ENCUENTRO

Acidez y la esperanza de un futuro muerto

 

Una de las bandas de punk con mayor proyección fuera de México vive en Guadalajara. Esto fue lo que vimos y escuchamos en su cuarto de ensayo.

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“¿Ya viste los nuevos tatuajes?”, dice Rodo y muestra su celular. Un fan que vive en Singapur se tatuó el logo de Acidez en la pierna. “¿Singapur está en Japón o en China?”, alguien pregunta. De vez en cuando les llegan fotos de gente que se tatúa el nombre o la calavera punk que la banda tiene como mascota. En otra imagen, dos policías caminan en la calle con un detenido, un joven de rasgos asiáticos que lleva piercings, chaleco y camiseta de Acidez. La imagen fue captada en Indonesia, pero la banda nunca ha estado en ese lado del planeta. Como dice Rodo, el guitarrista, “el punk es algo tan mínimo que te une”.

 

Es 2015 y Acidez retoma los ensayos en su cuarto de siempre, ubicado en Ciudad Granja, luego de un breve receso. Las paredes del lugar están tapizadas con posters de sus bandas favoritas, calcomanías, publicidad de cerveza y flyers de tocadas que han recopilado durante más de una década de trayectoria. Se leen nombres como Municipal Waste, C.B.H., Agente Calavera y Bam Bam Records, entre muchos más. Hay envases de caguamas en el piso, y una lata de spray fijador para el cabello, determinante a la hora de levantar esas crestas que desafían la gravedad. Detrás de una bocina se asoma la foto de una sexy Brody Dalle, y en la antesala hay cuadros pintados por el baterista. Afuera comienza a llover.

 

En 2014 la banda tuvo dos giras por Europa, fueron más de veinte fechas en las que llevó su mezcla de hardcore punk y trash a bares y festivales masivos como el Pod Parou en República Checa, donde alternó con veteranos del calibre de Killing Joke, Agnostic Front y Buzzcocks. Resulta que allá sí hay grandes eventos de punk, donde personas de varios países se reúnen para escuchar música, bailar slam y convivir con la comunidad. En Hungría encabezaron otro festival junto a nada menos que Sepultura y Arch Enemy. ¿Y cómo le hace una banda mexicana de punk para tocar en Europa? Para empezar, se paga el viaje. “Todo empezó con el primer disco”, relata Juan, el baterista. “Se lo mandamos a un vato de Europa que tiene su disquera y le fue bien. Después le mandamos el segundo y luego el tercero, los editó en vinil y también se vendieron, entonces nos dijo ‘vénganse, les va a ir bien’. Ahorramos para los viáticos porque al principio te los pagas, luego con las tocadas te vas recuperando”.

 

Acidez ya tiene años de experiencia en eso de alternar con pesos pesados del género. En 2010 abrieron el show de The Casualties en Ecatepec, la cuna del punk en el centro de México. En un momento de la tocada, cientos de personas se amontonaron en la entrada del lugar, tumbaron el portón y armaron una batalla campal de punks contra punks. A los de Acidez les tocó una madriza por parte de unos que sabían artes marciales, les robaron una tarola y una mochila. Al regresar al hotel contaron la historia y los Casualties se mostraron agradecidos. Acidez se llevó los golpes que originalmente iban para los de Nueva York. En el eterno conflicto entre los que creen que el punk no se vende y los que piensan que de alguna manera hay que pagar ese estilo de vida, el portazo es tradición y contradicción. Tanto que los organizadores contemplan las pérdidas en materia de portazos como una posibilidad en cada evento.

“Eso no es punk, al contrario, es destruir al punk”, sentencia Juan. De su banda se han dicho tantas cosas que ya mejor se ríe. Una vez les inventaron el rumor de que llegaban a las tocadas en una camioneta Hummer. “Si diera para comprar una Hummer, hasta Luis Miguel tocaría punk”, agrega.

El punk del punk

“Me han contado de un wey que vive en una isla de Chapala, que hasta salió en un reportaje de National Geographic, pero en la ciudad ni modo que andes encuerado cazando palomas para vivir”, comenta el baterista. Para él, no es posible salirse por completo del sistema. Puedes depender menos, pero salir nunca. Tocar en una banda de punk y creer que está prohibido ganar dinero de esa actividad sería un despropósito. “Cuando pagan un boleto por verte tocar y tú recibes ese dinero para comprar una guitarra nueva o grabar un nuevo disco se vuelve un círculo, en ningún momento apoyas a una multinacional o a un político”.

