REFLEJOS

365 días de fotos

Mirar, enfocar y disparar cada día como reto de creación

Por MICHELLE AMADO / Entrevista por ANGEL MELGOZA

Es una experiencia de niños. Es como ir a la puerta del vecino y tocar. Toc, toc, toc, oye ¿quieres ir a jugar fútbol?. Salir temprano en la mañana, pasar el día con el balón y con ese vecino que es más un hermano; caminar, patear, recorrer y descubrir el mundo con la pelota pegada al pie. Volver por la noche y encontrar que lo conocido es apenas una ventana a la realidad. Reconocer años después que ese juego era la libertad de ser y permitirse estar. Michel Amado cambió el balón por una cámara, pero nada más. Mientras caminaba con Carlos Cruz, un hermano más que un vecino, se permitía hacer realidad esa idea de volverse un fotógrafo de tiempo completo. Michel arrancaba un nuevo proyecto personal, un 365, tomar y publicar una fotografía distinta cada día del año.

 

Cuando niño Michel quedó fascinado con esa imagen de revista que mostraba las fauces abiertas de un tiburón. Hasta hoy la recuerda, fue en casa de sus abuelos, y pensaba ¿cómo pudieron hacer algo así? ¿Cómo hicieron esta foto?

 

Cuando el mismo Michel comenzó a hacer fotografías le importaban muy pocas cosas, entonces era un ejercicio sencillo, como saliera, ¡plac! y listo, era divertido… y no ha dejado de serlo. Descubrió la exposición, el diafragma, los usos creativos de la composición, cómo crear tensión, fueron una serie de círculos concéntricos de aprendizaje, curiosidad y ambición que lo han traído hasta aquí: “El resultado de 365 es lo que hasta ese día había acumulado de esos círculos concéntricos”, dice.

 

Michel Amado se inspiró en el trabajo de Arnaud Dumontier, un fotoperiodista del diario Le Parisien, para iniciar su 365 el primer día de enero del 2014. Para él 365 fue la oportunidad de volver a mirar, de desprenderse de las formas comercial o socialmente establecidas, de tomar lo cotidiano y hacerlo suyo, de dejarse sorprender por la vida, la gente, la luz, los miedos, las fantasías, los detalles, o los momentos diarios que pasan de largo o existen sólo si se les presta atención. La oportunidad de ser libre, porque como él dice, “la libertad no es como los dolores de cabeza que te los quitas en tres horas, la libertad es una búsqueda constante”.

 

Esa búsqueda que a veces te encuentra como cuando en una de sus caminatas halló un incendio y las formas impredecibles del baile de las llamas lo atrajeron. Mientras tomaba una fotografía escuchó unas sirenas, llegaron bomberos y él captó con su cámara la escena: bomberos, fuego y una vieja fábrica de fondo.

 

A Michel lo mueve el amor, enfoca su lente en los momentos que hacen brillar a las personas, le hace homenajes a la vida y a la fotografía: “Sumar y restar es igual de difícil, pero sumar te deja frutos”, dice. Trescientos sesenta y cinco días tomando fotos, eligiendo una, publicándola en sus redes, retratando ese rostro, mano o lugar que ha sido fotografiado millones de veces, pero cambiando la forma... Es como una carta de amor dice Michel. Todos hemos sentido el amor, algunos tenemos la suerte de haber escrito una carta de amor, pero esa carta nunca será igual, cada una, con sus imperfecciones personales, la hará única. Única como estas fotografías de Michel, quien atinadamente se apellida Amado.

 

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