RELIEVES

Decidir es una maravilla:

Margarita Sierra, aquí y ahora

En el ámbito de los medios audiovisuales hay personas que, más allá de informar o entretener, desarrollan propuestas motivadas por la intención de generar un cambio en lo público. Dos de ellas son quienes se encuentran frente a frente en esta edición de Relieves: la documentalista Carolina Platt y Margarita Sierra, directora de la Universidad de Medios Audiovisuales CAAV de Guadalajara.

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Era un miércoles, martes o jueves de una semana loca y sabía que no podía llegar tarde. Aún así, después de 5 vueltas buscando estacionamiento llamé para que le avisaran a Margarita que me retrasaría unos 10 minutos.  Alimenté al parquímetro con monedas y corrí. Llegué, subí unas escaleras para después llegar a otras más angostas y empinadas, hasta llegar a las rosas, las buganvilias, y todas las plantas de un patio que anticipa la entrada a su oficina. Un verdadero rincón para respirar en medio de la ciudad.

 

Ahí estaba Margarita, trabajando en su computadora. De blanco. Licenciada en filosofía, maestra en pedagogía, y con la experiencia para ser doctora en gestión cultural o en fondeo de proyectos, Margarita Sierra, la Maga Mayor, es una mujer que hizo de una feria universitaria en Guadalajara el encuentro cultural y empresarial del libro en español más grande del mundo. Margarita Sierra Díaz, ha participado activamente en organizaciones sociales, producido televisión y radio, y desde 2004 es directora y socia, junto a Daniel Varela, de la Universidad de Medios Audiovisuales CAAV en Guadalajara, Jalisco; ciudad en la que se arraigó y donde disfruta su propio entorno urbano, que gira entre la Calzada Federalismo hasta la Avenida Unión.

 

“Hola Carolina”, me saluda mientras deja inmediatamente lo que estaba haciendo, nos sentamos, y dice: entonces, ¿qué hacemos? ¿comenzamos?

 

Unos días antes, mientras preparaba la entrevista, me costó mucho tiempo elegir las preguntas. Había muchas que podía hacer y que serían muy interesantes, pero había algo que no me convencía, la formalidad o cierta solemnidad hacia su presencia. De plano, taché las que llevaba apuntadas en la hoja y volví a empezar. Decidí dejar las preguntas que podían ofrecer respuestas de provecho para mí en este instante de mi vida. Después de todo, ¿no es esa la mejor intención para crear una buena conversación?

 

Y así, comenzamos.

 

 

- ¿Cómo era una tarde en la casa de tu infancia? ¿qué se hacía?

 

Yo nací en el DF en un barrio que era maravilloso y que hoy es complicadísimo poder cruzar la calle. Ubicado en la calle Minerva, cerca del club Libanés. En esa época yo vivía feliz y los niños, que eran muchísimos, podíamos jugar en la calle, quemados, pelota, cos y otros juegos.

 

Éramos una banda divertidísima. Te estoy hablando de cuando tenía 8 o 10 años. En la cochera de mi casa nos juntábamos a armar carritos de plástico. El río Mixcoac que todavía era río, nos quedaba muy cerca y ahí nos íbamos a fumar Lucky Strikes; era una gran aventura, además el Libanés estaba en obra negra y era para nosotros un castillo. Fue una niñez muy grata porque los niños, en ese entonces, sí podíamos jugar en la calle.

 

 

Cuéntame de alguna persona que te ha influenciado de alguna forma o de la que que hayas aprendido algo que hasta la fecha encuentres útil.

 

Mi abuelo que vivía a la vuelta de mi casa, y era hijo de Justo Sierra —escritor, historiador, periodista, poeta y político mexicano, vivió entre 1848 y 1912, es considerado un defensor de la educación y fue un promotor de la fundación de la Universidad Nacional de México, hoy Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)— Era un hombre sabio y calmo, casado con mi abuela Margarita Casasús, hija de don Joaquín Casasús, una familia que podríamos decir pertenecía a la aristocracia intelectual.