 

Para Juan, lo bueno del punk es que sale barato. Para Rodo, el problema es que los más radicales critican a quienes piensan diferente. En sus viajes a otras ciudades, han visto a los punks de los barrios más pobres pedir dinero en la calle. “Es una idea que se ha llevado hoy en día y está tergiversada, porque al contrario el punk es sobresalir, entre más cultura tengas eres más chingón, es leer, estudiar, estar informado de lo que pasa a tu alrededor. Muchos punks nos han criticado porque según ellos somos fresas, si tú has crecido así está chido, yo no te critico, le batallas y pides dinero en la calle, yo en lugar de eso agarro mi mochila y me voy a buscar trabajo”, explica Rodo.

 

Los de Acidez están en contra de que les digan lo que tienen que hacer. Que para ser punk haya que verse de una manera o llevar a cabo ciertas acciones. Están abiertos a que cualquier persona, desde cualquier estrato social, se interese y quiera formar parte de esta cultura. Se ve que disfrutan intercambiar opiniones acerca de su ideología, y que varias veces han tenido que defender su postura. El punk ha sido para ellos un medio para formarse un criterio propio, más allá de casarse con una ideología en específico. Y aunque el logo de la banda lleva la clásica letra “A” encerrada en un círculo, no es que quieran precisamente vivir en la anarquía. Más bien están a favor del equilibrio que da la diversidad. “Obviamente necesitamos vivir en un sistema, si no fuera un caos, a menos que tuviéramos un nivel de conciencia que no necesitáramos semáforos o policías para vivir”, platica el guitarrista. “Imagínate un mundo gobernado por puro punk, luego saldría el que no le guste el gobierno y sería el punk del punk”

Aquí sí hubo escena

En Guadalajara ya no hay tantos punks como antes, cuando se juntaba una buena cantidad de ellos en el Tianguis Cultural y de ahí se iban todos a algún bar del centro de la ciudad. La convivencia y el cotorreo con cerveza en mano, el intercambio de ideas y de música era lo que conformaba una comunidad sólida en la primera década de este milenio. Pero la gente creció, unos emigraron hacia otros ambientes y otros simplemente dejaron atrás una etapa de la adolescencia. Los más aferrados dividieron la escena al centrarse en grupos más reducidos de punks: de pronto los hardcore quedaron por un lado y los crusties por el otro, los skinheads por aquí y los skaters por allá. Los eventos también se dividieron por subgéneros y ahora las bandas locales tocan para las 50 o 60 personas que llegan a interesarse en su música, cuando antes el público era todo aquél que acostumbrara escuchar canciones con distorsión en la guitarra.

 

“Es que el punk no ha evolucionado en Guadalajara, más bien se ha estancado”, comenta Juan. “La gente piensa que el punk es para niños, algo de cuando estabas joven, ya de grandes les da miedo decir que son punks, como que les van a decir que ya maduren”. En su trayectoria, los de Acidez han visto ir y venir personas que un día son los más punks y al año siguiente son cualquier otra cosa. Antiguos punks que abandonan todo para hundirse en la rutina de trabajar y mantener una familia y que sólo van a las tocadas cuando les da permiso la esposa. Mientras tanto, el grupo sigue firme en lo que más disfruta, hace más música, crece sus contactos fuera de la ciudad y toca en los lugares más inesperados. Se han codeado con los grupos emblema del llamado rock urbano, esa escena denostada por el indie y por cualquiera que se considere cool hoy en día. “Está chistoso porque acá en Guadalajara tachan al rock urbano de naco, pero ya que estás en el DF ves que es todo un movimiento, a los urbanos les gusta el punk, a los punks les gusta el urbano y a los metaleros también, se hacen unas tocadas de 5 mil personas”.

 

Para ellos, el acto más radical sería mantenerse punk para toda la vida. Por eso las crestas, los parches y los estoperoles perduran como una fotografía que hoy y mañana seguirá siendo la misma. Cambiar la estética sería admitir que el punk es una moda, y ninguna moda puede durar los 12 años que Acidez lleva en el camino. En ese lapso, esta banda ha editado tres discos y ha ganado fans y detractores casi por igual, porque inevitablemente algo molesta cuando se hacen bien las cosas en un ambiente tan cerrado.

