Entender las palabras nos ayuda a explicar la forma en que vivimos, “Clase” es un buen pretexto en el arranque del siglo XXI. Mirar los fenómenos hacia atrás da certeza de cómo se vivió sin embargo, lo difícil es tratar de resolver la vida con aquello que aún no estamos seguros que está sucediendo, y esa es la característica de nuestros tiempos: la incertidumbre.

 

Desde antes de la prehistoria del ser humano hemos sido gregarios, y a toda comunidad siempre le corresponde una estructura social por muy incipiente que  sea, en ella todos asumimos roles que garantizan la reproducción de la sociedad. El concepto de Clase va a diferenciarse de otros tales como: esclavo, siervo, casta, grupo, gremio, o incluso otros más contemporáneos al mismo como burocracia.

 

La palabra clase encierra una extraña dicotomía. Se sostiene en una raíz virtuosa que en su sentido latín significa “convocar” y sobre otra, del mismo origen latino, que creció fuerte y da carácter de magistral, de aquello que por su excelencia se vuelve “clásico”.

 

Todavía, hasta mediados del siglo XVII en el Español se conservaba casi de forma exclusiva estas dos ideas, principalmente la de quienes son llamados a formar parte de algo: un grupo, la tripulación de una nave. Es hasta que las universidades inician una actividad intensa, cuando retoman esta palabra de uso militar para resolver el encasillamiento de las generaciones de estudiantes, a las promociones se les clasifica, se les conforma en “clases”.

 

Entrada la ilustración y en el acompañamiento a la modernidad, la palabra crece con una tercera raíz epistémica, “identidad”. Nosotros somos, en tanto que ellos son diferentes. Se trata de un ejercicio constante en la construcción de los Estados Nación. Pero llegado el siglo XIX, con la revolución industrial vendrán las acepciones de “Lucha de Clases” y “Clases sociales”. Es la noción de dominación que surge entre las poderosas ideas de Marx y Weber, y de ahí en adelante muchas corrientes y disciplinas del pensamiento la tomarán y la adecuarán. La historia, la sociología, la economía, la estadística, todas harán uso de la palabra dotándola de un significado más rico.

 

Desde la historia se busca la clasificación de los comportamientos en el tiempo. Para la sociología se trata de describir las estructuras sociales de dominación o de integración, para la economía marxista se trata de la explicación de la desigualdad producto de la distribución del ingreso, dentro de los procesos de producción de bienes y servicios. Estas formas no son estáticas y dentro de las disciplinas existen nuevas posturas, en la sociología nos dice que caminamos hacia un régimen de diversidad y la economía que estamos volviendo a la ética.

 

Aunque muchos quieren enterrar el concepto de “lucha de clases”, parece que aún no es lo suficientemente viejo aunque date del siglo XIX. Marx acentuó la llamada “Conciencia de clase”, se trata de la reivindicación en la que los obreros se sustentan para exigir derechos. A diferencia de las viejas clasificaciones como casta, o gremio, la conciencia de clase es un concepto recursivo de la actividad social. Es decir logra que las personas sean conscientes de su condición obrera y hace que ellos mismos forcen la realidad hacia el cambio en la mejora de sus condiciones. Ahí se encuentra parte de la lucha de clases.

 

Quizás la peor de las acepciones es cuando el concepto se lleva a la simplificación extrema, del concepto de “Clase Social” a “Sociales” como título a la sección del diario, en la que se expresa múltiples signos de clasismos: la autopromoción, el compadrazgo, la búsqueda de reconocimiento, el distinguir y el distinguirse impulsando frases como “tiene clase”, “gente con clase”, la contraparte la encontramos a los desclasados en el aviso de ocasión o en una malla al lado de una gran avenida ofreciendo servicios: plomería, lavado, reparaciones, pintura, mecánica, psicólogo, etc., hasta que la autoridad llegue a limpiar todos los anuncios “desclasificados” y ellos los volverán a poner. Eso también es lucha de clases.

 

A finales del siglo XX las condiciones han cambiado, la huida de los capitales de los estados nación ha debilitado a los gobierno nacionales y a los sindicatos, por ello se cree que la lucha de clases ya no tienen sentido. Sin embargo, están surgiendo nuevos fenómenos. El capitalismo ya no necesita a las clases sociales o de su estructura social para su reproducción, las esferas del financiamiento y de la producción han logrado gran independencia y la renta está sujeta a fuertes flujos de capital de diversos orígenes y con nuevos destinos.

 

La economía está en proceso de reconstrucción pero ya no desde los poseedores y los desposeídos, nuevas maneras de producir están reconstruyendo la realidad. Nuevos capitalistas pueden emerger de la nada, e incluso se dan el lujo de regalar sus excedentes, las nuevas formas de consumo buscan la transformación de la economía.

 

Prácticas de alimentación en autoconsumo, software libre, energías alternativas, redes solidarias: en hospedaje; transporte; financieras; toda esta constante reinvención nos indica que el concepto de clase pronto estará evolucionado.

Clasevolución

Por LUIS FERNANDO ÁLVAREZ*

Ilustración: INÉS DE ANTUÑANO

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En el lenguaje está la pauta de nuestro desarrollo como sociedad, y en las distintas ideas que se han relacionado con la palabra “clase”, radica el hilo conductor de una historia que nos define como seres gregarios

*Luis Fernando Álvarez es estudioso de la ciudad, Maestro en Urbanismo por la Universidad Católica de Lovaina. Imparte el curso de Economía Urbana en la Universidad de Guadalajara. Profesor Investigador del Centro de Arte Arquitectura y Diseño.

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