 

De mi abuela, yo no era santo de su devoción, porque era muy terriblosa (sic), en cambio mi abuelo me llevaba todos los domingos a Xochimilco a comprar flores y era toda una experiencia ir con él, porque era un hombre muy sabio. Nos transmitió ese gran respeto por don Justo Sierra. Me marcó él, me marcaron las comidas en su casa, y me marcaron las discusiones. Yo era una niña que iba a una escuela sumamente conservadora, y la plática en casa de mis abuelos era otra cosa.

 

Mi abuelo sigue presente. Ha sido realmente muy importante para mi recuperar cada vez más ese origen tan pedagógico. Justo Sierra, que fue ministro de educación en la etapa de Porfirio Díaz, era un hombre con una cultura realmente enorme: escribía literatura, poesía, ensayo, historia, y eso me marcó.

 

 

¿Qué característica de tu personalidad tenías a esa edad que todavía conservas?

 

Sin saberlo en aquella edad, fui una niña con carácter muy fuerte, era buena alumna pero daba mucha guerra. Las monjas me tenían muy señalada. Era un equilibrio, porque era estudiosa, pero en aquellos tiempos portarte mal eran tonterías. Entonces me doy cuenta ahora que desde entonces tenía muchísima energía, muchísima fuerza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sé que has vivido en varias partes del mundo, ¿por qué quedarse en una ciudad como Guadalajara?

 

Desde los 13 años salí del DF e hice un periplo educativo, me fui a Seattle, a París, luego a Florencia. Regresé, me casé y después me fui a vivir a Bélgica, donde estudié filosofía, y tomando en cuenta todas las partes donde estuve, además de toda la oportunidad que he tenido de viajar por mis trabajos, Guadalajara me parece maravillosa, me encanta. Será porque yo no soy de aquí, pero escogí ser de aquí.

 

He creado mi entorno urbano porque vivo en el centro y me queda muy cerca la oficina. Tengo mi vida aquí alrededor y realmente disfruto mucho de estos espacios, la escuela, el centro, la calle Chapultepec. Disfruto de este entorno, no todo Guadalajara es mi vida, pero esta parte de la ciudad es mi vida. Me encanta que Guadalajara sigue siendo una ciudad muy atractiva, muy arbolada, con todas sus deficiencias, pero ¿qué ciudad no las tiene?

 

 

Algo que admiro de ti es que sabes concretar muchos proyectos. Es algo que a mí me cuesta mucho trabajo, puedo tener muchas ideas, pero no concretarlas. Entonces, quiero saber qué hábitos has construido que te ayudan a hacer tantas cosas diferentes en tantos campos.

 

Tuve una escuela maravillosa que fue la Feria del Libro y agradezco a la universidad haberme dado esa oportunidad de crearla, convertirla en un proyecto tan exitoso, y con un equipo espléndido. Ahí aprendí mucho. Tengo un doctorado en gestión cultural, tengo un doctorado en desarrollo y fondeo de proyectos. Porque además no tenías un proyecto a largo plazo, sino que cada año tenías que lograr que esa feria creciera y fuera mejor en todos los aspectos. La feria en sí es un cúmulo de proyectos que había que lograr: la parte profesional, comercial, tutorial. Eran también muy importantes los espacios de la universidad que usan la feria como su lugar de encuentro intelectual y el trabajo con los niños y los jóvenes.

 

Fue una etapa de formación. Estuve 15 años en la FIL y realmente ahí me formé. Al salir de la FIL, que fue bastante difícil porque soltar algo que tú crees que es tuyo y no lo es, fue muy complejo. Después tuve la oportunidad de hacer cosas que nunca había hecho como producir radio y televisión. Estaba buscando qué hacer y me llamó Daniel Varela, a partir de ahí se abrieron todas las puertas, pasé de ser la mujer del libro a la mujer de la imagen. Entonces, tuve que reinventarme totalmente y eso es maravilloso en la vida, el poder a mi edad abrir nuevos horizontes y oportunidades para hacer nuevas cosas. Felíz de la vida.