No hay futuro

El título de su primer disco, “No hay futuro” (2008), es un mensaje fatalista y esperanzador a la vez: no importa qué tan mal vaya todo, el único sentido para seguir viviendo en este mundo es el que cada quien se hace. “Nos venden que vamos a llegar muy lejos, pero te das cuenta al ver las noticias que todo está valiendo madre, el dólar subió bien cabrón, a Peña Nieto nadie lo quiere, matanzas por todos lados, no hay una seguridad, no hay trabajo, no hay un sueldo digno”, afirma Rodo.

 

La negación del porvenir ha sido un tema recurrente en el género, desde el clásico “No future” que gritaba Johnny Rotten hasta la rareza de documental “La neta no hay futuro” que aborda la vida de un grupo de punks marginales en el Distrito Federal de 1988. “Te tienes que esforzar más si ves que todo está valiendo madre, dices ‘a ver cómo le voy a hacer para formarme mi propio futuro’, no hay futuro del que te pintan pero sí en ti, sales adelante por ti mismo y punto”, añade el baterista. A Juan y a Rodo se les nota que llevan un buen rato de convivir juntos en esta banda. Rodo, con su cabello azul que apunta hacia todos lados, deja escapar algunos destellos de comicidad mientras platica y se ríe con todos. Habla con un desenfado natural y se abstiene por hoy de tomar cerveza. Juan también se ríe y toma tragos a su caguama. Él es más contenido y transmite una paz que no se esperaría de alguien que ataca los tambores con tanta vehemencia. Poco después llegan Tupa, el vocalista, y Soti, el bajista. Traen más cerveza. Arrancan el ensayo con las primeras notas de “Camino al infierno”.

 

El estilo de música que toca Acidez se llama Street punk porque reivindica la naturaleza callejera de este movimiento, frente a los intentos de comercialización que han llevado al género por vertientes más empresariales en distintos momentos de la historia. Para su cuarto disco, el grupo adelanta que las canciones vendrán con un toque ligeramente más metalero. No creen en la experimentación con otros géneros sólo por ver si pegan, más bien lo hacen por tocar lo que les gusta. “Es lo chido del punk, mis amigos dicen ‘pinche música viejita es lo mismo siempre’, pero me ha llevado a Europa”, dice el guitarrista.

 

De las letras, Tupa comenta que vienen después de la música e incluso después de pensar en el nombre de la canción. Son de protesta y de vivencias, aunque a veces también les divierte provocar, como cuando hablan del diablo. “Como vivimos en un país católico queremos poner a Satanás como el iluminado, el que sabe esa verdad que va a desatar un caos por el control del mundo. Nosotros no creemos en el diablo, simplemente es una forma de reírnos por llevar la contra”, explica el vocalista. Tupa recuerda que sus primeros contactos con el punk fueron videos de The Exploited y The Addicts. Alguna vez fue un niño que agarraba un peine y simulaba que cantaba sus canciones favoritas al micrófono.

 

Por su parte, Soti empezó en esto a los 13 años, cuando su hermana le presentó a Rancid y a los Ramones. Seducido por la estética y el sonido, se fue adentrando cada vez más en la cultura hasta que aprendió a tocar el bajo. Rodo también se inició escuchando a los Ramones, pero para él la banda neoyorkina era simplemente otro grupo de rock. A los 12 años andaba en patineta y escuchaba a los californianos NOFX y Pennywise sin interesarse demasiado en el tema, hasta que la constante exposición al punk le llevó a decidir “esto es lo mío, es lo que quiero hacer para toda la vida”.

 

Al ácido hay que mantenerlo aislado en un contenedor, porque suelto tiene la capacidad de corroer los materiales. Juan dice que eso es precisamente lo que pasa con la disidencia, que es reprimida por miedo a que se pierda la estabilidad en el sistema. De ahí que el nombre de la banda sirva como una analogía para lo que ellos consideran que es el punk, ese género que así como crea antagonismos también los disuelve, que a pesar de haberse digerido a sí mismo como estilo todavía pone sobre la mesa la discusión de la libertad de pensamiento. Puede ser un punto de unión entre personas de distintos países o un motivo de discordancia dentro de una sola comunidad, y ello puede importar mucho o poco. A final de cuentas, en palabras del baterista, “somos gente, nos morimos y todos vamos al mismo lugar”.

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