MANIFIESTO

Bajo el influjo del recreo

La victoria es seductora y los medios que usamos para obtenerla nos definen.

Ilustración: ALDO CRUSHER

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La expresión más pura y verdadera de nuestra humanidad se encuentra en el juego, asegura el ganador del premio Nobel de Fisiología en 1985, Stuart Brown. Lo cual sería otra forma de decir que el juego sólo existe en la medida en que somos capaces de tomarlo en serio. Nada tan verdadero como lo que se dice o se hace en broma. Estamos hechos para jugar y nos formamos a través del juego. Habilidades como planear, priorizar, anticipar, delegar, analizar y otras más, necesarias para afrontar las circunstancias más apremiantes e indispensables de la vida, suelen desarrollarse durante los primeros años del individuo mediante actividades completamente lúdicas. Aprendemos a resolver lo que importa cuando en apariencia nada importa demasiado.

 

Una partida de ajedrez o un juego de poker en línea. Una cascarita de futbol, un Call Of Duty o el Supertazón. Apostar en una pelea de gallos, comprar un cachito de lotería o firmar un acuerdo de paz. La seriedad de las situaciones puede variar pero el estímulo al cerebro no difiere tanto. Watson y Crick estaban jugando con formas posibles de la molécula del ADN cuando se toparon con la doble hélice. Tanto el razonamiento lógico como la exploración más inspirada e imaginativa dependen de las partes del cerebro que se activan con el juego. Las mismas que puede estimular una experiencia religiosa, una dosis de cocaína, una canción favorita o hacer el amor.

 

El mundo se suspende y reproduce uno nuevo cada vez que un juego empieza. Como si todo lo que hay alrededor desapareciera, el participante vierte sus sentidos y sus acciones en la realidad delimitada por las reglas del juego. Y la mente puesta a asimilar lo que se vale y lo que no, puede dar cabida a cualquier tipo de historia. Hay quienes obedecen las reglas y hay quienes las tuercen, las rodean o las rompen. Siempre en función de lo que se obtenga a cambio. Demostramos quiénes somos en verdad ante la posibilidad de ganar o ante la amenaza de perder. La victoria es seductora y los medios que usamos para obtenerla nos definen.

 

Como quien se forja una virtud con base en disciplina, temple y voluntad para dominar una actividad, o como quien sabe ver las fallas del reglamento para usarlas a su favor. Hacer trampa llega a ser tan difícil como jugar limpio, la vida en la ciudad lo prueba todos los días. Por eso en este número de Territorio nos propusimos encontrar las historias que en esencia contienen una o más mentalidades sometidas al ejercicio lúdico, aunque la recreación no siempre sea la finalidad. En la crónica que escribe Ivette Solórzano sobre la escena swinger de Guadalajara, por ejemplo, la curiosidad y el jugueteo son la puerta de entrada para personas que buscan algo tan radical y significativo como redefinir sus relaciones afectivas.

 

Queremos conocer, pensar y explicar la ciudad a través de cada número de esta revista. Nos divertimos mientras tanto, porque no nos ha gustado otra manera de entender este juego.

 

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