 

Desarrollamos la Universidad de Medios Audiovisuales (CAAV), generamos más licenciaturas, cursos, proyectos. Yo estaba en el núcleo generador, tenía la oportunidad de decidir, porque Daniel me llamó a ser socia, entonces eran decisiones que se tomaban y se ejecutaban. Eso también te da una práctica de hacer proyectos. Podíamos meter la pata, pero al final armamos y ejecutamos. Eso te va dando práctica. Y entonces empezamos a armar proyectos como el festival de arte digital, que necesitaba financiamiento. Estábamos en todo eso cuando se me abrió la puerta para un proyecto político al que le entré con todo, un proyecto de construcción de comunidad, desarrollo de participación ciudadana al que le he entrado desde hace 10 años con todo lo que tengo, y es un proyecto que ha concretado muchísimas cosas.

 

Siempre he estado en la formación de proyectos y  me gusta mucho esta parte fundacional en la que te toca dejar armado para que los proyectos sigan, ese es mi fuerte. Tengo una gran capacidad de formar equipos, trabajar con ellos. La capacidad de poner a la gente en situación de éxito para que crezca y se desarrolle. Porque tuve la oportunidad de estudiar con un gran pedagogo, Pierre Ford, y me dejó esa semilla pedagógica muy fuerte combinada con lo que después estudié o lo que he trabajado. De ahí viene esa posibilidad de concretar y eso es lo que hago en esta escuela. La clase que doy es desarrollo de proyectos, tengo una metodología y eso se los comparto a mis alumnos para que ellos se den cuenta que armar un proyecto es una herramienta que te va a servir en la vida, desde tu proyecto de vida, hasta el proyecto de un documental, hasta el proyecto de realizar una entrevista como ésta.

 

 

Siempre te he percibido como una mujer muy resuelta, me da curiosidad preguntarte: ¿qué haces cuando en lo personal estás vulnerable y tienes que trabajar? ¿Cómo sostener esta capacidad a través de los años?

 

A medida que envejeces, como yo, te vas haciendo menos vulnerable porque vas priorizando de manera distinta. Las prioridades que yo tenía cuando era joven y sufría se acabaron, ya no son prioridades. He tenido la oportunidad de reinventarme y reinventar mis prioridades, ponerlas en su lugar. Hoy siento que yo soy mi prioridad y alrededor de eso trabajo una relación con mi familia permanente, una construcción familiar permanente que cuando era joven no era mi prioridad. Mis hijos, mis nietos, las parejas de mis hijos, son el centro y me siento una mujer muy amada por mi familia. A partir de ahí, el otro círculo es la parte profesional que  disfruto enormemente. Que a mi edad tengas la posibilidad de aprender permanentemente nuevos campos. Cuando entré aquí estaba la licenciatura en medios, ahora estamos abriéndonos a transmedia, ha sido una evolución enorme, hay un permanente aprendizaje en la parte profesional y tú lo sabes, dar clases es un reto maravilloso, cotidiano, espléndido.

 

La parte política donde en este momento estoy haciendo exactamente lo que quiero, soy presidenta del consejo municipal de participación ciudadana en el Ayuntamiento de Guadalajara y estoy trabajando en los barrios con los consejos sociales que hemos armado, que es algo que siempre quise, entonces las vulnerabilidades cambian. ¿Qué me puede hacer sentir mal? Que esté mal un hijo, que esté mal un nieto… pero lo demás es muy relativo, pero eso es con la edad que cambias tus prioridades.

 

Por eso me ves tan fuerte, pero he tenido etapas muy vulnerables, como cuando salí de la FIL. Me tuve que recomponer, me tuve que reacomodar, me tuve que reinventar, y me  tomó dos años. Después de ahí salí con una fuerza impresionante, pero he tenido etapas de enorme vulnerabilidad. Ahora mis etapas son distintas porque las prioridades son distintas. Ya mi trabajo no es el centro, mi centro soy yo, estar bien yo, cuidarme,  ser responsable de mí misma, mi familia, mi trabajo, la parte política, la parte de construcción de la comunidad. Tengo una vida muy plena y soy una mujer extremadamente privilegiada. Soy muy consciente de esos privilegios y los vivo plenamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayer que estaba preparando la entrevista me acordé de este proyecto en el que participaste, al que le tengo una especial admiración. Platícame de “Bordemos por la paz”. ¿Cómo empezaste, con qué objetivo y cómo ligas este grupo a la situación actual del país?

