BARRIOGRAFÍA

Chapalita, vecinos por el patrimonio

El crecimiento urbano ha confrontado al modelo de organización vecinal
de esta conocida colonia

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Una de las colonias más reconocidas de la Zona Metropolitana de Guadalajara es Chapalita, un asentamiento localizado entre los municipios de Guadalajara y Zapopan y que se ha convertido en un referente en el desarrollo urbano de la ciudad y del país, una historia que se remonta a 1943, cuando fue uno de los primeros centros urbanos en el poniente de la ciudad.

 

En 1954 se constituyó la Asociación de Vecinos de Chapalita con el objetivo de brindar los servicios públicos municipales ante la indisposición del Municipio de Guadalajara a ofrecerlos debido a la distancia con el centro. La colonia se encargó de administrar de forma  independiente “la recolección de basura, el aseo público, limpieza y mantenimiento de jardines, parques y glorietas; el funcionamiento de las fuentes, el alumbrado público y su reposición, el suministro de agua y el mantenimiento de las redes de drenaje, servicios que generalmente el municipio da”, sin recibir ningún tipo de apoyo municipal, de acuerdo con el arquitecto Carlos Sánchez Sahagún, Gerente de la Asociación Residentes de Chapalita.

 

Uno de los conceptos originales era el de Ciudad Jardín, cuya base es “una casa en un jardín, un jardín en cada casa” con el que se buscaba crear un entorno ecológico y sustentable que ha sido una base de la convivencia en Chapalita, y sigue vigente hasta el día de hoy. La colonia ha cambiado mucho con la llegada de nuevos negocios como restaurantes o cafeterías y la confluencia de avenidas de gran tamaño como Guadalupe, Lázaro Cárdenas, López Mateos o Las Rosas. El cambio más evidente se dio durante la administración municipal 2010-2012, cuando comenzaron a aparecer restaurantes y bares que han provocado problemas en el tráfico de la colonia, “se ha estado trabajando con el municipio y con el gobierno del Estado para hacer una circulación sustentable”, comenta Sánchez, quien además asegura que “el respeto al despacho público es la paz”. Pese a los cambios en construcción y formato del uso del suelo, todavía es un sitio disfrutable en el que se puede tener una calidad de vida aceptable.

 

En Chapalita se la ha dado un valor importante al espacio público, sin embargo “algunos se toman libertades que no les corresponden, como usar espacios de estacionamiento” que han terminado por invadir el espacio que es considerado de todos. Uno de los espacios públicos más reconocidos de la colonia es la Glorieta Chapalita, lugar que los domingos se convierte en un punto de encuentro, de flujo económico y de plataforma en el que se congregan vendedores y artistas.

 

El movimiento vecinal de Chapalita ha buscado involucrarse en el rumbo que su colonia toma mediante la emisión de las denominadas cartas de opinión con las que se busca otorgar el reconocimiento de los vecinos hacia los distintos proyectos de construcción que puedan tener interés de establecerse en la colonia, para que a su vez éstos puedan ir a realizar los trámites correspondientes ante el Ayuntamiento en cuestión, aunque en ocasiones es evidente que algunos desarrollos han tratado de ir por la vía libre sin el correspondiente apoyo de los vecinos.

 

Uno de los casos más sonados de la organización vecinal de la colonia sucedió el pasado 15 de septiembre, cuando en la Glorieta no se celebró la tradicional ceremonia del Grito de Independencia en protesta por la demolición de la Casa Aguilar que se encontraba en la confluencia de las avenidas Guadalupe y Las Rosas. Esta construcción databa de 1965 y fue uno de los principales referentes arquitectónicos del nuevo estilo que comenzó a caracterizar a Chapalita. La casa perteneció a José Aguilar Figueroa, quien fue fundador de Chapalita como idea y fraccionamiento. El malestar entre los vecinos surgió porque las autoridades no hicieron nada por salvar la edificación, pese a su valor histórico y arquitectónico.

 

La suspensión del Grito “fue doloroso, nos costó la decisión, pero a fin de cuentas recibimos el apoyo y la solidaridad de todo el mundo, incluso de los comerciantes que tienen grandes beneficios en esa fecha”, calificó el arquitecto Sánchez, quien consideró que al ser un evento que es pagado y organizado por la asociación de residentes, se pudo tomar la decisión de suspender un evento que llegó a congregar a más de 20 mil personas y que se había convertido en una alternativa a las celebraciones que se realizan en las distintas plazas públicas de los centros municipales. La defensa del patrimonio histórico tuvo un altavoz importante en la no celebración: la historia contra la historia.

 

En los días previos al 15 de septiembre se pudieron leer diversas mantas colocadas en puntos estratégicos de la colonia con la siguiente leyenda “Hacemos de su conocimiento la cancelación del festejo de la ceremonia del tradicional Grito del 15 de septiembre, el cual patrocina año con año la Asociación de Residentes de Chapalita, como un acto de protesta ciudadana frente al atropello que estamos siendo víctimas, del silencio del ayuntamiento de Guadalajara y la indebida autorización del TAE al autorizar la edificación de un desarrollo inmobiliario frente a la Glorieta Chapalita (Av. Guadalupe 1001), un hotel (104 departamentos, oficinas y comercios), poniendo en grave riesgo el patrimonio y la sustentabilidad de la comunidad que por más de 73 años ha sostenido a Chapalita gracias al apego y cariño y al pago oportuno de las cuotas de todos nuestros colonos.”

 

Chapalita siempre ha sido una colonia que ha defendido su identidad y su espacio, por esta misma razón no han tratado de llevar sus desacuerdos a otras colonias. Chapalita no es muy distinta a otras colonias  en sus aspiraciones de ser parte de una ciudad sustentable, respetuosa, armónica, en donde se privilegie al ciudadano y no se deteriore el medio con finalidades comerciales o de otra naturaleza. Carlos Sánchez, de la asociación vecinal, cree que Guadalajara ha perdido mucho: “es la ciudad más lenta de la República, es más contaminada que la Ciudad de México, es más agresiva que muchas ciudades de México”, por ello opina que se debe cambiar el modelo de redensificación por uno que apueste por mejorar la calidad de vida en lugar de privilegiar la construcción vertical o el tránsito de vehículos. Chapalita se debate entre el pasado y el futuro, entre el equilibrio del uso del suelo, el interés comercial y el habitacional; entre la calidad de vida de sus habitantes y la resistencia frente a los que creen que al futuro se llega sin pasado.

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