué pero siempre ha sido así. No tengo problema en convivir con ellos, de hecho mi mejor amiga es morenita.

 

Una vez que viajé al extranjero, iban una señora y una muchacha que venían de un pueblo, pues claro su piel es un poco más oscura que la mía pero hubo mayores privilegios para mí y de hecho me sentí mal y le dije al oficial: “venimos de donde mismo, no tienes por qué discriminar.”

 

Es un tema complicado por los estereotipos que nos hemos marcado. La misma sociedad los ha impuesto, por marcar superioridades. Como si los ‘gringos’ nada más por su color de piel ya son mejores y claro que no, no debería haber ese tipo de distinciones. Creo que todos tenemos la misma capacidad, al fin y al cabo somos iguales.

Cuando me relaciono con una persona es en lo único que no me fijo. Me fijo en cómo se expresa y en cómo se portan hacia mi persona.

 

Vivo en Guadalajara y este tema es difícil hasta en cómo te vistes, cómo hables y el color de piel cuenta mucho. Yo vivo por un lado urbano donde se relacionan entre pandillas y sí hay un tipo de pandillerismo blanco y un tipo de pandillerismo negro; razas sociales creo yo.

 

Todo el tiempo nos fijamos mucho en el extranjero, nos basamos en las películas y en los medios. Siempre nos han destacado ese problema, el racismo.

 

Yo digo que la publicidad tiene que agarrarse de eso, de personas de tez blanca, sino no podría vender. Así hay publicidad para negros y publicidad para blancos. Pero siento que la gente, por su poca cultura no entiende lo que es la publicidad.

 

Debemos de entender que así es la sociedad y te tienes que acostumbrar.

Gisela Luna Palomera

estudiante de Derecho y ama de casa

32 años

José

pintor

El hecho es la persona y no su color de piel. Realmente existe discriminación. La gente ve despectivamente a otros, a mestizos, a personas vestidas de huicholes. Pero todo depende de tu forma de ser.

 

Puede haber un blanco que sea drogadicto, ratero, narcotraficante y eso no lo exime de nada.

Cuando llego a Estados Unidos, de repente viajo con mi marido; él es blanco y alto. Las personas se dirigen automáticamente con él y le empiezan a hablar en inglés, a él. Él habla muy poco inglés, yo hablo más que él pero sus miradas son hacia él y hacia mí no. Y ya él me dice, “ayúdame, contesta, diles”. Yo comienzo a hablar y se dan cuenta.

 

Es algo que parece estar implícito en la sociedad. “El güerito, el prietito.”

 

Yo tengo una tienda de ropa y trato de llevar de todos los colores de prendas. A veces van entre amigas y se dicen: “ay no, con eso te ves más morena” o “ese color no.” Realmente las personas lo dicen. “Ese color no le queda a las morenas” y “a los blancos todo les queda.”

 

No sé si lo hemos hecho inconscientemente. Yo le digo a mis hijos: cada quien tiene lo “bonito” en su persona. Pero sí hay una diferencia muy marcada.

 

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