 

Tuve dos momentos muy fuertes y raros. Un día, la señora Guadalupe Aguilar llegó a mi oficina, de la nada y me platicó: “me dijeron que viniera con usted porque usted puede entender y ayudar, mi hijo desapareció”. No te puedo explicar lo que significó para mí en ese momento que una madre viniera a compartir la desesperación, la frustración y la impotencia en la búsqueda de su hijo.

 

Le dije: ¿vamos haciendo algo no?

 

Era un tema que yo no había tocado ni con la mirada. Entonces le llamé a Lupita Morfín, y le dije: Guadalupe, ¿qué hacemos? Invitamos a un grupo de personas y aquí nos sentamos, en esta oficina, empezamos a ver cómo armar algo. Tomamos un mini-taller de derechos humanos para más o menos entender, luego vino otra persona que se llama Naty, que son los dos personajes del documental “Retratos de una búsqueda”, de Alicia Calderón, y entonces también nos planteó toda su bronca. Todo era ver cómo aprender, cómo acompañar, qué hacer. Nos juntábamos platicabamos, reflexionamos sobre derechos humanos y la ley de víctimas. Un amigo nuestro que es escultor, López Casanova, traía un proyecto que se llama Fuentes Rojas, que consistía en bordar los nombres de los desaparecidos. López Casanova tenía una amiga que se llama Maru Camacho, que se volvió parte muy importante de este grupo, y nos propuso, “vamos un domingo a bordar al parque, porque eso estamos haciendo en México”.

 

Así, con un pañuelo nació bordemos por la paz en Guadalajara, que ya había nacido en Ciudad de México y que después contagió mundialmente, de Japón a toda Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Yo creo que todos tenemos necesidad de hacer algo para expresar, y los domingos vivimos cosas muy fuertes de gente que se acercaba, que nos contaba que tenía un desaparecido, pidiendo ayuda, cosas que fuimos viviendo, viviendo y viviendo.

 

Tenemos muchos pañuelos, muchísimos, demasiados pañuelos. Porque de ahí pasamos de desaparecidos a asesinados, luego a feminicidios, de ahí a crímenes de odio, porque empezamos a darnos cuenta de todo lo que estaba sucediendo. Bordábamos, bordábamos y nos desbordábamos.

 

Me siento orgullosa de las mujeres que formaron su propia asociación porque son ellas las protagonistas de esta situación, nosotras nomás acompañamos, ellas son las que están luchando, convertidas en detectives en los ministerios públicos, buscando a sus hijos. Son las mujeres, son las familias, que ya están en otra etapa, ya están mucho más organizadas. Han avanzado muchísimo también políticamente porque han tenido que forjarse para demandar sus derechos de búsqueda de sus hijos.

 

Y luego me ha pasado algo muy fuerte, esto era acompañar a las madres de los desaparecidos pero ahora he entrado a una etapa en donde el trabajo de calle me ha llevado a enfrentarme a la inseguridad. Todas las personas de los consejos sociales con los que trabajo, cuando tú les planteas cuál es el mayor problema, dicen la inseguridad. He decidido trabajar el tema en el sentido ciudadano, de cómo la seguridad no está en los rondines ni en las patrullas, sino en cómo nos protegemos unos a otros porque también somos conscientes de que esta inseguridad es generada por nuestros hijos, por nuestras familias. Siempre lo hemos visto como un problema fuera de nosotros y que la policía no resuelve.

 

 

Siguiendo con temas sociales. Cuando yo presento el documental “La Hora de la Siesta”, la pregunta que más me hacen las personas que lo ven es: pero ¿qué hacemos? Y yo quería saber, seguramente hay gente que te ha preguntado eso, qué responderías ante esta crisis de violencia en el país. ¿Qué piensas que debemos hacer?

 

Yo no puedo aconsejar nada pero te puedo decir que cada uno de nosotros somos corresponsables de lo que pasa, entonces yo desde donde estoy, desde mi esquina, qué estoy haciendo para trabajar esto. Si yo vivo en mi casa qué hago con mi vecino, mi banqueta, mi calle, mi luminaria, mi árbol, qué estoy haciendo para mejorar eso. Yo siempre pienso que ser ciudadano es dar de tu tiempo porque es lo único que tienes que es realmente tuyo. Entonces empiezas a dar tiempo a tu entorno, a tu pequeño contexto, al vecino de al lado, a tu calle, a tu parque. Creo que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de hacerse cargo de su pequeño contexto y mi contexto es mi calle, la escuela, donde yo trabajo, de eso me tengo que hacer cargo.

 

Yo no voy a hacer la revolución armada, ni hacer conciencia, ni nada, pero en lo que a mí me toca, sí me hago cargo, para que la persona que viene después de mí ya no tenga que hacer lo que a mi me tocaba a nivel personal, familiar, profesional, político. Lo que a mí me toca lo estoy haciendo y yo creo que a cada quien nos toca algo, cada quién sabe perfecto, lo que pasa es que la gente no se hace cargo, no se hace cargo de sí misma. Por ejemplo, no se quieren hacer responsables de su barrio, su cuadra, su parque, cuando estemos más claros de lo que significa ser ciudadano, ser responsable y si cada uno vamos dando esos pasos, esto se compone. Porque la seguridad no se va componer con el gobierno, o le entramos o esto no se compone.

 

Y así como la seguridad te hablo de la movilidad, te hablo de lo que tú me pongas. Esto no se compone hasta que nosotros tomemos en nuestras manos nuestro derecho de decidir sobre nuestra ciudad, hasta que tomemos en nuestras manos  nuestra soberanía, porque hay que entender que somos ciudadanos soberanos pero como que nos lo han arrebatado. Entonces hay que recuperar ese poder que tenemos los ciudadanos. Es un trabajo de honor y es un trabajo de contagio, no se hace por decreto ni porque yo te lo diga, pero si contagias a tu vecino, a tu grupo o a tus alumnos. Contagiando, y nomás puedes contagiar con el ejemplo porque el verbo no contagia, es la coherencia entre los piensos y tu actuar.

 

Tú eres cineasta y desde tu realidad estás denunciando, no tienes más que hacer cine porque es lo que tú eres. Vas a tener toda tu energía para denunciar con los elementos que tú tienes, eso es lo que tiene que hacer cada quien desde donde está. Y ¿qué estás haciendo? acompañando a los escuincles para que empiecen a hacer cine, tengan instrumentos y los usen para contar lo que tengan que contar.

 

 

Esto se liga a la siguiente pregunta. Tú que trabajas con jóvenes que van a ser artistas, esta palabra que de pronto causa mucho revuelo y discusión, ¿Crees que el artista tiene una responsabilidad social?

 

Absolutamente. A mí la palabra artista no me causa ninguna confusión, yo aspiro a que mis profesionales sean sumamente creativos y artísticos pero no el artista instalado en “a ver quién…”. No,  el artista que trabaja, que hace marketing, que crea, que vende su película, que la promueve.

 

Nosotros tenemos una red de universidades de arte, tenemos 8 universidades desde danza, teatro, música, artes audiovisuales, arquitectura, diseño de vestuario, universidades que forman artistas para esta ciudad creativa y ¿cómo los visualizamos a ellos? como emprendedores de industrias creativas, como generadores de contenidos valiosos. Para mí eso es el artista y eso es lo que trato de trabajar con los muchachos.

 

 

¿De todos los trabajos que has tenido cuál te ha hecho más feliz?

 

Te lo voy a voltear. Yo estoy presente en mi vida, vivo el aquí y el ahora, y ahora lo que tengo es lo que me hace más feliz y cuando estuve en FIL fue lo más feliz y cuando estaba en intercambio académico igual. O sea, ya entendí de qué se trata la vida, se trata de estar presente en tu propia existencia y yo estoy aquí presente. Presente en este trabajo que me apasiona, estoy presente en mi vida y cuando estás presente lo que haces es lo más importante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta pregunta es el pilón, un capricho mío. ¿Cuál fue la última película o libro que te maravilló por días?

 

Te voy a compartir un secreto, la lectura me cuesta cada vez más trabajo porque me canso, y he descubierto un universo maravilloso que es el audiolibro. Existe un club de audiolibro y los audiolibros son producidos como películas con producción de sonido perfecto, producción de voz, entonces en estos últimos años me he echado cien libros, cosa que no podía hacer antes y tengo de todo tipo. Ahorita estoy leyendo uno maravilloso sobre la historia de Barcelona, pero me acabo de echar uno de Fukuyama porque tenía que dar una plática sobre democracia, entonces depende en lo que ande, estoy en eso.

 

Pero un libro que me ha maravillado se llama Las industrias del futuro, impresionante todo lo de robótica, genómica, el manejo de datos, lo que va significar esta nueva revolución genómica que es la tercera revolución después de la industrial y la informática. Lo escribe un personaje que trabajó con Hillary Clinton cuando ella era secretaria de estado, entonces le tocó viajar por todo el mundo a ver qué estaba pasando en los países de innovación tecnológica, y escribió un libro que te lo lees como si fuera novela.

 

Y de películas, te voy a confesar que estoy mucho más clavada en las series que en las películas porque la película se me acaba. Sí la disfruto muchísimo, y ya la vi y se me acabó, entonces estoy clavada en las series, soy adicta, me encantan. Acabo de ver una que se llama Marseille después de haber visto House of cards, que me encanta, Marseille es la vida de un alcalde en el ayuntamiento de Marsella en plenas elecciones, ha sido divertidísima. Me gusta que los personajes se desarrollen porque yo sí me meto pero totalmente. Tengo un proyector en mi cuarto, una pantalla y una caja de chocolates, entonces me las echo, pero soy apasionada, yo creo que he visto muchísimas series. Para mí son los grandes placeres de mi existencia, entre el audiolibro y las series no me da el tiempo.

 

Yo digo que la relación con la imagen cambió totalmente, desde que tú tienes la imagen aquí, en tu celular, en tu computadora,  entonces ya ese amor por el cine que tiene, por ejemplo, Daniel, pues con los jóvenes es algo más, no es la pasión que yo conozco en Daniel que es un cinéfilo total y absoluto, ellos no. La relación con la imagen ya es distinta. Entonces yo creo que a mí también me está permeando un poco eso. Ves aquí, ves allí, ves allá. Así lo vivo.

 

 

Antes de retirarme, Margarita me agradece por las preguntas: “Nosotros tenemos en nuestro proyecto, en la clase, un tema que es la entrevista, y hablamos del arte de la entrevista. Ser entrevistador es una de las cosas más complejas que hay porque tienes que hacer y provocar que el otro cuente. Entonces tienes que sentarte, y pensar: ¿qué quiero que me cuente? Tengo que ir involucrando las preguntas de tal forma que realmente la persona me cuente lo que quiero que me cuente. Te felicito, porque no es nada fácil. Así quiero cerrar, felicitando a mi entrevistadora.”

 

Mientras le toman fotos alrededor de sus flores comentó: “yo no puedo mantener vivo ni un cactus”, y me responde: “tienes que decidirte y entonces, vas a entender la maravilla.”

Caro Platt. Fotografía: archivo personal.

*Carolina Platt, de Hermosillo, Sonora (1981) es norteña. Llegó a Guadalajara hace 14 años para estudiar Artes Audiovisuales en la UDG. Le obsesiona la idea del fin del mundo, las personas indescifrables y todo caos al que se le tenga que encontrar un orden. Tiene la idea de que las películas puedan ser un puente o una máquina del tiempo a través de la cual viajan mensajes de un mundo a otro. Está enamorada del cine documental y del blues. Estrenó su primer largometraje documental titulado “La Hora de la Siesta” hace dos años, con el que participó en varios festivales nacionales e internacionales. Da clases sobre realización documental y asesoría en desarrollo de proyectos. En twitter la encuentras como @caroplatt y en la vida puede ser que haciendo corajes mientras maneja, confundida en alguna esquina de la ciudad o felíz en una cantina del centro.

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